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Cenizas De Zenit - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 LA BALANZA DEL USURERO
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6: LA BALANZA DEL USURERO 6: LA BALANZA DEL USURERO El Muelle de las Almas Perdidas no era un puerto de barcos, sino de jaulas.

Estaba situado en el borde más externo del Sumidero, donde la gravedad empezaba a volverse inestable y las corrientes de aire del Abismo succionaban cualquier cosa que no estuviera anclada con pernos de hierro.

Kaelen caminaba junto a Varick.

El Lord de la Chatarra ahora se movía con una deferencia que incomodaba a sus propios guardias.

Para ellos, Varick seguía siendo el jefe, pero para el ojo agudo, era obvio quién llevaba la correa invisible.

—Allí están —dijo Varick, señalando un grupo de grandes contenedores de metal suspendidos por grúas hidráulicas—.

Son el “tributo” de este mes.

Trescientas almas.

La mayoría son deudores que no pudieron pagar su cuota de oxígeno o huérfanos de las bandas caídas.

Kaelen observó a través de las rejillas.

Vio rostros sucios, ojos vacíos de esperanza.

Pero se detuvo frente a una jaula pequeña.

Dentro había una docena de niños, no mayores de diez años.

Estaban siendo marcados con un sello térmico en el hombro: el símbolo de la Secta del Filo de Plata.

[NOTIFICACIÓN DEL CÓDICE] [OPORTUNIDAD DE INVERSIÓN DETECTADA] [LAS ALMAS JÓVENES TIENEN UN “VALOR DE CRECIMIENTO” MÁS ALTO] [SI LOS SALVAS: OBTENDRÁS “LEALTAD FANÁTICA” (+80% Eficiencia de Red)] [SI LOS DEJAS IR: EL SISTEMA ABSORBERÁ EL “RESIDUO DE DOLOR” DE SU SACRIFICIO (+500 Créditos inmediatos)] Varick miró a Kaelen.

—Los recolectores de la superficie llegarán en una hora.

Si queremos infiltrar a tus hombres, tenemos que sacar a algunos de estos para hacer espacio.

¿A quiénes descartamos?

Kaelen miró a los niños.

Uno de ellos, una niña pequeña con el cabello enmarañado, lo miraba fijamente.

No lloraba.

Su mirada era fría, casi muerta.

Le recordaba a sí mismo antes de caer.

Un hombre común los salvaría por un resto de moralidad.

Pero Kaelen ya no tenía arrepentimiento ni empatía pura.

Analizó la situación como un economista del dolor.

—Si los dejamos morir —murmuró Kaelen—, gano poder ahora.

Si los salvo, gano herramientas para el futuro.

Kaelen se acercó a la jaula.

La niña no retrocedió.

—¿Quieres vivir?

—le preguntó Kaelen.

Su voz no era dulce; era un contrato.

—Quiero matarlos a todos —respondió la niña.

Kaelen sonrió.

Era la respuesta correcta.

—Varick, saca a los niños.

No los liberes.

Llévalos a tu zona segura.

Aliméntalos, entrénalos.

Diles que su vida ya no les pertenece, que me la han vendido a mí a cambio de la fuerza para cumplir su deseo.

—¿Y qué haremos con el cupo de los recolectores?

—preguntó Varick—.

Si el cargamento llega incompleto, los de arriba sospecharán.

—Fácil —Kaelen señaló a un grupo de guardias de Varick que habían sido crueles con los prisioneros minutos antes—.

Esos hombres tuyos…

los que tienen tatuajes de los Cuervos de Hierro.

Han estado robando de tus almacenes, ¿no es así?

Varick parpadeó, sorprendido.

No lo sabía, pero no se atrevió a dudar de la palabra de Kaelen.

—Sí…

lo sospechaba.

—Márcalos a ellos.

Ponles capuchas.

Serán nuestro “excedente de carne”.

Nadie en Aethelgard se fija en la cara de un esclavo mientras el número total sea el correcto.

[MANIPULACIÓN COMPLETADA CON ÉXITO] [HAS CREADO EL ACTIVO: “LOS CACHORROS DEL ECLIPSE”] [TU INFLUENCIA EN EL SUMIDERO HA SUBIDO AL 25%] —Varick —dijo Kaelen mientras se alejaba—, asegúrate de que esa niña reciba un cuchillo antes que el pan.

Quiero ver si su voluntad sobrevive al hambre.

Mientras tanto, en lo más profundo del Sector 1 de Aethelgard, Alaric entraba en una cámara que no figuraba en ningún mapa oficial.

Las paredes no eran de mármol, sino de un material orgánico pulsante que recordaba a las Raíces del Olvido, pero bañadas en un oro líquido.

En el centro, una enorme esfera de cristal contenía lo que parecía un corazón gigante, conectado por miles de cables que bajaban hacia el Abismo.

—Está inquieto —dijo una voz.

Era el Gran Maestro, pero se veía mucho más viejo, casi consumido—.

Desde que ese muchacho cayó, el Mecanismo no deja de vibrar.

—Kaelen está muerto —insistió Alaric, aunque una gota de sudor frío bajaba por su frente.

—¿Lo está?

—El Gran Maestro señaló la esfera.

En el centro de la luz dorada, una pequeña mancha negra, como una mota de polvo, había aparecido—.

Hay un Eclipse naciendo en el fango, Alaric.

Y si ese Eclipse llega a los cables…

la ciudad caerá.

No porque se quede sin energía, sino porque él tomará el control del flujo.

—Enviaré a los Auditores de Grado Medio —dijo Alaric, apretando el puño—.

Si sigue vivo, borraré su existencia personalmente.

—No —dijo el Gran Maestro—.

Los Auditores son para errores.

Para un Eclipse, necesitamos un Cosechador.

Despierta a la Santa de la Agonía.

Dile que su hermano de juramento ha regresado de entre los muertos…

y que necesita ser “redimido”.

El refugio subterráneo bajo la Forja de los Lamentos olía a aceite quemado y a metal frío.

Frente a Kaelen, los doce niños rescatados del muelle estaban sentados en el suelo de rejilla.

No había mantas, ni comida caliente, ni palabras de consuelo.

Kaelen los observaba con la misma frialdad con la que un arquitecto revisa los cimientos de una obra que sabe que será costosa.

La niña del cabello enmarañado, que ahora sabía que se llamaba Lira, se mantenía al frente.

Sus ojos, antes apagados, ahora buscaban algo en Kaelen: una orden, una razón, o quizás solo una confirmación de que el mundo seguía siendo un lugar cruel.

—No les he salvado la vida —dijo Kaelen, su voz resonando en las paredes metálicas—.

Se la he comprado.

Caminó entre ellos, dejando que su aura de Eclipse se filtrara levemente, enfriando el aire a su alrededor.

—En Aethelgard, habrían sido combustible.

Aquí, serán los dientes de mi sombra.

Pero para eso, deben entender la primera ley de la Deuda: Nada es gratis.

Yo les daré comida, les daré un techo y les daré el poder para matar a quienes les pusieron esas marcas en el hombro.

A cambio, me entregan su voluntad.

Si yo digo “muere”, su único pensamiento debe ser “¿dónde?”.

Uno de los niños, un poco más pequeño que el resto, comenzó a sollozar silenciosamente.

Kaelen no se acercó a consolarlo.

En su lugar, activó una fracción mínima del Códice.

[ANALIZANDO POTENCIAL DE ACTIVOS…] [SUJETO: LIRA – AFINIDAD CON LA OSCURIDAD: 74% – ESTADO: ESTABLE] [SUJETO: NIÑO 04 – AFINIDAD: 12% – ESTADO: INESTABLE] —Varick —llamó Kaelen sin apartar la vista de los niños—.

Llévate a los que están llorando.

Que trabajen en las minas de chatarra.

No tienen el estómago para lo que vendrá.

Varick asintió y se llevó a cuatro de los niños.

Lira se quedó inmóvil, mirando cómo sus compañeros eran arrastrados.

No movió un músculo.

—Bien —dijo Kaelen, deteniéndose frente a ella—.

Has pasado la primera prueba: la indiferencia hacia el débil.

Toma esto.

Kaelen sacó un pequeño cristal de alma de grado bajo, una de las recompensas que le había quitado al Guardián Olvidado.

Era una piedra turbia, pero para alguien en el Sumidero, era una fortuna.

—No lo uses para comprar comida —advirtió—.

Úsalo para meditar.

Siente el frío dentro del cristal.

Cuando el frío te duela tanto que quieras soltarlo, apriétalo más fuerte.

Esa es la base del cultivo de sombras.

Si no puedes dominar un cristal muerto, nunca dominarás a un enemigo vivo.

Lira tomó el cristal.

Sus manos temblaron por la temperatura gélida, pero sus ojos permanecieron fijos en los de Kaelen.

—¿Cuándo iremos arriba?

—preguntó ella.

—Cuando la ciudad empiece a caer —respondió Kaelen—.

Y para eso, necesito que sean mis ojos en cada rincón de este pozo.

Una hora después, el cielo artificial del Sumidero se desgarró.

No fue un evento climático, sino mecánico.

Tres inmensos barcos de transporte, con cascos de latón y alas de energía dorada, descendieron desde las capas superiores.

Eran los Cruceros de Recolección de la Secta del Filo de Plata.

Su llegada siempre significaba lo mismo: el cobro del tributo.

Kaelen, oculto bajo su Velo de la Verdad Negra, observaba desde una cornisa elevada.

A su lado, Varick estaba visiblemente nervioso, ajustando sus prótesis constantemente.

—Recuerda el plan, Varick —susurró Kaelen, su voz pareciendo venir de ninguna parte—.

Si los oficiales preguntan por la calidad de la carne, diles que hubo una epidemia en los sectores bajos.

Eso justificará por qué algunos esclavos parecen…

diferentes.

Los barcos aterrizaron con un estruendo de vapor.

De las pasarelas descendieron guerreros con armaduras blancas y capas plateadas.

Al frente de la expedición estaba un hombre que Kaelen reconoció de inmediato: Cyrus, uno de los lugartenientes personales de Alaric.

Un hombre conocido por su sadismo y por su habilidad para “oler” la energía oculta.

—¡Lord Varick!

—exclamó Cyrus, su voz amplificada por un artefacto en su garganta—.

El Gran Maestro está impaciente.

Los niveles de energía en el Sector 4 han bajado un 2%.

Esperamos que tu tributo sea excepcional este mes.

Varick hizo una reverencia forzada.

—Lo es, Comandante Cyrus.

Hemos seleccionado a los más resistentes.

Incluyendo a algunos…

antiguos guardias que violaron las leyes del pozo.

Tienen cuerpos fuertes, ideales para los hornos de alma.

Cyrus caminó hacia los contenedores donde los antiguos guardias de Varick, ahora encapuchados y marcados, esperaban su destino.

Kaelen observó cómo el oficial pasaba su mano por encima de las jaulas, emitiendo una luz dorada que escaneaba a los prisioneros.

[ALERTA DEL CÓDICE] [ESCÁNEO DE ALTA INTENSIDAD DETECTADO] [EL ENEMIGO ESTÁ BUSCANDO RASTROS DE “ESENCIA DE ECLIPSE”] Kaelen contuvo la respiración, hundiendo su presencia aún más en las sombras.

El Velo de la Verdad Negra estaba siendo puesto a prueba.

Si Cyrus detectaba una sola partícula de su energía, la misión de infiltración terminaría antes de empezar.

Cyrus se detuvo frente a uno de los guardias traidores.

El hombre, en un arrebato de desesperación, intentó gritar a través de su mordaza.

Cyrus, con un movimiento lánguido, le puso un dedo en la frente.

Un destello de luz blanca carbonizó instantáneamente el cerebro del guardia.

—Ruidoso —comentó Cyrus con indiferencia—.

Pero su energía es aceptable.

Varick, parece que has hecho tu trabajo.

Sin embargo…

Cyrus se giró lentamente, mirando hacia la cornisa donde Kaelen estaba oculto.

Sus ojos, potenciados por cristales ópticos de alta gama, parecieron perforar la oscuridad.

—Siento un rastro extraño en el aire —dijo Cyrus, desenvainando una espada corta que vibraba con una frecuencia ultrasónica—.

Como si el vacío mismo tuviera un olor.

¿Hay algo que no me estés contando sobre tus nuevas adquisiciones, Lord de la Chatarra?

Varick palideció.

—No…

no sé a qué se refiere, Comandante.

El aire aquí abajo siempre es viciado.

Cyrus comenzó a caminar hacia la posición de Kaelen.

Cada paso hacía que la energía dorada de su armadura brillara más, disipando las sombras naturales del lugar.

Kaelen apretó el puño.

Sus opciones eran limitadas.

Si atacaba, revelaría su existencia.

Si huía, el Velo podría romperse por el movimiento.

Sistema…

—pensó Kaelen—.

Necesito un señuelo.

Ahora.

[TRANSACCIÓN DISPONIBLE: “ECO DE PRESENCIA DISTANTE”] [COSTO: 100 CRÉDITOS Y LA PÉRDIDA TEMPORAL DEL SENTIDO DEL OLFATO DURANTE 24 HORAS] —Hazlo —ordenó Kaelen.

A cincuenta metros de distancia, en la dirección opuesta, una pila de chatarra colapsó con un ruido estrepitoso, y una ráfaga de energía de sombra artificial estalló en un callejón vacío.

Cyrus se giró instantáneamente, lanzando un tajo de luz hacia la dirección del ruido.

—¡Allí!

—gritó, mientras sus hombres cargaban hacia el callejón vacío.

Aprovechando la distracción, Kaelen se deslizó como una mancha de aceite por la pared, descendiendo hacia el nivel de carga de uno de los barcos de transporte.

Kaelen logró entrar en el conducto de ventilación del tercer crucero, el Icarus-7.

El interior del barco era un contraste violento con el Sumidero.

Las paredes estaban grabadas con circuitos de oro y el aire era tan puro que le quemaba los pulmones acostumbrados al humo.

Se acomodó en un espacio estrecho entre las tuberías de refrigeración del núcleo de almas.

Desde allí, podía escuchar los gritos de los prisioneros siendo cargados en las bodegas inferiores.

[MISIÓN DE INFILTRACIÓN: FASE 1 COMPLETADA] [HAS ENTRADO EN UN TERRITORIO DE “ALTA VIGILANCIA”] [ESTADO ACTUAL: POLIZÓN] [PRÓXIMO OBJETIVO: LOCALIZAR EL “NÚCLEO DE DATOS” DEL BARCO PARA MAPEAR LAS DEFENSAS DE AETHELGARD] Kaelen cerró los ojos, tratando de ignorar el latido constante de su brazo de Eclipse.

La cercanía con tantas fuentes de energía pura de la secta estaba volviendo loca a su sombra.

—Pronto —susurró para sí mismo, su voz apenas un roce contra el metal del barco—.

Pronto dejarán de ser ellos quienes recolecten.

Mientras el barco comenzaba a elevarse, dejando atrás el Sumidero y ascendiendo hacia las nubes de tormenta que ocultaban la ciudad flotante, Kaelen sintió una presencia en su mente.

No era el Códice.

Era algo más antiguo, algo que resonaba con el fragmento que le había dado el Archivero.

“El Eclipse ha subido al cielo”, susurró una voz en sus pensamientos.

“Pero recuerda, deudor…

cuanto más alto vuelas, más grande es la deuda con la gravedad.” Kaelen no respondió.

Su mente ya estaba analizando los planos del barco que había memorizado de los recuerdos del niño remanente.

No iba a Aethelgard para esconderse.

Iba a poner la primera piedra de un imperio de sombras en el corazón mismo de la luz.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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