Cenizas De Zenit - Capítulo 8
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8: EL VENENO DE LA LUZ 8: EL VENENO DE LA LUZ Aethelgard no era solo una ciudad; era un organismo radiante.
Para un ciudadano común, la luz dorada que emanaba de los pavimentos de mármol y de las agujas de cristal era una bendición que alejaba las enfermedades y la fatiga.
Pero para Kaelen, cada rayo de sol artificial era un alfiler de fuego clavándose en su sistema nervioso.
[ALERTA DE ESTADO: INTOXICACIÓN POR LUZ] [TU AFINIDAD CON EL ABISMO ESTÁ REACCIONANDO NEGATIVAMENTE AL ENTORNO] [PENALIZACIÓN: TU REGENERACIÓN NATURAL SE HA DETENIDO] [ESTADO: EL BRAZO DE ECLIPSE ESTÁ “HAMBRIENTO”.
SI NO SE ALIMENTA DE SOMBRAS, EMPEZARÁ A CONSUMIR TU PROPIA SANGRE] Kaelen caminaba por un callejón estrecho del Distrito de los Filamentos, el área industrial del Sector 4.
Se envolvía el brazo derecho con vendas de lino viejo que había robado de un tendal, pero el brillo violeta del cristal de obsidiana era tan intenso que traspasaba la tela.
Su cuerpo temblaba.
No era miedo; era un rechazo biológico.
Haber bajado al Abismo lo había cambiado a un nivel molecular.
Ahora, la superficie —su antiguo hogar— lo trataba como a una infección que debía ser purgada.
—Sistema…
—masculló Kaelen, apoyándose contra una pared de piedra fría—.
Dame…
algo para suprimir el rastro.
No puedo…
no puedo caminar cien metros sin que los sensores me detecten.
[OPCIÓN DISPONIBLE: “BLOQUEO DE PERCEPCIÓN POR DEUDA”] [COSTO: 300 CRÉDITOS Y LA PÉRDIDA PERMANENTE DEL SENTIDO DEL GUSTO] [ADVERTENCIA: ESTO SOLO OCULTARÁ TU ENERGÍA A LOS SENSORES AUTOMÁTICOS.
NO FUNCIONARÁ CONTRA CULTIVADORES DE ALTO RANGO] Kaelen se detuvo.
¿Perder el gusto?
Un pequeño precio comparado con ser descuartizado por los guardias de Alaric.
Pero era otro recordatorio de que su ascenso al poder lo estaba dejando vacío.
Ya no sentía placer al tocar las cosas, sus recuerdos se nublaban, y ahora, la comida no sería más que combustible sin sabor.
—Hazlo —ordenó.
Sintió un tirón seco en la base de su lengua.
Un entumecimiento gélido se extendió por su boca, y al mismo tiempo, la vibración violenta de su brazo disminuyó.
El humo negro que emanaba de sus poros se retrajo, quedando confinado bajo su piel, formando venas oscuras que subían por su cuello.
Estaba “muerto” para los ojos de las máquinas, pero se sentía más como un cadáver que nunca.
El Sector 4 era donde se procesaba la energía que mantenía a flote los sectores superiores.
Era un lugar de contrastes: por un lado, la arquitectura gloriosa; por el otro, miles de siervos de la secta trabajando en las subestaciones de energía.
Kaelen necesitaba un lugar donde desaparecer.
En una ciudad donde cada ciudadano tenía un registro de alma, un hombre sin identidad era una alarma andante.
Necesitaba un “agujero en el sistema”.
Se detuvo frente a una taberna de mala muerte llamada “El Engranaje Dorado”.
Era el tipo de lugar donde los trabajadores de mantenimiento ahogaban sus penas en licor barato después de turnos de dieciséis horas.
Entró con la cabeza baja.
El olor a sudor, aceite y alcohol era fuerte, pero para él, ahora era solo una información sensorial neutra.
Se sentó en un rincón oscuro, observando.
Un grupo de tres trabajadores discutía sobre las cuotas de energía.
—¿Has oído?
—dijo uno, con la cara manchada de hollín—.
Dicen que la Santa de la Agonía ha vuelto de los muelles de carga de mal humor.
Dicen que alguien se le escapó en sus propias narices.
—Imposible —respondió otro—.
Nadie escapa de Selene.
Si lo hizo, debe ser un fantasma.
O un demonio del Abismo.
Kaelen escuchaba con atención.
La noticia de su escape ya se estaba filtrando, pero la secta la mantenía en secreto para no causar pánico.
Eso era una ventaja.
Alaric no querría admitir que el “sacrificio” había regresado.
En la mesa contigua, una mujer de mediana edad, con el uniforme desgarrado de los técnicos de nivel inferior, contaba sus monedas con manos temblorosas.
Tenía una marca en la mejilla: una cicatriz de quemadura por sobrecarga de cristal.
Kaelen activó su visión analítica.
[OBJETIVO DETECTADO: MARA – TÉCNICA DE MANTENIMIENTO DESPEDIDA] [DEUDA ACTUAL CON LA SECTA: 5,000 MONEDAS DE LUZ] [ESTADO MENTAL: DESESPERACIÓN (90%)] Este era el tipo de pieza que Kaelen necesitaba.
No un guerrero, sino alguien con una deuda real y acceso físico a las infraestructuras.
Kaelen se levantó y se acercó a la mesa de Mara.
No lo hizo con una actitud amenazante, sino con la falsa humildad de alguien que comparte su miseria.
—Esa marca…
—dijo Kaelen suavemente, señalando la cicatriz de la mujer—.
Es de una bobina de inducción del Sector 3, ¿verdad?
Un fallo en el regulador de presión.
Mara levantó la vista, asustada.
Sus ojos estaban inyectados en sangre.
—¿Quién eres?
¿Un inspector de la secta?
No tengo más dinero.
Ya me quitaron mi pase de habitación.
—No soy un inspector —Kaelen se sentó frente a ella, manteniendo su brazo vendado bajo la mesa—.
Soy alguien que sabe que esa bobina no falló por accidente.
Falló porque la secta está sobrecargando los sectores bajos para mantener las fuentes del Sector 1.
Te usaron como fusible y luego te desecharon.
Mara apretó sus monedas contra su pecho.
—Aunque así fuera…
¿qué importa?
Ellos son la ley.
Nosotros somos solo carbón para sus máquinas.
—El carbón puede quemar la casa si se coloca en el lugar adecuado —Kaelen sacó una pequeña bolsa de su bolsillo.
Dentro no había monedas, sino un pequeño fragmento de Esencia de Sombra purificada, algo que había extraído del Guardián en el Abismo.
El fragmento brillaba con un color oscuro que parecía absorber la luz de la taberna.
Mara retrocedió, sus ojos se abrieron de par en par.
—Eso es…
eso es contrabando de las profundidades.
¡Si me ven con eso, me ejecutarán!
—Si te ven con eso, podrías pagar tu deuda diez veces —corrigió Kaelen—.
O podrías usarlo para alimentar un pequeño receptor que necesito que instales en el conducto principal de la Secta del Filo de Plata.
—¿Quieres sabotear a la secta?
—susurró ella, aterrorizada—.
Estás loco.
—No quiero sabotearlos.
Todavía no —Kaelen se inclinó hacia adelante, y por un segundo, dejó que el Velo de su energía rozara la mente de Mara—.
Quiero que seas mis ojos.
Tú conoces los túneles de mantenimiento.
Sabes qué guardias aceptan sobornos y qué sensores están apagados por falta de presupuesto.
Dame esa información, y este cristal es tuyo.
Además…
te daré algo que la secta nunca te dará.
—¿Qué?
—preguntó ella, hipnotizada por la voz gélida de Kaelen.
—Protección.
Porque cuando el sistema caiga —y te aseguro que caerá—, los que me deben favores serán los únicos que no arderán con él.
Mara miró el cristal y luego miró a Kaelen.
Vio a un joven que parecía tener veinte años, pero cuyos ojos contaban la historia de mil muertes.
La desesperación es una droga poderosa, y Kaelen era el traficante perfecto.
—¿Qué…
qué tengo que hacer primero?
—preguntó ella, tomando el cristal con manos temblorosas.
[CONTRATO INFORMAL ESTABLECIDO] [NUEVO ACTIVO: MARA (LA INFILTRADA)] [ESTADO DE LA DEUDA DE MARA: TRANSFERIDA AL CÓDICE (OCULTO)] Kaelen salió de la taberna.
No tenía un lugar donde dormir, pero no le importaba.
El sueño para él ahora era una serie de pesadillas donde el Abismo intentaba reclamarlo.
Se dirigió hacia las zonas más bajas del Sector 4, donde las tuberías de desagüe de la ciudad flotante vertían agua hacia el vacío.
Allí, en la oscuridad, lejos de las farolas de luz pura, su brazo finalmente dejó de doler.
Se sentó en una viga de hierro oxidado, mirando hacia el horizonte.
Podía ver el Palacio de la Secta del Filo de Plata, una torre colosal que se alzaba sobre el resto de la ciudad.
Allí estaba Alaric.
Allí estaba el Gran Maestro.
[ADVERTENCIA DEL SISTEMA] [EL “FRAGMENTO DE ECLIPSE” HA DETECTADO UNA FUENTE DE ENERGÍA COMPATIBLE EN EL NORTE] [DISTANCIA: 12 KILÓMETROS] [AMENAZA: ALTA] Kaelen sabía qué era.
Era el Núcleo de la Ciudad, el lugar donde su padre había intentado sabotear el sistema.
Pero sabía que no podía acercarse.
No todavía.
Si Alaric era tan fuerte como recordaba, y ahora tenía el apoyo del Gran Maestro, un enfrentamiento directo terminaría en segundos.
Necesitaba más activos.
Necesitaba que la ciudad misma empezara a fallar.
—Mara es solo el comienzo —murmuró Kaelen—.
Necesito a los descontentos, a los heridos, a los que el sistema ha masticado y escupido.
Se miró el brazo derecho.
Las venas negras ahora subían hasta su hombro.
El Códice le recordaba constantemente que su tiempo era limitado.
No estaba cultivando para la inmortalidad; estaba cultivando para durar lo suficiente para su venganza.
De repente, un sonido de pasos metálicos resonó en la pasarela.
Kaelen se puso en pie, activando el Velo de inmediato.
Del humo de vapor de una tubería salió un pequeño robot de inspección, un “Ojo del Cielo” de la secta.
No lo había detectado un humano, sino una patrulla automática de rutina.
El robot se detuvo, su lente girando mientras escaneaba el área.
Kaelen se quedó inmóvil, conteniendo incluso los latidos de su corazón.
—Anomalía detectada en el Sector 4-G…
Iniciando escaneo térmico…
—dijo la máquina.
Kaelen sabía que si destruía al robot, la secta enviaría a un equipo de respuesta.
Si no lo hacía, el robot lo encontraría.
Un antihéroe paciente no lucha cuando no es necesario.
Kaelen metió la mano en su bolsillo y sacó una moneda de cobre que había recogido.
Con un movimiento preciso de sus dedos, la lanzó hacia el otro lado de la pasarela, golpeando una tubería de vapor.
El robot giró su lente hacia el sonido.
En ese milisegundo de distracción, Kaelen se dejó caer por el borde de la pasarela, sosteniéndose de un cable de alta tensión con su mano izquierda entumecida.
El robot pasó de largo.
Kaelen se quedó colgado sobre el abismo infinito, sintiendo el viento frío de las nubes golpeando su rostro.
No sentía miedo.
Sentía hambre.
Un hambre que no se saciaba con comida, sino con la caída de aquellos que estaban arriba.
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