Cenizas De Zenit - Capítulo 9
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9: EL ERROR DE CÁLCULO 9: EL ERROR DE CÁLCULO El Sector 4 tenía un momento del día que los locales llamaban “El Oro Líquido”.
Era cuando el sol artificial se alineaba perfectamente con las torres de condensación, bañando las calles de un brillo ámbar tan intenso que casi podías olvidar que estabas en una ciudad construida sobre el sufrimiento.
Kaelen se encontraba en una esquina, observando a un grupo de niños que jugaban a “Cazar al Esclavo” con un pequeño autómata oxidado.
La risa de los niños era cristalina, hermosa.
Pero Kaelen solo veía el rastro de energía que el juguete consumía: energía que probablemente se le había quitado a alguna familia en el Sumidero esa misma mañana.
—Es irónico, ¿no?
—Una voz chillona interrumpió sus pensamientos—.
Cuanto más brilla algo aquí arriba, más podrido está por dentro.
Como una manzana de cristal con un gusano de hierro.
Kaelen no se giró, pero su mano izquierda se cerró en un puño.
Un hombre pequeño, encorvado y con una nariz que parecía haber sido rota y pegada varias veces, estaba sentado sobre un barril de refrigerante.
Llevaba gafas con lentes de diferentes colores y un sombrero que había visto mejores décadas.
—¿Quién eres?
—preguntó Kaelen.
—Soy Pippin.
O “El Ojo que Todo lo Ve”, si quieres ser dramático.
Pero la mayoría me llama “Ese viejo loco que huele a azufre” —El hombre soltó una carcajada que terminó en una tos seca—.
Tienes un olor interesante, muchacho.
Hueles a…
algo que debería estar enterrado.
Kaelen se tensó.
Su Velo debería estar ocultándolo de ojos humanos.
¿Cómo podía este viejo ver a través de él?
—No te asustes.
Mis gafas no ven el alma, ven el “Efecto” —Pippin señaló sus lentes—.
Y tú tienes un Efecto que parece una mancha de tinta en un vestido de novia.
¿Buscas a Mara?
La técnica que estaba llorando en la taberna.
—¿Cómo sabes eso?
—Kaelen se acercó, su voz bajando a un tono peligroso.
—Porque yo le vendí el cristal falso que ella intentó usar para pagar su deuda antes de que tú aparecieras.
Negocios son negocios —Pippin se encogió de hombros, sin mostrar miedo—.
Pero ella es una aficionada.
Si quieres entrar en los registros de la Secta, necesitas algo más que una técnica asustada.
Necesitas a alguien que conozca el Criptograma del Códice.
Kaelen lo analizó.
No era el momento de ser hostil.
Necesitaba información.
—¿Y qué quieres a cambio, Pippin?
—Hum…
—El viejo se rascó la barbilla—.
Un trago de “Suspiro de Dragón”.
Se vende en la taberna de allá.
Pero te advierto, cuesta tres créditos de luz y sabe a lo que orinaría un autómata después de una borrachera.
Kaelen entró en la taberna con Pippin.
Compró el licor, sintiendo el dolor punzante en su pecho al gastar los pocos créditos que le quedaban.
Al probarlo por accidente al pasárselo al viejo, no sintió nada.
El gusto seguía bloqueado por el Sistema.
Esa pequeña pérdida le dolió más que una herida física.
El recordatorio constante de que estaba dejando de ser humano para convertirse en una herramienta.
—Escucha bien, mancha de tinta —dijo Pippin tras un largo trago—.
El plan de usar a Mara para colocar un receptor es…
bueno, decente.
Pero hay un problema.
El Sector 4 ha actualizado sus Auditores de Red.
No son humanos, son perros mecánicos que huelen la energía de sombra.
Si Mara intenta entrar hoy, morirá antes de tocar el panel.
Kaelen sintió un frío vacío en el estómago.
Había planeado todo basándose en la información que Mara le dio en la taberna.
No había contado con una actualización de seguridad tan reciente.
Su arrogancia le había impedido verificar la información de una fuente desesperada.
—Tengo que detenerla —dijo Kaelen, levantándose de golpe.
—Demasiado tarde, muchacho —Pippin señaló hacia la gran torre de ventilación que se alzaba a unos cientos de metros.
Una luz roja comenzó a parpadear en la cima de la torre.
El sonido de una sirena, aguda y penetrante, rompió la calma de “El Oro Líquido”.
Kaelen corrió.
No le importó llamar la atención.
Si Mara caía, el rastro de energía que él le había dado en el cristal la conectaría directamente con él.
No era por heroísmo que corría; era por pura supervivencia y para evitar que su primera pieza en el tablero fuera destruida antes de moverse.
Cuando llegó a la base de la torre, la escena era un caos.
Los trabajadores de mantenimiento estaban siendo evacuados.
Entre la multitud, Kaelen vio a Mara.
Estaba siendo arrastrada por dos guardias de la secta.
Su rostro estaba cubierto de sangre y sus ojos buscaban desesperadamente entre la gente.
Kaelen se detuvo en la sombra de una columna.
Su mano derecha, la de Eclipse, empezó a quemar.
[ADVERTENCIA DEL CÓDICE] [EL “FRAGMENTO DE SOMBRA” VINCULADO A MARA ESTÁ SIENDO ANALIZADO POR UN AUDITOR MECÁNICO] [PROBABILIDAD DE RASTREO HACIA TI: 85% EN AUMENTO] [OPCIÓN: SOBRECARGAR EL CRISTAL DE MARA PARA BORRAR EL RASTRO (EFECTO: EXPLOSIÓN DE ALMA)] Kaelen miró a Mara.
Si activaba la sobrecarga, ella moriría instantáneamente.
El rastro se borraría y él estaría a salvo.
Era la opción más lógica.
La opción de un hombre que ya no tenía empatía.
Cerró los ojos y se preparó para dar la orden mental.
Pero entonces, vio a Pippin observándolo desde lejos, con una sonrisa cínica, como si estuviera esperando ver qué tipo de monstruo era Kaelen realmente.
Kaelen dudó.
No por piedad, sino por una fría comprensión: si empezaba a matar a cada aliado que cometiera un error, pronto se quedaría solo en un mundo que ya lo quería muerto.
Y un hombre solo, por muy fuerte que sea, siempre termina cayendo.
—No —susurró Kaelen—.
Sistema, no lo borres.
Asume la deuda de Mara.
[TRANSACCIÓN INHABITUAL DETECTADA] [ASUMIR LA DEUDA DE UN ACTIVO CAPTURADO MULTIPLICARÁ TU RASTRO DE ENERGÍA] [¿ESTÁS SEGURO?
ESTO ATRAERÁ A LOS GUARDIAS HACIA TU POSICIÓN] —Hazlo.
Un rayo de energía negra salió disparado desde el pecho de Kaelen hacia la torre.
Fue invisible para los humanos, pero para los sensores, fue como un grito en una biblioteca silenciosa.
Mara cayó al suelo cuando el cristal en su bolsillo se enfrió de repente.
Los guardias se detuvieron, confundidos.
El Auditor mecánico, una criatura de metal con forma de araña que estaba escaneando a Mara, giró su cabeza 180 grados hacia la dirección de Kaelen.
—Objetivo localizado.
Código de energía: Eclipse —graznó la máquina.
Kaelen no esperó.
Sabía que había cometido un error al confiar en Mara sin verificar, y ahora estaba pagando el interés.
Saltó hacia atrás mientras la araña mecánica lanzaba un rayo de luz concentrada que fundió el mármol donde él estaba parado un segundo antes.
Los guardias soltaron a Mara para perseguirlo.
—¡Corre, estúpida!
—rugió Kaelen, su voz resonando en el callejón.
Mara no esperó.
Se levantó y se perdió entre la multitud de trabajadores.
Kaelen, por su parte, tenía a cuatro guardias y a una araña mecánica pisándole los talones.
Kaelen no podía usar sus habilidades de Eclipse al máximo sin que toda la ciudad se diera cuenta.
Tenía que luchar con lo mínimo.
Se metió en un callejón sin salida, o eso pensaban los guardias.
En realidad, era una zona de carga de vapor.
Kaelen pateó una válvula, y una nube de vapor hirviente llenó el lugar, ocultando la visión térmica de los guardias.
La araña mecánica saltó a través del vapor.
Kaelen la esperaba con su brazo de Eclipse descubierto.
No usó un golpe mágico.
Usó la fuerza bruta del metal contra el metal.
Atrapó una de las patas de la araña y la usó como palanca para estrellar a la criatura contra la pared.
El sonido fue ensordecedor.
[NIVEL DE ENERGÍA: 30%] [EL USO DE FUERZA FÍSICA EN ESTE ENTORNO ESTÁ AGOTANDO TU RESERVA DE SOMBRA] Un guardia entró en la niebla, blandiendo una lanza de luz.
Kaelen esquivó el primer tajo, sintiendo el calor del arma rozando su mejilla.
Su cuerpo estaba lento.
El veneno de la luz de Aethelgard estaba haciendo efecto; sus músculos se sentían pesados, como si estuviera moviéndose bajo el agua.
El segundo guardia lo golpeó por la espalda con un escudo de energía.
Kaelen voló por los aires, chocando contra unos contenedores de basura.
El dolor fue real, agudo, y no se desvaneció rápidamente.
Su regeneración estaba muerta aquí arriba.
Escupió sangre.
¿Esto es todo?
—pensó con amargura—.
¿Morir en un callejón por salvar a una técnica despedida?
—¡Allí está!
—gritó el guardia, preparando su lanza para el golpe final.
Kaelen miró hacia arriba.
A través de la niebla de vapor, vio a Pippin sentado en una tubería alta, balanceando los pies y bebiendo tranquilamente su licor.
—Oye, mancha de tinta —gritó el viejo—.
Si vas a morir, ¿me dejas tus botas?
Son mejores que las mías.
Ese pequeño comentario, tan absurdo y cínico en medio de su posible muerte, hizo que algo en Kaelen se rompiera.
No fue rabia.
Fue una risa seca, interna.
El mundo era un chiste cruel, y él era el remate.
Si el mundo era injusto, él sería el caos.
Kaelen no esperó a que la lanza bajara.
Usó su Eco de Agonía, pero no para dañar a los guardias.
Lo usó hacia adentro.
Se provocó un dolor inmenso a sí mismo, sobrecargando su brazo de Eclipse hasta que la piel empezó a agrietarse.
La explosión de energía negra resultante no fue un ataque dirigido; fue un grito de sombra que apagó todas las luces del callejón y sobrecargó los circuitos de la araña mecánica, haciéndola explotar.
Los guardias quedaron cegados temporalmente por el choque de energías.
Kaelen, aprovechando el caos, se arrastró por un conducto de drenaje antes de que llegaran los refuerzos.
Horas después, Kaelen se encontraba en un sótano húmedo, lejos de las luces de “El Oro Líquido”.
Mara estaba allí, temblando, curándose las heridas con un trapo sucio.
Pippin estaba sentado en una esquina, jugando con un destornillador.
Kaelen estaba apoyado contra la pared, su brazo derecho vendado de nuevo, pero esta vez las vendas estaban empapadas en sangre negra.
—Casi nos matas —dijo Kaelen, su voz era un susurro peligroso dirigido a Mara.
—Lo…
lo siento —sollozó ella—.
El Auditor…
no estaba allí ayer.
—Lo sé —Kaelen cerró los ojos—.
Fue mi error.
No el tuyo.
No verifiqué la información.
Pippin dejó de jugar con el destornillador y lo miró con curiosidad.
—¿Admitiendo un error, deudor?
Eso es raro.
Normalmente, los tipos como tú culpan al mundo entero antes de admitir que tropezaron con su propia sombra.
Kaelen no respondió.
Estaba analizando su situación.
Había perdido créditos, estaba herido, su posición estaba comprometida y ahora la secta sabía que había una “Anomalía Eclipse” en el Sector 4.
Pero también había ganado algo.
Mara lo miraba ahora con una lealtad que bordeaba el fanatismo religioso; él la había salvado cuando era más fácil matarla.
Y Pippin…
Pippin parecía interesado.
—Este lugar es hermoso, ¿verdad?
—dijo Pippin, señalando una pequeña grieta en el techo por donde entraba un rayo de sol dorado—.
Todo brilla, pero nadie puede tocar la luz sin quemarse.
Kaelen miró la luz.
Sabía que el arco de infiltración acababa de volverse mucho más largo y difícil.
Ya no podía jugar a ser una sombra invisible.
Ahora, tenía que jugar a ser un fantasma que la ciudad intentaría cazar, mientras él, pieza por pieza, construía su propia red de “errores” bajo sus pies.
—Pippin —dijo Kaelen sin abrir los ojos—.
Enséñame a leer el Criptograma del Códice.
—Eso te va a costar otro “Suspiro de Dragón”, muchacho.
Y esta vez, quiero que lo bebas conmigo.
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