Cenizas y Diamantes: La Venganza de la Esposa Perfecta - Capítulo 25
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- Capítulo 25 - 25 EL PESO DE LA GUERRA
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25: EL PESO DE LA GUERRA 25: EL PESO DE LA GUERRA Día veinticinco.
Once días restantes.
Las oficinas de Whitmore & Associates olían a papel caro y ambición contenida.
Amelia se sentó en la silla de cuero frente a la larga mesa de caoba, sus manos entrelazadas sobre el regazo para evitar que temblaran visiblemente.
Tres horas de sueño no eran suficientes para enfrentar lo que vendría.
Stefan estaba sentado a su izquierda, Hartley a su derecha.
Al otro lado de la mesa, Lord Whitmore hijo acomodaba documentos con eficiencia practicada.
Una taquígrafa esperaba en la esquina, dedos suspendidos sobre las teclas.
Dos testigos adicionales flanqueaban a Whitmore, caras sin expresión que convertían el procedimiento en espectáculo formal.
—Señora Crane.
—Whitmore ni siquiera levantó la vista— Gracias por su puntualidad.
Comencemos.
—Para el registro, —la taquígrafa habló con voz monótona— deposición de Amelia Crane en el caso Ashworth versus Crane por difamación.
Veinticinco de febrero, nueve de la mañana.
Whitmore finalmente la miró.
Sus ojos eran grises como los de Elizabeth, fríos como acero pulido.
—Señora Crane, ¿jura decir la verdad bajo pena de perjurio?
—Juro.
—Excelente.
—Sonrisa que no alcanzaba sus ojos— Empecemos con algo simple.
¿Actualmente reside en la propiedad del señor Stefan Müller?
Amelia sintió la trampa en la pregunta aparentemente inocente.
—Resido temporalmente en una de las propiedades del señor Müller mientras se resuelven asuntos de seguridad relacionados con amenazas documentadas contra mi persona.
—Amenazas que alega provienen de mi clienta, Lady Elizabeth Ashworth.
—Amenazas que están documentadas y bajo investigación policial.
Whitmore hizo una anotación.
—¿Cuánto tiempo lleva residiendo con el señor Müller?
—En su propiedad, —Amelia corrigió— no con él.
Catorce días.
—¿Y su hija, Lillian, también reside allí?
—Sí.
—¿Comparten habitación usted y el señor Müller?
Hartley se levantó a medias.
—Objeción.
Esa pregunta es inapropiada y no relevante para el caso de difamación.
—Es completamente relevante para establecer el carácter moral de la señora Crane.
—Whitmore no apartó la mirada de Amelia— Responda la pregunta, por favor.
—No.
Tenemos habitaciones separadas en alas diferentes de la residencia.
—Pero están bajo el mismo techo.
Duermen bajo el mismo techo.
Con su hija de tres años presente.
—Junto con un personal de servicio de ocho personas, incluyendo el ama de llaves que duerme en la habitación contigua a la de mi hija.
—Amelia mantuvo su voz firme— No es exactamente intimidad escandalosa.
—Sin embargo, fueron fotografiados bailando muy íntimamente en la gala Kensington hace apenas días.
¿Niega que hay relación romántica entre ustedes?
El aire se volvió denso.
Amelia sintió los ojos de Stefan sobre ella, la advertencia silenciosa de Hartley de medir cada palabra.
—El señor Müller y yo compartimos…
aprecio mutuo y alianza estratégica contra enemigos comunes.
—Qué conveniente elección de palabras.
—Whitmore deslizó una fotografía a través de la mesa— ¿Reconoce esta imagen?
Era del baile.
El momento exacto en que Stefan la miraba con esa intensidad que hacía difícil respirar, su mano en la espalda de ella, los cuerpos demasiado cerca para ser solo aliados estratégicos.
—Reconozco una fotografía de un baile.
—Una fotografía que sugiere intimidad considerable.
Combinada con convivencia bajo el mismo techo…
—Whitmore dejó la insinuación suspendida— Mi clienta está preocupada de que esté exponiendo a su nieta a ambiente moralmente cuestionable.
—Su clienta amenazó a una niña de tres años dejando muñeca desfigurada con mensaje violento en su habitación.
—Las palabras salieron más afiladas de lo planeado— Perdone si no considero su opinión sobre moral particularmente valiosa.
Stefan tocó su brazo suavemente.
Advertencia.
Whitmore sonrió como tiburón que olía sangre.
—Fascinante.
Acaba de acusar a mi clienta de amenaza criminal.
¿Tiene pruebas de esta acusación salvaje?
—La muñeca fue preservada como evidencia y está bajo custodia policial.
—¿Y la policía ha presentado cargos?
—La investigación está en curso.
—Así que no.
—Whitmore hizo otra anotación— Sin cargos, sin arresto, solo su palabra contra la de una familia respetable.
El tipo de acusación infundada que precisamente constituye la difamación que estamos discutiendo.
Amelia sintió que las paredes se cerraban ligeramente.
Cada respuesta se convertía en trampa.
—Hablemos de sus acusaciones públicas sobre mi cliente Williams Ashworth.
—Whitmore cambió de tema sin transición— Usted declaró públicamente que es “responsable de crímenes que lo llevarían a la horca”.
¿Correcto?
—Declaré que la evidencia sugiere actividad criminal grave.
—¿Qué evidencia específicamente?
—Documentos que demuestran fraude, malversación y conspiración para cometer asesinato.
—Documentos que obtuvo mediante…
¿qué método exactamente?
La trampa se cerraba.
Amelia miró a Hartley, quien asintió casi imperceptiblemente.
—Mediante fuentes confidenciales que no puedo revelar sin poner en peligro su seguridad.
—Qué conveniente.
—Whitmore se reclinó— Así que acusa a hombre respetable de asesinato basándose en documentos que no puede mostrar, obtenidos por fuentes que no puede nombrar.
¿Ve cómo esto parece…
fabricado?
—La evidencia fue presentada ante Sir Edmund Blackwell, quien la consideró suficiente para emitir orden de arresto.
No fue fabricada.
—Sir Edmund Blackwell, quien tiene enemistad personal documentada con los Ashworth debido a muerte de su hermano hace treinta años.
Difícilmente un juez imparcial.
Hartley se puso de pie completamente.
—Está cuestionando la integridad de magistrado de la Corona.
Eso es inapropiado.
—Estoy estableciendo contexto.
—Whitmore no se inmutó— Señora Crane, una de sus fuentes confidenciales fue Helen Wright, anteriormente empleada de los Ashworth, ¿correcto?
—La señorita Wright renunció voluntariamente y ahora trabaja para mí.
—Después de ser acusada de robar documentos privados.
Y usted la contrató inmediatamente, duplicando su salario anterior.
—Whitmore deslizó otro documento— ¿No le parece que esto podría interpretarse como soborno para asegurar su lealtad y testimonio?
—Le parece o es soborno.
No puede ser ambos.
—Responda la pregunta.
—Contraté a empleada talentosa que fue injustamente despedida.
Su testimonio es verdadero independientemente de su salario actual.
—¿Y qué hay del mayordomo Joseph Wright?
¿También planea contratarlo?
—Si solicita empleo, lo consideraré.
Los Wright son personas honorables que arriesgaron mucho para exponer la verdad.
—O son empleados resentidos que fabricaron evidencia por venganza y beneficio financiero.
—Whitmore cerró esa línea— Pasemos a sus acciones comerciales.
Canceló todos los contratos entre sus empresas y Ashworth Industries el mismo día que perdió la audiencia preliminar de custodia, ¿correcto?
Amelia sintió que el suelo se movía.
No había perdido esa audiencia.
Sir Edmund había confirmado la custodia temporal.
—No perdí esa audiencia.
—Pero sí canceló los contratos inmediatamente después, causando caída de dieciséis por ciento en valor de acciones de Ashworth Industries.
Destruyendo valor de millones de libras en inversiones.
¿Eso suena a acción de mujer racional o de mujer consumida por venganza?
—Suena a mujer ejerciendo su derecho legal de no hacer negocios con familia que la atacó sistemáticamente.
—¿Atacó?
Señora Crane, su ex-esposo simplemente solicitó divorcio.
Algo completamente legal.
—Mi ex-esposo me humilló públicamente, conspiró para quitarme a mi hija, y su familia me amenazó repetidamente.
No simplificamos esto en “simplemente solicitó divorcio”.
Whitmore se inclinó hacia adelante, voz bajando a tono casi íntimo que de alguna manera era más amenazante.
—¿No es verdad que toda esta campaña contra los Ashworth es porque no puede aceptar que Oliver la reemplazó?
Que no puede tolerar que Charlotte Bennett sea mejor esposa de lo que usted fue?
La bofetada verbal golpeó exactamente donde estaba diseñada para doler.
Amelia sintió que el calor subía por su cuello.
—Charlotte Bennett es bienvenida a Oliver.
Descubrirá pronto qué tipo de esposo realmente es.
—¿Es eso amenaza?
—Es observación basada en experiencia.
Las siguientes dos horas fueron tortura metódica.
Whitmore destripaba cada declaración pública, cada acción, cada decisión.
Convertía defensa propia en venganza.
Protección maternal en manipulación.
Alianzas genuinas en conspiración calculada.
Para cuando terminó, Amelia sentía como si le hubieran arrancado la piel capa por capa.
—Una última pregunta, señora Crane.
—Whitmore organizaba sus documentos con satisfacción apenas contenida— ¿Realmente cree que es madre apta para criar niña cuando está tan claramente consumida por odio hacia familia de esa niña?
Hartley objetó violentamente pero Whitmore ya había plantado la semilla.
La pregunta colgaba en el aire como veneno, grabándose en la transcripción oficial que cualquier juez podría leer.
—He terminado.
—Whitmore se levantó— Gracias por su tiempo, señora Crane.
Estoy seguro de que esta deposición será muy…
ilustrativa para el tribunal.
El carruaje de regreso fue silencio absoluto.
Amelia miraba por la ventana sin ver realmente las calles de Londres pasando.
Cada palabra de la deposición se repetía en su mente, cada trampa en la que había caído, cada momento donde su control se había resquebrajado.
Stefan intentó hablar dos veces.
Se detuvo ambas veces al ver su expresión.
Cuando llegaron a la residencia, Amelia subió directamente a su habitación.
No quería ver a Lilly así, no con esta oscuridad todavía pegada a su piel.
Helen apareció en la puerta.
—Señora, la señorita Lilly pregunta por usted.
—Dile que mamá necesita descansar un momento.
Pronto bajaré.
Cuando Helen se fue, Amelia finalmente permitió que el control se derrumbara.
Se sentó en el borde de la cama, manos temblando, respiración irregular.
Whitmore había tomado cada verdad y la había retorcido hasta convertirla en algo feo.
Cada intento de defenderse se había transformado en evidencia de su “naturaleza vengativa”.
La puerta se abrió sin golpe.
Stefan.
—Pedí que me dejaran sola.
—No lo harás.
—Cerró la puerta tras de sí— No después de lo que acabo de presenciar.
—Presenciaste cómo me destrozaron sistemáticamente.
Felicidades, ahora sabes exactamente qué tan débil soy.
—Vi cómo sobreviviste dos horas de interrogatorio diseñado para romperte.
Y saliste caminando.
—Se acercó lentamente— Eso no es debilidad.
—Me hizo parecer loca.
Vengativa.
Madre no apta que usa a su hija como arma.
—La voz de Amelia se quebraba— ¿Y si tiene razón?
¿Y si estoy tan consumida por odio que estoy dañando a Lilly en el proceso?
Stefan se arrodilló frente a ella, tomando sus manos temblorosas entre las suyas.
—Mírame.
—Esperó hasta que ella levantó la vista— Whitmore es experto en hacer que la verdad parezca mentira.
Es su trabajo.
Pero cualquiera que te conozca realmente, cualquiera que haya visto cómo eres con Lilly, sabe que eres la mejor madre que esa niña podría tener.
—Cancelé contratos que destruyeron millones en valor.
Manipulé a Charlotte para exponer a Oliver.
Usé a Ava como arma contra su propia familia.
—Lágrimas corrían libremente ahora— Whitmore no estaba completamente equivocado sobre mí.
—Hiciste lo necesario para proteger a tu hija de monstruos.
Eso no te convierte en monstruo.
Te convierte en guerrera.
Amelia cerró los ojos, dejando que las lágrimas cayeran sin resistencia.
Stefan la atrajo hacia él, y ella se dejó caer contra su pecho, sollozando de manera que no había permitido desde que todo comenzó.
Toda la tensión de semanas, todo el miedo contenido, toda la rabia y dolor saliendo en oleadas que sacudían su cuerpo entero.
Stefan la sostuvo sin decir nada, simplemente dejando que se quebrara en sus brazos.
Una mano acariciaba su cabello suavemente, la otra presionaba firme contra su espalda, anclándola.
Cuando finalmente pudo hablar de nuevo, su voz salió rasposa.
—Estoy tan cansada.
De pelear, de planear, de estar siempre en guardia.
Solo quiero que termine.
—Terminará.
Y ganarás.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
Stefan se separó lo suficiente para mirarla directamente, sus pulgares limpiando las lágrimas de sus mejillas.
—Porque he visto cómo los Ashworth operan durante años.
Tienen poder, sí.
Dinero, conexiones, influencia.
Pero tú tienes algo que ellos nunca tuvieron.
—Hizo pausa— Tienes razón.
Verdad real, no la versión que compran.
Y eventualmente, la verdad siempre gana.
—¿Incluso cuando la verdad parece venganza bajo interrogatorio hostil?
—Especialmente entonces.
Porque Whitmore tuvo que trabajar muy duro para retorcer tus palabras.
Si realmente fueras vengativa, inestable, no apta…
no necesitaría tanto esfuerzo para hacerte parecer así.
Amelia dejó escapar risa pequeña, húmeda.
—Eres demasiado bueno encontrando el lado positivo en desastres.
—Y tú eres demasiado dura contigo misma.
—Stefan acarició su rostro suavemente— Amelia, necesito que escuches algo.
Y necesito que lo creas.
—¿Qué?
—No estás sola en esto.
No solo como aliado o socio estratégico.
Estás…
—buscó palabras— En algún momento durante estas semanas, dejaste de ser la hija de mi mentor que prometí proteger.
Te convertiste en la persona que no puedo imaginar no tener en mi vida.
El aire entre ellos se volvió denso, cargado.
Amelia veía las motas doradas en sus ojos grises, la línea de su mandíbula, la forma en que la miraba como si fuera algo precioso y frágil y fieramente poderoso todo al mismo tiempo.
—Stefan…
—No tienes que decir nada.
Solo necesitaba que lo supieras.
Que cuando todo esto termine, cuando Lilly esté segura…
—Se detuvo, como si las palabras fueran demasiado grandes para articularlas.
Amelia cerró la distancia que quedaba entre ellos.
El beso fue diferente al primero.
No desesperado sino intencional.
No impulso sino elección.
Sus manos encontraron el cabello de él, y las de Stefan la acercaron hasta que no quedó espacio entre sus cuerpos.
Cuando se separaron, ambos respiraban irregular.
—Después, —susurró Amelia contra sus labios— Cuando Lilly esté segura, cuando todo termine…
hablaremos sobre lo que esto significa.
—Después.
—Stefan acordó, pero la forma en que la sostenía dejaba claro que “después” no podía llegar suficientemente pronto.
Un golpe urgente en la puerta los separó.
Hartley, sin esperar respuesta, abrió con expresión que mezclaba excitación y urgencia.
—Disculpen la interrupción, pero acabo de encontrar algo.
Algo que cambia completamente el juego.
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