Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Cenizas y Diamantes: La Venganza de la Esposa Perfecta - Capítulo 31

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Cenizas y Diamantes: La Venganza de la Esposa Perfecta
  4. Capítulo 31 - 31 EL PRECIO DE LA LIBERTAD
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

31: EL PRECIO DE LA LIBERTAD 31: EL PRECIO DE LA LIBERTAD Día veintiséis.

Noche.

Diez días restantes.

La celda en Scotland Yard olía a desinfectante barato y desesperación ajena.

Amelia se sentó en el banco de madera que servía como única mobiliario, sus manos todavía marcadas por las esposas que habían removido al procesarla.

Procesarla.

Como si fuera criminal.

La ironía era tan brutal que casi hacía reír.

Había pasado por registro.

Fotografías frontales y de perfil.

Huellas digitales manchando sus dedos de tinta negra.

Inventario de pertenencias personales: un pañuelo bordado, anillo de bodas que todavía llevaba por costumbre, nada más.

La oficial que la procesó había sido eficiente pero no cruel.

Mujer de cuarenta y tantos años con ojos que sugerían que había visto demasiado.

—¿Primera vez arrestada?

—Sí.

—Desacato a orden judicial.

—Revisaba los papeles—.

Por consolar a su hija enferma en hospital.

No era pregunta.

Era observación cargada de juicio sobre el sistema que las empleaba a ambas.

—Sí.

—Sistema está roto, señora.

—Firmó el último documento—.

Celda tres.

Alguien vendrá por usted cuando su abogado llegue.

Eso había sido hace dos horas.

Amelia miraba el techo manchado, contando grietas.

Diecisiete visibles desde este ángulo.

Dieciocho si incluía la que se ramificaba cerca de la esquina.

Sus pensamientos volvían constantemente a Lilly.

¿Estaría dormida ahora?

¿La fiebre habría vuelto?

¿Elizabeth le habría dicho que mamá estaba en la cárcel por ser “mala”?

La puerta al final del pasillo se abrió.

Pasos aproximándose.

Hartley apareció frente a los barrotes, cabello completamente descontrolado, corbata inexistente, pero sonriendo con satisfacción apenas contenida.

—Saliendo en cinco minutos.

Amelia se puso de pie.

—¿Sir Edmund?

—Mejor.

—Hartley extendió documento a través de los barrotes—.

Sir Edmund vino personalmente a Scotland Yard hace una hora.

Invalidó la orden de Thompson por “abuso flagrante de autoridad judicial con intención de causar daño a menor.” Las palabras se registraron lentamente.

—¿Invalidó?

—Completamente.

Thompson está siendo investigado por el Lord Chancellor por posible corrupción.

—Hartley no podía contener la sonrisa—.

Edmund estaba tan furioso que el comisionado de policía tuvo que calmarlo antes de que arremetiera contra los oficiales que te arrestaron.

—Pero yo violé la orden.

Técnicamente era válida cuando…

—Edmund declaró que cualquier orden que criminalice instinto maternal básico es “perversión de justicia que esta corte no tolerará.” —Hartley leyó directamente del documento—.

También declaró que Elizabeth Ashworth será citada a comparecer ante su corte para explicar por qué usó sistema legal para torturar psicológicamente a menor de tres años.

Amelia sintió que algo se expandía en su pecho.

Esperanza.

Real y tangible.

—¿Cuándo salgo?

—Ya firmé tu liberación.

Solo esperan que oficial de turno procese el papeleo.

—Hartley bajó la voz—.

Pero hay más.

Edmund no vino solo.

—¿Qué quieres decir?

La puerta del pasillo se abrió nuevamente.

Stefan apareció, pero su expresión era extraña.

Mezcla de alivio y algo más oscuro.

—Amelia.

—Se acercó a los barrotes—.

Necesitas prepararte para lo que viene.

—¿Qué pasó?

¿Lilly está bien?

—Lilly está físicamente bien.

Morrison la está monitoreando de cerca.

—Hizo pausa—.

Pero Elizabeth hizo su movimiento.

El que sabíamos que vendría eventualmente.

El oficial de turno llegó con llaves, abriendo la celda.

—Señora Crane, es libre de irse.

Amelia salió, frotando sus muñecas donde las esposas habían dejado marcas rojas.

—¿Qué movimiento?

Stefan la guió hacia la salida mientras hablaba.

—Elizabeth presentó moción de emergencia ante tribunal superior.

Está solicitando que toda la investigación criminal contra Williams sea declarada inadmisible por “conspiración entre magistrado prejuiciado y parte vengativa.” —¿Puede hacer eso?

—Puede intentar.

—Hartley caminaba junto a ellos—.

Y su argumento no es completamente absurdo.

Edmund tiene enemistad personal documentada con los Ashworth.

Si logra convencer a tribunal superior de que Edmund está actuando por venganza personal en lugar de justicia…

—Entonces todo el caso criminal colapsa.

Y sin investigación criminal activa, el precedente Ashford no aplica.

—Exactamente.

—Stefan sostuvo la puerta de salida—.

Es estrategia nuclear.

Si funciona, Elizabeth destruye toda nuestra base legal simultáneamente.

Afuera, la noche londinense era fría y húmeda.

El carruaje de Stefan esperaba.

—¿Cuándo se escucha la moción?

—Pasado mañana.

Día veintiocho.

—Hartley subió tras ellos—.

Tribunal superior con panel de tres jueces.

Edmund no puede presidir porque él es sujeto de la moción.

Amelia procesaba las implicaciones mientras el carruaje se movía por calles oscuras.

—Entonces todo depende de convencer a tres jueces que no conocemos de que Edmund actuó apropiadamente.

—Y de que la investigación contra Williams es legítima independientemente de quién la inició.

—Stefan miraba por la ventana—.

Hartley tiene dos días para construir defensa inquebrantable.

—Mientras tanto, ¿qué pasa con Lilly?

—Edmund emitió orden temporal restaurando tu custodia completa.

Efectiva inmediatamente.

—Hartley sonrió—.

Elizabeth puede apelar, pero toma tiempo.

Lilly vuelve contigo mañana cuando Morrison la dé de alta.

Era victoria.

Pequeña, frágil, pero victoria.

El carruaje se detuvo frente a la residencia de Stefan.

Las luces estaban encendidas a pesar de la hora tardía.

—Helen preparó baño caliente y comida.

—Stefan la ayudó a descender—.

Necesitas ambos antes de colapsar.

—Necesito ver a Lilly.

—Morrison dijo que está dormida y estable.

Puedes verla mañana temprano.

—Stefan guió firmemente hacia la casa—.

Esta noche, descansas.

Órdenes médicas y de sentido común.

Amelia quería protestar pero el agotamiento era físico ahora.

Treinta y seis horas sin dormir apropiadamente.

Arresto.

Procesamiento.

La adrenalina que la había sostenido evaporándose.

Helen apareció en la puerta, expresión preocupada.

—Señora Crane.

Preparé todo como el señor Stefan pidió.

El baño era casi obscenamente indulgente después de celda de Scotland Yard.

Agua caliente, sales perfumadas, toallas suaves.

Amelia se sumergió hasta el cuello, dejando que el calor penetrara músculos tensos.

Cerró los ojos.

Vio a Lilly llorando cuando la esposaron.

Vio el rostro de Elizabeth triunfante.

Vio los barrotes de la celda.

Pero también vio la sonrisa de Hartley.

La orden de Edmund invalidando a Thompson.

Stefan esperándola afuera de la estación.

No estaba sola en esto.

Cuando bajó una hora después, encontró a Stefan y Hartley en el estudio.

Documentos cubrían cada superficie.

—Deberías estar durmiendo.

—Stefan levantó la vista.

—Y ustedes también.

—Se sentó junto a ellos—.

¿Qué estamos viendo?

—Estrategia para la audiencia de pasado mañana.

—Hartley señaló documento—.

Elizabeth argumentará que Edmund actuó por vendetta personal.

Necesitamos demostrar que la evidencia contra Williams es tan sólida que cualquier magistrado razonable habría actuado igual.

—¿Y lo es?

—Sí.

Pero “sólida” es subjetivo.

—Stefan sacó otra carpeta—.

Necesitamos más que documentos de Joe.

Necesitamos testimonio corroborativo independiente.

—¿Como qué?

—Como otras víctimas de Williams.

—Hartley se reclinó—.

La condesa Victoria Blackwood mencionó que su hermana fue asesinada por Williams hace treinta años.

Si encontramos más casos similares, patrón de comportamiento…

—Entonces dejamos de ser “esposa vengativa con magistrado corrupto” y nos convertimos en “reveladores de criminal serial.” —Amelia completó el pensamiento—.

Más difícil de desestimar.

—Exactamente.

—Hartley comenzó a escribir—.

Victoria puede tener nombres.

Otras familias que los Ashworth destruyeron.

Un golpe en la puerta.

El mayordomo con telegrama.

—Acaba de llegar, señor.

Marcado urgente.

Stefan lo leyó, expresión oscureciéndose.

—Es de mis contactos en el distrito financiero.

Las acciones de Ashworth Industries cayeron otro doce por ciento hoy después de que se filtró noticia de tu arresto.

—¿Cómo filtraron eso tan rápido?

—Porque Elizabeth lo filtró ella misma.

—Stefan extendió el telegrama—.

Está usando tu arresto como “evidencia” de que eres inestable.

Los inversores están huyendo porque la empresa está asociada con “escándalo familiar sórdido.” Hartley rio sin humor.

—Se está disparando en el pie.

Cada punto porcentual que caen sus acciones debilita su posición financiera.

—A menos que pretenda declarar bancarrota y empezar de nuevo.

—Amelia tomó el telegrama—.

Familias como los Ashworth han sobrevivido peor.

Reinventan, cambian nombres, resurgen.

—No si Williams va a prisión.

—Stefan señaló—.

Difícil reinventarse con patriarca convicto de asesinato.

—Por eso la moción de emergencia.

—Amelia conectaba las piezas—.

Elizabeth no está solo protegiendo a Williams.

Está protegiendo la capacidad de la familia de sobrevivir esto financieramente.

El mayordomo apareció nuevamente.

—Disculpen la interrupción continua.

Pero hay visitante en la puerta.

Dice que es urgente y no se irá hasta hablar con la señora Crane.

Los tres intercambiaron miradas.

—¿Quién?

—La señorita Ava Ashworth, señor.

El silencio fue absoluto.

—Ava.

—Amelia se puso de pie—.

¿Qué diablos quiere Ava a medianoche?

—Solo hay una forma de averiguarlo.

—Stefan ya caminaba hacia la puerta—.

Pero la recibimos con testigos presentes.

Sin conversaciones privadas.

Ava esperaba en el vestíbulo, vestida de negro como luto anticipado.

Su maquillaje estaba corrido ligeramente, cabello menos perfecto que de costumbre.

Parecía asustada.

—Amelia.

Gracias por recibirme.

Sé que es tarde y que probablemente soy la última persona que quieres ver.

—Tienes treinta segundos para explicar qué haces aquí antes de que te echen.

Ava respiró profundo.

—Mi madre me cortó financieramente.

Completamente.

Sin acceso a cuentas familiares, sin herencia, nada.

Dice que soy “activo desechable que causó más problemas que beneficios.” —Y vienes a mí porque…

—Porque soy la única Ashworth que todavía tiene algo que ofrecerte.

—Sacó sobre de su bolso—.

Información que mi madre no sabe que tengo.

Sobre el espía en la oficina del magistrado.

Sé quién es.

Hartley se acercó inmediatamente.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque yo lo contraté originalmente.

—Ava extendió el sobre—.

Hace dos años cuando mi madre quería información sobre un juez que manejaba disputa de propiedad.

Mantuve el contacto como…

seguro.

Algo que podía usar si necesitaba palanca.

Stefan tomó el sobre, examinando el contenido.

—Thomas Wickham.

Secretario junior en la oficina de Collins.

—Levantó la vista—.

¿Por qué traicionas a tu madre ahora?

—Porque me dejó claro esta noche que si Williams va a prisión y la empresa colapsa, ella me culpará a mí.

Por haber “forzado” a Charlotte a divorciarse de Oliver revelando sus deudas.

Por haber “fracasado” en seducirte para obtener información.

—Lágrimas comenzaban a caer—.

Toda mi vida siendo peón de mi madre, y ahora soy chivo expiatorio conveniente.

Amelia estudió a Ava cuidadosamente.

La mujer que había intentado seducir a Stefan, que había filtrado información para lastimar a Charlotte, que había sido cómplice de Elizabeth durante años.

Ahora rota y desesperada.

—¿Qué quieres a cambio?

—Protección.

Un lugar donde esconderme hasta que esto termine.

Y después…

ayuda para empezar de nuevo lejos de mi familia.

—Ava se limpió las lágrimas—.

No dinero.

Solo oportunidad de ser alguien que no sea “la hija Ashworth.” Hartley miraba entre el sobre y Ava.

—Esta información es oro.

Con Wickham identificado, podemos exponerlo, demostrar que Elizabeth estaba usando espionaje ilegal para manipular procesos judiciales.

Eso destruye su moción contra Edmund.

—También prueba que Ava estuvo involucrada en corrupción judicial.

—Stefan señaló—.

Contrató al espía originalmente.

—Por orden de mi madre cuando tenía diecinueve años.

—Ava levantó la voz—.

No sabía para qué lo quería.

Solo hice lo que me ordenaron como siempre.

Amelia caminó hacia la ventana, procesando.

Ava era víctima tanto como cómplice.

Criada por Elizabeth para ser herramienta, ahora desechada cuando dejó de ser útil.

Pero también había causado daño real.

Había lastimado a Charlotte deliberadamente.

Había intentado sabotear la relación de Amelia con Stefan.

—Puedes quedarte esta noche.

—Decidió finalmente—.

En habitación de invitados con puerta que se cierra desde afuera.

Mañana, decides: testificas contra tu madre abiertamente, con tu nombre en documentos oficiales, o te vas sin protección.

—Testificar significa que mi madre me destruirá socialmente.

Ninguna familia decente me aceptará.

—Correcto.

—Amelia la miró directamente—.

Ese es el precio de la redención.

No es barato ni bonito.

Es exactamente tan doloroso como debería ser.

Ava cerró los ojos.

—¿Y si testifico?

—Entonces tienes mi palabra de que te ayudaré a reconstruir.

No como caridad, sino como aliada que ganó su lugar.

—Hizo pausa—.

Pero esa ayuda solo viene después de que enfrentes completamente lo que hiciste y pagues el precio apropiado.

El silencio se extendió.

—De acuerdo.

—Ava abrió los ojos—.

Testificaré.

Helen apareció para llevar a Ava a la habitación de invitados.

Cuando se fueron, Stefan se volteó hacia Amelia.

—Esa fue decisión arriesgada.

—Todo en esta guerra es arriesgado.

—Amelia tomó el sobre con información de Wickham—.

Pero Ava acaba de darnos el arma exacta que necesitamos para destruir la moción de Elizabeth.

Hartley ya estaba escribiendo furiosamente.

—Con Wickham expuesto, demostramos espionaje sistemático de Elizabeth.

Eso invalida cualquier argumento de que nosotros somos los que actuamos inapropiadamente.

—¿Cuánto tiempo necesitas para preparar la presentación?

—Todo mañana.

Presentamos pasado mañana justo antes de la audiencia sobre la moción de Elizabeth.

—Levantó la vista—.

No le damos tiempo de contraatacar.

Era brillante.

Brutal.

Exactamente el tipo de movimiento que su padre habría aprobado.

Amelia sintió que el agotamiento finalmente la alcanzaba.

—Necesito dormir.

Dos horas al menos antes de que mi cerebro deje de funcionar.

Stefan la guió hacia las escaleras.

—Tres horas.

Y desayuno apropiado.

Órdenes no negociables.

En el umbral de su habitación, Amelia se detuvo.

—Gracias.

Por esperarme afuera de Scotland Yard.

Por todo.

—Siempre.

—Stefan tocó su mejilla suavemente—.

Duerme.

Mañana recuperamos a Lilly y destruimos la última carta de Elizabeth.

Amelia durmió sin pesadillas por primera vez en semanas.

Y soñó con cenizas que se convertían en diamantes bajo presión imposible.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo