Chef en el Apocalipsis - Capítulo 156
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156: La verdad 156: La verdad Jayce decidió que cumpliría la petición de Lianna.
Su intención original había sido guardar este secreto en su corazón, al igual que en la situación durante la Marea de Bestias, para protegerla a ella y a sus sentimientos.
Sin embargo, al mirarla a sus profundos ojos verdes, supo que hablaba en serio.
—Fuiste poseída por una Dríada.
Un monstruo desagradable que tomó el control de tu mente y te hizo hacer algunas cosas malas —empezó, eligiendo sus palabras con cuidado.
—Cuando te dije que íbamos a entrar en el túnel de la izquierda, reaccionaste de forma extraña y empezaste a acercarte a mí —hizo una pausa un instante—.
Luego me empujaste al túnel y te disculpaste, antes de salir corriendo hacia el túnel de la derecha.
Al oír estas palabras, Lianna se quedó de piedra y frunció el ceño en su hermoso rostro.
—¿Q-qué pasó después?
¿Intentaste detenerme?
—preguntó.
No había acusación en su tono, como si solo intentara asimilar toda la información.
Jayce negó con la cabeza, con la mirada apagada.
—En el momento en que me empujaron al túnel, apareció un campo de fuerza que me impedía salir.
Probablemente, obra de la Dríada.
Cuando eso ocurrió, no tuve más remedio que adentrarme en el túnel, y fue entonces cuando descubrí que era una guarida de Panteras Dracónicas.
Lianna asintió, dejando que Jayce continuara su relato.
—Eliminé a varias por sorpresa, pero el resto requirió un poco más de…
ingenio —dijo sin entrar en detalles—.
Entonces, una vez que acabé con todas, apareciste tú con enredaderas apretadas alrededor del cuerpo.
—Tú…
La Dríada pronunció unas palabras, diciendo que no esperaba que yo acabara con las Panteras Dracónicas.
Sin embargo, no la dejé hablar y la ataqué de inmediato, arrancando las enredaderas e incinerándola.
—Justo después de eso, debí de perder el conocimiento porque Dinner Rush se agotó.
Y, bueno, ya conoces el resto —dijo, encogiéndose de hombros.
Lianna se limitó a escuchar el relato sin interrumpir, haciendo todo lo posible por recordar los fragmentos de información que faltaban en su mente.
Se sintió angustiada al oír que había empujado a Jayce al túnel, lo que en esencia era condenarlo a una lucha a muerte contra las Panteras Dracónicas.
Cerró los ojos, tratando de concentrarse en los confusos fragmentos de su memoria con la esperanza de que se le revelaran.
Tras unos instantes, pareció funcionar: destellos de recuerdos aparecieron ante sus ojos cerrados.
Empujar a Jayce al túnel, hacer una reverencia de disculpa antes de huir con las lágrimas cayendo por su rostro.
Las conversaciones con la Dríada que habían erosionado su mente, doblegándola a su voluntad y forzándola a coger el báculo del altar.
Fue como si la hubieran transportado a ese momento, caminando hacia el altar en una nebulosa.
Lianna extendió la mano derecha hacia el báculo resplandeciente, pero en el instante en que sus dedos se cerraron sobre él, este comenzó a retorcerse y serpentear, penetrando en su piel y oprimiendo su cuerpo.
Sintió un dolor atroz en la mente y el cuerpo, como si la estuvieran marcando con un hierro candente.
Duró unos minutos, durante los cuales solo pudo soltar un grito inaudible, retorciéndose en el suelo de pura agonía.
Después, todo volvió a volverse confuso.
Era como una espectadora en su propio cuerpo, solo capaz de ver lo que ocurría a su alrededor sin poder intervenir.
Por si fuera poco, seguía sintiendo un dolor tremendo que la estaba llevando al borde de la locura.
De vuelta en la cueva, Lianna soltó un grito ahogado, con los ojos en blanco mientras empezaba a convulsionar.
La agonía azotaba su cuerpo como si la estuvieran quemando viva desde dentro, haciendo que se retorciera de dolor.
—¡Lianna!
—gritó Jayce, lleno de pánico al ver la escena que se desarrollaba ante él.
No sabía qué estaba pasando, ni qué hacer.
La agarró rápidamente por los hombros, intentando detener los movimientos erráticos de su cuerpo, pero no sirvió de nada.
Activó rápidamente su habilidad Analizar, tratando de averiguar qué iba mal.
Sin embargo, no había nada que pudiera explicar lo que le estaba pasando a Lianna en ese momento, lo que provocó que su pánico aumentara.
Jayce le sujetó las manos, con la mente trabajando a toda prisa para encontrar la forma de ayudarla.
Su mirada se posó en el bonito rostro de ella, ahora contraído por el dolor, y deseó poder aliviarlo un poco, aunque tuviera que cargar él mismo con ese dolor.
De repente, sintió que sus manos empezaban a calentarse, una sensación similar a la que tenía cuando concentraba su maná en ellas.
Entonces, una sustancia negra que pareció surgir de la nada recorrió los brazos de Lianna e hizo contacto con sus manos.
En el instante en que la sustancia negra tocó sus manos, sintió una oleada de dolor intenso recorrerle el cuerpo.
Jayce inspiró bruscamente, apretando los dientes mientras sus músculos se tensaban con violencia como respuesta.
Fue entonces cuando apareció una notificación ante él.
[Has adquirido la habilidad: Empatía (nv.
1)]
[Estás siendo afectado por el Contragolpe de la Dríada]
[Contragolpe de la Dríada: Cuando una Dríada posee a un individuo, la mente y el cuerpo de este quedan marcados.
Al morir la Dríada, el huésped sufre un tremendo contragolpe cientos de veces mayor que el sufrimiento infligido en el momento de su muerte].
Jayce leyó la información que tenía delante mientras intentaba respirar; era difícil pensar cuando sentía que se estaba quemando vivo.
Con la poca capacidad mental que tenía en ese momento, supo que estaba compartiendo parte de la carga del dolor de Lianna, y que probablemente tenía algo que ver con la habilidad Empatía que acababa de obtener.
La descripción del contragolpe decía que el huésped, en este caso Lianna, experimentaría un dolor cientos de veces mayor que el que sintió la Dríada al morir.
El rostro de Jayce palideció aún más al recordar cómo había incinerado a esa maldita entre sus manos.
—Mierda.
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