Chef en el Apocalipsis - Capítulo 170
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170: Maná de Vida 170: Maná de Vida Jayce sintió un dolor tremendo recorrer su brazo derecho, lo que le hizo perder la concentración brevemente.
El maná en sus manos se estaba desintegrando, teniendo el efecto contrario al que había deseado.
El maná en desintegración parecía estar carcomiendo su carne, provocando que un dolor agudo y punzante lo asaltara.
«¿Qué demonios es esto?», pensó, mientras observaba el extraño fenómeno en la palma de su mano.
Sin embargo, no tenía tiempo para pensar en esas cosas.
Estaba claro que no iba a ser capaz de comprender la técnica solo con verla curar.
—Lianna, necesito que manipules un poco de maná en tu mano.
Intenta convertirlo en el maná que usas para curar, sin lanzar tu hechizo de curación —pidió, apretando el agarre en su hombro con urgencia.
Lianna asintió y, manteniendo su mano izquierda sobre Leah, manipuló el maná en su mano derecha, haciendo que finalmente emitiera un cálido resplandor verde.
Jayce entrecerró los ojos, acercándose a la esfera de maná, inspeccionándola de cerca.
El maná parecía cobrar vida propia, emulando la naturaleza restauradora de la vida misma.
Jayce observó maravillado cómo la energía danzaba, como si estuviera compuesta por miles de diminutos duendecillos que se congregaban jovialmente para una ocasión divertida.
Cerró los ojos una vez más, visualizando el proceso de infundir vida a su maná.
Intentó pensar en cada partícula como si tuviera vida propia, con sus propias metas y aspiraciones.
Al principio, el maná se le escapó de la mano, desvaneciéndose en la nada.
Sin embargo, no se desesperó; lo que estaba haciendo no tenía precedentes para otra clase.
Después de todo, si cualquier mago pudiera crear hechizos de cualquier elemento, no habría habido tanta necesidad de clérigos en su vida pasada.
Cuando Jayce hubo consumido casi un tercio de su maná, finalmente empezó a sentir un ligero cosquilleo en la palma de la mano.
Abrió los ojos y se alegró al ver que había conseguido crear Maná de Vida.
Aunque no era tan vibrante como el de Lianna, sin duda era utilizable.
La siguiente parte era la más crucial de todas: manejarlo con eficacia.
Había formulado una teoría general sobre la magia curativa al presenciar de primera mano cómo Lianna curaba a Leah a través de su habilidad de Empatía.
Lo que ella hacía era, en esencia, enviar el Maná de Vida a las partes afectadas del cuerpo de la paciente y dejar que reforzara el efecto curativo natural del cuerpo.
Como si fueran glóbulos rojos llevando oxígeno a donde más se necesitaba.
Sin embargo, esto no sería suficiente para librar a Leah de la marca y salvarle la vida.
Jayce necesitaba crear un hechizo que fuera capaz de eliminar la marca y cualquier otro efecto negativo que la acompañara.
En el pasado había jugado a muchos juegos de RPG y a menudo había visto habilidades como Disipar y Purificar.
Eso era lo que pretendía crear, en un lapso de tiempo tan corto.
Aunque en teoría sonaba genial, nunca antes había usado Maná de Vida y a Leah no le quedaba mucho tiempo.
Aunque Lianna pudiera alargarle la vida inyectándole hechizos de curación, su mente bien podría quebrarse por soportar semejante tortura durante un periodo de tiempo prolongado.
Por lo tanto, no podía seguir postergándolo.
Era hora de actuar.
Colocó la mano en el pecho de Leah y envió su recién creado Maná de Vida a su cuerpo, manteniendo la mente fija en él mientras lo guiaba a través de su organismo.
Al igual que en la analogía de los glóbulos rojos, su objetivo era utilizar su Maná de Vida para que actuara como un glóbulo blanco y destruyera la marca.
Jayce recordó el dolor que había sentido al usar su habilidad de Empatía con Lianna en la caverna.
El dolor empezaba en el pecho y se extendía hacia afuera, como si alguien le hubiera colocado un sol en miniatura en su interior e intentara quemarlo hasta la muerte.
Por lo tanto, envió el maná a través del cuerpo de ella, intentando localizar cualquier cosa fuera de lo común.
Por desgracia, era casi imposible ver o sentir dónde podía estar la marca, sobre todo con Leah revolviéndose de esa manera.
«Ah, joder», maldijo Jayce para sus adentros, dudando de su decisión.
—Lianna, sujétala y no la sueltes bajo ninguna circunstancia.
Su voz era grave, y no admitía discusión.
—E-Está bien.
—Lianna hizo lo que le dijo, sentándose en los muslos de Leah e inmovilizándole los brazos contra el cuerpo.
Luego se giró hacia Jayce, esperando su siguiente movimiento.
Jayce exhaló largamente antes de colocar su mano izquierda en el brazo de Leah.
Una oscuridad pareció trepar desde el brazo de ella, queriendo aferrarse al suyo.
En el momento en que lo tocó, sintió un dolor atroz que le sacudía el cuerpo.
—¡ARGH!
¡Maldita sea!
—gritó, intentando no dejarse consumir por el dolor.
Se mordió el labio con fuerza en un intento de mantenerse consciente.
—Ah, Jayce, ¿qué estás haciendo?
—exclamó Lianna sorprendida.
Sin embargo, él la ignoró.
Necesitaba usar su habilidad de Empatía para encontrar la ubicación de la marca; de lo contrario, ni siquiera tendría la oportunidad de intentar disiparla.
Podía sentir el dolor y la confusión en la mente de Leah, la tristeza por todo lo que había sucedido mientras estaba poseída.
Pero, por suerte, no se había rendido; sobre todo después de oír la voz de Lianna.
Tras oír esas palabras, sintió una tremenda voluntad de luchar y sobrevivir emanando de su mente, como si fuera un árbol inamovible en medio de un ciclón.
El cuerpo de ella empezó a agitarse menos, pero aún se notaba que sufría un gran dolor.
Jayce continuó aferrándose a su consciencia, guiando el Maná de Vida con pura fuerza de voluntad.
Finalmente llegó al corazón y sus ojos se abrieron de par en par.
Había una sustancia negra, parecida al alquitrán, pegada por todo el corazón.
En ese momento estaba en llamas, enviando un humo negro por toda su cavidad torácica.
—Bingo —masculló Jayce entre dientes.
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