Chef en el Apocalipsis - Capítulo 177
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177: Buen humor 177: Buen humor Jayce se sentó en el suelo después de un buen rato, ahora cubierto de gotas de sudor.
No se había sentido así desde su vida anterior, cuando blandía su espada incontables veces para volverse más fuerte.
Recordar la lucha que atravesó para volverse más fuerte en su vida pasada le dibujó una sonrisa en el rostro.
El constante refinamiento de sus habilidades con la espada mediante la repetición, puliendo su cuerpo hasta convertirlo en una máquina bien acondicionada, todo con la esperanza de sobrevivir en este nuevo mundo.
Aunque no habían sido tiempos divertidos, en este momento los recordaba con cariño.
En aquel entonces no solo había refinado su cuerpo, sino también su mente y su disciplina, y ahora estaba cosechando los beneficios de aquello.
Estar sentado aquí, empapado en sudor después de entrenar, le provocaba una sensación de nostalgia.
Sus pensamientos viajaron hacia su antiguo grupo, que fue como una segunda familia para él en esa época.
Aunque no eran los jugadores más fuertes, seguían ocupando un lugar especial en su corazón.
Se preguntó qué estarían haciendo ahora mismo.
Finalmente, Jayce salió de su ensimismamiento al darse cuenta de que empezaba a oscurecer mientras el sol se encontraba con el horizonte.
Rápidamente, saltó de nuevo al río para refrescarse y lavarse otra vez.
A Jayce le gruñeron las tripas, algo que siempre le pasaba después de un buen entrenamiento.
Pero, a diferencia de su vida anterior, ahora sabía cómo cocinar una comida sin quemar un campamento.
Con el pelo todavía goteando, Jayce regresó hacia el campamento sintiéndose renovado.
El día de hoy había estado lleno de altibajos, llevándolo por una auténtica montaña rusa emocional.
A pesar del cansancio, estaba de muy buen humor.
Había hecho un descubrimiento revolucionario, algo que posiblemente podría permitir no solo a él, sino a toda la humanidad, aumentar su fuerza a pasos agigantados.
Por ahora había muchas variables en juego, pero tenía la intención de explorar el uso del maná para otras aplicaciones, más allá de ser solo una herramienta para usar junto con el sistema.
El mejor de los casos sería que pudiera crear su propio sistema de poder, como esos cultivadores de las novelas.
El peor de los casos relegaría la utilización del maná a un simple aumento de sus habilidades y capacidades.
De cualquier manera, ambas opciones eran un paso adelante para aumentar la fuerza general de todos.
Obviamente, Jayce esperaba que lo primero fuera cierto, pero solo podía seguir intentándolo hasta alcanzar el resultado final.
Con paso enérgico, finalmente llegó a las puertas del pueblo.
Sin necesidad de llamar, se escuchó el sonido de la madera crujiendo y las cadenas traqueteando junto con la apertura de las grandes puertas.
—Deben de haberme estado esperando —murmuró Jayce, casi silbando una melodía mientras cruzaba las puertas abiertas.
Su mirada se posó en los pocos guardias que estaban de pie respetuosamente a un lado mientras pasaba.
Les dedicó una sonrisa y dijo en un tono alegre: —¡Gracias!
Mientras se adentraba en el pueblo, los pocos guardias se miraron confundidos.
—¿Este tipo tiene trastorno bipolar o algo así?
El guardia que llevaba el sombrero de vaquero había estado especialmente callado desde que lo mandaron a dormir a la fuerza.
Ni siquiera sabía cómo Jayce lo había hecho, solo recordaba despertarse con el paladar dolorido de tanto roncar.
Jayce no era consciente de la discusión a sus espaldas, ni le importaba.
En este momento solo había dos cosas en su lista de prioridades: llenarse la barriga y dormir un poco.
Tony apareció no mucho después de su llegada y corrió hacia él.
—Señor Jayce.
Lianna y Leah están dormidas, deben de haber quedado agotadas después de todo el calvario —afirmó, mirando a Jayce de arriba abajo.
«¿Soy yo, o parece que está de muy buen humor?».
El hombre barbudo estaba perplejo.
Antes de que se fuera, Jayce parecía distraído y un poco susceptible.
También había oído a los guardias apostados en la puerta hablar sobre el incidente.
Por supuesto, sabía que era mejor no sacar el tema delante del propio hombre, habiendo visto su fuerza de primera mano.
Por lo tanto, optó por ignorarlo, limitándose a transmitirle la información pertinente.
Sin embargo, estaba perplejo en cuanto a qué podría haber cambiado el humor del hombre tan drásticamente.
«¿Acaso fue a hacerse una paja?», pensó Tony, contemplando al radiante Jayce.
El hombre en cuestión estaba de tan buen humor que probablemente se habría reído a carcajadas si hubiera oído los pensamientos del barbudo.
Pero no podía leer mentes, así que le pasó un brazo por los hombros a Tony y siguió caminando.
—¡Tony!
¿Qué tal si te invito a comer?
De todos modos, es muy deprimente comer solo —dijo, soltando una carcajada.
«¡Este tipo está loco!», lloriqueó Tony para sus adentros.
¿Cómo puede un hombre tener tales cambios de humor?
Sin embargo, Leah ya le había dicho que cuidara de Jayce mientras ella y Lianna se recuperaban.
Teniendo en cuenta que la habían aceptado como líder y que su lealtad hacia ella era tan firme, no tuvo más remedio que aceptar la propuesta.
—¿N-necesitas que recoja algunos ingredientes frescos?
—preguntó Tony, intentando sin éxito liberarse del fuerte agarre del Chef.
—Pff.
¿Qué clase de Chef crees que soy, hombre?
—se mofó Jayce mientras le daba una palmada al pobre barbudo en mitad de la espalda, emulando uno de los movimientos característicos de Colin.
Tony hizo una mueca de dolor, temiendo aún más la no deseada invitación a cenar.
Sin embargo, se sorprendió gratamente cuando Jayce se puso su uniforme de Chef y empezó a preparar la comida.
Toda clase de olores increíbles llegaron a sus fosas nasales, haciendo que se le hiciera la boca agua por la expectación.
Observaba, sintiéndose como un vagabundo esperando en la cola a que le pusieran comida en su cuenco.
Unos instantes después, tomó una cucharada del delicioso caldo de ramen y casi gimió de placer.
«¡Esta es la comida de los dioses!»
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