Chef en el Apocalipsis - Capítulo 199
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
199: Reunión anual 199: Reunión anual Mientras Jayce y Tony seguían conversando durante una comida cálida y sustanciosa, Lianna y Leah estaban ambas profundamente inmersas en la iluminación.
No solo tenían la Ley de la Naturaleza a su alrededor, sino que también contaban con un gran impulso por parte de su Chef particular.
El uso que Jayce hizo de la Ley del Fuego había sido suficiente para cerrar la brecha de entendimiento que a ambas les faltaba.
La tormenta de fuego era como una fuerza de la naturaleza en sí misma, devolviendo a quienes envolvía en su abrazo al círculo de la vida.
Habría sido de risa que ambas no hubieran alcanzado el entendimiento en un entorno tan ideal.
Era tan obvio que Jayce sintió que él también podría alcanzar la iluminación si así lo decidiera.
Sin embargo, una parte de él sentía que hacerlo sería perjudicial.
No estaba seguro de la razón exacta, pero su intuición rara vez le había fallado en el pasado, por lo que no tenía motivos para ponerla en duda.
Quizá la Ley del Fuego y la de la Naturaleza eran incompatibles, o era posible que, inconscientemente, temiera dispersar demasiado su atención.
Fuera como fuese, había decidido dejar pasar la oportunidad de ahondar en ello.
Los ojos de Leah se abrieron con un parpadeo y una expresión de desorientación se dibujó en su bonito rostro.
Sin embargo, al instante siguiente, se levantó de un salto con entusiasmo.
—¡Jaja!
Lo conseguí.
Jayce le lanzó una mirada fulminante que la dejó helada.
Ella miró a su alrededor y vio a su hermana también sentada, meditando.
Por puro reflejo, se tapó la boca con la mano y le dirigió una mirada de disculpa al hombre.
Con un cuidado exagerado, se acercó de puntillas hasta Jayce y Tony, que parecían acabar de comer.
Le gruñó el estómago, casi tan fuerte como su exclamación anterior, probablemente como respuesta al aroma persistente de la comida.
Leah pareció horrorizada y maldijo para sus adentros a su oportunista estómago.
Jayce y Tony se aguantaron la risa, esforzándose al máximo por no molestar a Lianna.
Con gesto divertido, Jayce le pasó a Leah un cuenco de arroz humeante y después le sirvió encima un gran cucharón de fragante curry.
Al principio se sintió un poco avergonzada, pero la comida que tenía delante pareció disipar rápidamente esa sensación.
Elogió mentalmente a su estómago por su rapidez y empezó a devorar con entusiasmo.
«Este Jayce es sin duda material de marido… ¿Quizá pueda intercambiar el puesto con Lianna los fines de semana?».
Los pensamientos de Leah se desbocaron mientras engullía el delicioso curry sin prestar mucha atención a los que la rodeaban.
El cuenco de curry no duró mucho bajo el asalto de su cuchara y pronto se convirtió en un recuerdo lejano.
Un destello de decepción se dibujó en su rostro al sacar la cuchara vacía.
—Ejem.
¿Queda más?
—preguntó, con una sonrisa suplicante en el rostro.
Jayce negó con la cabeza.
—Puedes culpar a tu tío, aquí presente, por haberse comido tres raciones.
A Leah se le descompuso el rostro al dirigir su mirada hacia el culpable que le había negado otra ración del delicioso curry.
La expresión de Tony era indiferente, como si estuviera diciendo algo del tipo «camarón que se duerme, se lo lleva la corriente».
Se quedó atónita.
Normalmente, el hombre se habría disculpado e intentado compensarla.
Sin embargo, allí estaba, de pie y sin el menor atisbo de vergüenza, como si no hubiera hecho nada malo.
Justo cuando estaba a punto de patalear de rabia, Leah empezó a sentirse mal de repente.
Se tambaleó peligrosamente, lo que hizo que Tony corriera hacia ella, presa del pánico.
—¿Leah, qué te pasa?
Pero al instante siguiente se desmayó y se desplomó inerte en sus brazos.
Él miró rápidamente a Jayce para pedirle ayuda.
—¿Jayce, qué…?
Las palabras de Tony se le quedaron atoradas en la garganta al presenciar lo que ocurrió a continuación.
Jayce también comenzó a tambalearse, palideció y, acto seguido, cayó al suelo con un golpe sordo.
—¿Q-Qué está pasando?
El hombre entró en pánico, buscando a su alrededor una posible causa.
«¿Ha sido la comida?».
Palideció de repente ante esa idea.
Ellos dos solo habían comido una ración, mientras que él se había comido tres…
Tony le puso la mano en la muñeca a Leah para tomarle el pulso.
Soltó un suspiro de alivio al sentir un ritmo fuerte y constante bajo sus dedos.
***
Jayce se vio de pronto rodeado de oscuridad, con motas de luz que pasaban a su lado lo bastante despacio como para poder verlas.
Era como si estuviera disparado por el espacio, pasando junto a las estrellas a gran velocidad.
Antes de que pudiera acostumbrarse a la sensación, su entorno se difuminó y apareció en una sala oscura.
Pudo distinguir una estructura justo delante de él, y a su izquierda y derecha había hileras de butacas.
En las butacas había sentadas unas figuras veladas.
Miraron a su alrededor con confusión, pero se calmaron al instante.
Estaba claro que entendían dónde estaban y por qué.
Ese era el lugar donde Rubick los había reunido antes, cuando llegó la hora de la Misión Mundial.
Jayce sintió que se le secaba la boca y la ansiedad se disparó.
Algo le decía que esta Misión Mundial no iba a ser sencilla.
Quizá fuera porque sabía más que todos los demás presentes, o puede que fuera su intuición, que una vez más llegaba a sus propias conclusiones.
Al igual que la última vez, estaban atados a las butacas del teatro, lo que significaba que lo único que podían hacer era esperar a que apareciera la estrella del espectáculo.
No tuvieron que esperar mucho.
Unos instantes después, las sombras del escenario se agruparon y se transformaron en una figura humanoide con una máscara espeluznante y un sombrero de copa.
La esbelta figura sacudió su levita, haciendo que las sombras se dispersaran.
Con otro gesto, una luz apareció sobre ellos como un foco, iluminando su enigmática apariencia.
Jayce frunció el ceño, pues sentía que algo no iba bien.
El Rubick con el que había tratado anteriormente tenía un don para el drama, le encantaba ser el centro de atención.
Jayce incluso sospechaba que esa era la razón por la que el ser había elegido un teatro como punto de encuentro.
—Ha llegado la hora otra vez.
La siguiente prueba para vuestro mundo.
—La voz que salió de la máscara era fría y parecía reprimir una profunda ira.
«Ah, mierda», maldijo Jayce para sus adentros.
Aquello no pintaba nada bien.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com