Chef en el Apocalipsis - Capítulo 215
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215: Cumbre Mundial (1) 215: Cumbre Mundial (1) Al día siguiente, Dion se despertó bruscamente, sintiendo que el corazón se le salía del pecho.
Miró rápidamente a su alrededor para asegurarse de que no había ningún peligro, solo para descubrir que estaba solo en su cama, como de costumbre.
Tras unos instantes, su corazón se calmó y recuperó su ritmo normal.
Con lo mucho que había mejorado el cuerpo de Dion, era casi imposible que sufriera un infarto por reacciones naturales como el colesterol alto.
Solo había una cosa que podía provocar tal reacción, y era el miedo.
Cuando por fin se calmó, se quedó mirando sus manos, que todavía temblaban.
—¿Qué me tiene tan alterado?
—murmuró Dion, intentando comprender la reacción de su cuerpo.
Cuando se enteró por primera vez de la invasión mientras Jayce estaba fuera, a menudo se despertaba con una tremenda sensación de miedo y pavor, lo que finalmente lo convirtió en un manojo de nervios.
Sin embargo, todo eso había cesado con el regreso de Jayce un par de semanas después.
Con su reciente aumento de fuerza, tenía más confianza que nunca.
Entonces, ¿qué podía hacerle sentir tanto miedo y nerviosismo en un momento en el que nada había cambiado?
«¿Será por la Cumbre?», no pudo evitar preguntarse.
Por desgracia, por mucho que se lo preguntara, no podría indagar en su subconsciente, al menos no con sus habilidades.
Por lo tanto, saltó de la cama y empezó a prepararse, intentando ignorar el pavor persistente en el fondo de su mente.
—Me pregunto si de verdad le harán caso —comentó.
***
En la Plaza Central, los comerciantes del pueblo habían montado un escenario.
Tuvieron casi seis meses para prepararse para este momento, y no decepcionaron.
No solo había un gran escenario, sino también gradas desmontables que se desplegaban, permitiendo que mucha gente viera el evento cómodamente.
El cerebro de la operación era Kane, que se había especializado en ingeniería, a pesar de parecer un abogado recién salido de un tribunal.
Las gradas se extendían en abanico por la Plaza Central, pareciendo un auditorio al aire libre.
Por suerte, el tiempo estaba despejado y templado, a pesar de ser invierno.
—Por fin está pasando, ¿eh?
—dijo Colin, mirando cómo los asientos empezaban a llenarse poco a poco.
Había renunciado a su apretado delantal y ahora iba completamente vestido con su equipo de batalla de Guardián.
—Sí, ha costado mucho trabajo llegar hasta aquí.
Pero por fin ha llegado el momento de aumentar la fuerza de toda la humanidad…
Jayce iba ataviado con su traje de Chef, lo cual no era nada nuevo.
No podía evitarlo; el conjunto de nivel 4 era actualmente el mejor y más cómodo equipo que tenía.
Kane le había ofrecido prestarle un traje, pero él se había negado.
Kane era casi una cabeza más bajo que él, así que era imposible que algo así le quedara bien.
Sin embargo, mientras miraba a toda esa gente reunirse, empezó a tener dudas sobre su atuendo.
Pero al momento siguiente negó con la cabeza.
«De todos modos, es mi aspecto característico.
Seguro que me harán caso si consigo causar un impacto suficiente… ¿Verdad?», pensó para sus adentros.
Justo cuando se sentía un poco nervioso, dos brazos le rodearon el pecho por la espalda, sujetándolo con fuerza.
Jayce sonrió; siempre podía contar con Lianna para animarlo en esta situación.
Pero justo cuando este pensamiento apareció en su mente, vio a una mujer saludándolo desde una de las gradas.
Llevaba un precioso vestido verde impoluto, con el pelo recogido en una coleta.
—¿Lianna?
—El corazón de Jayce se detuvo.
Desvió lentamente la mirada hacia los musculosos brazos que lo abrazaban con fuerza, y de repente sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—No pasa nada, Líder, yo cre… —Las palabras de Colin se interrumpieron, pues de repente vio que el mundo se ponía patas arriba.
Se sintió ingrávido mientras su corpulento cuerpo salía volando por los aires hacia uno de los edificios.
El sonido de una fuerte colisión resonó en la Plaza Central cuando Colin rebotó en el suelo y se estrelló contra el lateral de un edificio.
Por suerte, los ladrillos del suelo absorbieron la mayor parte del impacto, evitando que el edificio sufriera daños significativos.
—¿Qué acaba de pasar?
—Uno de los espectadores que se dirigía a su asiento levantó la vista al oír el fuerte ruido.
—¿No lo sé?
Yo también me lo he perdido.
La mayor parte de la multitud no se había percatado del altercado, demasiado ocupada buscando un buen asiento para ver la Cumbre.
Sin embargo, había un hombre bajo y una mujer de pechos generosos que casualmente habían estado observando todo el asunto.
Miraban con los ojos como platos al hombre ataviado con el traje de Chef, como si estuvieran viendo a un monstruo.
—Dave, ¿has visto lo que ha pasado?
—Un hombre de mediana edad con una capa con capucha se acercó a la pareja de hermanos, con pasos ligeros como una pluma.
El hombre bajo, llamado Dave, se sobresaltó por un momento, antes de reconocer a la persona.
Explicó cuidadosamente lo que había ocurrido, en un tono que casi sonaba como si no se creyera lo que había pasado.
El hombre encapuchado guardó silencio, girando la cabeza hacia Jayce, pensativo.
—Supongo que es tan fuerte como dicen los rumores —murmuró para sí mismo.
—Líder, ¿sabes quién es ese tipo del traje de Chef?
—preguntó Sophie, cuyo habitual tono despreocupado e inocente había sido sustituido por uno serio.
—Mmm.
Ese es «Déjame Cocinar», el hombre que nos ha invitado a todos a la Cumbre —respondió con despreocupación.
Dave estaba conmocionado.
¿Era este el dueño de ese restaurante, la Cocina del Infierno, del que le había hablado el hombre mayor el día anterior?
Tendría sentido, teniendo en cuenta que llevaba su uniforme de Chef.
—¿Estás seguro de que esta Cumbre no es solo una farsa para alardear de su fuerza y hacer que nos sometamos?
—Sophie parecía sospechar un poco de todo el asunto.
La mirada de Dave se endureció en respuesta a estas palabras.
Esta era la verdadera personalidad de su hermana, fría y calculadora.
Su habitual personalidad de tonta y despistada era una fachada, creada como una forma de protegerse.
—Ya veremos —dijo el Líder simplemente, pasando a su lado y buscando un asiento.
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