Chef en el Apocalipsis - Capítulo 224
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224: Juramento 224: Juramento Desde que alcanzó la etapa de Establecimiento de Fundación, Jayce sintió como si su cuerpo hubiera cambiado cualitativamente.
Aunque sus músculos no habían aumentado de masa o tamaño, podía sentir claramente que su fuerza había aumentado al menos el doble.
Por costumbre, Jayce abrió su ventana de estado, mirando los números a los que tanto apego les tenía en el pasado.
Nombre:
Jayce
Título:
N/A
Clase:
Chef Ejecutivo
Subclase:
N/A
Nivel:
67
EXP:
5200/5200
Salud
5920/5920
Maná:
0/2640
Fuerza:
182 (+106)
Destreza:
232 (+98)
Inteligencia:
182 (+85)
Vitalidad:
232 (+117)
Suerte:
206
Puntos de Atributo:
104
—Je.
Como esperaba, sigue sin haber cambios… —musitó con una sonrisa amarga.
A pesar de haberse vuelto mucho más fuerte, el sistema seguía mostrando los mismos atributos que había tenido durante los últimos seis meses.
En su interior, ya había descartado su ventana de estado por considerarla inútil.
—¿Me pregunto si mis atributos se transferirán si el sistema desapareciera?
No se deprimiría demasiado si no lo hicieran; sin embargo, había un atisbo de reticencia en sus ojos mientras se posaban sobre el atributo de Suerte.
Cuando tenía la habilidad VIP15, su Suerte había desempeñado un papel importante para aumentar su fuerza a corto plazo.
No solo eso, la Suerte probablemente lo había salvado más veces de las que era consciente.
Por lo tanto, en lo que a esto respectaba, Jayce se sentía un poco arrepentido.
—Si asumo que el sistema acabará desapareciendo, más vale que lo aproveche al máximo —exclamó Jayce.
Su sonrisa amarga se convirtió en una amplia sonrisa de satisfacción mientras los números frente a él aumentaban considerablemente.
Suerte: 310
—Je, je, ser afortunado tiene su recompensa, ¿verdad?
Fuera como fuese, ver un número tan exagerado en su atributo de Suerte lo hacía bastante feliz.
Jayce casi sintió el impulso de entrar en un casino y ponerla a prueba.
Por desgracia, no existía tal cosa en el nuevo mundo.
Jayce pasó las siguientes horas a solas, meditando, absorbiendo en su cuerpo el Qi del aire.
Aunque este método era mucho más lento, a su Dantian le resultaba mucho más fácil digerir y purificar esta energía que usando Piedras de Maná.
Por eso, se había asegurado de incluir la meditación en su rutina, sin importar cómo fuera su horario.
Solo mediante un cultivo diligente podría allanar el camino para la humanidad.
La hora de la reunión de los representantes se acercaba rápidamente, así que Jayce concluyó su meditación y bajó las escaleras hacia el vestíbulo, solo para encontrarse con más de cien personas que lo esperaban pacientemente.
—Supongo que ya se han decidido todos —preguntó, dirigiéndose al grupo con una leve sonrisa en el rostro.
Paseó la mirada por el grupo y vio algunas caras conocidas.
Agni, Tai y Nube; incluso estaban Voidwalker y el Segador de Sangre, a quienes había conocido ese mismo día.
Todos asintieron o lo afirmaron de una forma u otra, lo que le permitió a Jayce soltar un suspiro de alivio.
Afortunadamente, no había nadie allí para sembrar la discordia en las filas.
—Un momento —dijo Jayce, levantando una mano a modo de disculpa.
Se dirigió a una de las habitaciones de la planta baja, cogió una pizarra blanca con ruedas y la arrastró para que todos la vieran.
Una de sus cuatro ruedas parecía estar rota, lo que provocó un chirrido que resonó por todo el vestíbulo.
«Pero qué está haciendo este tipo…»
La escena era un poco cómica.
Cien de los jugadores más fuertes e influyentes de la humanidad, capaces de cambiar el viento y convocar la lluvia, de pie frente a un joven con una pizarra de mala calidad a sus espaldas.
La vergonzosa escena no pasó desapercibida para Jayce, que sentía que algo tan serio como este Juramento para unirse a la Alianza Humana iba a ser escrito en una pizarra de mala muerte.
Por desgracia, el papel escaseaba en el nuevo mundo y las fotocopiadoras ya no funcionaban.
Si quisiera repartir copias, tendría que transcribir cada una de las hojas él mismo.
—Ejem.
Leerán este Juramento juntos, con la mano izquierda en el corazón y la derecha levantada.
Una vez que hayan completado el Juramento, los consideraré parte de la Alianza.
Jayce hizo una demostración de la postura e indicó a los demás que hicieran lo mismo.
Una vez que todos estuvieron en posición, comenzó a recitar las palabras de la pizarra y, al poco tiempo, las otras cien personas se unieron.
En el espíritu de hermandad y humanidad, juro como miembro de la Alianza Humana:
Juro usar mi fuerza y mis habilidades para el progreso y la protección de la humanidad.
No traicionaré a mis semejantes Humanos por beneficio personal, ni emplearé mis poderes para el mal.
Comprendo que la traición conlleva la pena de convertirme en enemigo de la humanidad, y seré perseguido por todos los miembros de la Alianza.
Hago este juramento por voluntad propia, ligándome a la causa de una humanidad unida y resiliente.
Una vez recitadas las palabras de la pizarra, todos se volvieron hacia Jayce.
No fue hasta que leyeron el contenido del Juramento que comprendieron del todo que no se trataba de una artimaña para someterlos a su dominio.
Era una promesa de lealtad a la humanidad y solo a la humanidad; eso era obvio.
Unas cuantas personas que habían sentido que no se les daba otra opción, de repente se sintieron mucho mejor con su decisión.
—¡Excelente!
—exclamó Jayce, sintiendo que se quitaba un peso de encima.
Aunque el Juramento no era infalible, no tenía muchas opciones al respecto.
Él no tenía el poder de afectar el libre albedrío de las personas.
Sin embargo, redundaba en el interés de todos unirse a la Alianza Humana y proteger la Tierra.
Si los invasores tenían éxito, todo sería destruido.
—Tenemos unos brazaletes que repartir.
Ustedes y sus miembros necesitarán llevarlos para poder seguir participando en la Cumbre —dijo Jayce, dirigiéndose de nuevo a la habitación de la que acababa de salir.
Era algo que se le había ocurrido para diferenciar a los que habían hecho el Juramento de los que no.
Cualquiera que no llevara un brazalete sería escoltado fuera del Bastión.
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