Chef en el Apocalipsis - Capítulo 238
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Capítulo 238: El Anillo Espacial causa problemas
Tras otros pocos segundos de un vaivén nauseabundo, Jayce por fin volvió en sí y apareció en la destruida Plaza Central, de donde había desaparecido antes. Miró a su alrededor con confusión durante un momento antes de que su mirada se posara en un anillo que llevaba discretamente en el dedo.
Una sonrisa se dibujó en su rostro mientras acariciaba el anillo con cariño. —Menos mal que no ha sido un sueño —murmuró.
Con una expresión feliz grabada en la cara, se dirigió de vuelta a su casa. Con todo lo que había pasado hoy y la larga charla con Rubick, ansiaba un buen descanso nocturno.
No dejaba de mirar el anillo que se ajustaba perfectamente a su dedo anular izquierdo, acariciándolo de vez en cuando con afecto. Aunque todavía no había visto lo que había dentro, sabía que no contendría ninguna porquería.
Al acercarse a su edificio, un transeúnte lo vio. Como Jayce estaba tan distraído, ni siquiera vio a esa persona, y pasó de largo junto a ella hasta la puerta de su casa.
—Ejem…
El sonido de una mujer carraspeando a sus espaldas hizo que Jayce diera un respingo del susto. Se giró rápidamente, escondiendo las manos tras la espalda y mirando en la dirección del sonido.
—¡Oh, Lianna! Hola, preciosa —dijo Jayce, poniéndose tenso e intentando sonar natural.
Por desgracia, eso funcionó tan bien como un coche bajo el agua. Lianna frunció el ceño y se acercó a Jayce, que de repente parecía estar sudando a mares. Lo examinó de arriba abajo como si fuera una detective.
—¿Por qué estás tan nervioso? ¿No habías dicho que no volverías a casa hasta antes del amanecer? —le lanzó un par de preguntas rápidas, haciendo que se quedara helado.
—Eh… —Jayce miró a su alrededor y vio que el cielo seguía oscuro.
«Maldita sea, Rubick. ¿Por qué tenías que ser tan considerado con mi horario de sueño?», maldijo para sus adentros. Si el tiempo hubiera pasado con normalidad, podría haber evitado este encuentro por completo y, en su lugar, haberse metido en la cama para acurrucarse con Lianna.
—E-Es antes del amanecer. ¿Ves? —dijo Jayce sin convicción, esbozando un mal remedo de sonrisa.
Lianna soltó un largo suspiro. Una cosa de la que se había dado cuenta con Jayce era que no se le daba bien mentir, sobre todo a la gente que le importaba. Normalmente podía salirse con la suya usando su autoridad como Líder, pero no delante de ella.
—Dime de una vez qué escondes —dijo, cruzándose de brazos y mirándolo de arriba abajo.
—¿Esconder? No sé de qué hablas —a Jayce le temblaron las cejas mientras hacía todo lo posible por mantener una expresión seria.
«¡Mierda, joder, maldita sea!», maldijo para sus adentros. Rubick acababa de decirle que mantuviera su encuentro en secreto, y ahí estaba él, ni dos minutos después, siendo interrogado por su mujer.
El rostro de Lianna se endureció al mirar a su hombre, que se retorcía inquieto. Su voz se volvió severa. —Muéstrame las manos —ordenó.
Al oír el tono de su voz, Jayce sintió cómo se activaba su instinto de lucha o huida. Necesitó toda su fuerza de voluntad para no salir corriendo al instante. Al final, decidió no hacerlo.
Si le decía sinceramente que no podía hablar de dónde o de quién había conseguido el anillo, ella debería entenderlo. Después de todo, ¿cuándo la había engañado? ¿Verdad? ¿Verdad?
Jayce soltó un suspiro y su cuerpo nervioso se calmó un poco. Tal como se le había ordenado, adelantó las manos y mostró el anillo que se ajustaba perfectamente a su mano izquierda. Levantó la mirada hacia Lianna, cuyo rostro estaba congelado.
Ella se quedó mirando el anillo de aspecto sencillo en el dedo de él durante un minuto entero sin emitir sonido. De repente, Jayce empezó a ponerse nervioso. Había intentado romper el silencio varias veces, pero las palabras se le atascaban en la garganta al contemplar sus rasgos congelados.
Finalmente, armándose de valor, abrió la boca. —No puedo decirte de quién he recibido este anillo, pero solo tienes que confiar en mí, ¿vale?
Tan pronto como las palabras salieron de su boca, oyó el sonido del viento silbando antes de que su cabeza se girara bruscamente hacia un lado.
¡ZAS!
Una fuerte bofetada resonó, rebotando en las paredes y por todos los callejones. Jayce sintió cómo la sangre le subía a la mejilla, que de repente palpitaba de dolor por el inesperado ataque.
Volvió la mirada hacia Lianna, a quien le corrían las lágrimas por el rostro. Parecía desconsolada, como si él hubiera cometido la traición definitiva.
Jayce parpadeó un par de veces, con la mente intentando procesar los recientes acontecimientos que lo habían dejado aturdido. Sin embargo, su mente estaba tan agotada por la Cumbre, el ataque y la profunda conversación que había tenido con Rubick, que se quedaba en blanco.
—¿A-a qué ha venido eso? —preguntó Jayce, incapaz de encontrar una respuesta por sí mismo incluso después de todo este tiempo.
—¿Cómo puedes preguntar algo así? ¿Por qué me has enseñado este anillo? —Lianna intentó contener las lágrimas mientras lo interrogaba.
Pero antes de que pudiera responder, su voz se suavizó. —Si ya no querías estar conmigo, podrías habérmelo dicho sin más… Os deseo a ambos que seáis felices.
Tras decir esas palabras, se dio la vuelta y empezó a alejarse, secándose las lágrimas.
De repente, el cerebro de Jayce pareció despertar de su letargo. De pronto, unió todas las piezas del rompecabezas y por fin comprendió por qué Lianna estaba tan disgustada.
Sintió el impulso de abofetearse varias veces por su absoluta estupidez. ¿Por qué había decidido llevar el anillo espacial en el dedo anular izquierdo? El que significa matrimonio.
—¡Espera! Lianna, puedo explicarlo —dijo, extendiendo la mano hacia ella y sujetándole el brazo.
Afortunadamente, ella no se resistió. Incluso aceptó entrar en la casa, donde podrían seguir hablando.
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