Chef en el Apocalipsis - Capítulo 257
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Capítulo 257: Unas copas
Poco después de que todos se hubieran dispersado, Jayce se dirigió al edificio principal en busca de Dion y Kane. Como siempre, atravesó el vestíbulo con facilidad, dedicándole algunas palabras amables a la recepcionista al pasar.
A menos que hubiera un evento especial, esos dos siempre estaban encerrados en el edificio principal todos los días, trabajando constantemente en cosas para beneficiar a su ciudad. Jayce sentía un gran respeto por esos dos que tenían semejante ética de trabajo.
Al entrar en la sala sin anunciarse, vio la ya conocida estampa de la brillante cabeza calva y la baja figura de un hombre de mediana edad elegantemente vestido sentados alrededor de la mesa. Dieron un respingo, asustados, y al instante giraron la cabeza hacia él.
Rápidamente vio a Kane intentar esconder algo sigilosamente a su espalda, fuera de la vista del intruso. Jayce enarcó una ceja, mirando a los dos hombres adultos que parecían haber sido pillados con las manos en la masa.
Fue entonces cuando percibió el dulce aroma a vino que flotaba por la sala.
Jayce no pudo más que soltar un suspiro, dirigiéndose a la mesa y tomando asiento sin decir una palabra más. Justo cuando los estaba elogiando para sus adentros por su dedicación, se los encuentra bebiendo mucho antes del mediodía.
Lo más probable es que el vino fuera su desayuno.
Sin embargo, no podía culparlos. Habían sufrido un ataque anteanoche y tuvieron que organizar la limpieza mientras calmaban a los habitantes. Esta era una de las razones por las que Jayce había asumido el puesto de consejero en lugar de líder.
—No soy su madre, no necesitan esconder ese tipo de cosas de mí —dijo Jayce, soltando una risita.
Solo entonces se dieron cuenta los dos de lo infantil que había sido su reacción. Aunque estaba mal visto beber tan temprano por la mañana, eran adultos que podían tomar sus propias decisiones.
—¿Quieres un poco? —preguntó Kane finalmente, ofreciéndole la jarra de vino a Jayce.
Jayce dudó un momento, decidiendo si beber o no. Solía beber con frecuencia en su vida pasada, pero se había alejado de ese tipo de cosas desde su regresión.
Sin embargo, no quería marginar a los dos, así que, sin decir palabra, agarró la jarra y le dio unos cuantos tragos antes de dejarla sobre la mesa. El vino era agradable, pero al instante siguiente le envió un fuego por la garganta.
Pudo notar que era una botella decente de vino de arroz, lo que mejoró al instante su impresión de Kane unos cuantos puntos.
—¿A qué has venido hoy, Jayce? —preguntó Dion, sirviéndose otro trago del sabroso vino de arroz.
Jayce decidió no andarse con rodeos y sacó a relucir su plan, que se desarrollaría en los próximos seis meses. Quería aumentar la fuerza de todos en Bastión, seleccionando solo a los que cumplieran sus requisitos para ir a Rusia y enfrentarse a los traidores.
Dion y Kane se miraron con expresiones similares. Cuando Jayce había llegado a Bastión hacía casi un año, los dos habían hablado de algo durante el festín, algo que casualmente les vino a la mente ahora.
«Nuestros objetivos están en escalas completamente diferentes. Nosotros pretendemos construir un pequeño refugio seguro, sí, pero él… él aspira a lograr mucho más».
«¿Qué más se puede lograr aparte de crear un santuario para los supervivientes?».
«La supervivencia de la raza humana… el fin del Apocalipsis».
«¿Q-Que dijo eso? ¿Que quería acabar con el Apocalipsis?».
«No, no lo dijo explícitamente. Pero pude darme cuenta…».
Sus ojos brillaron con nostalgia al recordar aquel momento. Al menos al principio, habían pensado en Jayce como alguien lo bastante fuerte como para aumentar sus posibilidades de supervivencia.
La idea de acabar con el Apocalipsis era algo demasiado intangible y de gran alcance. Sin embargo, el hombre que tenían delante había dicho más de una vez que ayudaría a la humanidad a resurgir y a reclamar lo que era suyo por derecho.
Por supuesto, Dion no tardó en descubrir que el Apocalipsis era más de lo que parecía; en realidad, era el resultado de la evolución de la Tierra hacia un plano superior. Cuando se anunciaron los detalles de la Misión Mundial, se sintió abrumado por el miedo.
Una vez más, fue el hombre que tenía delante quien lo sacó de las profundidades de la desesperación, despejando sus demonios mentales. De hecho, Jayce era el eje de todo lo positivo que había ocurrido en Bastión.
La batalla de la Marea de Bestias, las Matrices de Teletransportación, los refugiados, la Cocina del Infierno, incluso la Cumbre antes de que ocurriera el ataque. Su lista de galardones y contribuciones no solo a Bastión, sino a toda la humanidad, era inconcebible.
Ahora que Jayce había acudido a ellos mientras holgazaneaban y ahogaban sus penas en alcohol, no los amonestó ni los juzgó. Simplemente se unió a ellos, hablando de los siguientes pasos de sus planes para salvar a la humanidad.
Era como si Jayce fuera un ángel enviado para salvarlos a todos. Sin importar los contratiempos que sufriera, o cuántas veces fracasara, siempre ponía a sus amigos en primer lugar y trabajaba lentamente hacia su objetivo.
Dion sintió que le empezaban a picar los ojos mientras se le formaban las lágrimas. Kane también parecía estar llegando a una conclusión similar, ya que de repente los dos rompieron a llorar, berreando como dos bebés.
—J-Jayce. Eres un buen tipo —dijo Dion, lanzándose sobre la mesa para abrazarlo. Sus lágrimas y mocos le caían por la cara, convirtiéndose en un nuevo accesorio en la chaqueta de chef de Jayce.
Kane también decidió unirse a la acción, sin embargo, debido a su altura, su cabeza no pudo alcanzar el hombro de Jayce.
«¿Pero en qué coño me he metido?», maldijo Jayce para sus adentros. En un momento, los tres estaban hablando de su plan y, al siguiente, ambos lloraban como mujeres y se le echaban encima.
—¿Están borrachos o qué?
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