Chef en el Apocalipsis - Capítulo 4
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4: Compra de artículos del juego 4: Compra de artículos del juego La conciencia de Jayce atravesó el reino digital y, cuando abrió los ojos, se encontró de pie en el corazón de la aldea de principiantes.
Era un asentamiento encantador enclavado en un valle pintoresco, rodeado de frondosos bosques y majestuosas montañas que se alzaban hasta tocar el cielo.
El aire portaba una frescura vigorizante, teñida con un toque de expectación.
La aldea exudaba un aura de tranquilidad, pero bullía de actividad.
Jugadores de toda índole deambulaban por las calles empedradas, con sus nombres flotando sobre sus cabezas en un tono blanco luminiscente.
Los nombres servían como un marcador de su identidad, lo que permitía a los demás reconocerlos en este mundo virtual.
Jayce observó la diversa gama de jugadores, cada uno adornado con armaduras, armas y atuendos distintivos que mostraban su clase elegida y su estilo individual.
Entre la multitud, Jayce distinguió a otros aventureros con nombres como «CaballeroÉgida», «MagoLuna» y «ArqueroSombra».
Formaban grupos, intercambiaban estrategias y compartían su emoción por empezar el juego.
Algunos se reunían en la plaza del pueblo, con las armas envainadas, y participaban en combates amistosos para probar las mecánicas del juego.
Los PNJ, señalados por sus nombres en un relajante tono verde, se mezclaban a la perfección con los jugadores.
Desempeñaban diversos papeles, desde herreros que martilleaban en yunques y sastres que cosían prendas elegantes, hasta posaderos que daban la bienvenida a los viajeros cansados que buscaban un respiro de sus misiones.
Sus movimientos estaban meticulosamente programados, pero sus interacciones parecían sorprendentemente reales.
La arquitectura de la aldea reflejaba una fusión de encanto medieval y diseño fantástico.
Edificios con entramado de madera y tejados de paja se erigían junto a altas agujas, adornados con intrincadas tallas y coloridos estandartes que ondeaban con la suave brisa.
La plaza de la aldea exhibía una gran fuente en su centro, cuyas aguas centelleaban y danzaban a la luz del sol.
Servía de punto de encuentro para que los jugadores se reunieran e intercambiaran información, o simplemente para disfrutar del ambiente del mundo virtual.
Jayce miró a su alrededor, con los ojos llenos de asombro.
Habían pasado diez años desde que había entrado en el mundo de Cataclismo a través del dispositivo de RV.
Había olvidado lo hermoso y pintoresco que podía ser.
Sin embargo, al instante siguiente su mirada se volvió fría.
Recordó el mundo desolado y sanguinario en el que el juego había convertido su propio mundo, y eso lo despertó de su ensoñación.
—Esta vez será diferente —dijo con determinación, y sus claros ojos azules transmitían su resolución.
El nivel que uno tuviera en el juego no afectaba a sus habilidades en el mundo real; esto era un hecho conocido por Jayce gracias a su experiencia previa.
Sin embargo, corrían rumores de que se podían desbloquear clases adicionales tras alcanzar el nivel máximo en el juego.
A eso aspiraba Jayce.
Aunque tres meses no era mucho tiempo, creía que era posible alcanzar el nivel 100 con la clase de Espadachín antes de que el Cataclismo descendiera sobre la Tierra.
Después de todo, tenía diez años de experiencia con sus habilidades y destrezas.
Una de las razones por las que estaba tan seguro era gracias a los objetos especiales de la tienda del juego.
Como la mayoría de los juegos populares, vendía objetos del juego por dinero real.
Desde modificadores de EXP y pociones hasta objetos cosméticos.
Jayce había calculado mentalmente cuánto podía gastar sin dejar de pagar sus facturas durante tres meses.
Después de la caída de la civilización, la moneda gubernamental se volvería inútil.
Por lo tanto, no tenía sentido que ahorrara su dinero.
Abrió la tienda de objetos del juego y seleccionó el icono de la poción de EXP.
[¿Deseas comprar – Poción de EXP de 2 horas x 99?]
—Sí.
[¿Deseas comprar – Poción de EXP de 2 horas x 99?]
—Sí.
[¿Deseas comprar – Poción de EXP de 2 horas x 99?]
…
Al final, Jayce había gastado una cantidad astronómica de dinero en pociones de EXP.
Junto a su nombre, que flotaba sobre su cabeza, un icono que decía «VIP15» brillaba con gloria.
Unos cuantos que pasaban por allí lo miraron y se mofaron: —Mirad a esta ballena.
¿Comprando cositas con la tarjeta de crédito de Papá, no?
Jayce los miró y parpadeó un par de veces.
En realidad, tenían parte de razón, pues había usado la mayor parte del seguro de vida de su padre para comprar las pociones de EXP.
Sin embargo, eso no significaba que fuera a aceptar el insulto sin más.
Levantó con elegancia la mano izquierda, les mostró el dedo corazón y dijo con un tono impasible: —Piraos.
El grupo frunció el ceño y decidió ignorarlo, susurrando insultos mientras se alejaba.
A Jayce no le importó.
Tenía una misión que completar y un horario estricto que seguir.
Tras equiparse con unas cuantas pociones de EXP, se marchó a hacer misiones.
***
Los ojos de Jayce se abrieron con un temblor y, mientras se incorporaba en la cama, una sensación de expectación le recorrió las venas.
Aquel era el día predestinado; el día en que el cataclismo descendería sobre el mundo.
Estiró sus fatigadas extremidades, sintiendo el desgaste de los últimos tres meses de juego constante en los que había descuidado su bienestar físico.
Las consecuencias de su intensa dedicación eran evidentes en su aspecto.
Su cuerpo, antes fibroso, parecía aún más demacrado, su tez pálida y macilenta.
El haber descuidado una nutrición y un ejercicio adecuados le había pasado factura, dejando sus músculos débiles y su cuerpo exhausto.
Al levantarse de la cama, Jayce tomó nota mental de reanudar su rutina de ejercicios una vez que el juego descendiera sobre el mundo real.
Era hora de recuperar su fuerza física, de recobrar la vitalidad que había sacrificado por sus ambiciones virtuales.
Después de todo, en este mundo tendría que luchar con su propio cuerpo.
Si apenas podía sostener la espada, sería hombre muerto.
Con renovada determinación, Jayce se dirigió hacia la ya familiar cápsula de juego.
Esta sería su última incursión en el mundo de Cataclismo, el empujón final para alcanzar el nivel 100 antes de que el apocalipsis trajese consigo cambios irreversibles.
Entró en la cápsula, cerró los ojos y se preparó para la inmersión.
El familiar zumbido de la tecnología lo envolvió y, cuando abrió los ojos en el mundo virtual, sintió una oleada de emoción.
Era su momento, su oportunidad de hacerse con el poder que anhelaba.
Sinceramente, ni siquiera estaba seguro de que fuera a recibir una opción de clase adicional al alcanzar el nivel 100.
Pero ya no podía hacer nada, pues había puesto todos los huevos en la misma cesta.
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