Chef en el Apocalipsis - Capítulo 46
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46: Historias junto al fuego 46: Historias junto al fuego Mientras el sol del atardecer se hundía bajo el horizonte, tiñendo el desolado paisaje con un tono anaranjado y rosado, el grupo se instalaba cómodamente en la casa abandonada.
Habían decidido quedarse allí a pasar la noche, lo que les permitiría descansar y recuperarse antes de continuar su viaje por la mañana.
Reunidos en torno a una modesta hoguera, con los rostros iluminados por su luz parpadeante, el grupo compartía un aire de camaradería que no había hecho más que fortalecerse a través de sus tribulaciones.
Colin fue el primero en romper el silencio, su voz profunda retumbando en el aire nocturno.
—Sabéis, incluso en medio de todo este caos, son momentos como estos los que me recuerdan lo que significa estar vivo.
Jackie, que estaba sentada en un asiento improvisado, asintió en señal de acuerdo.
—Sí, tienes razón.
En el viejo mundo, era fácil dar por sentadas estas cosas tan simples.
Jayce, sentado cerca, añadió con una sonrisa reflexiva.
—Y ahora estamos aprendiendo a apreciarlas de nuevo.
Amber intervino, su voz con un deje de nostalgia.
—Solía estar tan absorta en mis estudios y mi trabajo.
Casi nunca me paraba a disfrutar de los pequeños momentos.
Lianna, que había estado observando el intercambio en silencio, finalmente habló.
—Es curioso cómo la vida se las arregla para cambiar nuestras prioridades.
El fuego crepitaba suavemente, su calor era un abrazo reconfortante contra el frío de la noche.
El grupo se sumió en un silencio contemplativo, cada uno perdido en sus propios pensamientos.
Entonces, Zane, que había estado escuchando en silencio, se aclaró la garganta.
—¿Y bien, dónde estabais todos antes de que todo cambiara?
Colin se rascó la barbilla pensativamente antes de responder.
—Yo era monitor de gimnasio.
Ayudaba a la gente a ponerse en forma, a estar fuerte.
Nunca pensé que usaría esas habilidades para luchar contra monstruos.
Jayce, un poco confundido, intervino.
—¿Pensaba que dirigías el club que usábamos como refugio?
El hombretón se mofó.
—¿Acaso parezco de esos?
Aunque guardo buenos recuerdos de ese club, no es mío —dijo, guiñándole un ojo a Jackie y mostrando su característica sonrisa.
La cara de Jackie enrojeció un poco, pero soltó una risita antes de aclararse la garganta.
—Yo era recepcionista en una agencia del gobierno, así que no tengo ninguna habilidad transferible.
Amber se rio entre dientes.
—Estudiaba para ser bibliotecaria.
Nunca imaginé que acabaría lanzando bolas de fuego.
La mirada de Lianna se perdió en la distancia.
—Estaba en mi último año de instituto.
Quería ser médica de mayor —dijo distraídamente.
Zane se reclinó contra la pared, con una mirada lejana en sus ojos.
—Yo era fotógrafo de naturaleza.
Siempre me encantó capturar la belleza del mundo.
Pero ahora…
bueno, digamos que mis sujetos han cambiado.
Colin soltó una sonora carcajada.
—Sí, desde luego, nunca pensé que estaría luchando contra monstruos en lugar de levantar pesas.
Jackie le dedicó una sonrisa burlona.
—Pero sigues presumiendo de músculos, solo que de una forma diferente.
Colin flexionó el brazo de forma espectacular, haciendo que el grupo estallara en risas de nuevo.
Incluso ante el peligro, encontraban momentos de ligereza que les levantaban el ánimo.
Cuando las risas se apagaron, Ben y Paul intercambiaron miradas, como si acordaran en silencio compartir sus propias historias.
Paul se aclaró la garganta, y sus ojos adoptaron una mirada lejana.
—Sabéis —empezó—, antes de todo esto, yo era músico.
Tocaba la guitarra en una banda local y soñaba con triunfar algún día.
Ben enarcó una ceja, genuinamente intrigado.
—¿En serio?
Nunca lo habías mencionado.
Paul esbozó una sonrisa melancólica.
—Sí, ahora parece que fue en otra vida.
Solíamos tocar en pequeños conciertos, intentando que se fijaran en nosotros.
Pero, como podéis imaginar, solo éramos una de esas incontables bandas que luchan por el reconocimiento.
Ben se reclinó contra la pared, asintiendo.
—Lo entiendo.
La vida puede ser una serie de intentos, esperando ese único gran éxito.
Paul asintió.
—Exacto.
La música era mi forma de expresarme, mi vía de escape.
Ahora, bueno, supongo que estoy encontrando nuevas formas de sobrevivir, nuevas melodías que tocar.
Llegó el turno de Ben, y se rascó la nuca.
—Yo era dependiente en una librería.
Siempre me encantó leer, y estar rodeado de libros era como el cielo para mí.
Tenía el sueño de abrir mi propia librería algún día, un lugar donde la gente pudiera venir y perderse en las historias.
Los ojos de Amber se iluminaron, evaluando a Ben bajo una luz diferente.
Lianna intervino con una sonrisa.
—Suena maravilloso.
A mí también me ha encantado leer siempre.
A Ben le brillaron los ojos.
—Sí, es como si cada libro fuera un portal a otro mundo, a otra vida.
Pero ahora…
es como si todos fuéramos personajes de una historia de aventuras, luchando por nuestra supervivencia.
Zane asintió, absorbiendo sus historias.
—Es extraño cómo hemos acabado todos aquí, ¿verdad?
Pero, en cierto modo, creo que nuestros pasados nos han preparado para este nuevo mundo.
Colin enarcó una ceja, sonriendo.
—Sí, ¿quién habría pensado que mi tiempo en el gimnasio moviendo pesas resultaría ser tan útil?
En medio del suave crepitar del fuego, la atmósfera pareció cambiar mientras la atención del grupo se centraba en Jayce.
Se aclaró la garganta, y su voz, con un matiz de vulnerabilidad, empezó a relatar su propia travesía.
—Bueno —empezó, con la mirada perdida—, mi historia no es materia de leyendas.
Es más…, una serie de pruebas, supongo.
—Sus dedos trazaron patrones distraídos en la tierra y continuó—: Mi madre falleció cuando yo estaba en la secundaria, y poco después, mi padre la siguió.
Me quedé solo, era solo un niño intentando superar cada día.
Un pesado silencio se cernió en el aire, el peso de sus palabras cayendo sobre el grupo como un sudario.
Los ojos de Jayce, normalmente vibrantes, reflejaban un dolor lejano al recordar aquellos años.
—Tenía sueños, ¿sabéis?
—admitió con una sonrisa nostálgica—.
Sueños de convertirme en un chef con estrella Michelin, de crear platos exquisitos que transportaran a la gente.
Pero la realidad tenía otros planes.
El instituto no fue amable conmigo; era un blanco fácil para los matones.
Los ojos de Lianna se llenaron de empatía mientras se inclinaba hacia él.
—Has pasado por mucho, Jayce.
Se encogió de hombros con desgana.
—Supongo que lo sobrellevé perdiéndome en los videojuegos, escapando a mundos virtuales donde las cosas tenían más sentido.
Cuando salió el nuevo juego de RV, aproveché la oportunidad.
Sus palabras quedaron suspendidas en el aire por un momento antes de que Colin rompiera el silencio, con voz áspera pero sincera.
—Ya no eres esa persona, Jayce.
Lianna asintió en señal de acuerdo.
—Sí, te has convertido en nuestro intrépido líder.
Todos te admiramos.
Un coro de aprobación resonó alrededor del fuego mientras el grupo compartía sonrisas tranquilizadoras.
Amber intervino, con los ojos brillantes.
—Y tu cocina es mejor que la de cualquier chef con estrella Michelin.
Quizá cuando todo esto acabe, puedas abrir ese restaurante con el que siempre has soñado.
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