Chef en el Apocalipsis - Capítulo 70
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70: Bastión (3) 70: Bastión (3) Tras unos minutos más de la reunión improvisada de Kane, Jayce se reclinó en su silla y observó a los demás.
—¿Entonces, nos han contado sus planes, significa eso que aceptan acogernos?
—preguntó con desenfado.
Kane miró a Dion por un momento antes de responder.
—Dion nos ha dicho que ofrecieron ayudar a reconstruir nuestra ciudad.
Jayce asintió.
—Sí, estamos buscando un lugar al que llamar hogar.
Así que si eso significa que tendremos que ayudar con la reconstrucción, por nosotros está bien.
—Se enderezó y apoyó los brazos en el escritorio—.
Sin embargo, creo que podríamos tener mejores talentos que simplemente ser obreros —añadió con seriedad.
—¿Qué sugieres?
—intervino Dion, analizando a Jayce con cuidado.
Recelaba ligeramente de los objetivos de aquel hombre, de ahí que los hubiera recibido con guardias armados en el linde del bosque.
—Mis amigos y yo somos una unidad de élite, como estoy seguro de que ya saben.
Estaríamos dispuestos a ayudar a limpiar los alrededores de monstruos e incluso a dirigir a los supervivientes hasta aquí por el camino —dijo Jayce con una sonrisa.
Los otros cuatro asintieron; se notaba solo por la actitud de Jayce y Colin que estaban curtidos en batalla.
—¿Y qué querrían a cambio?
—intervino Juliet, abordando el tema con cuidado.
—Tengo algunas necesidades y deseos.
Unos más apremiantes que otros.
Pero, por ahora, dejemos que mis amigos se instalen.
Hemos tenido un largo viaje de travesía por el bosque —respondió Jayce.
Los labios de Jayce se curvaron en una sonrisa pensativa mientras contemplaba la situación.
—Saben, con toda esta charla sobre el futuro, creo que es hora de una celebración.
¿Qué les parece si organizamos un festín para celebrar nuestra llegada a salvo al pueblo?
Los ojos de Leon se iluminaron de entusiasmo y asintió en señal de acuerdo.
—Un festín suena a justo lo que todos necesitamos.
Nos vendría bien un tiempo para descansar y recuperarnos, los dioses saben lo duro que hemos estado trabajando.
Kane intervino, con un tono práctico pero agradecido.
—Prepararé alojamiento para ti y tu grupo.
Pueden descansar allí hasta el atardecer, para entonces todo debería estar organizado.
Sin embargo, Jayce negó con la cabeza, con un destello en la mirada.
—De hecho, tengo una propuesta.
Soy un chef y creo que no hay nadie más adecuado para la tarea de preparar un festín que yo.
—Se inclinó sobre la mesa y dijo con una amplia sonrisa—: Déjenme cocinar.
Los cuatro intercambiaron miradas, desconcertados por la inesperada sugerencia de Jayce.
Pero a medida que asimilaban las implicaciones de sus palabras, empezaron a verle la lógica a su oferta.
Después de todo, si no hubieran podido adivinar que Jayce era un chef por el Gorro de Chef y la chaqueta, no ocuparían sus cargos ahora.
El rostro de Dion permanecía impasible como siempre, sin embargo, la perspectiva de una comida deliciosa le atraía.
—¿Un festín preparado por la persona que derrotó al Alto Troll?
Estoy seguro de que será una experiencia inolvidable.
Kane, cuya reticencia inicial se había transformado en un interés genuino, asintió de acuerdo.
—Muy bien, entonces, Chef.
Queda decidido.
Tiene nuestra gratitud.
***
En el corazón del pueblo, mientras el resplandor del sol comenzaba a pintar el horizonte con tonos cálidos, Dion guiaba a Jayce y a Colin por las bulliciosas calles.
La gente del pueblo se había dedicado en gran medida a sus tareas diarias, pero se estaba gestando una cierta atmósfera de emoción, la sensación de que algo extraordinario estaba a punto de suceder.
Mientras caminaban, Jayce se dirigió a Dion, con la voz llena tanto de anticipación como de instrucciones específicas.
—Dion, voy a necesitar un espetón grande, de unos cinco metros de largo.
¿Puedes instalarlo cerca de la zona donde prepararé la comida?
Dion enarcó una ceja con curiosidad, pero decidió no hacer más preguntas.
En su lugar, asintió de acuerdo.
—Por supuesto.
Haré que lo dispongan como has solicitado.
Llegaron a un claro abierto, donde se habían retirado la mayoría de los escombros, dejando un espacio más grande y acogedor que antes.
Una fuente que en su día manaba agua ahora se alzaba vacía en medio de la plaza, un testimonio silencioso de los cambios provocados por el apocalipsis.
Dion se giró hacia Jayce, haciendo un gesto que abarcaba la zona.
—Puedes instalarte aquí, Chef.
Nos aseguraremos de que todo esté listo para ti, incluido el espetón que has mencionado.
Con un asentimiento de agradecimiento, Jayce observó cómo Dion y los demás se dispersaban para llevar a cabo sus tareas.
Mientras esperaba, Colin frunció el ceño con curiosidad y finalmente formuló su pregunta.
—¿Líder, por qué te encargas tú de preparar el festín?
¿No es ese normalmente el trabajo del anfitrión?
La risa de Jayce, alegre y desenfadada, llenó el aire.
—Ah, Colin, amigo mío, esto va más allá de simplemente preparar un festín.
—Miró a su alrededor, con la mirada fija en la tarea que le esperaba—.
¿Recuerdas que mencioné que había prerrequisitos para las misiones de mejora de clase?
Colin asintió en señal de que lo recordaba, con los ojos fijos en Jayce, esperando la explicación.
La expresión de Jayce era a la vez misteriosa y alegre mientras revelaba la verdad.
—Bueno, el mío está relacionado con este festín.
Tengo que preparar comida suficiente para cien personas de una sola vez.
Solo entonces podré desbloquear mi misión de mejora de clase.
Colin enarcó las cejas con sorpresa, y su confusión inicial dio paso a la comprensión.
—¿Preparar un festín es parte de tu mejora de clase?
El asentimiento de Jayce estaba lleno de un destello de emoción, con los ojos encendidos de determinación.
—¡Exacto!
Este festín no es solo para celebrar nuestra llegada a salvo; también es la clave para desbloquear mi misión de mejora de clase.
Fiel a su naturaleza, Colin pasó el brazo por los hombros de Jayce con una sonora carcajada.
—¡Así es nuestro Líder!
Riendo entre dientes, Jayce se zafó del agarre de Colin.
—Vale, vale.
Basta de tanta fanfarria.
Tengo trabajo que hacer.
Consígueme una mesa grande y un poco de agua fresca —le indicó, con un tono teñido de un toque de jovialidad.
—¡Considéralo hecho, jefe!
—respondió Colin, con un saludo más genuino que formal mientras se ponía en marcha para cumplir con las tareas asignadas.
Mientras el grandullón se marchaba, Jayce dejó escapar un aliento, sintiendo la emoción del desafío que le esperaba.
—Hagamos que este festín sea inolvidable.
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