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Chi no Yakusoku – El juramento de sangre - Capítulo 13

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  4. Capítulo 13 - 13 Capítulo 12 – La Sangre y el Honor
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13: Capítulo 12 – La Sangre y el Honor 13: Capítulo 12 – La Sangre y el Honor El sol caía pesado sobre la arena clandestina, donde el aire se mezclaba con el olor a sudor, polvo y muerte.

Reiji, Donyoku, Chisiki y Aika habían llegado hacía poco, y el murmullo de la multitud se volvía cada vez más tenso.

Donyoku, atado con cadenas simbólicas, avanzaba con pasos firmes hacia el centro del combate.

Sabía que su oponente, Renjiro, no era un rival común: la fama de su brutalidad y fuerza era conocida, pero más que eso, Donyoku sentía que esta pelea sería una prueba de vida o muerte.

Reiji observaba en silencio, con una mezcla de ansiedad y resignación.

Estos niños aún no están listos para el mundo real, pero deben entenderlo, pensaba.

Si no ahora, ¿cuándo?

— Renjiro atacó primero, con un golpe que buscaba destrozar el estómago de Donyoku.

El impacto fue devastador: el aire salió de sus pulmones y un ardor intenso se extendió desde sus costillas hasta su espalda.

Sintió cómo algunas costillas se quebraban bajo la fuerza de ese puñetazo.

Mientras tanto, en la celda, Chisiki apretaba las manos con rabia, escuchando los golpes y los jadeos de Donyoku.

Tengo que hacer algo, pero estoy encerrado…

pensaba impotente.

Aika, con lágrimas en los ojos, se sentó en un rincón, rezando porque su amigo resistiera.

Por favor, no mueras…

Donyoku se tambaleó, pero se mantuvo en pie, apretando los dientes.

Intentó contraatacar con su brazo izquierdo, pero el dolor se hacía insoportable; su brazo derecho estaba parcialmente inmovilizado por una fractura anterior, dejándolo con un solo brazo útil.

Aun así, no cedió.

Una oleada oscura y profunda emergió desde su interior: su Soukei vibraba con una intensidad nunca antes alcanzada.

La energía empezó a envolverlo, cubriendo su cuerpo con un aura irregular, como si una grieta oscura y luminosa se extendiera sobre su piel, señal del despertar de una nueva capa de poder.

Renjiro frunció el ceño al ver el cambio.

—Así que quieres jugar con fuego— masculló, redoblando sus ataques.

En medio del combate, Reiji no podía apartar la mirada ni de la pelea ni de sus pensamientos, atormentado: ¿Realmente hice bien al traerlos hasta aquí?

Son niños, inocentes en un mundo cruel que no perdona.

Pero deben aprender.

No pueden vivir en ilusiones y esperanzas falsas…

Cerca de él, Bokusatsu y Seimei intercambiaban susurros preocupados.

—Están masacrando a su esclavo.

¿Crees que esto sea lo que buscaban?

—preguntó Seimei con una mueca amarga.

—No tenemos derecho a mirar sin actuar —respondió Bokusatsu, tensando los puños.

La pelea se volvió un torbellino brutal.

Golpes poderosos, esquives apurados, cada movimiento cargado con la intención de acabar con el otro.

Donyoku recibió un golpe en el costado, seguido de una patada que lo hizo caer al suelo por unos segundos, el aliento cortado y el cuerpo temblando por el dolor.

Pero la energía del Soukei evolucionado se manifestaba en destellos extraños: cada vez que Donyoku parecía al borde de caer, su cuerpo se recuperaba con más rapidez, sus músculos se tensaban y su mente se enfocaba con una claridad casi sobrehumana.

Renjiro, sintiendo que la pelea se le escapaba, atacó con ferocidad, buscando romper la defensa de Donyoku.

Golpes al rostro, patadas, codazos.

Donyoku esquivaba y bloqueaba, pero los daños se acumulaban: su brazo izquierdo se movía torpemente, el estómago le ardía, sentía un dolor punzante en las costillas rotas, y su visión comenzaba a nublarse.

—No puedo permitirme caer —pensó con fuerza— Para proteger a mis amigos… debo resistir.

Así continúa la batalla, la tensión, la evolución y la lucha de Donyoku no solo por su vida, sino por su honor y por el futuro de sus amigos.

Finalmente, con un último esfuerzo, Donyoku lanzó un golpe ascendente al rostro de Renjiro, que impactó con fuerza.

El rival cayó inconsciente, tambaleándose antes de desplomarse.

— El público, sin embargo, no celebró.

La multitud comenzó a gritar con furia: —¡Mátalo!

¡Si no matas a tu oponente, esta victoria no vale nada!

Donyoku, con voz firme pero cansada, respondió: —Más valioso es salvar una vida que alimentar la sed de sangre.

¿De qué sirve una victoria manchada de muerte innecesaria?

Los nobles se enfurecieron y lanzaron amenazas.

—¡Un esclavo insolente no tiene derecho a hablar así a sus superiores!

—gritaron los guardias acercándose con lanzas en mano— ¡Recuerda tu lugar!

Cuando las puntas de las lanzas estuvieron a punto de atravesar a Donyoku, de las sombras emergieron figuras envueltas en un aura oscura que infundía terror.

Las sombras se abalanzaron sobre los guardias, que retrocedieron con heridas profundas y terror en sus rostros.

Kagenami apareció entonces, sus ojos destellando con la energía de su Shinkon, protegiendo a Donyoku con ferocidad.

Kagenami alzó a Donyoku con firmeza y, con movimientos ágiles y controlados, lo condujo fuera de la arena.

La multitud detrás rugía, pero allí solo quedaba el silencio pesado del pasillo que llevaba a una habitación apartada.

—Aquí estará seguro —dijo Kagenami al dejarlo con cuidado sobre un improvisado camastro—.

Aika, te toca ahora.

Aika, con manos temblorosas pero decididas, se acercó al herido.

Concentró su Shinkon en sus palmas, una luz suave y dorada comenzó a emanar.

Sin embargo, la intensidad de las heridas y el miedo en su interior limitaban su control.

Su energía curativa fluctuaba entre destellos inestables.

—Tranquilo, Donyoku.

Voy a hacer lo que pueda —murmuró con voz dulce, mientras sus dedos recorrían lentamente los moretones, las heridas profundas y las costillas fracturadas.

Donyoku abrió apenas los ojos y, aunque débil, intentó esbozar una sonrisa.

—Gracias, Aika… lo… logramos —susurró con dificultad—.

Pero aún queda… mucho por hacer.

— La arena volvió a tensarse cuando Seimei, el esclavo que se había unido con Bokusatsu, fue llamado a pelear.

Seimei emergió desde la sombra, de complexión delgada pero con una mirada penetrante, casi mística.

Su Shinkon, nacido de la enigmática Frontera Nibanku, irradiaba un aura que parecía fundirse con el ambiente, una mezcla de sombras azules y verdes que bailaban a su alrededor como llamas líquidas.

Su oponente era un mercenario brutal, conocido por aplastar a sus rivales con fuerza bruta.

Pero Seimei no planeaba vencer con fuerza física, sino con algo mucho más peligroso.

El combate comenzó con un choque de miradas.

Seimei, aparentemente relajado, adoptó una postura que parecía una danza, casi etérea.

Su Shinkon se manifestó como si fuera un viento invisible que distorsionaba la realidad: movimientos imposibles, esquives que dejaban un rastro luminoso, y ataques que golpeaban desde ángulos inesperados.

El mercenario lanzaba golpes furiosos, pero sus puños atravesaban a Seimei, como si luchara contra sombras.

Con cada ataque fallido, el aire vibraba y se ondulaba, confundiendo a todos los espectadores.

Seimei levantó una mano y de su Shinkon emergieron filamentos lumínicos que se entrelazaban formando un extraño patrón frente a él, como una jaula de energía intangible.

El mercenario quedó atrapado en esa prisión invisible que ralentizaba sus movimientos y drenaba su fuerza poco a poco.

Pero la verdadera belleza y horror de su poder apareció cuando Seimei comenzó a manipular la Frontera entre lo físico y lo etéreo.

Con un giro, desmaterializó momentáneamente una de sus extremidades y atravesó el cuerpo del mercenario, dejando heridas que parecían quemaduras espirituales.

Cada golpe era un poema cruel, un baile letal donde el espacio parecía doblarse y el tiempo estirarse.

La multitud quedó en silencio, absorta ante la danza letal que desafiaba la comprensión.

El mercenario, derrotado, cayó de rodillas, jadeando, incapaz de seguir luchando.

Seimei, sin orgullo, volvió a su postura inicial, con una mirada tranquila, casi melancólica.

—La frontera entre la vida y la muerte es solo un velo —dijo con voz baja—.

Y en esa frontera yo he aprendido a caminar.

El público guardó un extraño silencio tras la batalla de Seimei.

Algunos miraban atónitos, sin saber si aplaudir o temer lo que acababan de presenciar.

Otros murmuraban entre sí, inquietos.

Aquel Shinkon no era común.

Aquella técnica no era solo fuerza… era arte y maldición.

Magia y abismo.

Desde la sección reservada, Bokusatsu observaba a su compañero mientras se acercaba a él tras la victoria.

En su rostro había una sonrisa ligera, pero sincera.

—Lo hiciste bien, Seimei.

No solo ganaste… les mostraste un mundo que no entienden.

Uno que jamás podrán tocar —dijo mientras le ofrecía un paño con agua para limpiarse el rostro.

Seimei no respondió con palabras.

Solo asintió levemente, con esa calma distante que lo envolvía siempre.

— Mientras tanto, Reiji observaba desde lo alto, analizando detenidamente a cada esclavo que había participado hasta ahora.

No miraba sus técnicas, sino sus miradas.

Sus gestos cuando pensaban que nadie los veía.

Y entonces lo notó.

El noble que la noche anterior lo había amenazado caminaba hacia una celda cercana.

Dentro, un joven encadenado, de cabello blanco escarchado y ojos azul claro como el hielo, recibía golpes con un bastón.

La expresión del noble era de fastidio.

—¡Te dije que debías hacerlo sufrir!

¡No matarlo tan rápido!

¡Eres un entretenimiento, no una herramienta de compasión!

El muchacho no gritaba.

Solo recibía cada golpe con los ojos abiertos, sin moverse.

—Hoy también te quedas sin comida.

Y si sigues así… te cortaré la lengua.

A ver si eso te enseña a escuchar órdenes.

El noble se retiró murmurando maldiciones.

Reiji descendió lentamente hasta el nivel inferior, acercándose con paso firme al muchacho, aún sentado en el rincón de la celda, cubierto de hematomas y polvo.

—¿Por qué no te rebelas?

—preguntó Reiji con seriedad, pero sin tono de reproche—.

Estuve viendo tu combate.

Eres uno de los más fuertes aquí.

El joven levantó apenas la mirada.

Su rostro estaba pálido, casi enfermo, pero no había miedo.

Solo vacío.

—Desde que nací soy esclavo.

Mi madre también lo fue… —comenzó, su voz carente de emoción—.

Un noble la violó muchas veces hasta dejarla embarazada de mí.

Mi padre era un monstruo, y lo único que sabía hacer era pegarme.

Gritarme.

Escupirme.

Ella…

ella me abrazaba por las noches, aunque temblaba más que yo.

Un día…

mató a mi padre mientras dormía.

Y al día siguiente, me vendió…

como carne.

Hizo una pausa.

No por emoción, sino porque ya no parecía quedarle fuerza para hablar seguido.

—Dijo que lo hacía para sobrevivir.

Que era lo mejor para los dos.

Yo la amaba…

la amaba de verdad.

Pero después de eso…

no supe qué era el amor.

Ni el odio.

Solo frío.

El silencio se volvió asfixiante.

—¿Y te sientes bien así?

—preguntó Reiji con un susurro, casi un lamento.

—Me acostumbré.

Mi dueño siempre busca cualquier excusa para castigarme.

A veces me hace pelear sin descansar… y no me da de comer.

Sobrevivo comiendo sobras.

Desechos.

Una vez… me obligó a comer mierda de caballo para divertirse frente a sus amigos.

Reiji apretó los puños.

El joven lo miró a los ojos por primera vez.

Pero no había brillo, ni alma.

Solo un hielo tan profundo como su nombre: —Me llamo Kōri no Seita.

Pero hace años que dejé de tener identidad.

Aquí… solo soy una herramienta.

No sirve de nada tener fuerza si no sabes para qué usarla.

Reiji no respondió.

Porque por primera vez, no supo qué decir.

Solo pensó en lo que Kagenami le dijo.

En lo que La Noche de las Mil Miradas realmente significaba.

No era un espectáculo.

Era un espejo.

Un espejo cruel donde el mundo mostraba su rostro más honesto.

—Si me vuelvo fuerte…— dijo el chico con una mirada vacía.

—¿alguien querrá que viva?

Reiji solo lo observó en silencio.

Él no sabía que decir.

Solamente podía pensar en: Yo vine aquí a obtener respuestas…

pero estoy viendo cómo los que más las necesitan ni siquiera pueden preguntar.

___ “En un mundo donde el alma tiene valor solo si sangra, a veces, lo más valiente no es luchar… sino seguir respirando sin volverse monstruo.” Gracias por leer este capítulo de Chi no Yakusoku.

Si te gustó, no olvides seguir para el próximo paso en este oscuro juramento de sangre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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