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Chi no Yakusoku – El juramento de sangre - Capítulo 7

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  4. Capítulo 7 - 7 Capítulo 6 – Las Cicatrices del Silencio
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7: Capítulo 6 – Las Cicatrices del Silencio 7: Capítulo 6 – Las Cicatrices del Silencio El amanecer se alzó sobre un pueblo herido.

El cielo, teñido de tonos anaranjados y dorados, no lograba ocultar el olor a sangre ni el humo que aún se elevaba de algunas casas destrozadas.

Habían resistido… pero a un alto precio.

Los cuerpos de los saqueadores fueron enterrados lejos del pueblo, sin ceremonia ni lágrimas.

Aun siendo enemigos, sus vidas eran un recordatorio de lo que la desesperación podía provocar.

Donyoku se encontraba junto a Aika, ayudando a reconstruir una de las casas dañadas.

Su ropa estaba rasgada, el brazo envuelto en vendas improvisadas.

A pesar del dolor, mantenía una sonrisa forzada.

—No puedo creer que sobrevivimos… —murmuró Aika, mientras colocaba una tabla de madera con torpeza—.

Si no fuera por ustedes… —Todos lucharon.

No fue solo cosa nuestra —respondió Donyoku, observando cómo los niños del pueblo jugaban cerca, ajenos a la magnitud de lo que había sucedido.

Más allá, algunos aldeanos murmuraban entre susurros, señalando con respeto a Chisiki, Kagenami y Donyoku.

Pero también se alzaban otras voces, más sombrías, cargadas de resentimiento.

—¿Y el rey?

¿Dónde estaba mientras nos mataban?

—No envió ayuda… —¿Qué clase de gobernante deja morir a su gente?

Esas palabras alcanzaron incluso los oídos de Reiji Mikazuki, quien observaba desde una colina cercana.

Su túnica ondeaba con el viento, y su mirada estaba fija en el horizonte, como si buscara algo más allá de lo visible.

Al ver acercarse a los tres jóvenes, les hizo una señal.

—Ustedes, vengan.

Los condujo hacia una vieja cabaña en ruinas, el antiguo templo del pueblo.

Dentro, aún quedaban estatuas partidas y símbolos tallados en piedra.

Allí, Reiji se sentó en el suelo de madera crujiente, cruzando los brazos.

—Ha llegado el momento de que entiendan mejor el poder que han comenzado a despertar —dijo, con un tono más grave de lo habitual.

Chisiki y Donyoku se sentaron frente a él.

Kagenami, algo distante, permaneció recostado contra una columna.

Aika, silenciosa, se quedó a la entrada, escuchando.

Reiji alzó una mano.

Un suave resplandor blanco emanó de su palma, creando la forma de un círculo.

—El Shinkon, como ya saben, es el reflejo del alma verdadera.

Pero no todos los Shinkon son iguales.

Hay ramas, profundidades… y consecuencias.

Señaló el círculo que flotaba ante ellos.

Este se dividió en cinco caminos distintos.

—Los más comunes, como el Soukei, son manifestaciones iniciales: fuerza física, habilidades elementales, manipulación básica del alma.

Pero existen otros niveles…

1.

Jōgon (浄眼) – El “Ojo Puro”.

Permite percibir verdades ocultas, intenciones, emociones… pero a cambio, puede revelar cosas que el alma no está lista para aceptar.

2.

Ketsuhō (結法) – Técnicas de conexión.

Rituales de poder que implican pactos entre almas.

A menudo requieren sacrificios o enlaces emocionales intensos.

3.

Hizumi (歪み) – Significa “Distorsión”.

Shinkon inestables, como el tuyo, Donyoku —dijo mirándolo—.

Un poder incompleto o roto.

Peligroso, pero también impredecible.

4.

Yuino (結納) – El más temido.

Un poder que se obtiene solo mediante un acto de pérdida o intercambio profundo.

Algo se gana… pero algo se paga.

Siempre.

Donyoku tragó saliva al escuchar el último.

Reiji lo miró fijamente.

—Tú, sin saberlo, activaste una forma de Hizumi cuando defendiste a tu gente.

No es algo de lo que enorgullecerse ni temer, pero debes comprenderlo.

Tu alma no está completamente humana… y eso también influye.

Kagenami desvió la mirada.

Sus ojos brillaron apenas un segundo, pero nadie pareció notarlo.

—¿Por qué enseñarnos esto ahora?

—preguntó Chisiki.

—Porque esta fue solo una batalla menor.

Y si van a cambiar este reino, necesitarán más que fuerza.

Necesitarán sabiduría…

y comprensión del dolor.

Una ráfaga de viento cruzó la estancia, haciendo crujir la madera.

— En el interior del palacio de Hokori, bajo la luz de candelabros dorados, el rey reía.

Copas de vino alzadas, risas vacías, nobles brindando por “la paz”.

En su trono, con la mirada oculta tras una copa, sus pensamientos se alejaban del bullicio.

“Tantas sonrisas inútiles… humanos débiles, celebrando una estabilidad falsa.

La verdadera evolución solo nace del sufrimiento.” Se acomodó mejor en su asiento, los dedos golpeando la copa con aburrimiento.

“Si el pueblo de ese chico muere…

simplemente significa que no merecían ser piezas en mi tablero.” — [Ubicación: Ruinas heladas en el reino fronterizo de Kagekura – Noche cerrada] El viento silbaba entre las grietas de las piedras antiguas, helando el aliento de cualquiera que osara permanecer en las ruinas.

Allí, bajo la sombra de una torre derruida, una figura envuelta en una capa de viaje sostenía una lámpara azulada que no parpadeaba pese al fuerte viento.

—Aquí estás…

por fin —susurró con voz grave, abriendo un viejo manuscrito cubierto de polvo, manchas de quemaduras y escrituras antiguas.

El hombre arrastró los dedos por los caracteres, deteniéndose en una ilustración a medio borrar: un ser envuelto en llamas danzantes, resurgiendo entre cenizas, y otro sumergido en un remolino oscuro, con ojos que brillaban desde el fondo del abismo.

—Hinokami… Ryukon… no son solo leyendas.

Sus huellas existen.

Sacó un pergamino dañado.

Partes habían sido arrancadas o quemadas, pero algunos símbolos permanecían: círculos de invocación, frases selladas con tinta dorada.

Al alzar la vista, sus ojos se posaron en una inscripción en la piedra: “Cuando las almas milenarias despierten, el equilibrio de los Shinkon se quebrará.” El hombre cerró los ojos por un momento.

Su expresión, endurecida por el tiempo y la culpa, parecía debatirse entre la esperanza y la desesperación.

—Aún no estoy listo para enfrentar lo que viene…

pero él sí lo estará —dijo, sin revelar a quién se refería.

Fue entonces cuando un crujido lo alertó.

Se giró de inmediato.

No había viento… pero la temperatura bajó de golpe.

Las llamas de su lámpara titilaron y comenzaron a apagarse lentamente.

De entre las sombras, emergió una figura desfigurada, apenas humanoide.

Su presencia era irreal, como si el espacio alrededor de él se retorciera.

Sus ojos eran completamente blancos, y su cuerpo parecía hecho de carne y metal.

—Una aberración del Shinkon… ¿un experimento fallido o algo peor?

—susurró el hombre, mientras desenrollaba una cadena de símbolos brillantes entre sus dedos.

La criatura rugió con un tono gutural, apenas humano.

Y sin aviso, se lanzó hacia él.

— [Poco después – Afueras del pueblo de Hokori, amanecer] Un leve temblor sacudió el sendero de tierra cuando una figura apareció desde el bosque.

Un hombre alto, cubierto por una capa desgastada que arrastraba polvo del camino, caminaba lentamente hacia el pueblo.

Su brazo izquierdo no estaba; en su lugar, un vendaje cubría el hombro, apretado con nudos toscos.

Un gorro ancho cubría su rostro, ocultando sus facciones en sombras.

Una espada enfundada colgaba de su costado, y aunque su andar era calmado, el aura que lo envolvía hacía que los pájaros dejaran de cantar.

Un niño del pueblo lo vio primero.

Dio un paso atrás, asustado.

Pero el hombre se detuvo, bajó la cabeza y le ofreció una sonrisa amable.

—¿Este es Hokori?

Me dijeron que aquí se come buen arroz —dijo, con voz ronca, aunque había algo cálido en su tono.

Tropezó con una roca, casi cayendo de cara, y el niño soltó una risa nerviosa.

El desconocido también rió, sobándose la rodilla.

—A veces el suelo también quiere pelear, ¿no crees?

Pero en su interior, una llama latía.

Literalmente.

Su Shinkon, aún dormido, ardía con un calor que no consumía, que sanaba, que renacía.

No tenía nombre, pero aquellos que lo habían sentido antes, lo describían como algo…

imposible de extinguir.

Y aunque nadie lo sabía todavía, su llegada marcaría un antes y un después para todos.

____ Y en la quietud del amanecer, una nueva chispa de esperanza comenzaba a arder, destinada a cambiarlo todo.

Gracias por leer este capítulo de Chi no Yakusoku.

Si te gustó, no olvides seguir para el próximo paso en este oscuro juramento de sangre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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