Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Siguiente

Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 1

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Ciclo de fresno y hierro
  4. Capítulo 1 - 1 El guerrero el héroe y el señor
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

1: El guerrero, el héroe y el señor 1: El guerrero, el héroe y el señor Año ¿¿?¿?¿?¿ Las glorias del pasado no podían ser replicadas por el futuro por la simple razón de que el pasado tenía el glamur de los recuerdos y las historias, y el presente era vano y aburrido.

Y el futuro… El futuro era desconocido.

Estas palabras corrieron por la mente de Han mientras observaba con desasosiego el espectáculo que se estaba desarrollando frente a él.

Miles de hombres, vestidos con togas bordadas en gemas preciosas y portando en sus manos instrumentos musicales tan hermosos que parecían estar hechos para ser admirados más allá de usarlos para la música.

Seguidos de ellos, más de mil hombres armados con espadas y escudos se hicieron camino detrás de los bardos y juglares; hombres tan grandes como puertas y robustos como árboles, con expresiones ocultas tras carne rojiza que ocultaba una fortaleza y valentía que recordaba a antiguos héroes.

Detrás de ellos venía una tercera comitiva, la más espectacular a los ojos de la muchedumbre: cientos de mujeres, doncellas además de otras siervas, bailaban rítmicamente en un movimiento hipnotizante mientras sus gasas y túnicas perfumadas, y su piel bañada en aceites y bálsamos, brillaban en un blanco marfil a los ojos embelesados de todos los presentes.

Y liderando esa comitiva, en un carruaje llevado por enormes caballos blancos de larga crin como una cordillera nevada, estaba un hombre.

Era un hombre de tez clara y rasgos hermosos; su cabello era de tonalidad verde brillante, como si de hierba joven se tratase, mientras que su piel era clara y prístina.

Sus rasgos eran duros a pesar de su aspecto delicado y grácil en comparación con los hombres altos y bronceados que lo rodeaban con respeto y adoración.

Rodeado de hombres y mujeres que cantaban y lloraban de emoción por estar ante su presencia, Han no pudo evitar sentirse algo estúpido; pero, a pesar de ello, se levantó de su trono y con él se levantaron decenas de hombres y mujeres, todos filiados al servicio de Tara y del Empíreo.

—Oh, gran señor de Maeve, ¿qué lo trae a los humildes dominios de mi clan?

—dijo con una voz potente que hizo temblar el mismísimo aire.

Era viejo, sí, pero no débil; su voz era su mayor arma, así como su mayor carga; una vez la perdiese, tal vez nada quedaría de él.

Pero este no sería el día en que eso pasase.

—¡Ja, ja, ja!

—la risa sonó como si fuera una burla y una alabanza al mismo tiempo.

La expresión del hombre de cabello verde se iluminó como si fuera un sol radiante—.

Me alegras el día al permitirme escuchar nuevamente tu voz, Gran Filiad.

Tal vez solo tú seas digno de mi fanfarria.

Han Qing, el supremo Filiad de toda Midgard, sonrió ligeramente al sentir la mirada llena de arrogancia, pero también de un respeto que solo la juventud puede tener hacia la generación anterior; aunque ese respeto venía del mismo sentimiento de superación de las nuevas generaciones a las anteriores.

—Me halaga, Su Majestad Chuhan; es un honor que usted desee una audiencia con este anciano —Han Qing tenía una expresión calmada, casi congelada en el tiempo.

Era anciano, muy anciano; algunos decían que tenía más de cinco siglos, otros hablaban de mucho más tiempo.

Lamentablemente, él, en su orgullo, había preferido mantener su edad en un misterio.

Un misterio fácil de resolver si alguien leía las genealogías detalladas de su clan, como la de muchos otros.

Su piel arrugada y cabeza calva, como la de un árbol viejo, estaban oscurecidas con marcas de la edad, mientras una barba larga y cuidada caía hasta la altura de su pecho dándole un aspecto lo suficientemente sabio.

Riéndose ligeramente, el señor de las tierras de Maeve habló nuevamente, esta vez revelando su motivo para una audiencia: —He oído mucho de la sabiduría de los Filiad, y no lo creía hasta que escuché a muchos de ellos recitar de memoria todas las leyendas de los antiguos reyes de Tara y los Hegemones sagrados.

Si no fuera por ellos, la larga historia de la raza Fey y de Midgard se hubiera perdido en el río del tiempo.

Sus palabras, dichas con tal soltura y encanto, hicieron que muchos de sus discípulos y aprendices asintieran ligeramente; tal vez, si no fuera por la gran comitiva que iba detrás de él, Han Qing le hubiera creído.

Lamentablemente, así no eran los señores de Midgard.

Un temblor resonó en el aire cuando Chuhan desenvainó una espada.

La expresión de sus discípulos se llenó de miedo; su hijo se adelantó, tal vez pensando en enfrentar al señor de Maeve.

Pero Han no tenía miedo; si una pelea era lo que buscaba este señor, una pelea tendría.

Para su decepción, no buscaba una pelea.

—¿Reconoces esta espada, gran sabio?

—gritó con una voz dominante que carecía ya en este punto de cualquier respeto hacia una de las figuras más ancianas de toda Midgard.

Aun así no pudo responder.

La reconoció, ¿cómo no podía reconocer esa espada?

Era tan antigua como el propio nombre de Midgard; era más antigua que su reino y su linaje.

Era un tesoro ancestral que solo los herederos de sangre de esos antiguos héroes eran capaces de portar.

Era una espada, pero tenía la forma de una daga, aunque tenía un tamaño considerable: más de dos metros de largo alcanzaba su hoja, que para el alto señor de Maeve, que alcanzaba los dos metros treinta, era un logro poder empuñarla.

Porque en su sangre corría la sangre azul de los Feysir, junto a la sangre verde de los Feynir.

Esa espada, cuyo nombre resonaba en toda Maeve y tal vez en toda Midgard, sino también en todo el reino mortal.

—Sky Matritensi —murmuró en un tono perdido Han.

La sonrisa en el rostro del señor se amplió: —Su nombre es conocido por ti, incluso, oh gran sabio.

¿Pero conoces su historia?

Las historias de mis antepasados, cada verso, cada batalla, cada hazaña.

La sonrisa de Chuhan dejó sin aliento a Han Qing, así como las palabras que le siguieron: —¿Conoces, gran sabio, la historia entera del Círculo de Fresno y Hierro?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo