Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 13
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13: Capitulo 13 (R-18) 13: Capitulo 13 (R-18) —Oh, ¿qué te preocupa, mi señor esposo?
—preguntó Tess con una expresión algo extraña mientras observaba a su esposo, quien parecía estar reflexionando profundamente en algo mientras observaba una estantería de libros que tenía enfrente.
—Nada, Tess, simplemente pensaba en cosas del pasado —murmuró Ducanor con un suspiro mientras observaba su habitación con una expresión nostálgica, reviviendo el pasado.
—Has estado bastante nostálgico este último tiempo.
Ni siquiera te unes a los Caballeros de la Rama Roja cuando hacen sus llamados de armas y pasas cada vez más tiempo solo.
¿Qué sucede?
—preguntó ella algo preocupada.
Tess, quien en sí tenía una apariencia hermosa a pesar de superar los cinco siglos de antigüedad, tenía el rostro marcado con una preocupación constante, aunque en este punto ella misma no sabía si era por su esposo o por el futuro de su familia.
Los ojos de Ducanor tenían un aura funesta mientras observaba directamente un libro que tenía por título Abominare di Malicia.
Siempre que miraba ese libro, incluso la superficie de su encuadernado, sentía un escalofrío a pesar de que ella misma tenía un linaje noble.
—Son tiempos peligrosos.
El Monarca Celestial se ha retirado de los asuntos de gobierno dejándoselos a ambiciosos y estúpidos; pronto iniciará una nueva era, una era de conflictos —mirando ahora a su esposa, Ducanor, con una mirada que parecía haber vivido varias vidas, murmuró—: Temo por nuestros hijos.
—No temas por ellos —murmuró Tess mientras se acercaba a su esposo con una sonrisa cálida.
Ella era la madre del Señor de Ulheim a pesar de que Ducanor no era el padre; lo había criado como su hijo y también este mismo le había dado hijos hermosos—.
Son fuertes, los hicimos fuertes.
—La fuerza no lo es todo —gruñó Ducanor, pero sonrió repentinamente—.
Pero tienes razón, somos fuertes.
La Secta es fuerte y Pandamar también lo es.
Una sonrisa orgullosa surgió en el rostro de Tess ante esas palabras mientras avanzaba hacia su esposo y repentinamente lo abrazaba desde atrás.
Este último sonrió sabiendo lo que eso significaba; después de todo, Ducanor Kal Arreus era conocido como “el Insaciable”, y no por comer demasiado.
Una sonrisa lobuna se materializó en el rostro de Ducanor mientras se deshacía de su ropa y besaba a su esposa.
Hacía años se habían casado, pero nunca había dejado de disfrutar cada centímetro de su cuerpo.
Decir que Tess era hermosa era simplificar lo obvio; era una belleza: cabello dorado atado en una cola a través de un moño de cristal de aguamarina, un rostro pálido como la nieve y labios finos y azules.
Sus brazos se entrelazaron alrededor de su cuello mientras compartían un apasionado beso; las tetas de Tess llenaron las palmas de sus manos mientras su ligero cuerpo se apoyaba en él.
—Vamos, cariño, relájate —dijo repentinamente Tess mientras empujaba su cuerpo hacia una silla forzándolo a sentarse mientras se arrodillaba enfrente de él.
Totalmente desnuda de la mitad superior, y con su cuerpo maduro a su completa disposición, ella simplemente traqueteó la hebilla de su cinturón para sacar su virilidad.
—Deja que mamá se encargue de ti.
Y pasando la lengua de manera sugestiva por el borde de su pene, empezó a introducirse la punta de este mismo en el interior de su boca lentamente, para luego sacarla y pasar su lengua por toda la superficie de su miembro.
Los movimientos de Tess fueron bastante sugerentes; agarraba sus firmes y redondos pechos, blancos como la leche, que se presionaban contra su pene mientras dejaba caer algo de saliva sobre él.
—Maldita sea, a pesar de lo incómodo que se siente que me llames así, qué me calienta —gruñó Ducanor mientras ayudaba a Tess a montarse sobre su cintura y luego a bajarle los últimos restos de la falda que cubría su parte inferior, dejando que su pene erecto se frotase directamente contra la entrada inferior de Tess.
—Vamos, cariño, dame otro niño en mi interior —dijo pasando la lengua alrededor de su cuello y labios Tess, mientras se frotaba repentinamente contra su virilidad, haciendo que su cuerpo se enrojeciera aún más, resaltando aún más su hermoso rostro y cuerpo que estaba ante él.
Lamiéndose los labios, pasó sus manos de la cintura estrecha de Tess hasta su trasero, agarrándolo firmemente hasta dejar una marca de sus dedos en su blando y elástico culo.
Un gemido cálido salió de los labios de su esposa, que rápidamente fueron cubiertos por los de Ducanor, quien simplemente la devoró por completo.
En este punto las preocupaciones mundanas habían desaparecido y lo único que quedaba era el deseo, el simple y puro deseo de poseerla hasta que ambos no pudieran más…
En un instante, los juegos previos terminaron y simplemente empezaron a follar como animales.
Los movimientos de arriba y abajo de Tess eran tan experimentados como uno podría esperar de una mujer que había vivido el tiempo que ella ya había vivido.
El sonido de la carne chocando contra carne, y los gemidos agudos así como las maldiciones agudas de Tess, se extendieron por toda la habitación como si se tratara de pedidos de ayuda.
Las mordidas, besos, caricias e inclusive toqueteos no terminaron en ningún instante mientras Tess, que en un principio pensaba satisfacer a su marido, simplemente caía en el frenesí carnal que significaba el sexo.
Y lo mismo podría decirse de las posiciones.
—Cariño, más duro, por favor, apriétame más, sí, sí, sí, por favor, lléname el útero —sorprendentemente, la mayormente cuidadosa en sus palabras Tess era bastante habladora durante el sexo, y especialmente cuando sus manos estaban apoyándose en la pared mientras Ducanor la penetraba ferozmente mientras palmeaba su trasero carnoso.
—¿Quieres cambiar, cariño, o quieres seguir un poco más?
—susurró Ducanor de forma traviesa mientras pasaba su lengua áspera por el cuello cubierto de sudor de Tess.
—Hagámoslo de misionero, cariño, quiero descansar un poco la espalda; soy bastante mayor después de todo —dijo con una sonrisa ella, mientras se tendía en la alfombra suave de piel de un Leo Sidhe.
—Claro, abuelita, ven a mí, dame un beso para dormir —se burló Ducanor con una sonrisa traviesa; a pesar de más de cinco siglos de edad, Ducanor no se cansaba de burlarse de su querida esposa.
—Cállate y solo vente en mí, tonto —gruñó mientras extendía sus piernas para que él entrase con más facilidad, antes de atraparlo entre ellas y atraerlo hacia su pecho con sus brazos—.
No te soltaré hasta que me embaraces de nuevo.
—Estate segura, te daré quintillizos —dijo ahogado el hombre que estaba enterrado en su busto, mientras intentaba complacer a su querida esposa.
Y vaya que quedó satisfecha.
…
Ducanor se quedó analizando la composición del misterioso elemento con una expresión algo seria; la guerra siempre cambiaba en sus formas.
Las armas, las tácticas, los hombres e incluso los lugares; pero normalmente la fuerza de un hombre no puede superar a la de mil fácilmente, y si eso ocurre, hay guerreros iguales o más poderosos que pueden hacer lo mismo.
El dicho de rey contra rey, general contra general y soldado contra soldado denotaba esa realidad, pero ahora estaba viendo un arma que podía cambiar esa realidad.
—Pólvora oscura —gruñó Ducanor mientras observaba la sustancia enfrente de él.
Era un polvo granulado de tonalidad gris oscura, inofensiva a primera vista, pero en menos de tres siglos había visto su repentina introducción en la mayoría de ejércitos de todo el continente del este.
Incluso Pandamar la implementó en sus soldados y armas de asedio, contratando alquimistas y sabios para investigarla y replicarla.
Mientras revisaba aquello, repentinamente una pequeña voz interrumpió sus pensamientos: —Papá, ¿qué estás haciendo?
Girando la cabeza, vio una pequeña mata de pelo que apenas superaba el metro y medio; era tan pequeña que fácilmente podía subirla en su hombro.
—Nada, Ilanthir, papá simplemente estaba trabajando —dijo con una sonrisa amable Ducanor a su hija menor Ilanthir.
Como si de un pequeño angelito se tratase, ella sonrió alegremente mientras levantaba un objeto que tenía oculto en su brazo: un libro que tenía por nombre Los Albores del Tiempo.
—Estás despierta a estas horas para leer, madre te va a castigar —dijo Ducanor con una sonrisa a pesar de su tono de reprimenda.
Conteniendo una expresión de tristeza y rebeldía, Ilanthir tendió el libro y dijo: —Papi, ¿entonces puedes leérmelo tú?
—Claro, es un libro antiguo, aunque más que una historia, es un cuento.
Una historia que se dice que los antiguos ancestros les contaban a sus descendientes al dormir: la historia de los Albores.
»En tiempos muy antiguos, tan antiguos que el tiempo ni siquiera regía de forma uniforme la creación, la vida proliferaba.
Y entre toda esa vida había una raza misteriosa e inmortal que recibía el nombre de los Dioses Antiguos.
»Una raza antigua así como inmortal; la mayoría de razas en esas épocas estaban alejadas del toque de la muerte eterna.
Los Dioses Antiguos, así como otras razas, eran inmortales e inmaculados al toque de la muerte, siendo esta simplemente un problema con solución para los poderosos Dioses Antiguos, que conocían los misterios del alma y alcanzaban la apoteosis.
»Pero la ambición nubló su juicio y se enfrascaron en una expansión de dominación y conquistas que los llevó a pelear contra la antigua raza Dragón Divino, lo cual sería el primer paso para su camino a su fin.
»La raza Dragón, usando su conocimiento ancestral, modificó la carne y sangre de algunos miembros de los Dioses Antiguos, y los convirtieron en monstruos, ni divinos ni demoníacos, algo intermedio.
—Así nacieron los Hecatónquiros…
Cuando las palabras llegaron, repentinamente sintió que la respiración de Ilanthir se volvió constante y apaciguada.
Bajando la vista, vio el rostro dormido de su hija, y no pudo evitar sentir calor en su corazón.
Y no pudo evitar prometerse que, incluso si fuera contra los legendarios Dioses Antiguos o Dragones Divinos, moriría por contra ellos.
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