Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 15
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15: Capitulo 15 15: Capitulo 15 El dolor inundaba su mente con una fuerza descomunal, mientras la fuerza que en un principio debería escapar de su cuerpo ahora en cambio aumentaba.
Pero entonces observó cómo su oponente simplemente se retiraba.
La ménade había perdido interés en ella y se había ido.
Frunciendo el ceño, pensó en revelar sus verdaderas habilidades y enfrentarse a esa mujer en un verdadero combate.
Lamentablemente, aquello no sería posible.
Porque fue atacada nuevamente.
La mayoría de combatientes, aunque poseían algún código de honor, este era bastante variado y no consideraba el no atacar a un oponente malherido, especialmente en una arena donde los combates singulares eran un lujo más allá de una regla.
—Maldita perra rastrera —gruñó Korelia mientras bloqueaba a duras penas el ataque repentino.
Era otra mujer, de aspecto maduro y vestida de harapos negros y talismanes que cubrían la mayor parte de su cuerpo.
Su rostro estaba oculto tras una máscara mortuoria, pero su voz resonaba de forma clara mientras continuaba el cántico.
En su mano, otra flecha de energía se dirigió hacia ella, esta vez hacia su cuello.
Las manos de la mujer se movieron hacia un cuchillo y repentinamente, en un movimiento extremadamente sorprendente, lo movió hacia abajo cercenando totalmente su mano.
—Evocatio Deverra, emundare mallum.
Las palabras y el significado eran desconocidos para Korelia, pero el peligro era evidente.
Korelia rápidamente invocó decenas de espadas de agua que se dispararon apenas surgieron hacia la mujer manca.
Y entonces estaba ante ella: el extraño proyectil.
Ella intentó esquivarlo, pero como si fuera una maldición, era incapaz de quitarse de en medio; cada movimiento era bloqueado y era perseguida de forma implacable.
Hasta que repentinamente, ante una muerte desconocida, abandonó todo cuidado y murmuró: —Liberación de Forma.
Y ella ya no estaba; había desaparecido.
Todos quedaron sorprendidos ante este giro, desde el mismísimo Varega hasta la propia mujer que había perdido su mano por nada.
Y entonces el proyectil impactó en el suelo, destrozando una porción del piso de la arena.
Pero ese fue solo el comienzo.
Todo el polvo, tierra, sangre y suciedad que estuviera en el suelo, incluso las hormigas y alimañas que se arrastraban debajo de él, desaparecieron.
Todo el suelo fue blanqueado en su totalidad.
Quedando, en lugar de sangre y polvo, mármol blanco.
La mujer aturdida gritó: —¡Revélate a ti misma, cobarde!
Tu destino era la muerte, los nu…
Pero antes de que pudiese suplicar a sus dioses, repentinamente una espada de fuego surgió de su pecho quemando su traicionero corazón más de lo que ya estaba.
Korelia sonrió mientras murmuraba: —Maldita perra arrogante.
Tú quisiste matarme y ahora te quejas.
La espada de fuego en las manos de Korelia partió por la mitad el resto de su cuerpo, haciendo que la expresión de pánico e incredulidad de la mujer desapareciera mientras se convertía en cenizas.
—Perra —repitió nuevamente Korelia mientras pensaba en cuándo terminaría la batalla; después de todo, se supone que el circo no termina hasta que el anfitrión lo decida.
Y como si ese pensamiento hubiera sido escuchado por los cielos, tres trompetazos resonaron a la distancia, mientras las batallas dentro del circo se detenían.
Todos estaban aturdidos, no por el sonido del final de la batalla, sino por la cantidad.
Una trompeta significaba el comienzo de la batalla; dos trompetazos, el final.
Pero tres significaba mover a los soldados del Magister Onyx.
—Qué carajo…
¿Acaso ese bastardo…?
—gruñó Korelia furiosa mientras miraba fijamente el palco del circo con ira.
No podía ver a Varega, pero podía entender sus pensamientos.
Ella era una mujer con la capacidad de manipular las leyes de forma libre; eso no era normal y obviamente sospecharía de un tesoro en su posesión o una constitución especial.
Pero todo podía resumirse en codicia.
—Bastardo avaricioso —maldijo mientras su figura se transformaba en viento.
La Liberación de Forma tenía como restricción que se deshacía automáticamente si su cuerpo recibía un daño mortal.
La razón por la que no había vuelto a su aspecto original por el ataque de la Ménade era porque ese ataque, aunque la había dejado herida, no era suficiente como para dejarla mortalmente herida.
Repentinamente, decenas de figuras vestidas de armaduras de cuero y metal negro surgieron de varios pasadizos y rincones de la propia arena.
—¡Entrégate, niña, o todo el poder de la Hegemonía caerá sobre ti!
—La voz familiar de Varega surgió del palco resonando con fuerza por todo el circo.
En ese momento decenas de armas apuntaron en la dirección en la que había desaparecido Korelia, pero en ese punto ella no estaba ahí; se había transformado en una brisa, una forma de viento etérea y libre.
Si quería podía escapar con facilidad, aunque su propia movilidad en esta forma era bastante caótica, ya que tenía que esperar que el viento fuera favorable para moverse.
Y entonces la vio y se dio cuenta de que estaba jodida.
Neo Patria había surgido repentinamente en el campo de batalla.
Su expresión era indiferente e inclusive la Guardia Onyx le abría camino con temor.
Ella era una existencia que bordeaba el nivel de un señor mortal, una verdadera noble, por lo cual sus sentidos fueron capaces de extenderse cientos de metros sin dificultad y sentirla.
A ella.
—Deja de esconderte, niña.
Te atreviste a contenerte conmigo, no tendrás una segunda oportunidad…
Pero antes de que pudiese terminar de hablar, repentinamente el aire se onduló.
El lugar donde había estado el cadáver de la mujer que había asesinado Korelia ahora estaba vacío; no quedaba nada, solo ceniza.
Hasta que repentinamente la mano cercenada de la cual se había desprendido al principio del combate, se retorció en el suelo.
Sin que nadie se diera cuenta, sus cinco dedos sangraban profusamente de las puntas mientras empezaban a grabar con su propia sangre en el suelo runas, palabras y símbolos.
Cada uno más torcido que el anterior, cada uno más corrompido por el poder y el deseo de renacimiento y venganza.
Y entonces el suelo se abrió revelando una boca negra como la brea debajo de ellos.
Y surgió lo que antiguamente eran conocidos como dioses.
Y ahora solo podían llamarse…
Espíritus Verdaderos.
…
La mujer con el manto rojo observaba con curiosidad el enfrentamiento; la sorpresa no existía en su mirada, pero sí la contemplación.
Los dioses habían muerto hacía mucho pero sus designios seguían vivos; insultar su memoria y logros era arrogante para los nuevos gobernantes.
Ella misma lo sabía, los ritos eran importantes; la violación de ellos solo podía traer desgracia.
Lamentablemente nadie la había escuchado; los gobernantes y sus consejeros preferían la salvación propia que la prosperidad y el honor.
¿Acaso un salvador era lo que necesitaba el mundo, para crear un mundo que necesita ser salvado, o si no para cosecharlos?
Los Dioses Muertos, arrogantes y poderosos, actuaban de forma caótica porque esa era la forma en la que nacieron: los dioses fueron mortales, sus naturalezas eran iguales.
Lo que hay que temer es lo eterno, lo inmutable; eso estaba en contra de la naturaleza del mundo.
Eso era herejía.
Como el hijo debe superar al padre, y el de este a su propio padre, los dioses funcionaban de la misma forma: una sucesión no siempre paternal, pero siempre existía el cambio.
Era necesario.
—Ha comenzado —murmuró.
Vio cómo repentinamente del abismo que se había formado en la arena surgió una palma negra hecha totalmente de oscuridad.
Tenía ocho dedos y ocho anillos, cada uno simbolizando los ocho crímenes por los cuales los mortales eran castigados.
—Convocatio, interesante —murmuró.
Era la primera vez que la veía; había calculado que esa habilidad ya existía, pero el hecho de que hubiera espíritus con el suficiente poder para ser invocados era interesante.
A diferencia de la Evocatio, que simplemente manifestaba parte del poder del espíritu, la Convocatio podía invocar el cuerpo original del Espíritu Verdadero.
—Una pena, es débil —murmuró ella mientras cerraba nuevamente los ojos.
La batalla ya había terminado, ya la había visto.
No había razones para seguir viendo.
…
—Corran, esa…
—Las palabras del guardia murieron incluso antes que su cuerpo explotase, cuando su piel y huesos desaparecieron convirtiéndolo simplemente en una escultura de carne y sangre que colapsó por su propio peso.
Korelia y la Ménade habían escapado rápidamente del repentino embate de la mano misteriosa.
En un instante, decenas, si no cientos de personas, tanto combatientes como espectadores, murieron mientras la mano de oscuridad se retorcía en el aire con un objetivo desconocido.
Pero aun así igual de aterradora.
—Maldita sea, ¿qué es esa cosa?
—gruñó Korelia nerviosamente, mientras observaba cómo miles de zarcillos de oscuridad surgían de la enorme mano dirigiéndose hacia cualquier persona cercana, atravesando su carne y robando algo de ellos.
A algunos era su corazón; a otros, su carne; a otros, su piel, sus ojos, lengua…
La escena era tan desagradable que inclusive la Ménade, que vivía en el éxtasis de la sangre, no pudo evitar fruncir el ceño con la escena ante sus ojos.
—Está robando, está recolectando los cadáveres o partes de ellos, es un ritual…
—¿Y cuál es su objetivo?
¿Para qué quiere esas cosas?
—gruñó Korelia en respuesta.
Pero entonces observó que la mano que había provocado todo esto había desaparecido misteriosamente.
Intentando rastrearla, se dio cuenta de que otro zarcillo de oscuridad se dirigió hacia ella.
—¡Desaparece!
—gritó Korelia mientras disparaba una espada de hielo en su dirección, pero esta simplemente fue devorada por la oscuridad.
—¡Cuidado!
—gritó la Ménade mientras su cuchilla color carmesí como la sangre chocaba contra el zarcillo, que como si pudiera moverse como un látigo y atacar como una lanza, se disparó hacia ella.
El impacto mandó hacia atrás a ambas, pero los zarcillos eran más.
—Mierda, esto me pasa por metiche —maldijo Korelia mientras cinco lanzas de fuego surgieron detrás de ella.
Ardían tan fuertemente que las llamas se habían vuelto azules y el aire a decenas de metros estaba siendo consumido por llamas.
Un chirrido de dolor resonó en el vacío, mientras incluso la mano tembló ante el repentino ataque.
Como si su atención se dispersara de la multitud, repentinamente cambió como objetivo a Korelia.
—Mierda —gritó Korelia mientras observaba con terror un poder más allá de cualquiera que hubiera sentido o soñado.
Repentinamente, cuatro de los ocho dedos de la mano cayeron cercenados mientras la sangre negra chorreaba en el suelo.
La sangre, como oscuridad líquida, devoró a los desafortunados seres que cayeron ahogados bajo ella.
Y entonces el salvador se reveló.
Era una figura carmesí, portaba una armadura roja brillante como el fuego al mismo tiempo que estaba coronado por una corona de tres puntas de cristal negro.
Sus ojos de blanco y negro miraron a la mano y esta tembló mientras su espada, pesada como una montaña, impactaba directamente contra el centro de la mano, empujándola hacia el agujero que la había engendrado.
Pero miles de zarcillos de oscuridad surgieron de toda la palma mientras los dedos cercenados se regeneraban lentamente, amenazando con volver a su estado anterior.
—¡Rápido!
—gritó Korelia nerviosa—.
¡Hay que cerrar el maldito portal!
—rugió mientras consumía lo poco de energía espiritual restante que tenía para enviar un pequeño mar de fuego alrededor de la mano.
La oscuridad se retrocedía ante la intensidad de las llamas como si le tuviera miedo , la ménade actuó en consecuencia de ello, corto la palma de su mano y arrojo la sangre fresca como si fueran perdigones sobre la oscuridad que repentinamente empezó a arder con llamas negras que a pesar de su aspecto siniestro lucharon contra la misma oscuridad arrojándola al pozo negro del que había venido.
Y entonces el Caballero Rojo simplemente destrozó el vacío haciendo colapsar el portal y, como si de un vórtice se tratase, la mano fue devorada por el vórtice debajo profiriendo un chillido, si aquel sonido infernal podía considerarse de esa manera.
Y mientras la figura siniestra de la mano desaparecía, la Ménade llamada Neo Patria frunció el ceño mientras recuperaba sus fuerzas del enfrentamiento para darse cuenta de que su rival anterior…
Simplemente había desaparecido.
….
Korelia observó la oscuridad de la noche con cierto recelo.
Había vuelto a su apariencia ordinaria de antes, y su padre, así como el resto de su familia, no habían detectado su salida repentina gracias a Miércoles, pero…
Eso no había destruido el sentimiento de intranquilidad en ella.
Porque nadie sabía que antes de llegar a casa, cuando había logrado zafarse de cualquier guardia o seguridad y estaba a punto de llegar a su propiedad…
Repentinamente, la figura carmesí que había destrozado la mano de oscuridad había aparecido delante suya, con una actitud casual que le provocó escalofríos.
Ella no habló e instantáneamente intentó huir; pelear en ese estado era inútil, pero entonces el habló.
—Sé qué eres, niña.
Mi maestra te ha elegido como sucesora, o mejor dicho, una candidata —dijo la voz detrás de la armadura, una voz profunda sin emociones que le provocó más escalofríos y debilidad que inclusive su propio padre no podria causar.
—¿A qué te refieres?
¿Quién es tu maestra?
—preguntó Korelia nerviosa.
Y entonces, cuando terminó de decir las palabras que debía, simplemente desapareció.
Dejando a Korelia en silencio mientras volvía a su hogar, pero esta vez con otra meta.
Porque había descubierto que era débil, muy débil, y que si quería proteger este mundo… Debía…
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