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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 16

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16: Capitulo 16 16: Capitulo 16 -Año 397 antes de la Ascensión del Monarca Celestial- El destino era engañoso; Podía darte algo para quitarte algo más.

Nunca había que confiar en la suerte más de lo que uno confía en un amante despechado; Después de todo, el amor es fuerte, pero el odio lo es aún más.

Tolrik suspir mientras observaba a Benia avanzar por la oscuridad de las cuevas con una expresin un tanto pensativa en el rostro, mientras que a su lado estaba su hermana Ulrika, la cual lo miraba con una sonrisa en la cara antes de golpearlo en el hombro.

—¿Qué sucede?

Pareces algo desanimado —murmuró su hermana con una sonrisa mientras escaneaba los alrededores con una mirada un tanto aguda.

—Nada, solo que siento que Benia está un poco diferente —murmuró con una voz casi imperceptible.

—¿Qué?

¿Quién es diferente?

—gruñó repentinamente una figura de cabello negro que repentinamente surgió detrás de él sin que se diera cuenta.

Aturdido, apenas pudo reaccionar cuando casi se tropezó y cayó hacia adelante, mientras sentía su boca llena de tierra y su rostro quedaba a un palmo de distancia del de Benia.

— ¿Qué carajo?

—gruñó una molesta, pero extrañamente nerviosa Benia, que miraba de reojo a un distraído Tolrik.

Tosiendo ligeramente, sacudió la cabeza mientras murmuraba: —Nada, solo pensaba que ha cambiado recientemente; ya no sales tanto con nosotros.

Frunciendo el ceño mientras desviaba la mirada, un poco incómoda, ella respondió a la defensiva: —No es mi culpa.

No estamos saliendo de fiesta, esto es una maldita misión —gruñó Benia haciendo eco de la situación.

El trío estaba vestido actualmente con una armadura metálica.

Benia vestía una armadura escarlata ajustada y compacta, con un casco triangular atado a la cintura, el cual tenía un sistema de respiración y visión mejorada, excepto la nuca, que era por donde escapaba su largo cabello que llegaba a la cintura.

En cambio, su hermana Ulrika no usaba casco; era una mujer alta, midiendo dos metros veinte de altura, de piel color blanco como mármol y ojos celestes como el agua.

Su cabello de tonalidad aguamarina, que estaba amarrado en un largo moño, caía hasta casi sus talones.

Su armadura, de una pieza de color dorado, estaba cubierta de placas violetas que se movían junto a su cuerpo como si fuera natural.

—Deberías dejar de estar nervioso, Tolrik.

Como un Guarda debes estar preparado para estar siempre alerta, no puedes ser un niño para siempre —lo corrigió Ulrika como una madre, lo cual hizo que la expresión de Tolrik se oscureciera ligeramente por la vergüenza mientras decía en un susurro avergonzado: —Lo siento —para burla de Benia.

—¿Por qué la Maestra ha estado rara últimamente?

—gruñó Tolrik intentando cambiar de tema—.

Ya no sale tanto como antes, es extraño; Ahora la Hermana Jagger se encarga de las misiones.

—No lo sé, simplemente está ocupada en otras cosas.

Además, ahora somos Guardas profesionales, no deberíamos depender tanto de la Maestra —dijo Ulrika con una expresión pensativa, también al parecer preocupada por el creciente aislamiento de la maestra.

Pero entonces se puso alerta: —Cállense, ya llegamos.

Es momento de actuar.

Rápidamente el grupo guardó silencio, incluido Tolrik, que forzó a su exotraje a limitar sus signos vitales; Después de todo, era un Guarda y esta era una misión importante.

Los Guardas, como su nombre lo decía, eran agentes que se encargaban de ser guardianes del continente del este, protegiéndolo de amenazas externas en secreto.

Normalmente no se involucraban en conflictos internos a menos que fuera extremadamente necesario, pero había veces que había que hacerlo.

Tolrik era un joven alto de aspecto atractivo; Tenía el cabello azul brillante como lo tenía Ulrika y compartía parte de sus rasgos hermosos y finos, a diferencia de que él tenía los ojos rojos y era un poco más alto.

Su exotraje estaba bastante ajustado a su cuerpo, lo cual le facilitaba la movilidad, pero también hizo destacar el cuerpo tonificado de Tolrik, lo cual atrajo la mirada de una curiosa Benia.

Sonriendo ante la infantilidad del dúo, Ulrika los ignoró mientras murmuraba: —Chakra, Dao de Agua.

Repentinamente el aire enfrente de ella empezó a distorsionarse formando un espejo enfrente del trío que les presentó la imagen de su objetivo a derrotar.

—Los Licanos se han infiltrado en Ulheim.

Su presencia ha estado oculta por un tiempo gracias a los túneles subterráneos.

Debemos encontrar todas las entradas de las cuevas y sellarlas para limitar su presencia; si se siguen reproduciendo al ritmo que van, podrían tomar por sorpresa toda la región de Ulheim.

El grupo ascendió y observaron cómo el espejo de agua refractaba una imagen panorámica de varios cientos de metros: pasillos y caminos escarpados de roca y piedra donde se observaba el movimiento de figuras sombrías y feroces.

El escenario que tenían enfrente era uno bastante diferente a una base mortal, una diferencia de los Fey u otras razas mortales.

Vieron a gigantescas monstruosidades, más bestias que hombres, transportando enormes bloques de roca y piedra, mientras que Licanos más pequeños cavaban túneles y trincheras.

Licanos sin características bestiales inspeccionaban la obra tallando símbolos en los bloques, construyendo pirámides y murallas alrededor de estas, mientras que al mismo tiempo recolectaban cadáveres y desechos de tantos Feys como bestias para destriparlos y extraer su sangre y carne, que luego serían usados ​​para pergaminos y tinta.

El dúo de Tolrik y Benia estaba estupefacto ante el espectáculo que estaban viendo.

Vieron también enormes lobos de dos cabezas del tamaño de edificios sirviendo como bestias de carga, mientras que otras bestias más pequeñas servían como perros de caza patrullando la zona.

—Son cientos —gruñó con cierto Tolrik, temor que hizo que incluso Ulrika lo mirase con irritación, y mucho más Benia, que lo miró con cierta decepción.

—Y serán millas si no los detenemos.

Esta es una infiltración a gran escala.

El continente del norte, en las zonas más subterráneas y boscosas, ya está conquistado por los vástagos corrompidos de la raza monstruo.

Es cosa de tiempo antes de que lo conquistaran, y si se adaptan a la Cordillera de la Muerte, podría ser el fin del dominio Fey ancestral sobre estas tierras.

Una expresión de convicción surgió repentinamente en el rostro de Tolrik mientras miraba decididamente a la distancia.

Esta era su misión y objetivo: como Guardas debían proteger este continente.

Por las personas que querían, por lo que amaban y por su tierra, debían triunfar o morir en el intento.

…..

Él se levantó de su nido como muchas veces antes y empezó a devorar sin miramientos su ración.

Un sabor cobrizo llenaba su boca; las píldoras de jade sangre se derretían en su boca, fortaleciendo y nutriendo su carne y cuerpo, el cual seguía creciendo a un ritmo constante.

Se arrastró en cuatro patas hacia el exterior de su nido; no todos poseían uno, tenían que luchar para ganarlo, y él había empalado la piel desollada de su anterior poseedor en la entrada del nido como advertencia.

—Meow —un maullido salió del interior de su nido mientras una figura cubierta de pelaje blanco y un rostro con rasgos felinos, así como mortales, surgió.

No era la única, múltiples hembras estaban en su nido; no era extraño en la camada que algunos de ellos poseyeran más de una hembra, aunque normalmente las propias hembras licanas no escogían una pareja fija.

Frunciendo el ceño con su hocico alargado, olfateaba el aire; podía detectar la excitación de la hembra.

No era licana, desconocía su raza o linaje, pero le daba igual.

Ducanor hacía tiempo que había perdido el interés en los conocimientos de su vida anterior, aunque de vez en cuando parpadeaban en su mente.

—Sigues herido —ronroneó la voz de la hembra mientras lamía una larga cicatriz en el área del pecho mientras lo miraba sugerentemente.

—No estoy herido —gruñó mientras apartaba el rostro de la hembra de él; su expresión de preocupación se transformó en tristeza mientras presionaba nuevamente su cuerpo casi desnudo en contra de él.

—Vamos, quiero…

cuidarte —ronroneó.

Ducanor puso los ojos en blanco mientras se sentía inexplicablemente irritado; la mayoría de hembras eran bastantes ariscas, aparte de simplemente buscar aparearse por comida o para tener más crías, pero esta siempre se mantenía pegada a él como una pulga que succionaba con su fuerza su sangre.

Y sí que la succionaba… —Cállate, hembra, no necesito cuidados —viendo su mirada triste, gruñó y le arrojó unas píldoras de sangre—.

Descansa y medita, volveré pronto, debo ver a Padre.

La expresión de la gata blanca no mejoró a pesar de darle píldoras, lo cual despertó a varias de las otras hembras cercanas que la miraron con envidia, pero esta simplemente lanzó un puchero mientras se acomodaba en el nido mirando en su dirección con preocupación.

Lo esperaría.

Claro que lo esperaría.

No sabía cuánto tiempo había pasado aquí Ducanor… pero podía considerarse que ya había pasado una vida aquí en la oscuridad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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