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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 18

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18: Capitulo 18 18: Capitulo 18 Año 397 antes de la Ascensión del Monarca Celestial Las conspiraciones eran algo aterrador en más de un sentido, aunque en este punto incluso un ciego podía ver que las rebeliones son simplemente gritos de ahogado.

Los verdaderos reyes o héroes son aquellos que logran reprimirlas, mientras que las cabecillas de estas son premios jugosos al honor y a la gloria.

Medallas vivientes y sangrientas.

En medio de una mesa con siete asientos y un trono estaba sentada ella: Rahu , la Arquitecta, Diabolus ex Machina.

—La Hegemonía piensa invadir el continente del este en por lo menos diez años; las tropas de la hegemonía y sus ejércitos desembarcarán en el sur —dijo Marte dando un reporte de la situación de forma clara y concisa.

Aparte de ella solo había una persona más en los siete asientos que representaban a los siete poderes.

—La Hegemonía reprimió las rebeliones góticas y ha derrotado a múltiples usurpadores dentro del continente del sur rápidamente; en menos de diez años ya ha estabilizado una frágil hegemonía, y está a punto de reconquistar los territorios del continente del oeste que se habían separado.

El próximo paso obvio sería reunificar el gran dominio de la Hegemonía en el continente del este —agregó la segunda persona en la habitación, Luna.

—No olvidemos el norte, al parecer nuestras fuentes hablan de la ascensión de un ganador en el conflicto interno entre las facciones lucerianas —agregó rápidamente Marte como si de una competencia se tratase.

—Silencio —gruñó ella.

Rahu, así como la maestra de los siete poderes, la Gran Vidente, debía imponer respeto y no tonterías.

Por ahora el dominio de la Hegemonía no era un peligro para el continente del este, pero la guerra sí lo era.

La sangre derramada, la muerte esparcida, invocaría abominaciones y manifestaría males antiguos que ya se pensaban olvidados.

Debía evitarse a toda costa.

—Mi padre, en el papel, sigue siendo leal a la Hegemonía, pero un paso en falso del Hegemón podría ponerlo en contra —gruñó Korelia mientras suspiraba.

El continente del este tenía cuatro grandes áreas de influencia: Ulheim en el norte, siendo un vasto territorio de decenas de miles de kilómetros de montañas nevadas, ríos y lagos, y considerablemente la más grande de las provincias del continente, actualmente siendo gobernada por uno de los hermanos del actual Hegemón rebelde.

Tara, la provincia central del continente del este y la más pequeña, así como el centro de poder histórico del continente; actualmente bajo dominio del propio Hegemón rebelde, Prima Uncia Escya Betrica, como sede de su gobierno así como lugar que tenía la mayor parte de las ciudades del continente.

Maeve, la provincia más occidental del continente, estando al oeste de la provincia de Tara y al sur de la de Ulheim; una de las provincias más ricas del continente, llena de minas de metales preciosos y piedras espirituales fundamentales para el comercio.

La provincia estaba regida actualmente por el propio padre de Korelia, Garou Aime.

Y finalmente la última provincia, pero no menos importante: la provincia de Balor, la más austral de las provincias, siendo la más costera y más abierta a desembarcos en todo el continente por sus amplias costas y aguas relativamente tranquilas, siendo gobernada por un señor local.

Entre las cuatro provincias, por lo menos dos eran totalmente rebeldes, siendo estas Ulheim y Tara, mientras que Maeve y Balor eran neutrales más que leales.

—Mi señora, no se preocupe —dijo con una expresión algo extrañamente misteriosa Marte—.

Los cálculos reflejan que la probabilidad de un conflicto a gran escala es del doce por ciento.

Los ojos de Korelia se entornaron al oír esas palabras.

—Demasiado alto —gruñó—.

¿Cuáles son los factores catalizadores?

Es imposible que ese viejo fósil de Balor se rebele.

—Mi señora, los cultos se mueven hacia La Tempestad.

Y con esas palabras Korelia entendió completamente lo que debía hacer; lamentablemente en este punto había pocos miembros de la logia presentes, por lo cual debería moverse ella misma.

Con un suspiro, el holograma que reflejaba su figura en el trono desapareció.

Y al mismo tiempo, en la cama del castillo central de la ciudad fortaleza de Morgana, una jovencita se despertaba.

…..

La magia era caos y el caos es orden, la magia es orden.

—Nada es verdad, todo está permitido —gruñó una voz femenina a duras penas mientras un hombre de cabello negro lacio atado en una cola de caballo la golpeaba con una fusta en la mejilla.

Un rastro de sangre seca violáceo marcó las mejillas de Labrainne, mientras su cuerpo desnudo era humillado por las miradas sucias de los hombres que la torturaban.

—¿En serio piensas seguir con esa farsa?

La muerte es una recompensa para ti, pero la vida no lo es —dijo su torturador, su identidad era tan misteriosa como siniestra en su mente, mientras que las razones por la que le estaba ocurriendo aquello podía sospecharlas fácilmente.

Después de todo era la hija mayor de Garou Aime, señor de Maeve; no era extraño que quisieran hacerle daño, pero esta vez habían tenido éxito: múltiples hombres habían masacrado a sus guardias y la habían secuestrado a rastras de la ciudad fortaleza al atardecer.

—Ahora te lo preguntaré una vez más: ¿quién te enseñó a hacer esos trucos, bruja?

—gruñó el hombre mientras observaba con frialdad a la niña enfrente suya.

Tenía una apariencia extremadamente atractiva, era joven y no demasiado alta, midiendo alrededor de dos metros veinte de altura, estando bastante en el promedio.

Tenía el cabello de color blanco puro pero la textura del mismo era más similar a las pequeñas fibras vegetales que al cabello ordinario de las demás razas Feys; sus ojos eran cristalinos y brillaban como si fueran dos canicas luminiscentes que generaban su propia luz, sus dos orejas resaltaban por su largo mientras sobresalían de su cabello, mientras que su piel y cuerpo eran de un blanco pálido con extrañas runas que se movían por su superficie; tenía un cuerpo ya desarrollado así como una cintura bien formada, lo cual ya denotaba su madurez como mujer.

Los Feys se dividían en múltiples razas y clanes, e incluso los linajes entre los mismos Feysir eran diferentes, mucho menos los Feynir y los Feyolg, por lo cual la longevidad de la mayoría de razas era diferente aunque bastante cercana en términos de maduración y esperanza de vida.

Para un Fey alcanzar el siglo de vida no era complicado y no era raro mantenerse en la flor de la juventud; las cosas cambiaban en el segundo y tercer siglo donde el cuerpo de los Feys empezaba a degenerarse y finalmente colapsar por la vejez, siendo las existencias mayores a cuatro siglos consideradas ancianas prácticamente.

Aunque habían excepciones obviamente, no era raro que los antaño grandes reyes de Tara vivieran más de un milenio, manteniéndose sin notables disminuciones físicas o mentales.

La razón por la que podían vivir tanto era bastante sencilla así como compleja: magia.

Realmente usar la palabra magia como excusa es bastante estúpido, pero realmente no hay ninguna palabra más que pueda englobar este concepto de forma tan amplia y sencilla a la vez, por lo cual normalmente no es raro tener ese tipo de explicación de manera no irónica.

Pero normalmente no la llamaban magia; los dones innatos de la raza Feynir o Feysir recibían el nombre de raíz espiritual y runas dhármicas respectivamente, mientras que su fortalecimiento dependía del individuo.

Aunque eso no era a lo que se refería el sujeto cuando dijo la palabra brujería.

—Paff —otro golpe explotó en la mejilla de Labrainne, esta vez era una bofetada; una flema sangrienta surgió de su boca mientras sentía que su mandíbula colgaba inútilmente de su boca, dándole indicios de que estaba rota.

Pero aun así ella logró decir a duras penas con una voz rota mientras la suciedad y la sangre hacían que su cabello blanco se pegara a su rostro: —Na…da es vvv…er…da.d, to….d…ooo, es…tá p….perm…….iiiit.ido.

El hombre frunció el ceño con molestia al sentir que se le había pasado la mano, aunque realmente en este punto no importaba: el orden nunca derrotaría a La Tempestad; La Tempestad arrasaría todo y lo transformaría todo.

….

¿Estaba sangrando?

Se preguntó ella con curiosidad; en este punto su mente estaba cavilando entre la conciencia e inconsciencia, o tal vez incluso entre la vida y la muerte.

Realmente ya no importaba…

Recordaba las palabras misteriosas de la mujer desconocida que le había enseñado magia: —La magia, la verdadera magia no es más que la manifestación de la voluntad, romper los límites, atravesar el velo de Agnos; una vez atraviesas el velo puedes verlo todo como realmente es, o mejor dicho como tú quieres que sea.

—Lo que sea —preguntó ella a la nada, mientras repetía en silencio el mantra que le había enseñado esa mujer, su maestra, como si fuera lo único que sostuviera su frágil voluntad.

—Nada es verdad, todo está permitido.

La realidad era tan frágil; en un instante podía estar viva y en el otro estar muerta, pero lo importante era la voluntad, solo una voluntad fuerte puede causar orden, cambiar la incertidumbre por certeza.

Ese era el orden.

Y su orden era…

Fuego.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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