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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 21

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21: Capitulo 21 21: Capitulo 21 ….

Lunes atravesó los pasillos y encrucijadas subterráneas debajo de la ciudad de Alessandro con una expresión seria, podía compartir los sentidos totalmente con su maestra además de extender a través de ella su Visión Lejana pero a pesar de ello estaba preocupada, después de todo estaba sola.

—No te preocupes Lunes —gruñó Jueves con un aire tranquilo mientras avanzaban las dos moviéndose a un ritmo constante a través del subterráneo.

—No estoy preocupada —mintió ella, podía ver lo que veía su maestra, sentir lo que ella sentía pero aun así no podía evitar sentirse nerviosa después de todo entre las siete ella había sido la primera nacida.

La primogénita entre sus discípulas.

La primera hija de de su madre.

Y una hija debe velar por su madre especialmente si es la mayor.

No tardaron en llegar finalmente a donde estaba su maestra, Aquelarre como prefería ser llamada para evitar nombres personales.

—Los nombres tienen poder hija mía —había dicho una vez aunque no sabía a qué se refería había decidido obedecerla abandonar su nombre anterior y ahora era Lunes, una bruja, y una de los siete poderes del Culto de la Bruja.

Enfrente de ella había cenizas y huesos quemados, parada en una pose solitaria estaba ella, su maestra, la Aquelarre su expresión era indiferente mientras arrojaba un poco de fuego al cadáver del poseído.

—Está comenzando —susurró ella con un tono pesado que hizo que ambas se arrodillaran mientras escuchaban sus comando y su palabra.

—Sí maestra, en todas partes pronto ellos surgirán de nuevo pero estaremos listas —gruñó ella.

—Sí lo estaremos, después de todo si ellos son La Tempestad sin forma nosotros somos la oscuridad inamovible, no hay perdón al apóstata ni a la abominación solo muerte.

Las llamas aumentaron de intensidad con esas palabras mientras la sangre púrpura en el suelo se evaporaba y era removida lentamente por una fuerza misteriosa, esta la primera batalla de muchas, el preludio de una guerra anunciada hacía mucho era tiempo de que el mal fuera exterminado volviera imperar en el reino mortal.

Por qué eran muchas.

Por qué eran una.

Por qué eran Orden.

….

Martes, un nombre siniestro había dicho su maestra a pesar de que su propio don innato no estaba orientado al combate.

—La guerra provoca pocas bajas en comparación a los desastres causados indirectamente por ella, el hambre, la enfermedad, persecuciones políticas todo eso generaba una considerable cantidad de muerte, la inteligencia correcta en las manos adecuadas podían cambiar el mundo.

—La persona adecuada, en el lugar y momento adecuado puede cambiar el mundo —había dicho su maestra.

Le gustaba memorizar sus palabras era palabras diferentes a la que acostumbraba a escuchar en su vida anterior respecto a la filosofía de vida que le había enseñado el Dharma.

Pero a pesar de todo tenía su propia profundidad.

La ciudad de Alessandro era bastante caótica por lo cual normalmente su maestra misma vigilaba la situación del Culto de La Tempestad ella misma, pero a pesar de todo había escapado de su vista el secuestro de su propia hermana.

Su reasignación a la capital era algo necesario para eliminar las raíces del culto en el continente partiendo en este caso por casa la ciudad de Alessandro estaba habitada por tres millones de personas aproximadamente, la mayoría del linaje Feynir y una minoría Feysir.

La razón de su utilidad en este lugar tan poblado era su propia habilidad, a diferencia de Lunes que poseía la capacidad de compartir información de forma casi instantánea su propia habilidad requería más análisis y apoyo.

Por esa razón entre la siete era la que tenía más subordinados.

—Mi señora los secuestros y la extorsiones han sido detenidas a tiempo en el sector 3-6-1 B —dijo una de sus ayudantes con un tono cansado.

Su don era el Mnemodigitación, la capacidad de manipular su propia memoria que ir desde la repetición de recuerdos hasta la memoria fotográfica, una habilidad considerablemente útil de tener como asistente.

—Gracias Mnemosyne —respondió ella con un tono neutro mientras seguía analizando los patrones de comportamientos de la población general a través de la ventana.

La habilidad de Marte, era la de Predigitación, según la había llamado su maestra, deducir acontecimientos a través de sutiles cálculos reduciendo probabilidades para sucesos concretos, según ella su propio cerebro funcionaba como una computadora.

La mente de Marte calcular eventos hipotéticos a partir de solo un poco de información, podía deducir la identidad de una persona solamente conociendo su existencia o incluso su paradero solo conociendo su nombre o lugar de nacimientos, mientras más información poseía más precisas podían ser sus predicciones además de que esta habilidad también ayudaba al culto a ocultarse ya que podía realizar las tácticas más sutiles que les permitieran salir más desapercibidos.

Repentinamente el cristal místico que estaba en manos de Lux, empezó a brillar mientras ella registraba la información que transmitía la información que recibía de forma inalámbrica a gran velocidad usando obviamente códigos secretos y múltiples idiomas.

—Mi señora —dijo Lux con un tono solemne luego de unos pocos segundos —hay una situación.

Frunciendo el ceño Marte no pudo evitar sentirse algo molesta por la poca claridad de su subordinada pero ella misma se contestó poco después.

—Ulheim al parecer tiene problemas con lobos.

….

La carne era débil y el espíritu eterno, pero ambos estaban unidos inexorablemente.

En la cima de la colina del Río Dual de la ciudad de Tara se erguía un pequeño complejo.

En ese lugar se reunía la preparación para una revuelta.

Una figura oscurecida por un aura misteriosa y opresiva se había presentado ante ellos.

Líderes de varios cientos de representantes de, a su vez, cientos de clanes.

Todos Fey, desde Feysir hasta Feyolgs, todos alineados con el movimiento y las palabras de su jefe, de su líder.

De su Demagogo.

—Los dioses han muerto y los cielos nuevamente están en silencio —dijo la voz del Demagogo, una voz profunda pero llena de un ímpetu y carisma juvenil—.

Pero se levantarán nuevos ídolos, siempre lo hacen.

La piedad y la fe no morirán; habrá nuevos dioses, nuevos cultos, nuevos templos, nuevos sacrificios.

Guardando un silencio profundo, remató: —¿Y qué nos deja eso a nosotros?

—preguntó—.

La Hegemonía lucha por un dominio disperso.

Tara está siendo gobernada por un pretendiente que ni siquiera ha podido unificar Tara, mucho menos el continente.

La era de dominios extranjeros y dioses extranjeros ha terminado —rugió.

—Nuestros dioses fueron asesinados por los de ellos.

Nuestros ancestros están olvidados, pero pronto no lo estarán más.

Una presión sin límites se extendió desde él; un aura misteriosa, un poder que no reprimió, sino que fortaleció el espíritu de todos los presentes.

—Nuevos dioses nacerán, ¿y por qué no adelantarlo?

Es tiempo de crear nuestros propios templos, crear nuestros propios ritos.

Nuestros propios reyes.

El tiempo de los hegemones ha terminado, al igual que en su momento terminaron los grandes reyes de Tara.

Ahora es nuestro tiempo.

Un rugido ensordecedor inundó la habitación, un rugido de emoción y adoración por parte de la multitud.

Los líderes de los clanes estaban anonadados; los que gritaban no eran ellos, sino sus caballeros, sus soldados, sus guerreros, sus vasallos, sus esclavos.

—¿Qué está pasando?

¿Ustedes se atreven a…?

Repentinamente, la cabeza del hombre de aspecto ordenado de la raza Feysir cayó al suelo, mientras que su esclavo, maltrecho y humilde, gritaba con devoción: —¡Por el Demagogo!

¡El Demagogo!

¡No más cadenas, no más señores, solo hombres!

¡Ni reyes ni dioses, solo hombres!

—rugieron, mientras la escena anterior se repetía incansablemente.

Los nobles presentes que no mostraron sumisión fueron asesinados, y los que sí lo hicieron solo pudieron pedir piedad a sus propios esclavos.

El proclamado Demagogo no se reveló en ningún momento; era una sombra siniestra sobre el podio sangriento.

—No hay más cadenas.

Los esclavos serán hombres y mujeres libres, y los amos simplemente hombres.

Esa es la libertad que busco.

Umilia y Cisneros, mis siervos, ¿no están de acuerdo conmigo?

—preguntó con una sonrisa la sombra, delgada y pequeña en comparación a sus dos sirvientes.

—Sí, maestro —pero rápidamente se corrigieron—: Sí, mi señor.

—No se preocupen, se acostumbran al peso de la libertad —dijo su libertador a los dos Feymor que tenía delante de él con una sonrisa cálida—.

Pero tendrán que luchar por ella con más fuerza que aquellos que quieren arrebatársela.

Los ojos de los hermanos brillaron con fiereza mientras su cabello, negro como el humo, y su piel de ébano destacaban en el salón cubierto de blanco y oro.

Pero lo que más destacaba eran sus ojos: unos ojos como dos perlas ardientes que veían el mundo como un mar de fuego.

Y en eso lo convirtieron por su libertad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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