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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 23

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23: Capitulo 23 23: Capitulo 23 El exterior de la secta era muy diferente a su lujoso interior; un frío glaciar penetró hasta las raíces del cuerpo de Ducanor mientras seguía a su maestra.

—Vamos —dijo Alana mientras guiaba a Ducanor más allá del complejo gigantesco que era la Secta de la Rama Sombría.

Después de todo, la secta estaba aislada en la Isla del Alba.

Este lugar era prácticamente un paraíso nevado y las leyendas dicen que fue donde cayó el antiguo Palacio Divino Solar, aunque el Palacio Divino Lunar al parecer ahora era la sede del Palacio de la Montaña, dirigida por el Soberano Dragón.

Por esa razón en esta isla existía un pequeño reino místico, una dimensión de bolsillo que en su interior tenía una densidad considerable de energía espiritual y era un lugar extremadamente bueno para el entrenamiento.

Y ese era el lugar donde el examen de Ducanor se llevaría a cabo.

Pero antes debía practicar algo que había evitado durante varios días.

—Ducanor, primero debes aprender a tomar prestado el poder de tu espíritu contratado si quieres entrar al palacio, y para eso te mostraré un poco el poder de un espiritista —dijo Alana mientras se quitaba el abrigo grueso revelando un exotraje ajustado de combate.

—Sí, maestra —respondió Ducanor en un tono forzado, mientras su expresión no cambiaba demasiado a pesar de ver la figura de Alana, aunque sus ojos siguieron la curva de la maestra, para satisfacción de esta última.

—Primero que nada, traje unos invitados…

Repentinamente Ducanor sintió un peso extra en la espalda, mientras una voz familiar sonaba en sus oídos mientras cubría sus ojos.

—¿Quién soy?

—gritó voltia mientras su risa alegre se escuchaba detrás de él.

—Maldita mocosa, deja de molestar —gruñó Ducanor mientras intentaba quitarse de encima a su propio Espíritu Verdadero.

—Incorrecto.

Vamos, no te soltaré hasta que digas mi nombre —dijo voltia mientras se seguía aferrando como un pulpo a Ducanor.

—Maldita sea…

Sí, eres voltia, cierto —rindiéndose finalmente, sintió cómo ella lo soltaba y finalmente lograba ver de nuevo—.

Por el amor de Dios, no pude haber conseguido un espíritu mejor, ma…

Pero antes de que pudiera continuar, un pisotón llegó por parte de su espíritu que le hizo saltar hacia atrás mientras ella lo perseguía con furia: —¡No vas a reemplazar a voltia!

¡Vamos a estar juntos por siempre!

Y mientras decía eso lo empezó a perseguir, pisando sus zapatos con una fuerza inusualmente grande a pesar de su tamaño.

—No provoques a tu espíritu, Ducanor; un buen espiritista no se pelea con ellos —dijo exasperada Alana mientras se quitaba los lentes de montura negra y repentinamente murmuraba—: Bueno, supongo que podemos comenzar.

Convocatio Carnia.

Las palabras simples y directas de Alana provocaron que el dúo, espiritista y espíritu, se congelaran mientras observaban cómo el vacío se abría revelando nada menos que una figura delgada y pequeña, no mucho más grande que la propia voltia.

—¡voltia!

—gritó con alegría mientras la figura se disparaba hacia adelante y abrazaba a voltia con una gran alegría.

La chica que estaba abrazando a voltia tenía una apariencia inusual, al igual que la propia voltia.

Tenía la piel de tonalidad rojiza y ojos azules, mientras su cabello era una mata de cabello índigo con espinas rojas brotando de su cabeza como si fuera un árbol de espinos.

—¿Ese es tu Espíritu Verdadero?

—preguntó estupefacto Ducanor al darse cuenta de que esa pequeña mocosa había sido invocada por Alana—.

¿Acaso todos los Espíritus Verdaderos son niñas?

—¡Oye!

—escuchó la voz tanto de voltia como del segundo espíritu, pero rápidamente ambas se distrajeron cuando apareció, igual de repentinamente, ese enorme pajarraco rojizo.

—Claro que no, Ducanor, pero obviamente muchos Espíritus Verdaderos con forma humana prefieren realizar contratos con mujeres que con hombres, mientras que en tu caso —mientras observaba a voltia dando vueltas por ahí— es un poco especial.

—Tal vez un poco demasiado especial —se quejó Ducanor.

Pero entonces vio cómo repentinamente Alana se ponía en una pose de batalla.

—Bueno, ahora basta de juegos.

Te voy a enseñar las habilidades básicas de un espiritista —y con esas palabras el entrenamiento para el examen de Guarda había comenzado.

…

En el vacío, miles de cosas siniestras se movían de forma silenciosa sin que los mortales lo notasen, y entre esas cosas había una embarcación blanca y prístina.

Pero a pesar de su apariencia prístina en su exterior, en su interior era una escena de sangre y metal.

Decenas de cables de metal cubrían el interior de la nave y, cubriendo la misma, la sangre dorada y plateada, de áureos y argénteos, cubría su interior.

Los corazones colgaban de ganchos que terminaban en tubos que recolectaban la sangre que todavía pulsaba, mientras cerebros y cabezas cercenadas vivían en el límite de la vida y la muerte para forzar a los órganos a producir sangre y otros nutrientes.

—Ha salido, Creador —dijo una voz femenina detrás de una figura alta y delgada como el tronco seco de un árbol.

Tenía la piel pálida como un cadáver, y cuando levantó su rostro cualquier niño gritaría de terror: no tenía ojos, o por lo menos sus ojos no estaban en las partes que correspondían.

Unas enormes fosas nasales sin señal de nariz cubrían el centro de su cara, mientras dos bocas a ambos lados de las mejillas se retorcían mientras rumiaban palabras desconocidas.

Pero aun así, ella podía sentir su mirada.

En su torso desnudo, decenas de cicatrices e injertos de piel diferentes cubrían su cuerpo.

A la altura de sus hombros, dos rendijas verticales parpadeaban con dos pupilas cada una, mirando con curiosidad a su creación.

—Ve —dijo el Maestro de Creación de Vida con un tono indiferente.

Su creación, una figura femenina en armadura de oro y bronce y con alas de carne y metal, se arrodilló ante él y asintió, desapareciendo en un instante, fundiéndose en el propio vacío, mientras que su maestro sonreía.

No por su partida.

Sino por lo que estaba a punto de comenzar.

—Oh, mi viejo amigo, el momento que tanto hemos estado esperando ha llegado.

Me pregunto si te atreverías a dar ese paso final —dijo con una expresión distorsionada de cualquier emoción mortal—.

No sabes cuánto lo espero.

….

El paisaje en los dominios exteriores de la secta estaba lleno de vida a pesar del frío; decenas de estudiantes, siervos y esclavos de diferentes razas y trabajos pululaban como una gran colmena alrededor de la secta.

Era prácticamente una ciudad por sí misma.

Y finalmente el día había llegado: Ducanor tendría que realizar su examen de Guarda.

Para este examen debía haber un supervisor y, para su incomodidad y cero sorpresa, era nada menos que Alana.

—Vamos, Ducanor, tu viaje como Guarda comienza hoy —dijo Alana con muchas más emociones que el propio Ducanor.

Llegaron finalmente a una especie de cercado, donde había una multitud de bestias y animales de diferente tipo.

Ducanor logró reconocer varias, pero una de todas le llamó la atención.

—Un caballo estepario —dijo sorprendido Ducanor.

—Sí, un caballo estepario.

Hay quien dice que puede alcanzar a recorrer casi cien kilómetros en una hora, o en casi media hora a través de hierba alta —comentó Alana con una sonrisa mientras acariciaba uno de los caballos—.

Entonces, ¡arre!

¿Sabes montar?

….

Con un gran dolor en el culo, además de estar relativamente cansado por montar a caballo durante tanto tiempo, en este punto Ducanor, junto a Alana, estaba a punto de llegar a la ubicación de lo que era el Palacio Divino Solar.

En todo el viaje Ducanor había intentado preguntar sobre el contenido del examen, pero la respuesta de Alana siempre había sido una especie de misteriosa sonrisa, ya que prácticamente había evitado responder su pregunta diciendo que era una sorpresa.

Pero él sospechaba sobre el contenido del examen hacía tiempo.

Él había intentado preguntar a personas que ya lo hubieran superado por pistas, pero al igual que Alana evitaban responder de forma clara, aunque al parecer era un desafío práctico; es decir, sería un combate.

Aunque contra qué pelearía, ni él mismo lo sabía.

—Hemos llegado —dijo repentinamente Alana, luego de pasado bastante tiempo.

Sorprendido ante esas palabras, miró a su alrededor con un tono dudoso, porque prácticamente en este lugar no había nada, aparte de una montaña boscosa cubierta de altos árboles de frondosas copas cubiertas de la blanca nieve.

—¿Este lugar?

—dijo mientras fruncía el ceño Ducanor.

—Sí, este lugar —respondió Alana con una expresión traviesa.

Repentinamente empezó a realizar unos sellos de manos, además de recitar una especie de hechizo en un idioma desconocido, cuando repentinamente el aire enfrente de ella se abrió revelando una figura humanoide de identidad desconocida.

Estaba cubierta totalmente con una túnica bordeada de verde y oro que ocultaba su rostro y cuerpo, a excepción de una cornamenta de madera que escapaba de su capucha y parecía salir de su cabeza.

—Nombre —gruñó la figura.

—Alana Jagger —respondió su maestra con un leve asentimiento a la figura.

—Alana…

—respondió la figura en un tono entrecortado, como si estuviera a punto de ahogarse—.

La entrada al primer nivel está abierta.

Dependerá de su suerte si puede sobrevivir.

Recuerda —esta vez mirando a Ducanor—: la muerte es posible en este reino.

Y luego de decir esas palabras, el vacío se distorsionó nuevamente, pero esta vez formando un portal que succionó a la figura del anciano.

Y no solo a la de él, sino que una fuerza de atracción desconocida empezó a jalarlo hacia adelante.

—No te resistas, Ducanor.

Tu examen comienza ahora.

Y en ese momento los colores murieron.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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