Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 25
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25: Capitulo 25 25: Capitulo 25 Su respiración era irregular.
A pesar de no haber caminado durante mucho tiempo, a su cuerpo parecía estar costándole un poco más de lo que había esperado al entrar a este lugar.
—¿Ya estás cansado?
—preguntó con una expresión burlona Alana.
La expresión de Ducanor se mantuvo sin cambios a pesar de esas palabras mientras susurraba: —El aire es más pesado que afuera.
—La concentración de energía espiritual en este lugar es un ciento ochenta por ciento mayor que en el exterior, y estamos en las áreas más exteriores.
En las zonas más densas, la densidad es sobre el trescientos por ciento.
—Gracias por el dato —dijo entre dientes Ducanor mientras sentía que su cuerpo estaba a punto de desvanecerse por culpa de la maldita saturación de energía espiritual.
—Bueno, puedo ayudarte en eso, después de todo es una de las razones por las que estoy aquí —respondió mientras le señalaba con el dedo que se acercara.
Repentinamente el dedo de Alana chocó contra su frente, haciendo que sus ojos se abrieran con incredulidad.
Aturdido, se dio cuenta de que podía ver su propio cuerpo, o mejor dicho, sus propios órganos.
Podía ver todo, desde su corazón del tamaño de una sandía pulsando pesadamente, hasta sus cuatro pulmones bombeando oxígeno a su cerebro.
—¿Qué es esto?
—preguntó aturdido todavía.
—Se le conoce como Visión Interna.
Es una habilidad útil para meditar y concentrarse, dejar de lado el mundo exterior para solo concentrarte en ti.
A pesar de no poder ver en este estado a Alana, todavía podía escucharla claramente.
—Cada Geiss que formes con un Espíritu Verdadero provocará un cambio en tu Dantian.
A este cambio se le conoce como Sello del Destino, que es la conexión bidireccional que tienes con el Espíritu Verdadero en cuestión, en tu caso obviamente con Volrtia.
Pero para formarla por completo tienes que forjar el sello, convirtiendo tu Chispa Espiritual en una Llama Espiritual y después en una Forja Espiritual.
Repentinamente vio a lo que se refería Alana con esas palabras.
Para su sorpresa, la chispa espiritual estaba ardiendo y empezó a absorber a un ritmo considerablemente más rápido y feroz la energía espiritual, mientras la chispa daba signos de pasar a ser unas brasas, el primer paso a ser una Llama Espiritual.
Y el efecto más obvio de aquello fue que su cuerpo empezó a fortalecerse, al igual que sus runas dhármicas.
Entonces sonrió y dijo: —Increíble, así que este es el poder de un Guarda.
Y entonces una sonrisa se materializó en su rostro cuando repentinamente un Sidhe Lobo Infernal surgió de la nada.
Era una criatura similar a un lobo ordinario, pero a diferencia de sus pares bestiales de poco más de un metro y medio de altura, este superaba los dos metros con facilidad y tenía colmillos como dagas cubiertas de fuego.
Ducanor reaccionó a una velocidad absurda: mientras su puño se volvía un borrón en el aire, atravesó directamente el cráneo del Sidhe a través de su propia garganta.
Mientras agonizaba, las garras de este mismo intentaron ir hacia la garganta de Ducanor con la ferocidad de una bestia agonizante.
Pero la Tecnoespada de Ducanor ya había sido empuñada por su mano izquierda.
Como si de una sierra se tratase, atravesó limpiamente el vientre de la bestia similar a un lobo, abriendo totalmente su estómago y repartiendo sus órganos, similares a su equivalente mortal, en el suelo.
—Ah…
aha…
aha…
—dando una bocanada de aire mientras observaba cubierto de sangre carmesí el cadáver de la bestia, repentinamente se dio cuenta de que no estaba solo.
De la nada surgieron decenas de bestias con la misma apariencia de la que había matado, y así comenzó la matanza.
No fue hasta que Ducanor hubo decapitado a la última bestia que se daría cuenta de que, en un momento desconocido en el transcurso de estos eventos, Alana había desaparecido.
….
La sangre floreció en el cielo, como si fuera una flor carmesí que se abría ante los rayos del sol.
Curiosamente, la sangre de los Espíritus Verdaderos era roja, lo cual de por sí era raro para muchos Fey que estaban acostumbrados a colores del espectro inverso: violeta y azul eran los colores más comunes de la sangre de los seres vivos, por lo menos en el Continente del Este.
La mano del Astrólogo Zhao cayó al suelo en un lío de sangre, mientras un grito de dolor surgía de su boca como si de un trueno se tratase.
—¡Maldita!
¿Quién se atreve a herir al gran Zhao Tang?
—gruñó con una ira que se manifestó en una onda sonora que hizo chillar de dolor a la niña llamada Aurora, mientras que incluso los Kirin que eran montados por los caballeros espirituales se encabritaron.
Surgida del mismísimo aire vacío donde estaba antes el Astrólogo Negro, había una nueva figura de cabello negro y lentes, que portaba en su mano una lanza que emitía una corriente de rayos púrpuras.
Esta figura era, obviamente, Alana.
—Una Fey…
¿Cómo se atreven, bárbaros, a interferir en los asuntos de la Hegemonía haciendo gala de su presencia?
—gruñó con ira Zhao Tang, mientras el libro que estaba antes en su mano ahora flotaba enfrente de él.
—¿Acaso es una misión de la Hegemonía el capturar a una niña indefensa?
—gruñó Alana.
—La palabra de un oficial del Rey Corsario es ley en estas tierras, y recuerda: este no es tu lugar, perra —gruñó el astrólogo mientras le daba la señal al resto de la caballería, que en un parpadeo se movió.
Pero a pesar de todo, Alana seguía siendo más rápida.
Alana era Guarda Oficial; no tenía un Sello del Destino, tenía tres, cada uno fusionado con sus tres Dantians.
Carnia era su tercer Espíritu Verdadero y el más joven, pero su primer Espíritu Verdadero manipulaba el rayo.
En un instante habían desaparecido y, para más furia del Astrólogo Zhao, también se había llevado a la niña.
—¡Rápido, búsquenla!
No puede estar tan lejos —rugió con ira mientras empuñaba su Grimorio con su única mano y empezaba a revisar las páginas con ira considerable—.
¡Si quieren morir, entonces sufrirán una muerte atroz!
Repentinamente su cuerpo se hinchó cuando un sello estelar se inyectó en su carne; este era el Sello Estelar del Espectro Fatuo.
Su carne se hinchó mientras una armadura negra de huesos surgía de su piel, liberando llamas de donde antes había carne mientras devoraba totalmente su túnica, revelando por primera vez su rostro, que era el de un anciano decrépito, casi sin carne en el rostro y totalmente ciego.
Su tamaño aumentó incluso más que antes, bordeando los tres metros y medio, mientras flotaba en el aire y su mirada se desplazaba a cientos de metros de distancia.
—¡Ahí!
—gruñó mientras observaba con frialdad el espacio enfrente suyo con una mirada aterradora.
El espacio delante de él se derritió como si la propia realidad se deshiciera, dejando que un agujero se tejiera, el cual expandió con sus propias garras mientras gruñía: —No escaparán aunque vayan al fin del mundo.
Antes de desaparecer de forma siniestra tras esa grieta que tardó unos segundos en repararse a sí misma antes de que este claro en el enorme bosque quedara nuevamente en silencio.
…..
El cuerpo de Ducanor estaba cubierto de sangre, tanto propia como ajena.
Su espada ahora estaba clavada en el cadáver de una bestia similar a un oso.
Aturdido, se dio cuenta de que no estaba cansado; su cuerpo recibía con cada vez más entusiasmo el cansancio mientras absorbía la energía espiritual del ambiente, e incluso el poder que suministraba el Sello del Destino aumentaba.
Pero ahora sus pensamientos estaban en otros asuntos.
Y eso era obviamente Alana, quien repentinamente había desaparecido.
—Maldita sea, ¿esto será parte del examen?
¿Por qué todavía no me han explicado nada?
—gruñó mientras seguía avanzando a un ritmo constante por el bosque en búsqueda de cualquier cosa interesante o destacable que podría significar parte del examen.
Y en ese preciso instante, una enorme bestia surgió, pero era diferente a las demás, porque era nada menos que una montura de otra criatura.
Una lanza apuntó hacia su pecho, y pudo repelerla con dificultad, desviándola hacia un lado, aunque para su estupor escupió sangre mientras era empujado al suelo.
Su fuerza, que era suficiente como para subyugar a diez guerreros Feys con una mano, era insignificante en contra de ese guerrero.
Por lo cual, en este punto usaría otra cosa que su fuerza.
—Evocatio Volrtia —gruñó a duras penas haciendo memoria de las pocas enseñanzas de Alana—: Ilusión Kármica.
Repentinamente, para sorpresa del jinete montado en la colosal bestia, una figura se materializó enfrente de él.
Era una figura blanca y de cuerpo ágil.
—¡Meow!
—gritó la figura ilusoria mientras golpeaba directamente al extraño jinete con un rodillazo, momento que Ducanor aprovechó para, en un instante, activar el motor de su Tecnoespada.
La energía inundó cada centímetro del trozo metálico haciendo que vibrase hasta el punto que podría partir por la mitad un pilar de titanio con la fuerza suficiente.
La espada no apuntó a la armadura que protegía al vientre de la bestia o sus escamas que protegían su cuello, sino a las rodillas de sus patas traseras.
El impacto cercenó ambas piernas haciendo que la bestia chillara de dolor, mientras el confundido jinete intentaba ensartarlo en su lanza, pero estaba demasiado cerca y en su punto ciego, debajo de él, y solo pudo estrellarse contra el suelo con todo el peso de la criatura cayendo sobre él como una enorme roca.
—Kyuuso mos —le empezó a gritar el guerrero que estaba enterrado debajo de su agonizante montura, que seguía retorciéndose.
Pero antes de que pudiese continuar, la figura ágil femenina extendió sus afiladas garras en dirección del jinete y, de un corte cruel pero eficaz, cortó su cabeza.
Mientras que a la bestia, luego de unos pocos intentos, logró cortarle la cabeza finalmente terminando con su sufrimiento.
Y antes de que pudiese ver el rostro de la figura femenina, simplemente se había dispersado en el aire como una ilusión.
Ignorando el sentimiento de déjà vu que sentía nuevamente, empezó a revisar a sus atacantes para luego, agotado así como excitado de cierta forma por el frenesí de haber matado a una existencia mucho más fuerte que él, Ducanor no pudo evitar dejar caer su cuerpo al suelo con una expresión cansada.
—Ufff, como dijo un sabio: la gravedad siempre gana.
Realmente, aprovechar los pocos segundos que había durado el enfrentamiento para atacar de forma fatal había evitado alargar el combate.
Pero antes de que pudiese estar contento con su pequeña victoria, repentinamente varios rugidos resonaron a su alrededor.
Dos, tres, seis de esas bestias con sus respectivos jinetes surgían de la distancia, esta vez destrozando todo a su alrededor como un tornado.
Deteniéndose con sorpresa al ver el cadáver de su compañero.
Pero antes de que estos pudiesen desafiar en combate a Ducanor…
la sangre salpicó nuevamente la tierra.
Y después el trueno.
Dos de los jinetes vieron su cabeza cortada, mientras que otros dos vieron la mitad de su cuerpo separada por un agujero en su torso hasta el hombro, mientras que los supervivientes apenas pudieron reaccionar desviando sus bestias.
Tres jinetes habían muerto, pero sus bestias seguían vivas.
Ducanor reaccionó con rapidez: en un instante se retiró mientras disparaba un torrente de pequeñas gotas de lluvia a alta velocidad, como agujas, en dirección a los ojos de las bestias.
Dos de ellas resultaron indemnes, pero otras sufrieron la ceguera a raíz de que una de las agujas atravesó uno de sus globos oculares, cegándolas con su propia sangre.
—Ducanor —resonó una voz familiar que le hizo darse cuenta de que era la ayuda.
—Maestra Alana, ¿qué tipo de examen es este?
—gruñó mientras observaba aturdido la escena.
—Un examen de vida o muerte —respondió una voz familiar mientras la figura cansada y llena de heridas de Alana surgía a su lado.
Y para su sorpresa, no estaba sola.
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