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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 27

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Capítulo 27: Capitulo 27

….

Tres estatuas estaban dispuestas alrededor de la estancia, tres estatuas femeninas invertidas y pervertidas en sangre. Las reconoció para su horror: las tres hermanas divinas estaban ante ella. Sviata, Volga y Apolonia, probablemente el trío de hermanas más ilustres de la historia del antiguo panteón lemuriano.

—¿Acaso no hay nada sagrado para ti, Celia? —gruñó Alana.

—Sagrado e impío son lo mismo, Guarda —respondió ella mientras señalaba las estatuas detrás de sí—. Las reconoces, ¿cierto? Claro que sí. Eres esclava de sus descendientes, ¿cómo no reconocerlas?

—Cualquiera con los logros de ellas tendría la misma fama. Esa es su gloria, no intentes mancharla con tu propia ineptitud —respondió Alana mientras le apuntaba con su lanza.

—¿Sabes cuántos hombres han venido a matarme? —dijo con frialdad el miembro de la raza Hannyo, mientras sus alas se agitaban denotando su color carmesí y emitiendo un aura siniestra a su alrededor—. ¿Sabes cuántos hombres hemos matado? Pronto el Continente del Este se bañará de la sangre divina; pronto no solo este lugar, sino los cuatro continentes se volverán un pozo de sangre para la venganza.

—Si aquello lo consideras ineptitud, pues tus estándares son demasiado altos, Alana.

Se decía que la Princesa Celia tenía un linaje demoníaco antiguo por parte de su madre, de un clan de la raza Mariposa Demonio; esa forma confirmaba aquello.

La lanza en la mano de Alana brillaba con una luz siniestra. Era diferente a la mayoría de lanzas; parecía un poste largo y recto como la mayoría, pero su material era extraño: no parecía madera ni metal, parecía más bien hueso. Pero a pesar de aquello no era poroso, era extrañamente resistente como el metal pero también más flexible que la mayoría de maderas. Y su punta era incluso más siniestra: parecía la punta de un cuerno malvado que parecía estar latiendo ante el látigo sangriento de una bestia ancestral.

Esta no era una lanza para el combate. Era una lanza creada simplemente para matar. No buscaba la piedad, ni la victoria, sino la muerte absoluta.

—Yo no vengo a discutir —murmuró Alana con un tono indiferente y falto de emociones, como si fuera una herramienta.

Era una asesina, ese era su dominio, su propio Dao. No el Dao de la Muerte, sino el Dao del Asesinato. No todo podía morir, pero asesinar iba más allá de la muerte; asesinar era una emoción, la muerte un hecho.

Ella no tenía emociones, a excepción de una: el deseo de matar.

—Yo vengo a ejecutar una sentencia que ha estado prorrogada demasiado tiempo.

Sus palabras no fueron contestadas esta vez. Las figuras en las sombras se movieron revelándose en su entera corrupción.

Eran Drakais. Sus cuerpos estaban cubiertos de inscripciones Adharma que habían deformado sus cuerpos más allá de lo que eran anteriormente. Pero además eran Hannyos; la sangre demoníaca diluida en su cuerpo se manifestó en deformaciones visibles: escamas como pústulas en rostros y piel, pelaje cubierto de espigas de hueso negro, el surgimiento de varios ojos y brazos en partes aleatorias del cuerpo.

Su tamaño también había sido incrementado por esta misma razón. Los Hannyos eran un poco más bajos que un Fey normal, incluso eran comparables apenas al tamaño de un Feynir, superando por poco los dos metros diez en promedio.

Pero ahora decenas de ellos habían superado la escala de dos metros y medio, alcanzando y bordeando los tres metros.

Incluso si ella era una Feysir, su destreza física probablemente flaquearía en contra de tantos en circunstancias normales.

—Mátenla —gruñó con frialdad Celia mientras daba la señal.

Un chillido sediento de sangre brotó en todo el lugar, haciendo temblar el mismísimo aire por su intención e hizo vibrar el suelo.

Decenas de bestias sedientas de sangre en forma humanoide se precipitaron hacia ella con la única intención de destrozarla; la muerte era algo seguro, el quedarse con una porción del cadáver y del trofeo era lo único en la mente de estas criaturas.

Pero entonces ella se volvió el rayo.

Ni siquiera habló. La lanza en su mano se desdibujó ante la visión de todos los presentes, pero como si fuera un objeto omnipresente, repentinamente parecía apuntar al pecho de cada uno de ellos.

Repentinamente, un hilo de sangre ilusoria pareció conectar a cada uno de los presentes, a excepción de Alana, que estaba en medio de todos estos hilos como si fuera una araña que tuviera en sus manos los hilos del destino de cada uno de sus enemigos.

El tiempo parecía haberse detenido. Nadie podía librarse de su control, pero hubo una excepción.

Celia vomitó sangre, mientras en un movimiento rápido intentaba romper el hilo… pero…

Una respiración había pasado.

Y ella todavía no había alcanzado a reaccionar con sus alas color carmesí que, a pesar de su fragilidad, eran varias veces más duras que el metal mortal más fuerte.

Fue demasiado lenta.

Una explosión resonó en el oído de todos los presentes, que vieron cómo su aparato respiratorio y digestivo se inundaba de sangre, que salió a chorros de sus siete orificios mientras colapsaban en el suelo con un agujero en el pecho, en el lugar donde debería estar su corazón.

—Separación Mortal —gruñó con frialdad Alana, mientras enrollaba la punta de su lanza en un paño cubierto de símbolos extraños y esotéricos que suprimieron la sed de sangre de la misma, quien parecía no estar satisfecha ante la masacre que había generado.

—No voy a morir como un perro. Soy la Princesa del Palacio de la Montaña, yo me vengaré… mi señor me vengará, él…

Pero antes de que pudiese terminar, sorprendentemente un filo tan fino como un pelo separó su cabeza del resto de su cuerpo.

Cayendo inmóvil en el suelo para sorpresa inclusive de Alana, vio una figura difusa que se materializaba detrás de Celia.

Era una figura negra, y estaba formada a partir de sangre, igual de negra, de todos los muertos en este lugar, como si de un sacrificio se hubiera tratado.

La figura era difusa; no podían verse rasgos más allá de una masa bestial de fuerza inhumana, más allá de lo posible, que parecía rasgar el velo de la realidad. El suelo temblaba y el espacio chirriaba; el palacio ya estaba colapsando mientras la figura crecía, pues seguía absorbiendo sangre.

Pero Alana no estaba preocupada. La aparición de estas criaturas era temporal; sin un recipiente adecuado, más allá de esta encarnación débil y parcial, no podría emitir más allá de un pequeño porcentaje de su verdadera destreza.

No dijo nada en un principio, solo la miró. Una sed de sangre inigualable, marca de una ira más allá de la razón, inundó la mente de Alana, quien antes de que pudiese reaccionar…

Escuchó algo.

Para que al siguiente minuto, todo se pusiera negro.

Cuando todo volvió a la normalidad, la oscuridad cubrió el lugar; sin las velas negras que habían infundido su presencia, la mitad del techo había colapsado, filtrando una pequeña porción de luz lunar sobre la escena sangrienta ante sus ojos.

O mejor dicho, la escena grotesca, ya que la sangre de los cadáveres había desaparecido por completo, solo quedando momias secas sin nada. Pero más allá de eso, Alana se dio cuenta, para su indiferencia, de que faltaba un cadáver, o mejor dicho, una porción de un cadáver.

Porque la cabeza de Celia, quien antes había sido decapitada, ahora había desaparecido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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