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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 28

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Capítulo 28: Capitulo 28

Año 397 antes de la Ascensión del Monarca Celestial.

El llanto de un niño era lo único que se escuchaba; era un llanto ahogado por la respiración entrecortada de un prepúber que no entiende el bien ni el mal, así como lo correcto y lo incorrecto.

Solo vio con tristeza y horror el cadáver de su madre. No la abrazó; no podía, porque ahora no era más que una adúltera, una traidora para el clan.

Su cuerpo estaba colgado y fustigado en un árbol, igual de muerto que ella.

El llanto del hijo no fue escuchado por el padre, que miró con frialdad el cadáver de quien fuera su esposa y la madre de sus hijos.

—Que la lluvia limpie la impureza y la tierra devore el pecado, porque el perdón divino no está por encima de las leyes mortales. —Su padre miró con frialdad a su hijo posteriormente.

Era un niño que no superaba los siete años; era delicada y con un rostro inocente, tan parecido a su madre.

Un grito de dolor surgió de la garganta del niño cuando sus vestimentas fueron rasgadas y su cuerpo arrojado al barro.

—No hay sangre que nos una, ni deber filial que mueva mis obligaciones con los dioses y los hombres hacia ti. Así que vete antes de que te venda como esclavo a la más inmunda de las ratas que habitan el Úlster.

Y con esas palabras, la sentencia fue dictada.

Uisuk fue desterrado por su padre, y con él, toda su vida a sus cortos siete años había terminado para comenzar un nuevo capítulo mucho más duro.

…..

…..

La sangre fluía por el suelo como si fuera un pequeño charco. Masha estaba herida, mientras que el propio Uisuk apenas pudo reaccionar. La criatura que lo había atacado repentinamente era gigantesca.

Una mole de carne y hueso se había materializado enfrente de él con un porte salvaje y una presencia aún más feroz. Usando sus garras como armas, la criatura que tenía enfrente solo podía describirse como bestial.

Tenía cabeza de lobo, pero mucho más ancha y voluminosa a cualquier pariente del mismo que hubiera visto, con espigas de hueso a los lados del cuello y de la cabeza. Estaba cubierto de una armadura metálica que protegía parcialmente el cuerpo de la criatura, así como una falda metálica que servía como taparrabos.

Un pelaje púrpura cubría todo su cuerpo, siendo en algunas secciones más rojizo que en otras, mientras que su arma era su propio cuerpo, blandiendo sus garras amenazantemente.

El gigantesco hombre lobo medía más de tres metros, probablemente alcanzando con facilidad los cuatro metros, pudiendo duplicar erguido fácilmente a Uisuk, aunque no a Masha.

—Puka aycha basura qurata apachiy utaq wañuy —gruñó la criatura en un idioma desconocido para Uisuk, haciendo sonidos que una lengua Fey no podría imitar.

—¿Qué mierda eres? —rugió Uisuk con ira mientras se plantaba enfrente de la herida Masha con una expresión seria.

La criatura bramó nuevamente con ira, pero esta vez a una velocidad superior a cualquier cosa que hubiera visto.

Logró evitar apenas el ataque pateando el suelo mientras usaba sus dos cuchillas para bloquear el golpe, pero usó toda su fuerza para resistir el impacto y su brazo izquierdo simplemente se dobló en la dirección equivocada mientras gruñía de dolor.

Una risa gutural surgió de la garganta de la bestia, mientras hacía una obvia pose de burla lamiéndose el hocico con su enorme lengua bulbosa.

—¡Cállate, imbécil, que no te entiendo! —rugió Uisuk con ira mientras blandía con todas sus fuerzas su cuchilla restante con una mano.

La bestia lo esquivó con facilidad, desviando el ataque en un simple movimiento.

—Unpu —dijo la bestia mientras lo golpeaba directamente en el pecho.

Las garras abrieron su piel y rompieron su armadura de cuero. Antes de que su cuerpo saliera volando, la enorme mandíbula de la criatura se aferró a su brazo derecho, levantándolo en el aire mientras lo agarraba con ambos brazos.

—Maldición, voy a morir —pensó Uisuk furioso.

La idea de morir no le molestaba tanto como el hecho de que fuera de una manera tan impotente, asesinado sin saber siquiera la razón, por una bestia descerebrada.

Pero en ese preciso momento algo cambió. Repentinamente el espacio enfrente de él se distorsionó y, antes de que pudiese reaccionar, vio aturdido cómo su visión se difuminaba mientras su mente perdía el control de su cuerpo, quedando suspendido en el aire sin saber qué estaba pasando.

Estupefacto, miró el espacio anteriormente vacío frente a él, en el cual había surgido una figura misteriosa y a su vez atractiva.

Era una mujer, bastante alta, medía más de tres metros, superando por una cabeza a la bestia y siendo absurdamente imponente. Tenía el cabello verde como la hiedra y ojos azules como un mar cristalino. La punta de su dedo presionó el aire frente a ella, provocando que la figura del lagarto humanoide se retorciera de dolor como si una mano invisible lo estuviera sosteniendo.

—¿Por qué un Wolfen está en estas montañas? No deberían cruzar más allá de los límites impuestos por los antiguos pactos —gruñó la mujer con un aura y presión tal que provocó que incluso Uisuk no pudiera evitar que todos sus órganos internos temblaran ante la simple presión invisible que provocaba la mujer.

La criatura se retorcía y gruñó en un tono suplicante usando su lenguaje extraño. La mujer sacudió su mano mientras murmuraba un pequeño hechizo, provocando que incluso ahora Uisuk pudiera entender a la criatura.

—El joven señor del Clan de Tupac ha ordenado la restauración de la Dinastía Fénix a lo largo del Reino Mortal. Dentro de poco, todos los mortales se arrodillarán bajo la garra de hierro del joven amo —gruñó la criatura, para sorpresa de Uisuk que ahora podía entenderla.

—¿Qué carajo…? —gruñó Uisuk confundido.

Incluso la propia bestia quedó sorprendida ante el hecho de que ahora sus palabras fuesen traducidas para sus homólogos y pudiera entenderlos de vuelta.

La expresión de la hermosa mujer parecía pensativa mientras evaluaba a la criatura. El Wolfen, como lo había llamado, se quedó en silencio; sabía que su vida ahora estaba en manos de la mujer frente a él y, sin intención de suplicar, simplemente guardó silencio esperando el resultado, sin importar cuál fuese.

Pero en ese momento la expresión de la mujer cambió, volviéndose fría. Repentinamente, el cuerpo del Wolfen se deshizo completamente, explotando. Pero para sorpresa de Uisuk, no era sangre ni carne lo que se había dispersado en medio del estallido, sino más bien grava y tierra.

La expresión de la mujer se llenó de ira mientras daba un bofetón al aire que destrozó los árboles de los alrededores, convirtiéndolos en simples astillas. Lo único que se mantuvo intacto fue solamente la hierba polimórfica que buscaba Uisuk.

Uisuk repentinamente cayó al suelo. Su cuerpo, que antes estaba fuera de su control, ahora era nuevamente suyo, pero a pesar de todo estaba cubierto de un sudor frío que cubría cada poro de su piel mientras observaba con cautela y deseo a la figura frente a él.

Uisuk era joven e inmaduro, pero también alguien bastante astuto y de pensamientos simples. Al ver a una mujer fuerte y hermosa, no pudo evitar desearla inmediatamente y de forma abierta, mientras admiraba sus curvas y cuerpo.

La fuerza era algo atrayente en sí mismo; así como las mujeres admiran y desean a los hombres y guerreros de gran destreza física, los hombres desean a ese tipo de mujeres, aunque no de forma tan descarada como lo hacía Uisuk.

Luego de murmurar algo para sí misma, la mujer observó a Uisuk, quien la miraba estupefacto, siguiendo con la mirada su cintura, muslos y culo con unos grandes ojos abiertos y puros. No era simplemente lujuria, aunque existía con gran intensidad en los ojos de Uisuk, sino más bien un deseo de admiración y mansedumbre, como si servir a una mujer tan fuerte fuera un logro considerable para él, como un caballero que sirve a un rey heroico.

—¿Acaso deseas conservar esos ojos? —gruñó todavía molesta la misteriosa mujer, pero un poco divertida ante la reacción de Uisuk.

—Sí, mi señora. Disculpe mi ofensa —dijo con una expresión avergonzada Uisuk. Luego de dar una última mirada al magnífico cuerpo de la mujer, corrió rápidamente hacia Masha, quien seguía inconsciente en el suelo nevado.

Dando un suspiro de alivio, Uisuk logró detectar que seguía con vida, aunque con heridas graves, si bien no mortales.

—Niño, ¿acaso venías tú aquí por esa hierba? —preguntó repentinamente la mujer con un tono algo misterioso y extraño.

—Sí, mi señora. Pero esta hierba está prometida a alguien más. Si me disculpa la ofensa, me gustaría pedirle que nos la cediera —a pesar de sus palabras, Uisuk parecía haberse rendido a conservar la hierba, tomando como prioridad la supervivencia de Masha.

Lo que había ocurrido recientemente, además de sus propias heridas, estaba fuera de sus pensamientos por ahora. La adrenalina de su cuerpo se había gastado y su organismo estaba bombeando anestésicos naturales para anular el dolor y detener el flujo de sangre de forma automática; por esa razón, Uisuk estaba casi taciturno.

—¿Sabes quién la busca incansablemente, hasta el punto que no puede hacerlo ella misma? —preguntó la mujer repentinamente.

Un confundido Uisuk simplemente respondió: —Solo sé que la misteriosa Bruja del Bosque la desea de alguna forma. No estoy seguro si alguien más querría una hierba como esa.

El propio Uisuk dudaba que alguien más, aparte de esa excéntrica bruja, buscara esa hierba.

—Pues tienes suerte. Esa bruja soy yo —dijo con una sonrisa tan hermosa como mortal la Bruja del Bosque.

Mientras un congelado y herido Uisuk apenas pudo reaccionar a sus palabras, vio que repentinamente la misteriosa mujer se acercó a la inconsciente Masha. Y antes de que pudiera decir nada, ella besó sus labios en un suave y tierno beso.

Un beso que hizo que la sangre que surgía de las heridas de Masha retrocediera, mientras el color volvía a su rostro.

Pero el único pensamiento coherente de Uisuk era…

—Qué envidia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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