Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 33
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Capítulo 33: Chapter 33
El sudor y el frío eran una mala combinación, especialmente cuando un joven adolescente estaba temblando de frío en la esquina de una de las murallas del Castillo de Viddar.
Un espectáculo para los ojos arruinado por el clima.
—Carajo, ¿por qué se tarda tanto? —gruñó molesto el joven, pero aun así no se movió demasiado de su posición temiendo perderse.
El castillo era enorme, medía más de ciento cincuenta kilómetros de extensión dentro de sus murallas, mientras que a su alrededor decenas de pequeñas villas y tribus vivían pegadas al propio castillo.
Después de todo, este era el hogar de los Señores y Reyes de Ulheim, ya que en Ulheim no había ciudades, solo murallas.
—Perdón por llegar tarde, primo, pero tu padre no me soltó hasta hace poco. —Un hombre joven de cabello dorado surgió repentinamente de uno de los pasadizos de la muralla con una expresión cansada pero ojos brillantes mientras abrazaba a su primo.
Quien era nada menos que Apocaline, el hijo mayor biológico de Ducanor Kal Arreus y medio hermano del Señor de Ulheim.
El joven tenía un aspecto más similar al de su padre que al de su madre o hermana. Tenía el cabello negro casi en su totalidad, moteado parcialmente por un verde intenso que prácticamente hacía palidecer su cabello negro. No era tan alto como su padre, pero aun así superaba los dos metros de altura con facilidad, llegando casi a la frente de Elios.
—Está bien, está bien —dijo nervioso Apocaline mientras miraba los alrededores con algo de preocupación—. ¿Aquí es? —preguntó dubitativo.
A lo cual Elios, con un encogimiento de hombros y una sonrisa, respondió: —Claro que sí, primito. Ahora te convertirás en un verdadero hombre, vamos.
Pero antes de irse sacó una capucha con la cual cubrió tanto la mayor parte de su propio rostro como el de Apocaline, antes de avanzar en dirección de los torreones dentro del castillo.
Y repentinamente Elios, con una expresión forzosamente despreocupada, tocó una de las puertas dentro del torreón cercano.
Esperaron durante unos segundos antes de que esta fuera abierta por un hombre de mediana edad. Un olor nauseabundo y ácido, entre una mezcla de sudor y alcohol, inundaba la estancia.
—¿Quiénes sois? —gruñó con un tono irascible el hombre, mientras sus ojos ocultos tras una larga melena y barba eran dos puntos rojos que tiraban llamas en su dirección—. ¿Acaso están perdidos, niños?
A lo cual Elios, sin mostrar nerviosismo, levantó la manga de su brazo revelando un tatuaje con un símbolo extraño.
—Tranquilo, nos ubicamos —respondió Elios.
El hombre lo miró en silencio y asintió con una expresión un tanto más suave mientras les daba la pasada, aunque Apocaline sentía que el corazón se le iba a salir del pecho cuando pasó a su lado y entonces vio el interior del lugar.
Era una taberna prácticamente, pero estaba casi a oscuras. Cada mesa tenía pequeños grupos de personas que se reunían, casi no había fuentes de luz, por lo cual se camuflaban en una oscuridad innatural entre la niebla del incienso y el humo amargo.
—Maldita sea, sí entramos —dijo emocionado Apocaline en un susurro.
A lo cual Elios se rio arrogantemente y dijo: —Te dije que los conocía. A pesar de que no les gustan mucho los Feys, los Gigantes siguen teniendo el mejor alcohol y las mujeres con las tetas más grandes —dijo con una expresión como de quien comparte sabiduría a los necesitados.
A lo cual Apocaline asintió con entusiasmo.
—Déjame conseguir algo, enseguida vuelvo. —Se dirigió a la barra donde preguntó con un tono seco—: Oye —señalando una pipa que estaba fumando el barista—, ¿cuánto cuesta esa pipa?
El barista estaba lavando un vaso y era alto, medía más de tres metros de alto y superaba por bastante en contextura a Elios, pero aun así respondió en una voz suave.
—Diez gemas espirituales —respondió.
—¿Y llena? —rebatió Elios.
—Quince.
—¿Y sin la pipa? —preguntó interrumpiendo su primo.
A lo cual el posadero, con una sonrisa igual de grande, sacó una caja de la cual extrajo un montón de hierbas en un saco, el cual pasó a Elios, quien le pagó.
Apocaline, al ver a su primo llegar a su mesa, estaba curioso y preguntó: —¿Qué es eso?
—Nox, primito. Esto hará volar tu mente y aliviará tu espíritu.
—¿Y no era más sencillo preguntarle directamente: “Oye, ¿tienes Nox?”?
Elios se congeló algo avergonzado mientras tosía. Mientras lo ignoraba, sacaba su pipa y empezaba a rellenarla de esas hojas molidas.
—No lo entiendes, Apocaline. Es el gusto por el misterio, tiene mucha más diversión este juego de secretos y códigos que la verdad directa.
Apocaline asintió cuando repentinamente una chica que no parecía mucho mayor que él apareció modestamente vestida con una expresión tímida sirviéndole un barril de alcohol.
—Gracias.
A lo cual la chica asintió en silencio mientras él le daba un par de gemas rozando el dorso de su mano.
—Concéntrate, mocoso enamorado, recuerda a lo que vinimos aquí —dijo con una expresión severa Elios.
A lo cual él se sintió un poco confundido: —¿No que vinimos a beber y a ver mujeres?
Su primo se congeló ligeramente mientras sonreía con sorna. —Tranquilo, mocoso, yo soy alguien con mucha experiencia en estas cosas. Las mujeres siempre estarán para ser vistas y disfrutadas; los hermanos y amigos con los cuales beber son los que escasean.
Esa respuesta no entusiasmó mucho a Apocaline, que se sintió algo estafado mientras bebía a sorbos un poco de la amarga cerveza. Sintiendo su garganta llenarse de ese líquido frío, sintió cómo un fuego adormecedor surgía de su pecho.
—¿Qué te parece el lugar? Genial, ¿verdad? —dijo Elios con su taza de alcohol ya medio vacía en la mesa.
—Sí, genial —dijo algo divertido Apocaline, mirando de reojo los alrededores: poca luz, figuras bebiendo en soledad y ni una señal de música o risas aparte del murmullo de las voces rumiantes de los comensales.
La mayoría con voces gruesas y profundas; después de todo, eran Gigantes.
—No pensé que vería tantos gigantes en Viddar.
—Los gigantes eran los antiguos señores de Viddar. No es raro que sigan habitándolo incluso en diez mil años más.
—¿En serio? —preguntó algo sorprendido Apocaline mientras miraba los alrededores con curiosidad—. ¿Y qué pasó?
—¿Y qué más hubiera pasado? Fueron derrotados. Isauro Leonis, uno de los mayores generales del Consulado, fue lo que pasó. La campaña fue dura pero finalmente logró expulsar a los Gigantes de Ulster hacia la Cordillera Helada. Solo en Viddar murieron un millón de gigantes; la población de Ulheim pasó de ser una mayoría gigante a ser una mayoría Fey, siendo así que el último Rey Gigante fue llevado a Lemuria y ejecutado. Como decía Jochi: “Los Lemurianos dejan una tierra baldía y lo llaman paz”.
Apocaline guardó silencio. Comprendía el sentimiento de Elios, pero aun así, viendo la actual Hegemonía, no era difícil agradecer la paz del Monarca Celestial.
—Por lo menos ahora la paz se ha asentado en Tara —murmuró Apocaline.
Pero repentinamente un silencio se cernió en el lugar. De una de las mesas, una figura como una torre se levantó y miró con frialdad a Apocaline.
—¿Acaso, muchacho, tú eres de la Hegemonía? —gruñó con frialdad el gigante.
Apocaline quedó paralizado, mientras que Elios estaba aturdido, por lo cual cuando giró la cabeza no pudo reaccionar lo suficientemente rápido cuando un puño lo había arrojado al suelo.
—Tú… qué… —pero antes de que pudiera actuar, la mano del hombre se cerró en torno a su hombro levantándolo del suelo y estrellándolo en la mesa entre gritos y el sonido de la madera cediendo.
Apocaline sintió cómo el mundo dio vueltas por primera vez e inclusive todo el entrenamiento marcial del mundo no pudo servir cuando lo agarraron por sorpresa.
—La sangre llena las manos de esos bastardos —rugió con ira el gigante—. Sangre inocente de niños y mujeres. ¿No fue acaso la última Reina Maxmu violada y asesinada junto a sus hijas e hijos, destruyendo la última esperanza de la raza gigante? Ustedes, esclavos de la Hegemonía, piensan que son como ellos pero son peores. Olvidaron el rostro noble de vuestros ancestros, pero pronto los recordarán por siempre.
Los gritos e insultos resonaban a la distancia, mientras el gigante revelaba su rostro por primera vez: era un rostro cubierto de un cabello moteado de rojo oscuro y barba, y su piel era rojiza como el cobre y el fuego.
Era un Gigante de Fuego y en un instante las llamas cubrieron sus manos mientras iban directamente a su rostro.
—Conocerás el beso del fuego, mocoso.
Pero él nunca conocería el beso del fuego, por lo menos no el día de hoy.
Una figura delgada y sombría como un fantasma colgaba una cuchilla sobre el cuello del gigante.
—Un movimiento más y tu cabeza besará el suelo —su atacante, como una sombra cubierta de plumas, estaba detrás con su expresión totalmente oculta tras las sombras.
La oscuridad cubría cada facción, pero aun así Apocaline fue capaz de distinguir su identidad de un solo vistazo a pesar del dolor y la confusión.
—Mun Han.
—El mismísimo, mi señor. Espero que disculpe mi interrupción a su disfrute, pero al parecer estaban en problemas —dijo la voz sombría y suave de Mun Han mientras arrojaba al gigante con una gran facilidad en el aire en espiral, cayendo pesadamente en el suelo.
—Espero no haber interrumpido mucho vuestro pequeño juego.
….
Profecías. Ducanor había escuchado muchas, profesando unas más ridículas que las anteriores, pero curiosamente las más ridículas eran las que más probablemente se cumplirían. Después de todo, lo inesperado tiende a ocurrir más que lo planeado.
Desde que “el último Hegemón será el primero”, hasta que “la salvación vendrá a través de la muerte del último dios”.
O que él moriría con una lanza y una mujer en mano.
Aquella última profecía le gustaba más.
—Rápido, ven aquí —dijo con un tono apremiante Tess mientras estaba tendida en la cama.
No estaba desnuda, pero su belleza era más que admirable en todos los niveles. Su gran pecho estaba al descubierto, mientras el escote de su vestido ya había sido desabotonado.
Su falda había caído al suelo, dejando solamente sus medias cubriendo sus largas y hermosas piernas, mientras su rostro brillaba con una dignidad y arrogancia que solo una reina tendría.
Y eso hacía que la desease aún más.
—Voy ahora —respondió Ducanor mientras se arrodillaba enfrente de ella en la cama. Sus manos acariciaron sus piernas, para luego levantarlas con una mano sobre sus hombros y romper la tela que ocultaba su raja.
—Únete a mí —murmuró cálidamente Tess, provocando que Ducanor se desnudara en un instante. Su virilidad ya erecta entró en contacto con la húmeda entrada de carne de su esposa y en un suave empuje la penetró.
El calor de ambos cuerpos hizo que el placer de ambos explotara mientras sentía temblar el cuerpo de Tess debajo de él. Su rostro digno tenía la boca abierta mientras se mordía los labios.
—Mmmh…
Y entonces empezó a bombear en su interior con suavidad mientras admiraba su cuerpo y ella sonrió.
—Más rápido —murmuró en un tono sediento mientras inclinaba sus grandes nalgas cubiertas por sus medias todavía hacia arriba, aumentando la profundidad del acto que estaban realizando.
—Ah, ah, ah… —en poco tiempo ambos se habían hundido en un placer absurdo y cuando la primera ronda había ya terminado, dejando su semilla en su vientre, ella sonrió cálidamente dándose la vuelta en la cama preparándose para la segunda ronda.
—Maestro, mi señor, disculpe la interrupción.
Repentinamente Ducanor, que estaba a punto de destrozar los restos de las medias de Tess para dejar libres sus blancas nalgas, quedó aturdido cuando vio detrás suya la puerta abierta.
La persona que entró era una mujer en armadura y de cabello en dos trenzas que bajaban por sus hombros, de tonalidad lavanda oscuro, casi llegando al púrpura, y portaba un flequillo largo así como lentes.
Ella era nada menos que la guardaespaldas personal de Ducanor y su discípula.
Kirish.
Ella guardó silencio durante unos instantes al ver los restos de la batalla breve pero feroz que habían llevado a cabo Ducanor y Tess. Tenía el rostro sonrojado y la voz temblorosa a pesar de su semblante feroz.
—¿Qué sucede, Kirish? —preguntó primero Tess, quien fue la primera de los dos en reaccionar ordenando su aspecto. Mientras que a pesar de que apenas unos instantes estaba gimiendo debajo de él, ahora estaba totalmente indemne sin ningún signo de agitación.
A diferencia de Ducanor, que seguía desnudo y bastante… rígido.
En respuesta a Tess, Kirish declaró:
—Maestro, el joven maestro Apocaline y Elios han sido hallados en una pelea. Ahora han sido escoltados al castillo.
Pero Kirish no había terminado, porque finalizó con la frase de:
—Se han enfrentado a un miembro del Magister Elektryum, mi señor. Él pide un juicio.
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