Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 34
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Capítulo 34: Capitulo 34
—Año 397 antes de la Ascensión del Monarca Celestial—
Del Gran Princeps Mendigo, Nogai Moskú. Para la Gran Peregrina, Tordespa Portugal. Fecha: 05-07 del año 41 del gobierno de Su Majestad Ligaure.
—DESPACHO DE MISIÓN— —APROBADA— —PRIORIDAD ABSOLUTA—
Querida Portugal, espero que disfrutes la gloria de trabajar bajo las órdenes directas de la Hegemonía. Que los dioses guíen tus pasos en la misión que te encomendaré.
Los movimientos de la Hegemonía en [BORRADO] han provocado una distribución apresurada de los [BORRADO]. Por ahora el [BORRADO] no se ha movido, pero la preocupación por parte de [BORRADO] ha provocado la reubicación de fuerzas a lo largo de toda la Hegemonía ante la espera de una nueva [BORRADO].
Tu misión consistirá en rastrear y reportar los movimientos de fuerzas rebeldes en el continente.
Pero no estarás sola; tendrás la absoluta lealtad de [BORRADO], que a pesar de los rumores es tan leal a la Hegemonía como yo mismo. Por ahora tus movimientos serán secretos, tus poderes dentro del territorio enemigo son absolutos y tu autoridad ilimitada.
Las bajas necesarias y la purga inmediata de los elementos [BORRADO] serán de tu cargo. Esperaré un reporte mensual por esta misma vía secreta. Para prevenir cualquier filtración, este mensaje será cifrado y destruido posteriormente, sin copia alguna.
Que el honor de Lemuria y sus héroes te guíe.
—FIN DEL MENSAJE—
…
Tolrik frunció el ceño mientras observaba furioso a Ulrika.
—¿A qué te refieres con que no haremos nada, hermana? —gruñó con ira Tolrik, mientras miraba con una expresión cargada de frustración no solo a su hermana, sino también a Benia, quien para su sorpresa y decepción, aunque parecía igual de furiosa y en desacuerdo que él, no había dicho nada.
—No es un tema en el que puedas involucrarte, Tolrik. No hay nada que puedas hacer; hay cosas mucho más importantes en juego —gruñó Ulrika con un tono severo mientras suspiraba con solemnidad.
—Pero… —gruñó él con molestia.
Una cuarta persona en la habitación lanzó un suspiro que hizo que el aire en la boca de los presentes se congelara, dejándolos paralizados al instante.
—Maestra —dijeron los tres al unísono mientras se enderezaban e inclinaban levemente ante la presencia de Ernzu, quien en un momento desconocido había aparecido en el lugar.
Actualmente estaban en una base antigua de los Guardas en la parte norte de Ulheim, prácticamente a cientos de kilómetros de distancia del asentamiento Fey más cercano.
—¿Por qué discuten temas que no pueden manejar por sí mismos? —gruñó su maestra con un suspiro mientras señalaba el objeto de su discusión.
Hacía unos pocos meses el trío había sido mandado en una misión importante. Esa misión consistía prácticamente en la destrucción de puestos de avanzada de los Clanes Gigantes, quienes habían extendido sus asentamientos más allá de la línea natural que era la Cordillera Helada.
Actualmente Tolrik estaba furioso porque Ulrika se negaba a expulsar y masacrar por completo a la población que se había asentado a lo largo de la frontera.
—Maestra, son invasores. Tenemos el derecho a eliminarlos; si dejamos que se queden destruirán todo lo que queremos —dijo él con un tono duro mientras intentaba combatir contra la mirada de su maestra, pero no pudo. Desviando la mirada, sintió los ojos de Ulrika y Benia sobre él, haciéndole sentir tal vez más miserable.
—Eso no importa, no es algo que tú puedas hacer o decidir por ti mismo. Además, enviarlos a ustedes a una misión de ese tipo sería un sinsentido, una pérdida inútil de sus vidas. Por ahora hemos atacado bases militares y de logística que están saliendo fuera del margen de mil kilómetros del pico más alto de la Cordillera Helada, por lo cual no tiene sentido atacar más allá de ese límite, ya que ese lugar puede considerarse fuera de la capacidad de la Hegemonía para ingresar en cualquier sentido.
—Está bien, maestra —gruñó Tolrik con un suspiro cansado.
—Además, el Imperio Cirilíaco ha estado en caos este último tiempo. Dark III al parecer está expulsando a grandes cantidades de Escalis de sus tierras; no es de extrañar una gran migración. La Hegemonía ya les ha entregado el papel de refugiados, por lo cual exagerar mientras ellos no hagan nada excesivo es improducente —concluyó el asunto Ernzu en un intento de apaciguar las cosas—. Benia, Ulrika, quédense. Tolrik, retírate por ahora.
Esas palabras sacaron una expresión de horror en el rostro de Tolrik mientras miraba con desesperación a su maestra.
—Maestra, yo… —Intentó justificarse, decir algo para explicar su incompetencia en las misiones anteriores, pero no podía; no estaba capacitado para estar al mismo nivel de Benia o su hermana.
—No es lo que crees —dijo con un suspiro cálido su maestra mientras sostenía su hombro—. Ulrika y Benia están en una misión de infiltración que tú no podrías hacer. Además… —con una sonrisa agregó—: Te he recomendado para que ingreses al servicio de un Ollam Brithen, para que comiences tu camino en el entrenamiento para convertirte en un verdadero Finn.
La expresión de Tolrik se iluminó considerablemente ante esas palabras. Intentó decir algo por su arrebato, pero simplemente fue recibido por una sonrisa de felicitación por parte de Ernzu, mientras que su hermana le daba una sonrisa de orgullo y Benia le sonreía cálidamente.
—Bueno, ahora retírate. Lo que tengo que hablar con ellas no es algo de lo que puedas enterarte por ahora.
Y esta vez no se sintió ofendido ni preocupado por esas palabras; después de todo, su cabeza estaba en otra parte en este punto.
…..
La suerte era algo que los hombres perdían, como un préstamo que con cada acción se queda cada vez más vacío. Así le decía su madre adoptiva a Ducanor cada vez que tenía suerte en algo: que su suerte se agotaba y que no se confiara en ella cuando ocurriese algo bueno, porque podría perderlo todo por los intereses.
Si tenía razón, él había gastado la suerte de diez vidas.
—¿Cuándo me liberarán? —preguntó por enésima vez.
No recordaba la cantidad de tiempo que llevaba encerrado, pero era bastante. Aunque llamarlo encierro era tal vez exagerar; estaba confinado en una habitación en una especie de cabaña en el bosque. Le dejaban alimento y ropa, y no le hacían nada aparte de impedirle salir.
Y no es que tuviera la intención; después de todo, la existencia que lo estaba vigilando le provocaba escalofríos de solo mirar.
—La Maestra dijo que cuando volviera discutiremos tu condición, pero hasta entonces te quedarás aquí —respondió con un tono hastiado la chica de cabello negro y aspecto delicado que estaba sentada tras la puerta.
No lo vigilaban todo el tiempo, se turnaban las tres personas en la residencia. Por lo que pudo escuchar, sus nombres eran Benia, Tolrik y Ulrika. La que estaba de guardia en este momento era Benia.
—¿Y cuándo volverá? —preguntó nuevamente. Su hostigamiento no era por maldad, sino por puro aburrimiento.
Sinceramente esperaba que todo esto terminara. No quería pensar; no quería pensar en lo que había vivido al convertirse en Lobo de Sangre y tampoco quería pensar en…
Inconscientemente tocó su glabela, sintiendo algo duro y casi metálico en su frente. Cuando despertó, descubrió aquella anormalidad con bastante precaución. La mujer a la que se refería el trío como “Maestra” le había dicho que algo se había fusionado con él, pero por ahora no parecía ser algo dañino o peligroso, aunque estaría bajo vigilancia por ser un ex-licano.
—¿Qué le pasó al resto de licanos en el interior de la cueva? ¿Los mataron a todos? —preguntó con frialdad esa vez.
La mujer lo miró durante unos instantes; su mirada era ilegible para Ducanor. No sabía su nombre completo, pero le temía; después de todo, ella con solo tres personas más había destrozado un nido entero de licanos. Si eso no era monstruoso, entonces no sabía qué lo era.
—La mayoría de licanos puros están muertos, muchos por mis discípulos y el resto murió entre la confusión.
La expresión de Ducanor se llenó de dolor en ese momento. La única calidez que había sentido durante esos días había sido por parte de esa hembra de pelaje blanco, y ahora entender que estaba muerta mientras que él vivía por la buena voluntad de sus asesinos lo hacía sentir aún peor.
Pero no podía culparlos; después de todo, probablemente hubiera hecho lo mismo si no fuera por la maldición.
—Mierda —gruñó mientras el dolor que había intentado ignorar durante estas noches volvía.
Había perdido su mano derecha a causa del Árbol Demoníaco. Aquello de por sí era malo, pero lo peor era que todavía sentía como si su mano estuviera ahí. Y el dolor del corte, como en un ciclo sin fin, regresaba a él, despertándolo durante las noches e impidiéndole dormir.
—¿Estás bien? —preguntó en un tono más suave Benia al otro lado de la puerta—. Si quieres puedo cambiar la venda de tu herida.
Pensó en negarse por orgullo, pero se rindió y después de un incómodo silencio dijo que sí.
Benia entró a la habitación con una expresión de pocos amigos, pero aun así hizo bien su trabajo, comenzando con limpiar la herida y cubrirla con unos bálsamos desconocidos antes de vendarla.
—Sé que esto puede ser confuso, pero probablemente estarás mejor. Por lo menos mejor que antes.
—¿Mejor que ser un licano? —preguntó curioso Ducanor.
—Sí, todo es mejor que ser un terántropo —respondió con seguridad.
—¿Qué es eso? —preguntó estupefacto.
Benia parecía tener la intención de irse, pero finalmente se quedó y empezó a explicar lo que eran los licanos. En el continente del norte existía una raza oculta entre los habitantes de la superficie: esa era la Raza de Sangre, existencias inmortales malditas las cuales buscaban extender su influencia en los cuatro continentes.
—Los terántropos son una variante de esta raza; usan la sangre para maldecir a sus víctimas convirtiéndolas en malditos, existencias vinculadas a la sangre y esclavizadas a él. El método es a través de una hibridación del linaje; por ejemplo, los licanos son una corrupción de los Lupercales con el linaje de la Raza de Sangre. Pero tu nido no solamente eran miembros de la Raza de Sangre, sino también un culto tempestista.
Repentinamente Benia guardó silencio y, sin dejar hablar a Ducanor, dijo:
—Todo esto que te dije es tabú fuera de los círculos de alto rango de la Hegemonía. Si lo expandes, la muerte será la peor de tus preocupaciones.
Y con esas palabras desapareció, dejando con más preguntas que respuestas a Ducanor mientras se alejaba a la distancia.
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