Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 37
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Capítulo 37: Chapter 37
Ulrika reaccionó rápidamente al ataque repentino del Escorpión de Trueno; decenas de virotes se dispararon hacia ella y los destrozó simplemente desenfundando su espada.
Mientras, al mismo tiempo, Benia bloqueaba la figura del Gigante de Escarcha que portaba el martillo, mientras este vibraba a tal velocidad que parecía un espejismo.
Pero el tercer oponente al que se enfrentaba era el que más le preocupaba; era un hombre de aspecto diferente al resto de gigantes.
Los gigantes tenían una contextura alta y fornida, de piel tonalidad piedra, marcas y tatuajes que cubrían todo su cuerpo del color de su clan: Gigantes de Tormenta con runas de tonalidad violeta, los Gigantes de Escarcha de tonalidad azul. Mientras que el último gigante…
Era el más alto del grupo, medía más de cinco metros, bordeando los seis, pero usaba una espada que parecía corta en comparación a su tamaño; a pesar de ello, su filo alcanzaba más de dos metros. Tenía el cabello negro y tatuajes blancos.
Ulrika había oído de ellos, pero había pensado que se habían extinguido. La existencia enfrente de ella…
Era un Gigante de Nubes.
—Maldito azul, me quemó la puta pierna —gruñó con ira el Gigante de Nube mientras pateaba por última vez el cuerpo destrozado del siervo.
No recordaba cómo se llamaba, pero sintió lástima; había sobrevivido en una batalla contra un ex-Anciano de Sangre y había muerto miserablemente a causa de unos bandidos.
La vida podía ser tan injusta a veces.
Pero entonces el combate inició antes de que las palabras del gigante hubieran terminado de pronunciarse.
La velocidad de Ulrika era absurda; en un instante se había teletransportado detrás de su objetivo, el Gigante de Nube. Este parecía ser el más fuerte y su presencia parecía ser comparable a la de un Noble.
En un instante la figura de Ulrika se dividió en varias figuras de agua, fundiéndose como espejismos en el aire mientras apuñalaban al unísono los cinco órganos vitales del gigante.
—Aura de Nubes.
Repentinamente el cuerpo del gigante se dispersó en el aire y, como una ventisca o una neblina, se infiltró detrás de las figuras de Ulrika. En un instante, una espada ilusoria que parecía estar hecha de viento destrozó todas y cada una de las ilusiones de agua.
Forzando a Ulrika a materializarse a pocos metros de él con una herida sangrienta en el vientre, mientras fruncía el ceño y miraba con una expresión furiosa al gigante.
—Jajaja, al parecer la azulita no es tan fuerte como ella pensa… ¿Qué?
Pero antes de que pudiera terminar de hablar, el cuerpo destrozado y sin vida del Gigante de Escarcha cayó al suelo a pocos metros de él.
—Ustedes… —gruñó con ira, pero entonces se dio la vuelta para ver que la situación del gigante no era mejor: decenas de mujeres y hombres lo rodeaban, liderados por una mujer de cabello dorado y ojos encantadores. Eran los esclavos y siervos del carromato.
En un instante habían rodeado al ballestero y lo habían hostigado hasta que finalmente Benia había atravesado su corazón con una piedra a alta velocidad.
Solo quedaba él.
—Al parecer te sobreestimas, gigante —gruñó con desdén Ulrika mientras se lamía la sangre que tenía en la parte superior del labio con una mirada desafiante—. Al parecer ustedes son los inútiles.
Pero entonces la mirada del gigante se volvió fría como un témpano mientras su aura cambiaba. Repentinamente su presencia se dividió y surgieron, para sorpresa de Ulrika y todos los presentes, dos Gigantes de Nubes exactamente iguales.
—¿Una ilusión? —pensó Ulrika sorprendida—. No, pero ¿por qué materializaría una ilusión si son inútiles y está siendo superado en número de esta forma?
Pero entonces ambos gigantes se movieron al mismo tiempo y atacaron en direcciones diferentes, como dos espadas desenfundadas. Atacaron en un instante a Benia y a Ulrika, que rápidamente bloquearon su ataque usando sus Chakras y al mismo tiempo retrocediendo mientras las enormes figuras las perseguían.
—¡No es una ilusión, Ulrika, es…! —gritó Benia apresuradamente.
Pero entonces el enorme gigante barrió con su cuerpo la figura de Benia, que intentó chocar con ella, pero para su gran peor, la atravesó directamente. El cuerpo del gigante se había vuelto intangible y su ataque cambió de dirección en un instante.
Mientras apuñalaba directamente hacia Benia.
—¡No! —gritó Ulrika, pero no podía moverse; el clon de nube del gigante la bloqueaba.
Benia intento evadir el ataque, pero el área del mismo era demasiado amplio le era imposible de esquivar.
Seria golpeada por el.
Pero entonces una figura fue atravesada por la espada del gigante. La espada chocó contra la carne pero no la atravesó. En ese momento todos quedaron estupefactos al darse cuenta de que una figura alta y fornida de cabello negro miraba con frialdad a pesar de estar cubierta de sangre y heridas.
—Moriré con una espada en mano, bastardo. Préstame la tuya.
…..
La sangre dorada pulsaba en su cuerpo, sus heridas dolían como el infierno, pero podía avanzar. Lo sabía; algo le decía que aunque no era invencible, unas heridas superficiales no podrían matarlo. Pero el dolor existía como una maldición perversa en él.
Su mandíbula rota, su mano destrozada y el resto de huesos y costillas rotas , resultado de la paliza brutal que había recibido mientras estaba en el suelo.
Al principio arrastrándose, cuando se dio cuenta de que estaba apoyado en sus dos manos quedó aturdido, pero no pensó demasiado en ello en ese momento
. Y cuando vio al gigante casi atravesar a la mujer, no pensó demasiado para interponerse entre él y el ataque.
Agarrando la espada entre sus garras.
¿Por qué garras? Porque ahora sus manos estaban cubiertas de una armadura de escamas doradas que resistió sin esfuerzo el filo del arma.
—Tú… ¿cómo…? —La expresión estúpida en el rostro del gigante se mantuvo incluso cuando Ulrika cortó su cabeza con su espada. El otro Gigante de Nube también estaba en el suelo, muerto.
Ambos parecían reales.
Ambos estaban muertos.
Y Ducanor tal vez pronto lo estaría…
—¡Aléjate de él, Benia! —gritó Ulrika mientras apuntaba su espada hacia él.
Benia, la mujer detrás de él, lo miró con confusión y dijo con una expresión conflictiva: —Ulrika, me salvó la vida.
—Benia —insistió—, ven hacia mí, no es seguro.
Él no reaccionó demasiado; no tenía energías y se sentía extrañamente cansado. Tenía tanta hambre que podría comerse un caballo. Avanzó un paso.
La tensión en el ambiente era absurda y al instante sentía que su vida podría desaparecer al siguiente momento, pero por una extraña razón no se sintió preocupado por morir.
Sentía que no podía morir, y aquello sinceramente le molestaba un poco.
Aunque solo un poco.
—Quiero esta espada —gruñó, antes de que la sangre, como una erupción, fluyera como magma dorado y cayera al suelo.
Finalmente ganándose el descanso que tanto merecía.
…..
A veces las cosas no pueden salir totalmente bien, así como tampoco totalmente mal.
El pequeño interludio que fue el viaje al hogar del Clan Kangqueror terminó tan rápido que prácticamente Benia ni siquiera pudo saludar correctamente al Señor del Clan Kangqueror.
Alzarq Kangqueror.
—Me alegro de que hayan logrado derrotar tan rápidamente a los bandidos —dijo con un tono cansado el hombre de mediana edad que tenía un aspecto similar a Tolrik, pero con signos claros de fatiga y vejez.
El hecho de que estuviera enfermo el Toisech de esta zona era de conocimiento general, y las fuerzas del propio Alzarq habían sido llevadas por su Capitán de Guardia en respuesta a la llamada a las armas del Señor de Ulheim, que presentía la inminente invasión de una gran horda de Gigantes.
Después de todo, habían elegido a un Señor de la Horda.
La comitiva de siervos y esclavos no estaban presentes , todos estaban tomando el lugar de las fuerzas del clan ausentes y actualmente cuidado los puestos de guardia, asi como reconstruyendo y fortificando los alrededores de tanto el castillo del clan asi como las aldeas cercanas.
—No fue tan rápido —gruñó con tristeza Tolrik, quien parecía estar indemne del enfrentamiento. Había sido una veintena de bandidos quienes habían invadido las aldeas cercanas y saqueado los alrededores a pesar de ser un grupo pequeño.
El hecho de que no quedaran soldados y que fueran gigantes hizo que todos huyeran al castillo, pero Tolrik pudo encargarse de ellos, aunque a costa de la vida de Adrait, el joven Guarda de cabello carmesí.
—Las pérdidas son normales, hijo. En la guerra verás morir a decenas, si no cientos de personas, no solo inocentes. Tus magos familiares, soldados bajo tus órdenes… Debes fortalecer no solo tu cuerpo, sino también tu voluntad.
Tolrik se inclinó y dijo: —Sí, padre.
—Y también debes cuidar a las mujeres. ¿Cómo se te ocurre dejar sola a tu hermana y prometida? ¿Acaso…? —la mirada del Toisech se clavó en Benia con una sonrisa amable y buena voluntad, ante la cual ella se sintió nerviosa mientras retrocedía sin palabras.
—Padre, no es lo que crees. Benia no es mi prometida, simplemente es compañera además de mi amiga —dijo apresuradamente Tolrik.
—Amiga… ¡Jajajaja! Se conocen desde pequeños, prácticamente son… ¡Cof, cof! —Un ataque de tos hizo a Tolrik ayudar a su padre a levantarse de la silla del Gran Salón.
—Padre —dijo preocupada Ulrika mientras se acercaba, viendo cómo su padre tosía violentamente y era ayudado por su hermano a levantarse.
Mientras, un anciano se acercó al grupo con una expresión de preocupación mientras también ayudaba a Alzarq. —Rápido, Tolrik, ayúdame a llevarlo. Hay que llevar al Señor a su habitación.
Tolrik asintió, y ambos desaparecieron ayudando al débil Señor a llegar a su habitación, mientras Ulrika iba detrás de ellos.
Benia se quedó congelada en el salón totalmente sola, incómoda, sin saber qué hacer, mientras los segundos pasaban y nadie aparecía.
Haciendo que la soledad que siempre había estado presente en su vida se profundizara.
La comitiva rápidamente partió de las tierras del Condado de Otranto en dirección a la ciudad de Edna, en el borde con el Condado de Ahmedapacha, una de las ciudades más grandes de Ulheim.
El grupo rápidamente empezó a separarse en dos grupos aparte, que se separarian finalmente en Edna.
Después de ahí, Tolrik iría a la sede de la Secta de la Rama Sombría, la isla del Alba, para continuar su entrenamiento como Guarda. Después de todo, a diferencia de Ulrika y Benia, no era un Guarda oficial.
Y así, sin tiempo para descansar, toda la comitiva partió prácticamente al día siguiente, de la sede de clan.
Lo cual dejó a un fatigado Ducanor sin palabras mientras seguía a la comitiva que se había reducido considerablemente; después de todo, varios siervos y esclavos habían sido dejados en el clan como mano de obra y guardias provisionales bajo la perspectiva de que no estaba la guarnición en el clan.
Ducanor fue prácticamente el único que fue dejado con el grupo, siendo forzado a seguir a Tolrik y al resto.
Pero la fatiga en su rostro no era a causa de las heridas del día anterior, sino más bien porque prácticamente todo el trabajo del que antes se encargaban los esclavos y siervos ahora estaba en manos de Ducanor. Desde ordenar el campamento, conducir el carromato, hasta preparar la comida para sus nuevos señores.
—Hubiera sido mejor haber quedado en coma —gruñó con molestia Ducanor, mientras limpiaba con molestia en un riachuelo cercano la ropa sucia y las mantas para dormir del resto del grupo.
El despertar de Ducanor había sido anormal incluso para el anciano consejero del señor del clan llamado Dracma.
Quien vio con sorpresa la anormalidad en Ducanor: una hendidura del largo de medio dedo en medio de su frente, la cual estaba cubierta de escamas doradas. Según sus propias palabras, probablemente era una mutación que había despertado a causa del peligro extremo.
Prácticamente una habilidad innata desconocida, que le había dado a Ducanor dos habilidades: primero una regeneración absurda, ya que había recuperado su mano cortada con facilidad; y además, nada menos que la capacidad de cubrir sus manos con una armadura dorada extremadamente dura.
Dos habilidades que Ducanor no veía con buenos ojos.
—Ahora me es más difícil morir y prácticamente soy una tortuga inmortal —palabras que no fueron rechazadas por el grupo, por lo cual Ducanor había sido mandado junto con Tolrik para seguirlo y luego servir a Ulrika y a Benia.
Mientras que su misión o tareas le eran desconocidas al llegar a Edna.
—Trabajas muy duro para quejarte. ¿Acaso te enamoraste de una de las princesitas? —preguntó una voz curiosa detrás de él.
Sorprendido, Ducanor se dio la vuelta apresuradamente para ver a una persona familiar pero que no pensaba ver nuevamente. —Julia… ¿Pero tú qué haces aquí? Si te ven ellos…
Antes de que pudiera decir nada, él fue presionado hacia el agua mientras sus labios eran sellados por los de la propia Julia.
Su lengua entró en su boca como un tentáculo que empezó a succionar y luchar violentamente con su propia lengua, hasta el punto que el placer se fundía con el dolor físico; un placer que no era solamente causado por su lengua.
Sus manos ya habían trazado su cuerpo y el agua del riachuelo no pudo apagar su pasión, mientras veía su figura traslúcida presionando su cuerpo.
—¿Qué haces aquí? —susurró esta vez Ducanor con una expresión confundida luego de que ella separase sus labios de los de él, formando un puente de plata de su saliva.
—Despidiéndome —murmuró igual de suave ella.
Ducanor guardó silencio esperando que se explicara, y ella lo hizo…
A medias.
—El Sello de Esclavitud que me pusieron era uno bastante débil —dijo con indiferencia y con cierta arrogancia Julia mientras se reía—. Seguramente pensaban que yo era una noble ordinaria, pero lo que no saben es que justamente mi habilidad innata me permite superar cualquier contrato o restricción normal. Jeje, si hubiera sido un Sello de Esclavitud para un Señor Mortal probablemente no hubiera sido lo mismo, pero tuve suerte.
Las palabras de Julia aliviaron de cierta forma a Ducanor, quien suspiró, pero aun así su ceño se profundizó. —¿Por qué estás aquí? Debes irte, si te encuentran…
La expresión de Ducanor mostraba una preocupación sincera que hizo sonreír aún más a Julia, que solo vio cómo él se sentía cada vez más confundido al ver su aparente indiferencia al peligro.
Él no comprendía el corazón voluble de una mujer.
—Ya te lo dije: para despedirme. Además tengo bastante poca energía y necesito algo de esencia masculina para estar preparada —dijo con una sonrisa seductora Julia mientras se levantaba y apoyaba su delgada pero femenina figura contra un árbol.
Su pecho ya estaba al descubierto por culpa de la caída y su cuerpo, a pesar de ser noche, estaba sonrojado y cubierto de gotas de agua y sudor.
—Esto… no estamos tan lejos, Julia. Si nos escuchan podrías… —las palabras de preocupación de Ducanor eran más por Julia que por sí mismo.
—¿O acaso no eres lo suficiente hombre para responder cuando una chica te invita? ¿O tienes miedo? —preguntó con un tono provocador y altanero que hizo recordar a Ducanor su primera interacción. Al parecer solo cuando estaba excitada la personalidad de Julia se volvía tan dominante.
A lo cual Ducanor respondió con la misma arrogancia de ella; después de todo no era un caqui suave.
—¿Ehh? —exclamó sorprendida cuando la mano de Ducanor cubrió su boca conteniendo su inminente grito de sorpresa ante la acción repentina de él.
Agarrando firmemente sus nalgas, Ducanor simplemente apartó la ropa interior de Julia e introdujo su virilidad sin juegos previos en el interior del húmedo coño de la mujer lobo.
Su cola se agitó incontrolablemente haciendo eco de su placer silencioso mientras mordía y chupaba los dedos que bloqueaban su boca. No podía gritar y lo sabía, pero aun así, como una débil resistencia o castigo a Ducanor, mordió su mano y golpeó su pecho con su cola.
—¿Lo quieres más suave? —murmuró en sus oídos de lobo provocando un escalofrío en la espalda de Julia, quien tensó aún más sus paredes interiores, aumentando la excitación y el placer de Ducanor como el de ella.
—Mhhaha… —un sonido ahogado de asentimiento salió de su boca.
Un gemido que Ducanor no obedecía mientras golpeaba ferozmente el útero de la licana con su virilidad hasta el punto que su cuerpo apoyado sobre el árbol y sus piernas temblaban como si fuera un cervatillo recién nacido.
Con su cuerpo presionando completamente el de ella, sus rostros estaban a poca distancia, a pesar de la diferencia de altura. Ella miró hacia arriba con ojos cubiertos de deseo.
Un deseo que Ducanor, como el buen samaritano que era, estaba muy feliz de satisfacer.
….
….
—REGISTRO DE AUDIO— —Peregrina Tordespa Portugal— —Fecha de registro: Desconocida. —Ubicación: Ciudad de Edna.
(……)
Peregrina: La ubicación en la que se encuentra la [REDACTADO] ha sido investigada por mis agentes. Por ahora no hemos descubierto signos de traición evidente.
(pausa) (respiración lenta)
Pero los movimientos son sospechosos; hay decenas, si no cientos, de personas sospechosas de alto rango apareciendo en la ciudad. Parece casi el nido de una conjura.
Que ahora la pregunta sería a quién.
¿Contra el Hegemón en Tara? ¿Contra el Señor de Ulheim? ¿Contra los Feys? ¿Contra los Gigantes? Los cultos son silenciosos pero siguen presentes. No parece haber presencia del Imperio, pero no puedo asegurar nada.
Algo está tejiéndose en la ciudad y el hecho de no saberlo no me gusta para nada.
Aun así he localizado lo que parecer ser su objetivo. No sé si es una base de operación o un sitio de reunión, pero al parecer es un sitio subterráneo.
(silencio) (sonidos de cosas moviéndose)
Por ahora mandaré a unos de mis agentes. Si la situación lo amerita, tal vez intervenga.
Por los Dioses Muertos, espero que así no sea.
—FIN DEL REGISTRO—
…..
Dos figuras femeninas caminaron por unos pasadizos subterráneos que parecían formados de forma natural, pero otros parecían tallados artificiales de hace decenas de milenios de antigüedad, más antiguos que inclusive la civilización Fey en su conjunto.
El dúo de Benia y Ulrika estaban vestidas no con su armamento marcial, sino más bien con vestidos ajustados y sensuales que resaltaban los atributos de ambas de forma diferente a pesar de todo.
El cuerpo de Ulrika era mucho más maduro que el de Benia; tenía el cabello negro como la tinta, la piel pálida y ojos de un azul profundo. Su vestido hacía resaltar sus muslos y su amplia cintura y amplias piernas.
A diferencia de ella, Benia era mucho más delgada y con menos pecho, pero tenía piernas y cintura delgadas, así como un rostro hermoso y juvenil.
Ninguna de las dos superaba los veinticinco años, pero a pesar de todo habían matado más que muchos soldados experimentados. Eran Guardas, por lo cual su voluntad era mucho más fuerte que la de cualquiera.
—¿Qué piensas, Benia? —preguntó con curiosidad Ulrika. La tensión en esta última era bastante grande desde que habían abandonado el norte hacía semanas; se habían movido rápidamente para poder llegar a tiempo al ritual.
Pero a pesar de que habían conversado de forma normal durante todo este tiempo, había una cierta inquietud en la mente de Benia que ella era capaz de sentir.
—Nada —dijo un poco sobresaltada ella mientras seguían avanzando—. ¿Qué piensas que encontraremos en el lugar? ¿Tal vez algunos terántropos? —preguntó intentando cambiar de tema.
—Espero que solo sea eso —dijo con una mirada aguda Ulrika, mientras por ahora dejaba de lado las inquietudes de Benia y se concentraba—. Si por casualidad hay un vampiro o un miembro de alto rango de la Raza de Sangre, entonces tendremos problemas.
—Sí, espero que no nos encontremos con un Dhar…
Repentinamente su voz se detuvo ante el sonido de algo moviéndose, a pesar de no estar portando su equipo de batalla y estar prácticamente desarmadas.
Rápidamente Benia murmuró: “Chakra, Energía”, mientras materializaba desde la punta de su dedo un pequeño orbe de energía que se concentraba en la figura que se estaba acercando.
—Esperen, esperen. No soy enemigo, soy vuestro aliado.
Repentinamente de las sombras surgió una figura esbelta y no demasiado alta; apenas alcanzaba los dos metros, siendo inclusive un poco más bajo que Benia.
Tenía un rostro tosco y bastante pálido, dándole un aura de pocos amigos, y mientras se levantaba parecía bastante arrogante y pedante a pesar de su apariencia.
—¿Tú eres Ek Thor? —gruñó estupefacta Benia, un poco sorprendida ante el aspecto de su contacto.
—¿Qué? ¿Acaso te robé el corazón, bruja? Mph, no pienses demasiado en ti misma. Son malditas gigantes y deformes; además esas tetas no son físicamente posibles —gruñó con molestia Ek Thor, mientras señalaba a Benia, que quedó estupefacta. Mientras que cuando su mirada cayó en Ulrika, los ojos del sujeto se abrieron como platos—. Pero qué mierda… ¿Cómo tienes tetas tan grandes? ¿Te inyectaste aceite en ellas? —preguntó estupefacto.
El resultado de esas palabras fue una paliza y una corriente de insultos por parte de ambas mujeres, que rápidamente amenazaron al sujeto con el veneno para sacarle finalmente información.
Y así, de una forma bastante extraña, la misión de infiltración había comenzado.
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