Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 38
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Capítulo 38: Capitulo 38
La comitiva rápidamente partió de las tierras del Condado de Otranto en dirección a la ciudad de Edna, en el borde con el Condado de Ahmedapacha, una de las ciudades más grandes de Ulheim.
El grupo rápidamente empezó a separarse en dos grupos aparte, que se separarian finalmente en Edna.
Después de ahí, Tolrik iría a la sede de la Secta de la Rama Sombría, la isla del Alba, para continuar su entrenamiento como Guarda. Después de todo, a diferencia de Ulrika y Benia, no era un Guarda oficial.
Y así, sin tiempo para descansar, toda la comitiva partió prácticamente al día siguiente, de la sede de clan.
Lo cual dejó a un fatigado Ducanor sin palabras mientras seguía a la comitiva que se había reducido considerablemente; después de todo, varios siervos y esclavos habían sido dejados en el clan como mano de obra y guardias provisionales bajo la perspectiva de que no estaba la guarnición en el clan.
Ducanor fue prácticamente el único que fue dejado con el grupo, siendo forzado a seguir a Tolrik y al resto.
Pero la fatiga en su rostro no era a causa de las heridas del día anterior, sino más bien porque prácticamente todo el trabajo del que antes se encargaban los esclavos y siervos ahora estaba en manos de Ducanor. Desde ordenar el campamento, conducir el carromato, hasta preparar la comida para sus nuevos señores.
—Hubiera sido mejor haber quedado en coma —gruñó con molestia Ducanor, mientras limpiaba con molestia en un riachuelo cercano la ropa sucia y las mantas para dormir del resto del grupo.
El despertar de Ducanor había sido anormal incluso para el anciano consejero del señor del clan llamado Dracma.
Quien vio con sorpresa la anormalidad en Ducanor: una hendidura del largo de medio dedo en medio de su frente, la cual estaba cubierta de escamas doradas. Según sus propias palabras, probablemente era una mutación que había despertado a causa del peligro extremo.
Prácticamente una habilidad innata desconocida, que le había dado a Ducanor dos habilidades: primero una regeneración absurda, ya que había recuperado su mano cortada con facilidad; y además, nada menos que la capacidad de cubrir sus manos con una armadura dorada extremadamente dura.
Dos habilidades que Ducanor no veía con buenos ojos.
—Ahora me es más difícil morir y prácticamente soy una tortuga inmortal —palabras que no fueron rechazadas por el grupo, por lo cual Ducanor había sido mandado junto con Tolrik para seguirlo y luego servir a Ulrika y a Benia.
Mientras que su misión o tareas le eran desconocidas al llegar a Edna.
—Trabajas muy duro para quejarte. ¿Acaso te enamoraste de una de las princesitas? —preguntó una voz curiosa detrás de él.
Sorprendido, Ducanor se dio la vuelta apresuradamente para ver a una persona familiar pero que no pensaba ver nuevamente. —Julia… ¿Pero tú qué haces aquí? Si te ven ellos…
Antes de que pudiera decir nada, él fue presionado hacia el agua mientras sus labios eran sellados por los de la propia Julia.
Su lengua entró en su boca como un tentáculo que empezó a succionar y luchar violentamente con su propia lengua, hasta el punto que el placer se fundía con el dolor físico; un placer que no era solamente causado por su lengua.
Sus manos ya habían trazado su cuerpo y el agua del riachuelo no pudo apagar su pasión, mientras veía su figura traslúcida presionando su cuerpo.
—¿Qué haces aquí? —susurró esta vez Ducanor con una expresión confundida luego de que ella separase sus labios de los de él, formando un puente de plata de su saliva.
—Despidiéndome —murmuró igual de suave ella.
Ducanor guardó silencio esperando que se explicara, y ella lo hizo…
A medias.
—El Sello de Esclavitud que me pusieron era uno bastante débil —dijo con indiferencia y con cierta arrogancia Julia mientras se reía—. Seguramente pensaban que yo era una noble ordinaria, pero lo que no saben es que justamente mi habilidad innata me permite superar cualquier contrato o restricción normal. Jeje, si hubiera sido un Sello de Esclavitud para un Señor Mortal probablemente no hubiera sido lo mismo, pero tuve suerte.
Las palabras de Julia aliviaron de cierta forma a Ducanor, quien suspiró, pero aun así su ceño se profundizó. —¿Por qué estás aquí? Debes irte, si te encuentran…
La expresión de Ducanor mostraba una preocupación sincera que hizo sonreír aún más a Julia, que solo vio cómo él se sentía cada vez más confundido al ver su aparente indiferencia al peligro.
Él no comprendía el corazón voluble de una mujer.
—Ya te lo dije: para despedirme. Además tengo bastante poca energía y necesito algo de esencia masculina para estar preparada —dijo con una sonrisa seductora Julia mientras se levantaba y apoyaba su delgada pero femenina figura contra un árbol.
Su pecho ya estaba al descubierto por culpa de la caída y su cuerpo, a pesar de ser noche, estaba sonrojado y cubierto de gotas de agua y sudor.
—Esto… no estamos tan lejos, Julia. Si nos escuchan podrías… —las palabras de preocupación de Ducanor eran más por Julia que por sí mismo.
—¿O acaso no eres lo suficiente hombre para responder cuando una chica te invita? ¿O tienes miedo? —preguntó con un tono provocador y altanero que hizo recordar a Ducanor su primera interacción. Al parecer solo cuando estaba excitada la personalidad de Julia se volvía tan dominante.
A lo cual Ducanor respondió con la misma arrogancia de ella; después de todo no era un caqui suave.
—¿Ehh? —exclamó sorprendida cuando la mano de Ducanor cubrió su boca conteniendo su inminente grito de sorpresa ante la acción repentina de él.
Agarrando firmemente sus nalgas, Ducanor simplemente apartó la ropa interior de Julia e introdujo su virilidad sin juegos previos en el interior del húmedo coño de la mujer lobo.
Su cola se agitó incontrolablemente haciendo eco de su placer silencioso mientras mordía y chupaba los dedos que bloqueaban su boca. No podía gritar y lo sabía, pero aun así, como una débil resistencia o castigo a Ducanor, mordió su mano y golpeó su pecho con su cola.
—¿Lo quieres más suave? —murmuró en sus oídos de lobo provocando un escalofrío en la espalda de Julia, quien tensó aún más sus paredes interiores, aumentando la excitación y el placer de Ducanor como el de ella.
—Mhhaha… —un sonido ahogado de asentimiento salió de su boca.
Un gemido que Ducanor no obedecía mientras golpeaba ferozmente el útero de la licana con su virilidad hasta el punto que su cuerpo apoyado sobre el árbol y sus piernas temblaban como si fuera un cervatillo recién nacido.
Con su cuerpo presionando completamente el de ella, sus rostros estaban a poca distancia, a pesar de la diferencia de altura. Ella miró hacia arriba con ojos cubiertos de deseo.
Un deseo que Ducanor, como el buen samaritano que era, estaba muy feliz de satisfacer.
….
….
—REGISTRO DE AUDIO— —Peregrina Tordespa Portugal— —Fecha de registro: Desconocida. —Ubicación: Ciudad de Edna.
(……)
Peregrina: La ubicación en la que se encuentra la [REDACTADO] ha sido investigada por mis agentes. Por ahora no hemos descubierto signos de traición evidente.
(pausa) (respiración lenta)
Pero los movimientos son sospechosos; hay decenas, si no cientos, de personas sospechosas de alto rango apareciendo en la ciudad. Parece casi el nido de una conjura.
Que ahora la pregunta sería a quién.
¿Contra el Hegemón en Tara? ¿Contra el Señor de Ulheim? ¿Contra los Feys? ¿Contra los Gigantes? Los cultos son silenciosos pero siguen presentes. No parece haber presencia del Imperio, pero no puedo asegurar nada.
Algo está tejiéndose en la ciudad y el hecho de no saberlo no me gusta para nada.
Aun así he localizado lo que parecer ser su objetivo. No sé si es una base de operación o un sitio de reunión, pero al parecer es un sitio subterráneo.
(silencio) (sonidos de cosas moviéndose)
Por ahora mandaré a unos de mis agentes. Si la situación lo amerita, tal vez intervenga.
Por los Dioses Muertos, espero que así no sea.
—FIN DEL REGISTRO—
…..
Dos figuras femeninas caminaron por unos pasadizos subterráneos que parecían formados de forma natural, pero otros parecían tallados artificiales de hace decenas de milenios de antigüedad, más antiguos que inclusive la civilización Fey en su conjunto.
El dúo de Benia y Ulrika estaban vestidas no con su armamento marcial, sino más bien con vestidos ajustados y sensuales que resaltaban los atributos de ambas de forma diferente a pesar de todo.
El cuerpo de Ulrika era mucho más maduro que el de Benia; tenía el cabello negro como la tinta, la piel pálida y ojos de un azul profundo. Su vestido hacía resaltar sus muslos y su amplia cintura y amplias piernas.
A diferencia de ella, Benia era mucho más delgada y con menos pecho, pero tenía piernas y cintura delgadas, así como un rostro hermoso y juvenil.
Ninguna de las dos superaba los veinticinco años, pero a pesar de todo habían matado más que muchos soldados experimentados. Eran Guardas, por lo cual su voluntad era mucho más fuerte que la de cualquiera.
—¿Qué piensas, Benia? —preguntó con curiosidad Ulrika. La tensión en esta última era bastante grande desde que habían abandonado el norte hacía semanas; se habían movido rápidamente para poder llegar a tiempo al ritual.
Pero a pesar de que habían conversado de forma normal durante todo este tiempo, había una cierta inquietud en la mente de Benia que ella era capaz de sentir.
—Nada —dijo un poco sobresaltada ella mientras seguían avanzando—. ¿Qué piensas que encontraremos en el lugar? ¿Tal vez algunos terántropos? —preguntó intentando cambiar de tema.
—Espero que solo sea eso —dijo con una mirada aguda Ulrika, mientras por ahora dejaba de lado las inquietudes de Benia y se concentraba—. Si por casualidad hay un vampiro o un miembro de alto rango de la Raza de Sangre, entonces tendremos problemas.
—Sí, espero que no nos encontremos con un Dhar…
Repentinamente su voz se detuvo ante el sonido de algo moviéndose, a pesar de no estar portando su equipo de batalla y estar prácticamente desarmadas.
Rápidamente Benia murmuró: “Chakra, Energía”, mientras materializaba desde la punta de su dedo un pequeño orbe de energía que se concentraba en la figura que se estaba acercando.
—Esperen, esperen. No soy enemigo, soy vuestro aliado.
Repentinamente de las sombras surgió una figura esbelta y no demasiado alta; apenas alcanzaba los dos metros, siendo inclusive un poco más bajo que Benia.
Tenía un rostro tosco y bastante pálido, dándole un aura de pocos amigos, y mientras se levantaba parecía bastante arrogante y pedante a pesar de su apariencia.
—¿Tú eres Ek Thor? —gruñó estupefacta Benia, un poco sorprendida ante el aspecto de su contacto.
—¿Qué? ¿Acaso te robé el corazón, bruja? Mph, no pienses demasiado en ti misma. Son malditas gigantes y deformes; además esas tetas no son físicamente posibles —gruñó con molestia Ek Thor, mientras señalaba a Benia, que quedó estupefacta. Mientras que cuando su mirada cayó en Ulrika, los ojos del sujeto se abrieron como platos—. Pero qué mierda… ¿Cómo tienes tetas tan grandes? ¿Te inyectaste aceite en ellas? —preguntó estupefacto.
El resultado de esas palabras fue una paliza y una corriente de insultos por parte de ambas mujeres, que rápidamente amenazaron al sujeto con el veneno para sacarle finalmente información.
Y así, de una forma bastante extraña, la misión de infiltración había comenzado.
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