Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 4
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4: Capitulo 4 4: Capitulo 4 años 397 antes de la ascensión del monarca celestial Pasos firmes y sonoros se plantaron frente a la bestia.
Esta era gigante, tenía un aspecto siniestro y funesto; parecía una especie de deformación de un perro salvaje, músculos tonificados y mandíbula gruesa de los cuales sobresalían colmillos, pero estaba muy alejada de ser un perro; Después de todo, no estaba hecho de carne.
Cristales de hielo formaban una especie de armadura y piel alrededor de la criatura que en su interior rezumaba lo que podría únicamente describirse como niebla y viento.
Esta criatura innatural rugió como un vendaval mientras su oponente simplemente se paraba delante de ella y cortaba el aire enfrente de suya, provocando que la tierra temblase.
La sombra corta el aire con lo que parecía ser una espada mientras el propio vacío se estancaba durante unos instantes antes de explotar.
La presión en el lugar aumentó mientras la bestia era empujada hacia atrás por una fuerza indefendible, cayendo en estado de pánico y confusión.
En ese punto, su oponente ya se había presentado enfrente de él.
El Nifel sidhe explotó en cristales de hielo y niebla helada que congelaron al hombre que la había asesinado, haciendo que incluso los vellos de sus brazos y hombros desnudos se congelaran levemente.
Era un hombre alto, incluso para ser claramente un Fey; medía más de dos metros de altura, tenía el cabello negro ébano, además de un rostro cuadrado y limpio de barba o de bigote dándole un aspecto un poco más juvenil.
Sus brazos y pechos estaban casi desnudos aparte de una capa de piel de lobo que parecía surgir del hombro y una armadura ligera de cuero; el resto de su cuerpo estaba tallado en runas de color carmesí dando un aspecto mucho más solemne y salvaje que, sumado a su espada gruesa similar a un mandoble, aumentaba aún más.
Arrepentidamente, a la distancia surgieron no una, sino varias sombras blancas más; los Nifel sidhe surgieron como en respuesta a la muerte de su congénere.
El guerrero se preparó para un duro enfrentamiento; Después de todo, aunque era habilidoso, seguía siendo joven y los sidhe no eran algo a lo que subestimar, especialmente en grupos numerosos.
Cuando repentinamente surgió una sombra igual de grande que el propio guerrero.
A diferencia del guerrero, que tenía la piel pálida a excepción de la punta de sus dedos que eran totalmente de un negro metálico, esta sombra era claramente femenina y no era Fey.
Tenía el rostro y cuerpo cubierto de pintura tribal blanca que, así como tatuajes con la misma tonalidad en brazos y piernas, su cabello rubio era de una tonalidad trigueña y sus ojos azules eran como dos gemas brillantes de zafiro, pero lo que más destacaba de ella eran sus orejas mucho más largas que las de cualquier Fey, que se movían al unísono con el flujo de temperatura y presión en el aire.
Ella era un gigante de la tormenta y, a diferencia del guerrero, ella era bastante más grande que él por lo menos por casi dos cabezas.
El gigante, como si de una diosa de la tormenta se tratase, manipuló el rayo y el trueno como si fuera la encarnación misma de la tempestad; sus tatuajes tribales brillaron con fuerza mientras un martillo hecho de relámpagos impactaba contra el grupo de sidhes destrozándolos por completo y convirtiendo su esencia y vitalidad en polvo de hielo.
Ducanor Kal Arreus no pudo evitar admirar la destreza de Masha, que luchaba con una gracia e ímpetu sin igual como si fuera un lobo en un rebaño de ovejas, pero aparte de eso no pudo evitar tomar consideración de otros atributos propios de Masha, especialmente su belleza y cuerpo seductor.
Con el tiempo la pequeña niña gigante lo había superado en tamaño haciendo gala de su linaje gigante; A pesar de que Ducanor era incluso más grande que la mayoría de Feysir , todavía quedaba corto en comparación con una mujer gigante, mucho menos un hombre.
Aunque llegado a este punto no podía quejarse; Después de todo todavía estaba creciendo, si no se equivocaba este año cumpliría finalmente dieciséis inviernos, aunque él mismo no pensaba que crecería más.
Poco a poco las características de la madurez empezaron a surgir en su cuerpo, para su pronta confusión y posterior claridad.
Después de todo, su familia adoptiva no era demasiado consciente respecto a la madurez y el ciclo de crecimiento Fey y los culpaba; Solo unas pocas estaciones antes, ni siquiera había visto en su vida a otro Fey, pero ahora, después de la catástrofe, las cosas habían cambiado.
… Ducanor Kal Arreus, ese era el nombre que había tomado para sí mismo Ducanor luego de llegar a la llamada civilización Fey, o por lo menos lo que ellos consideraban como civilización.
Ducanor había sido el nombre rúnico que le había dado la tribu gigante de la tormenta que lo había acogido de niño; esos días eran confusos según había oído de su familia adoptiva y de otros miembros de la tribu, él, a pesar de ser un infante, había logrado sobrevivir devorando cadáveres de bestias muertas e insectos y plantas; cuando lo encontraron era apenas un infante de unos pocos meses pero tampoco sabían cuánto tiempo había estado solo…
O por lo menos eso decían, él mismo dudaba de esas afirmaciones tan exageradas, pero eso no significaba que no las repitiera hasta el cansancio vanagloriándose de esas hazañas.
Los gigantes de las tormentas eran una raza antigua de linaje incierto para los Fey, pero siempre habían estado ocultos en los bosques y montañas al norte del continente donde las tormentas y el clima rechazaban a los débiles.
Pero al final su propia tribu se había vuelto débil; Después de todo habían sido expulsados de su hogar, obligados a vivir de las sobras de los Fey.
— ¿Qué estás mirando?
—preguntó una voz fría que reconoció fácilmente como la de su querida hermana adoptiva.
Masha había despachado, mientras estaba en sus ensoñaciones, al resto de sidhes , y ahora lo observaba con una mirada un tanto acusadora.
El aspecto de Masha era destacado incluso en términos estéticos gigantes; Los gigantes no usaban demasiada ropa e iban cubiertos de armadura ligera y tatuajes para cubrirse, pero incluso Masha, que estaba comenzando a crecer, necesitaba cubrir sus considerables tetas con algo de piel.
Vestida con una armadura de cuero teñida de blanco y azul y una falda; el rostro todavía con rasgos algo infantiles pero mostrando ahora la belleza de una mujer palidecían en comparación a su cuerpo demoníaco.
Piernas gruesas como troncos de árboles, cintura delgada y un busto tan grande que cada pecho era del tamaño de la cabeza de un adulto Fey ordinario.
—Nada, simplemente estaba reflexionando de cuánto vamos a ganar por los cristales sidhes —dijo Ducanor sin mostrar ni una sola pizca de vergüenza aunque su propio cuerpo lo traicionó mientras le daba un último vistazo a la sombra del pezón que escapó inadvertidamente de la pechera ajustada de Masha.
—Tsk, al parecer los hombres son todos iguales como dijo mamá: basura, incluso Arreus —se burló ella ácidamente mientras se daba la vuelta para salir del coto de caza.
Quedándose sin palabras durante un instante, Ducanor no pudo evitar sentirse oficiado y con la típica terquedad e impulsividad de la juventud respondió mordazmente: — ¿Qué esperabas, si tienes unas tetas tan grandes que necesitarían un escudo para cada una para protegerte de heridas?
La respuesta a esas palabras obviamente no era amistosa.
…..
—Nunca me acostumbraré a las ciudades —gruñó Ducanor mientras observaba la serie de altos edificios rodeada de una muralla de acero y casas de madera y piedra refinada.
A pesar de que Ducanor la había llamado ciudad, en verdad no podía ser considerada como tal; el puesto fronterizo Octavia, más que una ciudad era un fuerte que con el tiempo empezó a expandirse; en comparación a las verdaderas ciudades de Ulheim, este pequeño lugar con apenas unas cuarenta mil personas apenas podía considerarse densamente poblado.
—Es normal después de todo, naciste en el barro —gruñó Masha con su típico comentario mordaz y venenoso.
Si alguien que no los conociera observara sus interacciones se sorprendería de que se hubieran criado juntos por esa actitud, pero la culpa no era suya…
O bueno tal vez un poco; la razón del mal humor y acidez de Masha era algo que el propio Ducanor tenía claro y en este punto debía arreglarlo si quería evitarse esos comentarios durante un tiempo.
—Todavía sigues molesta, ¿acaso es porque me acosté con esa chica Fey?, ¿cómo se llamaba?
—gruñó Ducanor en un intento de hacer memoria—.
Lettie —intentó adivinar.
—¿Acaso ya olvidaste su nombre?
—rugió ahora aún más furiosa, dejando sin palabras a Ducanor que se encogía ante su agresividad.
El dúo de hermanos adoptivos había abandonado el coto de caza y en este punto ambos vestían de forma más civilizada; mientras que él usaba una camisa y pantalones ajustados además de su confiable capa de piel de lobo, la propia Masha usaba un vestido de una pieza con una falda que era más larga atrás, mientras que a su vez caminaba descalza.
Ambos eran miembros del cuerpo independiente de caza; realmente lo que eran era prácticamente limpiadores de alimañas, viajaban a cotos de caza y a la cercanía del puesto en solitario y sin equipamiento ni caballos a limpiar bestias; como ciudadanos ordinarios de Ulheim sin entrenamiento ni vivienda solo podían aspirar a un puesto de segunda como ese con una paga de mierda además.
Y ahora ambos estaban esperando en la fila de entrada al puesto de avanzada a través de un punto de control; prácticamente este lugar era el paso fronterizo hacia los dominios de facto de Ulheim.
—No es que la haya olvidado, simplemente no la he visto más —se encogió de hombros Ducanor—.
Creo que tiene un prometido en un pueblo al sur y fue a casarse.
Sus palabras dejaron con una expresión en blanco a Masha, que observaba a su hermano como si no supiera si creerle o no, pero viendo su expresión estúpida e inocente, incluso Masha, que era la que más se quejaba en su corazón de la actitud despreocupada y casi infantil de Ducanor, no pudo evitar conmoverse.
—Ay, mi pobre hermano, supongo que una perra te ha engañado; simplemente te usó para su propio beneficio dejándote con el corazón amargo, ¿cierto?
—murmuró ella con una expresión llena de lástima mientras acariciaba el hombro de su hermano.
Mientras tanto en la mente del propio Ducanor no pudo evitar sentir un poco de confusión ante lo rápido que las cosas se habían torcido.
«Espérate, ¿ahora yo soy el bueno?, ¿el pobre desgraciado que una mujer sin corazón dejó de lado?», pensó estupefacto.
Aunque tuvo la tentación de decir que realmente no pensaba mucho en esa relación pasajera que tuvo con esa chica que trabajaba como camarera en un restaurante, no pensaba desaprovechar esta oportunidad para que Masha dejara de joderlo.
«Bueno, esta conclusión no le hace mal a nadie», pensó Ducanor, mientras finalmente atravesaba la fila de entrada del puesto de avanzada ingresando finalmente a Octavia, su nuevo hogar.
…..
La ciudad estaba en silencio, o por lo menos era tranquila; el sonido del trabajo y las labores cotidianas de sus habitantes no abrumaba los sentidos de sus habitantes, y tanto hombres como mujeres las realizaban sin ni un pensamiento de una vida mejor o un futuro claro.
Ellos eran Feys; el futuro era impredecible y la desgracia común; pensar más allá del ahora era un lujo que no podrían permitirse.
—¿Lo has oído?, el Hegemón pronto marchará hacia el sur —dijo un joven de aspecto atractivo, mucho más bajo que la mayoría de Feysir y mucho más guapo y delicado que la mayoría de Feys; incluso algunas mujeres Fey palidecerían en comparación a él.
Para desgracia de una gran cantidad de hombres de la ciudad, era un hombre en todo el sentido de la palabra y su nombre era Uisuk Naohar y era un buen amigo de Ducanor así como hijo de una rama noble de Naohar, que era el señor de las tierras de Usghnagh que eran las tierras más al norte en el dominio de Ulheim.
Uisuk tenía el cabello negro como una mata de plumas de cuervos, la piel pálida como la nieve y mejillas rojas y sonrojadas como un tomate; si no fuera por Ducanor probablemente varios hombres ya se hubieran aprovechado de él, incluso si supieran que tenía algo colgando ahí abajo.
Después de todo a pesar de su estatus de alta cuna, era un hijo menor de una concubina de un señor empobrecido por lo cual su única ventaja en cuanto al resto de los mortales era su educación y aspecto.
—¿A qué Hegemón te refieres, al que está en Tara o al que está sentado en su trono dorado al otro lado del mar invadiendo nuestras tierras?
—gruñó Ducanor; él realmente no tenía demasiado interés o lealtad hacia el Hegemón de Tara, pero era mejor que un gobernante extranjero, pensaba él.
En ese punto de su conversación, repentinamente dos sombras llegaron a su mesa; ambos estaban sentados en la taberna del Ojo de Gato, de la cual eran clientes asiduos.
Las dos sombras, una de ellas era nada menos que Masha, quien estaba agarrando varias cervezas para traer al grupo, y seguida de ella estaba una segunda figura femenina.
Tenía una apariencia mucho más pequeña que la propia Masha, que medía mucho más de los dos metros y medio, pero seguía superando los dos metros de altura por poco; estaba vestida con un vestido floreado de tonalidad blanca con una falda larga y sandalias con un diseño de flores.
Su cabellera verde de una tonalidad brillante y vívida como la del césped en un jardín idílico caía por su espalda revelando un rostro ovalado y casi infantil con ojos grandes y con labios y nariz pequeña.
Su nombre era Hebith Catan y al igual que Uisuk era una buena amiga de Ducanor además de una hija de un clan en decadencia de Ulheim, y que junto a la propia Masha formaban un pequeño grupo.
—No pensé que se animarían a beber —dijo con una sonrisa jovial y despreocupada Ducanor mientras arrebataba una de las cervezas de las manos de Masha y empezaba a beber de inmediato, dejando que el amargo dulzor del alcohol y su calor corriera desde su estómago hasta su cabeza.
—Oye, no deberías beber tan rápido, vas a terminar tirado en el suelo y voy a tener que arrastrarte a tu casa —gruñó Uisuk mientras le suplicaba inútilmente a Ducanor por tener algo de autocontrol, algo que lamentablemente no conocía por lo menos bebiendo.
Hebith sonrió amargamente al ver que probablemente el día terminaría antes por culpa de Ducanor, pero dejando de lado eso le preguntó a Uisuk: —¿De qué hablaban?
—Nada, simplemente comentaba que probablemente las cosas van a estar movidas por el sur por culpa de los Hegemones —murmuró algo más con la lengua suelta Uisuk mientras bebía el primer frasco de cerveza que fluía por su boca.
—En el norte no necesariamente van a estar tranquilas —murmuró Hebith mientras agregaba al ver que había ganado no solo la atención de Uisuk sino de incluso Ducanor y Masha que parecían estar compitiendo por quién tenía más aguante en el arte de beber—.
Después de todo hay rumores de invasión del monarca Gótico a las tierras del emperador Cirílico.
La expresión del grupo se arrugó ante esa información aunque en este punto no era algo que podían controlar; después de todo ellos eran jóvenes, no habían vivido la guerra; por lo menos en el norte este era un concepto todavía lejano a pesar de las tensiones entre los Hegemones.
Mientras la conversación pasaba a un tono mucho más denso para el gusto de Ducanor; sinceramente no le interesaba demasiado la geopolítica del reino mortal; lo que hicieran o no hicieran los Hegemones, el soberano Dragón o incluso el rey Blanco lo tenía bastante sin cuidado.
—¿Qué piensas Uisuk?
—preguntó Ducanor con voz grave que resonó a lo largo de la instancia—.
¿Quieres unirte al ejército de un señor bajo el Hegemón o quieres ser un cazador de bestias el resto de tus días mientras bebemos cerveza todos los días del vientre de doncellas?
Unas risas alegres se expandieron por los alrededores mientras se contagiaban los demás borrachos empedernidos y otros comensales en el humor jovial; ellos eran Feysier, habían nacido para la batalla, el alcohol y las mujeres; si pudieran, la mayoría también desearían tener tetas y que saliera cerveza de sus pezones.
Riéndose histéricamente ante sus pensamientos borrachos, Ducanor tiró todo su peso sobre la frágil silla, haciendo que para su sorpresa cediera cayendo al suelo de espaldas.
La posada cayó levemente en silencio, mientras un algo mareado Ducanor se levantaba casi avergonzado y manchado de polvo y cerveza; lamentablemente Ducanor Kal Arreus no tenía vergüenza.
—Al parecer los ancestros quieren que beba de pie, ¿quién quiere otra ronda de Nox?, yo invito —con una sonrisa que parecía casi dividir su rostro, típica de un borracho, Ducanor sacó otra cerveza de la mesa mientras sentía el calor y el dulzor espeso del alcohol llegar a su estómago junto a una sensación de que prontamente todo el líquido subiría por su esófago hasta su garganta.
Las risas se expandieron mientras que Ducanor agarraba una segunda silla para sentarse con una expresión un poco más sobria.
—¿En serio piensas unirte al Magister?
—preguntó Uisuk con algo de preocupación mientras observaba a Ducanor.
Él sonrió simplemente.
Masha parecía algo molesta por la conversación mientras desviaba la mirada mientras que Hebith se quedaba en silencio; se conocían demasiado bien, conocían sus aspiraciones; Ducanor no se contentaría cazando bestias o uniéndose a un secta como querían Uisuk o la propia Hebith.
O tampoco podría ser como Masha viviendo en lo salvaje matando bestias.
Ducanor tenía su propio camino; la emoción del combate, la excitación de luchar con tu vida al hilo, el duelo, el asesinato, la muerte; y las comodidades de las civilizaciones no eran cosas a las que él pudiera renunciar por el bosque y el silencio, o una vida asceta.
—Claro que sí, la batalla es gloria, y la sangre derramada es el alcohol de la tierra, ¿cómo podemos quitarle a la Gran Madre su bebida favorita?
Y con una sonrisa emocionada esperaba ya la próxima guerra, la próxima batalla, su propia muerte.
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