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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 42

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Capítulo 42: Capitulo 42

El suelo temblaba ante el paso de las figuras de color ámbar. Eran muy altas, más altas que cualquier hombre o mujer de cualquier raza mortal, y con una opresión que ningún ser racional sería capaz de no sentir con respeto y temor.

El caos se había extendido con una rapidez absurda.

No eran monstruos de leyendas los que estaban saqueando la ciudad, sino los mismos ciudadanos: argénteos empobrecidos, e inclusive férreos y otras razas subordinadas a la Hegemonía. Era una rebelión abierta, de hombres y mujeres. Una rebelión de la clase más baja de la sociedad, esclavos siendo liberados, siervos matando a sus amos. La libertad estaba en sus manos, podían alcanzarla, solo debían derramar sangre por ella.

—Qué ilusos —dijo una figura siniestra que surgió repentinamente detrás del cabecilla del grupo de guerreros color ámbar—. Buscan la libertad, pero morirán siendo esclavizados más allá de la muerte.

—Quién no es esclavo en este mundo —respondió con indiferencia el líder del grupo.

Era el único que usaba un casco diferente al diseño tosco con una visera para la nariz y ojos. Tenía un casco con cresta similar a la de un crin, pero de color púrpura, y dos plumas en el área de las orejas. Esa figura imponente, que superaba los tres metros pero inclusive parecía diez veces más alta por su aire opresivo, miró con frialdad a su homóloga.

Una figura igual de siniestra.

Tenía cuatro pares de extremidades; las superiores eran dos tenazas como las de un cangrejo, y las otras dos unas manos delicadas de tonalidad mármol pálido. Una cola de escorpión golpeaba el suelo rítmicamente. Tenía dos pares de piernas ordinarias hasta la altura del pie, que terminaban en patas con solo dos dedos quitinosos. Mientras, su rostro, distorsionado con líneas negras como la brea que manchaban su piel, mostraba unos colmillos que sobresalían de sus labios.

Esa criatura era un Azogue, la distorsión de la raza argéntea, pero obviamente no era un azogue ordinario: su cabello escarlata brillante la delataba.

—Interesante respuesta, Capitán Primus. Pero no tengo interés en conversar con usted más de lo necesario. Mi señora me ordenó vigilarlos para que cumplan su trabajo. Sus órdenes son claras: destruyan el culto y tendrán una recompensa —dijo con un tono sardónico la mujer.

—Tu maestra ya fue suficientemente clara —respondió con indiferencia Primus—. ¿Pero no te molesta que mate a tus parientes?

Sus palabras tenían una provocación y maldad propia de un intrigante, pero había una sinceridad extraña en ellas, casi inocente.

—No tengo parientes, Primus. Al igual que tú.

Y con esas últimas palabras, simplemente su figura se desvaneció en las sombras como había llegado. Y así, el grupo de guerreros, como cazadores que habían llegado a un bosque lleno de bestias, comenzaron su masacre.

….

Ella logró apenas salir del suelo, cuando, aturdida, fue deshaciendo su forma casi intangible mientras atravesaba el piso sólido.

La criatura feral que había retenido a Korelia era un miembro de la raza de mercurio, un azogue, criaturas de aspecto bastante feral. Los azogues tenían un aspecto grotesco para los estándares argénteos; después de todo, eran una degeneración de ellos. Pero si hubiera que describirlos, sería algo similar a los hombres bestia de la ficción: rostros toscos y de aspecto antiestético, con pelaje cubriendo sus caras y cuerpos, así como características de otros animales similares a lobos y perros.

En ese momento había usado la estrategia más vieja del libro de la guerra:

—Adiós.

Retirarse. En un instante había corrido decenas de metros, huyendo rápidamente.

—Maestra, la siento, ¿dónde está? —escuchó una voz preocupada y familiar.

Sonriendo, Korelia murmuró: —Lunes, encuentra la base del culto rápido, apresúrense al lugar…

Con esas palabras, repentinamente su campo de visión se amplió, pudiendo percibir no solamente a decenas de metros a su alrededor, sino también el campo de visión ampliado de la propia Lunes gracias a su telepatía, ya que podía ver a través de los ojos no solo de Korelia, sino de todos los seres vivos en un área de quinientos metros.

«Por lo cual me alegro de haberle dejado a Lunes mi firma psíquica con ella», pensó para sí misma Korelia con una sonrisa mientras esperaba la llegada de sus subordinados.

Pero entonces apareció el azogue. Su apariencia era bastante tosca, de cabello amarillento y nariz aguileña, además de una espalda desgarbada y un rostro cubierto de parches de pelo en varios sectores de la piel.

A pesar de ese aspecto de vagabundo, cuando liberaba su poder era suficiente para suprimir inclusive a un noble ordinario.

Atravesó el aire con una velocidad que ningún humano, ni siquiera entrenado, podría igualar, y agarró las cadenas que, a pesar de no limitar sus movimientos, seguían atadas a los pies y brazos de Korelia. Y sin decir ni una palabra la tiró; de un fuerte tirón, el cuerpo de Korelia cayó al suelo con violencia mientras su figura maltrecha y casi semidesnuda se revelaba ante los ojos del monstruo.

La destreza física de Korelia era baja y no podía resistir físicamente a un noble, mucho menos a una bestia como esa.

Durante un breve instante, sintió la lujuria animal que tendrían muchos hombres con menos impulsos y tal vez más sabios que ese azogue, pero el miedo brilló en su mirada ante el pensamiento del precio que pagaría por hacer lo que quería hacer. Aunque la propia Korelia no sabía a qué temía.

Aun así, Korelia reaccionó rápidamente. En un instante el aire comenzó a llenarse de monóxido de carbono; en cuestión de segundos la habitación se saturaría por completo e inclusive un noble perdería el conocimiento. Pero justo cuando pensaba locamente en llenar toda la habitación de gas letal a costa de su propia salud, mientras el azogue se acercaba con una mirada lujuriosa…

Una cabeza salió volando.

El cuerpo del azogue tardó unos instantes en comprender qué estaba pasando antes de caer al suelo, quedándose totalmente quieto.

Suspirando, Korelia miró a su subordinada, mientras recién se daba cuenta de que casi se había suicidado; Martes apareció de las sombras portando dos kukris hechos de acero carmesí.

—Llegaste más rápido de lo que pensé, Martes —dijo ella con una sonrisa, mientras evaluaba su propia desnudez con una expresión indiferente.

Martes rápidamente desvió la mirada y le entregó una muda de ropa, que Korelia se puso rápidamente mientras le explicaba el caos de la sección exterior de la ciudad de Tesara. O por lo menos, una parte menor de esta.

La ciudad era grande, vivían un cuarto de millón de personas. La rebelión había provocado un caos generalizado, pero no demasiado exagerado ya que, como si la sombra de la muerte llegara sobre ellos, al terminar la noche la sangre se había secado y la urbe había vuelto a una tranquilidad tensa.

—Algo los asustó, pero no a nosotras. Al parecer, algo más se está moviendo en las sombras aparte de nosotras…

Pero antes de que pudieran pensar mucho en ello, la consciencia de Korelia se nubló. El agotamiento físico, sumado al gas tóxico que ella misma había liberado, le pasó factura. Sin comprender qué estaba sucediendo, la nada la devoró por completo, como si de una segunda muerte se tratase.

…

La situación se había resuelto de forma rápida, tal vez demasiado. Al parecer, una rebelión de este tipo no era tan épica como lo pensaba anteriormente, y además había ganado más preguntas que respuestas en el transcurso de aquello.

El palacio del princeps estaba ajetreado y no había vuelto a ver a ningún azogue sospechoso. Los legionarios Ónyx la dejaron tranquila luego de derramar unas pocas lágrimas; al parecer, la historia de que habían sido rescatadas por una persona que generó un caos dentro de los azogues había sido más plausible de lo que imaginaba, y la dejaron en libertad al poco tiempo.

—Mi señora, han llegado noticias —una figura pequeña y delgada surgió de la puerta de su habitación emitiendo un aroma a jazmín y medicinas. Era Bihar, o mejor dicho, Martes, aunque esta era la identidad que había formado para mantenerla informada sin levantar sospechas.

—Dime —dijo ella.

Estaba prácticamente desnuda, vistiendo apenas un camisón de muselina tan delgado que su cuerpo se transparentaba a través de él. El Continente del Sur era cálido a diferencia de las frías mañanas del Continente del Este; este calor hacía que inclusive no pudiese evitar pensar en moverse desnuda por toda la ciudad, pero obviamente eso sería imposible.

—Al parecer, la razón por la que todos están nerviosos en el palacio es por la llegada de los Cazadores Elektrum —dijo Martes con un tono solemne mientras fruncía el ceño, aparentemente preocupada.

La apariencia de Martes, fuera de su atuendo usual y su máscara, era bastante ordinaria; tenía un rostro hermoso y dulce, lo cual la hacía parecer inclusive una doncella. Tenía la piel de tonalidad aceitunada a raíz de su ascendencia Feymor, además de un cabello escarlata claro, cayendo casi en el rosado.

—¿Los Cazadores Elektrum? —preguntó estupefacta Korelia, mientras intentaba procesar esa información.

Existían varios magisterios dentro de la Hegemonía, por ejemplo: el Magisterio de Ónyx, encargado de la seguridad pública y la vigilancia; el Magisterio de Achates, encargado del comercio y la recaudación de impuestos; o el Magisterio de Adamas, encargado del gremio de albañiles e ingenieros.

Esta organización de magisterios había sido instaurada en los tiempos de Donallus, aunque, después de más de veinte hegemones a lo largo de miles de años, varios magisterios habían desaparecido y habían surgido otros.

Y uno de los más misteriosos era uno de estos últimos: el Magisterio de Elektrum, dirigido por los Cazadores Elektrum. Los rumores eran variados respecto a sus funciones; algunos decían que era un cuerpo de asesinato especializado, otros hablaban de la guardia personal del hegemón, pero su presencia siempre suprimía inclusive a otros magisterios y a los propios arcontes, nobles que se suponía debían estar por encima de cualquier otra rama de poder.

La expresión de Korelia se transformó en un suspiro mientras su mente iba en varias direcciones.

—¿Has logrado deducir algo? —le preguntó a Martes.

A pesar de tener poca información, debería ser suficiente para saber algo básico respecto a ellos.

—Ese es el problema, maestra, no he podido descubrir nada. A pesar de tener su nombre, es como si su presencia fuera un error dentro de una ecuación, una anomalía. —Los ojos de Martes brillaban de frustración, señal de que no estaba mintiendo; realmente había algo que no podía descubrir.

Un sentimiento incómodo inundó la mente de Korelia mientras sentía que su párpado temblaba ligeramente. Aturdida, frunció el ceño mientras una sensación extraña, como si algo importante estuviera a punto de ocurrir, cubría su mente. El sonido de la puerta siendo golpeada la sacó de sus pensamientos.

Una doncella entró a la habitación y le entregó una nota a Martes. Ella no la leyó, sino que rápidamente se la entregó a su señora.

Extrañada, Korelia sintió una punzada de precaución mientras acercaba la nota a su rostro. Cuando finalmente la tuvo en las manos y la leyó, quedó estupefacta al ver que solo contenía una frase:

«He perdido mi cabeza.»

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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