Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 46

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Ciclo de fresno y hierro
  4. Capítulo 46 - Capítulo 46: Capitulo 46
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 46: Capitulo 46

El sabor del aire llenaba su boca mientras montaba a gran velocidad en dirección al ruido. Si había algo que Ducanor sentía en este momento, era emoción.

Mucha emoción…

Ducanor era alguien bastante irascible; la única razón por la que no había huido y se había ido a la mierda abandonando esta comitiva era por la deuda que existía entre él y estos hombres y mujeres que le habían salvado la vida antes.

Pero no tenía lealtad alguna hacia ellos, y realmente le aburría sobremanera el hacer las tareas domésticas del grupo y actuar como un siervo en todo momento.

Lo aburría enormemente, y la frustración de todo aquello tenía que salir de alguna forma.

¿Y qué era esta situación si no la excusa perfecta para armarse a golpes con unos desconocidos?

—Ayuda. —En medio del fuego que se estaba extendiendo en el bosque, a pocos metros de distancia del núcleo de la explosión, había un rastro de sangre púrpura que terminaba en una figura en un charco de sangre.

—Mierda —gruñó Ducanor. Rápidamente intentó descender de su caballo, pero en ese momento el peligro llegó.

Un vehículo gigante y desconocido surgió de la distancia y, antes de que pudiera reaccionar, una especie de cilindro en su parte frontal apuntó hacia él, y entonces el aire se llenó de fuego y pólvora.

Dos cuerpos cayeron al suelo, mientras el enorme caballo pura sangre caía muerto, cuando la mitad de su cabeza fue convertida en una masa sanguinolenta de carne y sangre, que cayó al suelo.

El propio Ducanor perdió el equilibrio y apenas logró reaccionar mientras caía debajo del caballo.

Mientras tanto, del vehículo desconocido para él, bajó un grupo de cuatro hombres de armadura color rojo oscuro, los cuales portaban como arma una especie de jabalinas con un mango grueso que se aferraba al brazo.

—Mierda, ¿por qué siempre termino en las batallas de la peor manera? —gruñó furioso Ducanor, mientras inmediatamente materializaba su primera runa dhármica.

En unos instantes, su fuerza y velocidad habían aumentado mientras se deslizaba rápidamente debajo del cadáver del caballo.

—Está muerta —gruñó uno de los hombres, el cual tenía en el casco una especie de máscara mortuaria de color rojo granate.

—Al parecer está agonizando, capitán —dijo el hombre sin expresión alguna debajo del casco.

—Bien, mátala y llévate el cadáver, y también llevemos el cuerpo de este entrometido; no debemos permitir que nadie más se entere de que estuvimo…

Una lanza de hielo explotó repentinamente cuando chocó contra su penacho, mandándolo a volar.

Estupefactos por el ataque pero aun así preparados, los legionarios en un instante se formaron espalda contra espalda, mientras apuntaban con lanzas en todas direcciones.

Entonces él se reveló.

—Sorpresa, hijo de… —La lanza de hielo en su mano explotó con fuerza antes de que llegara a su objetivo, cuando un proyectil le impactó, y para su sorpresa…

No era uno solo.

Decenas de proyectiles se dirigían hacia él; la vista dinámica de Ducanor era apenas lo suficientemente rápida para detectar los proyectiles del tamaño de un dedo.

Pero su cuerpo no podía moverse tan rápido como quisiera. El aire a su alrededor empezó a espesarse mientras reducía la velocidad de las balas, congelándolas parcialmente.

—Maldita sea, eso es trampa, luchen como hombres, maldita sea.

Mientras corría, una de esas balas atravesó su rodilla destrozándola, pero a pesar de ello no sintió mucho dolor; extrañamente, se sentía extremadamente bien.

Mejor que bien.

Cubriéndose detrás de un árbol, sintió cómo los proyectiles impactaban contra el mismo, y al mismo tiempo observaba cómo llegaban más de esas extrañas moles de metal de las cuales salían más personas.

«Creo que me sobrestimé», pensó Ducanor con cierta sorpresa, mientras sentía cómo el árbol se estremecía.

—Ríndete, mocoso, si quieres vivir sal de ahí con las manos arriba. Somos la Legión Iaspis, somos la Hegemonía. Ríndete y solamente serás fustigado por tu insulto —dijo uno de los hombres.

—Ah, entonces ustedes son la Legión Iaspis. Qué decepción, yo pensé que serían más educados. —Repentinamente, a la distancia surgieron varias sombras que estaban montadas, a su vez, en diferentes vehículos similares a los de esta legión, pero con una apariencia más agradable a la vista, con un diseño curvilíneo.

El que lideraba este nuevo grupo era un hombre de mediana edad de cabello corto de tonalidad plomiza.

—¿Quién eres tú, mercenario? ¿Acaso no reconoces los emblemas de la legión? —gruñó con furia el capitán, mientras apuntaba con sus extrañas lanzas al grupo.

Pero repentinamente uno de ellos apuntó con una especie de lanza similar, pero con un cilindro en la parte delantera mucho más amplio.

—Esto es una jabalina Iaspis, esto es lo que ocupa la legión, no esa basura —dijo con una sonrisa el hombre—. Además, es optio, no capitán.

Y entonces la expresión del legionario debajo de la máscara pareció vacilar.

Reinó el silencio.

En ese momento de tensión, todo terminó cuando resonaron las palabras:

—Mátenlos a todos.

…..

Ducanor no entendía qué estaba pasando, pero aun así sonrió mientras rápidamente se escabullía hacia la chica herida.

Con los disparos y proyectiles en todas direcciones, Ducanor usó su runa dhármica para defenderse y atacar sigilosamente, cuando repentinamente una figura alta como una torre surgió de la oscuridad, golpeando directamente con el pomo de su arma en la cara, aturdiéndolo mientras caía.

—Malditos hijos de puta, muere.

Un dolor agudo inundó su espalda, mientras esta era atravesada por el proyectil ardiendo, quemando parcialmente sus nervios por el dolor.

Pero entonces, en ese preciso momento, como si de una iluminación se tratase, Ducanor lo vio.

Con una claridad absurda, no solo lo vio, lo sintió; el proyectil en su espalda tenía una forma, tenía una forma cilíndrica, pero terminaba en una punta cónica, tenía vértices bordeándolo, además de que su peso era diferente en cada sección.

Era una artesanía.

Y ahora estaba grabada en su mente y cuerpo.

Mientras el legionario desconocido pensaba ocultarse en las sombras, para evitar disparos para luego unirse al tiroteo.

Entonces algo atravesó su cráneo. Estupefacto, no comprendió quién había sido, estaba oculto, su propio casco era resistente y resistiría una bala de ese calibre, e inclusive si no fuera así, era un noble, su piel y huesos podrían…

Pero no pensó demasiado, porque la bala que atravesó su cabeza como si fuera mantequilla explotó.

Dejando tras de sí una lluvia de cristales de hueso y sangre congelada.

Mientras que Ducanor sonreía luego de apuntar con su índice a su enemigo y también maestro; después de todo, no era solo un enemigo, sino un maestro que le enseñaba cómo matarlo y viceversa.

«Jajaja, qué filosófico me puse», pensó riendo, mientras el dolor de su columna aumentaba, pero su movilidad también. «Me estoy volviendo como Uisuk, me pregunto cómo estarán», pensó con tristeza.

Pero mientras se levantaba a duras penas, no era consciente de que, en su espalda, el hueso destrozado de su columna vertebral, que era como hierro y plata, cambió; se regeneró, reemplazando dolorosamente el hueso viejo por un hueso dorado, mientras al mismo tiempo una pequeña capa de escamas doradas empezaba a cubrir tanto la herida de su espalda como su rodilla.

A pesar de ello, Ducanor lo ignoraba, ya que pensaba que el dolor era a causa de la propia herida y no de la transformación en tiempo real que estaba sufriendo su cuerpo.

Y no lo sabría en mucho tiempo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo