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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 47

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Capítulo 47: Capitulo 47

Tolrik llegó cuando la batalla estaba en su punto más alto, y en unos instantes tanto él, como Fernand y Gedik, se cubrieron rápidamente de los disparos que volaban en todas direcciones.

—Mierda, qué es esto, una maldita batalla a campo abierto —gruñó Fernand estupefacto, mientras usaba su sello de destino para crear una barrera de agua.

En un instante recitó:

—Evocatio, portuno.

El agua empezó a fluir por el suelo como si fuera una inundación, haciendo que el intercambio se detuviera momentáneamente.

Y ese momento aprovechó Gedik.

—Espada, ve —murmuró con toda su voluntad. La espada en su funda se desenfundó por sí misma, y flotando en el aire se disparó hacia adelante con una fuerza y velocidad que nadie de los presentes fue capaz de comparar.

Mientras volaba hacia su objetivo, que no era ninguno de los presentes. Sino que el propio vehículo de la Legión Iaspis.

La espada se dividió en decenas de sombras, que bombardearon el vehículo destrozándolo por completo, cubriendo con una explosión el combate, nublando la visión de la mayoría.

—Un espadachín —gruñó sorprendido uno de los legionarios mientras intentaba retroceder.

Lamentablemente, una lanza atravesó su pecho mientras era herido de gravedad, siendo arrastrado por el resto de sus compañeros a retirarse.

La huida de los legionarios sorprendió ligeramente a Tolrik, que se dio cuenta de que su destreza no variaba mucho a la de mortales comunes si no fuera por su armamento.

Tolrik pensó en seguirlos, pero se detuvo al darse cuenta de que un grupo diferente estaba presente.

Y no los reconocía para nada.

—Al parecer tenemos nuevos invitados —dijo el que parecía ser el líder del grupo, mientras se limpiaba el sudor del rostro con el dorso de su mano.

—Sí, al parecer lo somos, oímos un grito de ayuda y vinimos a revisar —dijo Tolrik mientras se revelaba de entre las sombras—. Mi nombre es Tolrik, heredero del señor del Clan Kongqueror, a su servicio, señor…

La expresión del hombre cambió ligeramente al escuchar esas palabras, mientras la esquina de su boca temblaba ligeramente, mientras miraba a sus compañeros, que igual de sorprendidos que él, tenían la boca abierta.

—Así que el joven señor del Clan Kongqueror, qué coincidencia —dijo con una sonrisa—. Nosotros veníamos a reunirnos con un tal Dracma, enviado del señor del clan. ¿Acaso él estará con ustedes?

—Si buscas a Dracma, lo tienes ante ti, muchacho. —Como si se tratara de un espectro, el anciano jovial surgió cabalgando a paso lento su propio caballo ferghana mientras decía esas palabras en voz alta—. Y me imagino que ustedes son los Hermanos Grifo.

—Davin, para servirles, caballeros —dijo inclinándose cortésmente el hombre fornido.

—Estos detrás de mí son mis hermanos y hermanas del grupo: Michel, Sandro y Botice.

Haciendo eco de sus palabras, tres personas hicieron aparición portando cada uno armas diferentes.

Michel parecía ser una especie de artesano, ya que llevaba en las manos lo que parecían ser bombas espirituales y munición atada en la cintura y los hombros.

Sandro parecía ser una especie de francotirador, ya que portaba un rifle espiritual con forma de arco curvo.

Mientras que el último de los integrantes del grupo era una mujer de aspecto sombrío. Tenía la piel pálida y parecía ser una mestiza, pero lo más curioso era que sus labios eran azules, y parecía cubrir la mayor parte de su piel con tela similar a seda y muselina, mientras portaba como armas agujas y cuchillas que le daban una sensación de peligro a Tolrik.

«Qué grupo tan variopinto», pensó para sí mismo Tolrik, mientras rápidamente se adelantaba y comenzaba una conversación cordial con el grupo, junto con Dracma.

Cuando repentinamente recordó algo que había olvidado inconscientemente…

—Esperen, ¿y la chica herida? —preguntó, dándose cuenta de su error tanto Tolrik como Davin, que inmediatamente fueron a los restos del velocípedo.

Donde encontraron rápidamente a dos figuras agazapadas, una de ellas alimentando a la otra.

Rápidamente Tolrik reconoció a la figura de su propio siervo, alimentando con su sangre a la inconsciente chica, que sorprendentemente seguía con vida, aunque semiconsciente.

—Joven maestro —dijo con una expresión extraña el siervo—, se tardaron demasiado. Es una suerte que haya probado usar mi sangre para intentar curarla.

Dejando estupefactos a todos los presentes, cuando repentinamente la chica semiconsciente se incorporó, ignorando el hecho de estar aún gravemente herida, y gritó:

—Por favor, salven a mi maestra. Ella está secuestrada por el princeps, él está provocando la guerra, él… —pero antes de que sus palabras pudieran terminar de pronunciarse, perdió finalmente la conciencia.

Aunque al parecer su vitalidad se seguía recuperando. Pero aquello no era lo que preocupaba al grupo recientemente reunido, sino la propia apariencia de la mujer.

Porque claramente era una gigante.

….

Desearía que después de eso se desarrollara una batalla de proporciones titánicas, que luego de mucha sangre y lágrimas se resolviera a favor de los héroes que finalmente liberaron el mundo del mal…

O algo así. A Ducanor nunca le interesó mucho la historia, a pesar de que Uisuk decía que si le gustaba tanto pelear, debería escuchar la vida y muerte de tantos héroes y generales de la antigüedad.

Pero Ducanor no era de los que admiraba a los héroes del pasado, era alguien que admiraba a los vivos. Los muertos no le importaban en lo más mínimo, especialmente los muertos de hace miles de años que ni siquiera conocía.

¿Cómo podría admirar a un desconocido?

Si había alguien a quien admiraba era a su madre, bueno, madre adoptiva. La madre biológica de Masha, ella era la única persona que realmente admiraba y respetaba más que a cualquier persona en el mundo.

«¿Por qué estoy pensando tantas tonterías?», pensó para sí mismo Ducanor mientras se arreglaba, portando una toga con bordes rojos y púrpuras.

La incomodidad de la toga le hizo sentir extraño mientras se arreglaba el nudo que ataba su pecho.

—Mierda, ¿por qué tuve que aceptar esto? —dijo mientras caminaba de un lado a otro dentro de la habitación.

Ahora la pregunta sería cómo diablos llegó a esta situación él.

Bueno, la razón es bastante simple: la chica que rescataron curiosamente era nada menos que una esclava de la hermana del actual rey de los gigantes.

Ella había sido secuestrada hace pocos meses por uno de los princeps y mandada hacia Edna para ser retenida, pero en el traspaso a esta nueva prisión, ella aprovechó para ordenar a su esclava escapar y pedir ayuda. Su objetivo en un principio era llegar al propio señor de Ulheim.

Pero inesperadamente se había encontrado con Tolrik.

Y actualmente el objetivo de Tolrik era nada menos que rescatar a la princesa, y para ello necesitaba infiltrarse dentro de la alta sociedad de Edna, pero su propia identidad era conocida.

Y para ello usarían una invitación a una fiesta de la alta sociedad que se realizaría el día de hoy. Esta invitación curiosamente era el regalo misterioso que le había dado Ulrika, haciendo que Ducanor pensara que tal vez ella supiera algo.

Pero ella no estaba aquí en este preciso momento.

Por lo cual ahí entró Ducanor, quien era un siervo desconocido y sin nombre.

—¿Por qué yo? ¿No pudieron haber usado a Fernand o a Gedik? —había dicho en un intento de resistirse, pero los argumentos eran difíciles de rebatir.

Fernand era conocido dentro del círculo de la región de Ulheim, mientras que Gedik era demasiado mayor para pasar desapercibido como un noble que fuera a fiestas, mientras que el grupo de mercenarios no tenía experiencia en este tipo de misiones de infiltración.

—¿Y acaso yo tengo? —había intentado decir, pero finalmente no dijo nada y se rindió a su destino, cuando sorpresivamente Gedik dijo que era, probablemente después de Tolrik, el más atractivo del grupo a pesar de su tamaño y cuerpo relativamente fornido, a diferencia de Fernand o los mercenarios, además de que era joven.

Actualmente estaba en una habitación en una propiedad del Clan Kongqueror en la parte rica de la ciudad; los supuestos legionarios Iaspis al parecer solamente eran un grupo de siervos o guerreros del propio princeps con falsificaciones.

Por lo que no tuvieron ningún problema al ingresar a la ciudad, mientras ocultasen la identidad de la chica gigante.

—¿Estás listo? —preguntó una voz llena de urgencia, y sin siquiera avisar, entró a la habitación la chica gigante.

Dejando estupefacto a Ducanor al verla esta vez con claridad. La chica estaba malherida cuando la había encontrado; ahora estaba cubierta de una armadura pesada de color negro con marcas violetas, con un par de cuernos curvos en la parte superior, sin dejar que ni un milímetro de su piel fuera descubierta.

—Apresúrate, debemos llegar temprano —dijo, instándolo mientras, sin ninguna etiqueta, ayudaba a vestirlo poniéndole encima de la toga una túnica larga de color azul oscuro, para la ocasión.

Ducanor no habló y simplemente se dejó estar mientras era ayudado por la chica gigante.

—Esa armadura, ¿de dónde la sacaste? —preguntó estupefacto. No recordaba que ella hubiera sacado una armadura de los restos de ese extraño vehículo.

—Esta no es una armadura, es la materialización del aura —dijo educadamente la esclava.

Ducanor asintió y no preguntó más. Recordaba vagamente que Masha se había referido a sus habilidades innatas como gigante como aura, pero no recordaba exactamente en qué consistían.

—Ya veo. Por si acaso, ¿cuál es tu nombre? —preguntó Ducanor, mientras ella ponía las manos sobre su pecho mientras enderezaba su túnica.

—¿Acaso el maestro está interesado en mí? —preguntó con un tono coqueto la chica gigante. No se había fijado antes, pero era bastante alta; no era tan alta como Masha, pero era casi tan alta como él, llegando a la altura de los ojos.

Su rostro estaba cubierto por su casco impidiendole verlo, pero recordaba vagamente que tenía el cabello de un blanco azulado con facciones delicadas.

—Mi nombre es Leona —dijo con su voz distorsionada por el casco—. Esté seguro, lo protegeré, señor Shiva Texus.

A lo cual él simplemente respondió con una sonrisa.

Después de todo, ahora esa era su identidad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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