Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 5
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5: Capitulo 5 5: Capitulo 5 Año 30 antes de la ascensión del monarca celestial Silencio y sangre.
Y de pronto un bramido como el de bestias mecánicas.
El impacto de metal contra metal, motor contra motor resonó a la distancia.
Los dos duelistas intercambiaron estocadas con sus colosales y rugientes espadas, que silenciaron a la multitud.
El motor de las technoespadas se agitó en desafío mutuo mientras ambos trozos metálicos de más de dos metros se encontraban plantando cara a cara a los enemigos.
Dos hombres.
Uno de cabello negro como el ébano, cubierto de una chaqueta de cuero de un reptil desconocido y con un emblema de un lobo color ceniza; sus brazos desnudos por cortes sangrientos que se había infligido con su adversario estaban tallados de runas de color carmesí.
Mientras que al otro lado, un hombre joven, igual de alto, y bordeando los tres metros, se paraba erguido con una postura arrogante a pesar de las múltiples heridas y cortes que mostraban en su cuerpo.
Tenía un aspecto magno: cabello dorado como rizos de oro caían por su nuca como una melena de león; vestido con una capa blanca y un peto de cuero negro, portaba al igual que su oponente una technoespada.
Ducanor se movió primero.
La velocidad que manifestó fue suficiente como para aturdir a la multitud, que lo perdió de vista durante un instante.
Pero Talos no.
Su oponente, Talos Vesperia, recibió el ataque con rapidez inhumana mientras el motor de la espada bramaba con fuerza anticipando el impacto.
Ambos retrocedieron milimétricamente; en menos de una respiración, el brazo que había sido forzado hacia atrás por Ducanor y el cuerpo de Talos, que había sido empujado unos centímetros en el suelo, se movieron hacia adelante rompiendo cualquier contrachoque que hubieran recibido simplemente con brutalidad.
Y entonces comenzó el espectáculo.
Decenas de cortes, empujes y barridos llovieron en la arena de combate haciendo una semicircunferencia difusa alrededor de las figuras de ambos para la mayoría de espectadores; Después de todo, aunque la mayoría no eran Feysir sino más bien Feynir e incluso Feyolg , no eran comparables a la destreza física de cualquiera de estos dos guerreros.
El árbitro del encuentro, un hombre calvo que mostraba runas sánscritas en la nuca y el cuello, frunció el ceño mientras observaba el intercambio.
—Estos dos bastardos…
No he visto a dos tipos más belicosos desde los tiempos de los grandes reyes de Tara —gruñó para sí mismo mientras gritaba—: ¡Detengan el combate!
Se considera esto un empate.
Pero el combate no se detuvo; incluso parecía haber recrudecido.
Ambas espadas, casi tan grandes como la mitad de una puerta, impactaron después de decenas de roces en un gran impacto en el medio de la arena.
Ninguno habló.
No eran necesarias palabras; el rostro severo de Ducanor y el rostro con una arrogancia y altanería innata de Talos chocaron como si de otro par de espadas se tratase a través de sus miradas.
El pecho de Talos estaba desnudo después de todos los ataques que había sufrido e incluso la sangre fluía levemente por su piel, pero resplandeciendo en ese lugar había una runa que comenzó a emitir una ominosa luz púrpura.
La Runa del León del Crepúsculo.
Mientras que al otro lado, enfrentándose, la parte trasera del hombro izquierdo de Ducanor empezó a brillar a su vez con una runa de tonalidad blanco brillante oponiéndose al poder que manifestaba su contraparte.
La Runa de la Mariposa Yiyuan.
La luz cálida pero feroz chocó contra el aura escalofriante pero represiva; ambos, el León y la Mariposa, se enzarzaron en una lucha simbólica mientras los espectadores veían cómo las figuras de ambos oponentes se superponían con las bestias que representaban.
Esta vez de manera definitiva.
El párpado del ojo derecho de Talos fue cortado por las alas afiladas de la mariposa, cegándolo momentáneamente mientras la sangre cubría su vista mientras era empujado hacia atrás; mientras que al mismo tiempo, el león cortó con sus garras desde la esquina inferior del labio de Ducanor hasta la mitad de la mejilla, que fue cortada a su vez por la otra parte.
—¡Maldita mar, hijos de puta!
¿Acaso no les dije que el combate estaba terminado?
—logró decir el árbitro sorprendido mientras reaccionaba tardíamente, pero era demasiado tarde.
Ambas figuras cayeron hacia atrás sin armas y sin fuerzas.
Ambos perdieron la conciencia.
…..
—Hijo de…
—gruñó Ducanor mientras se levantaba de la cama en medio de la enfermería.
Gruñó ante el dolor agudo que sintió en su rostro mientras intentaba levantar su mano temblorosa.
—No te muevas, has recuperado hace poco la conciencia, no debes hacer sobreesfuerzo físico más allá de la rutina normal —dijo una voz femenina.
Era la doctora de la secta, así como la persona encargada de velar por la salud en general de los discípulos de la Secta de la Rama Sombría, y aquello de por sí era una gran responsabilidad que ni él mismo quería compartir.
—Gracias doctora Ghiran —dijo en un tono seco Ducanor mientras gruñía ante el dolor agudo en su mejilla.
Al notarlo, la doctora susspiró mientras agarraba su rostro y fijaba lo que parecía ser una venda que cubría parcialmente su mejilla derecha.
—Te cortaron desde el borde del labio hasta casi el hueso de la mandíbula; tuviste suerte, si el arma que usaran no era roma probablemente ambos se hubieran volado la cabeza.
Ducanor parecía no mostrar ninguna emoción ante esas palabras mientras su rostro severo no mostraba ningún tipo de dolor o placer.
—Al parecer no dañó ningún nervio —agregó la doctora mientras suspiraba con una expresión algo evaluativa—, aunque no haría ninguna diferencia en tu condición.
—Supongo que dejará una cicatriz —dijo Ducanor mientras se daba la vuelta de la cama dejando que sus pies tocaran el suelo, mientras el estrés físico provocaba una sensación de pesadez y mareo en su cuerpo como si lo hubieran golpeado en la maldita cabeza.
—No deberían exagerar tanto, niños.
No entiendo por qué se entusiasmaron tanto los dos durante el enfrentamiento; Realmente tú y Talos son problemáticos —dijo en tonalidad de reproche la doctora mientras traía lo que parecían ser anestésicos.
Ducanor guardó silencio mientras gruñía su respuesta: —Es difícil contenerse contra ese bastardo arrogante.
—Bueno, ambos tienen las cualidades para ser arrogantes.
Con vuestra destreza seréis enviados como guardas en cualquier momento —agregó ella mientras le inyectaba directamente en el rostro un anestésico y luego un coagulante.
—Tiéndete un poco, pronto podrás irte a tu habitación.
Llamaré a tu maestra —murmuró la enfermera a un algo drogado Ducanor, quien simplemente se tendió en la cama mientras miraba el techo sin expresión alguna.
—Ducanor, ¿te gusta la sangre?
—preguntó repentinamente la enfermera mientras observaba con curiosidad.
La doctora no destacaba en ningún aspecto en cuanto a apariencia, por esa razón no era popular entre los estudiantes o incluso maestros; Tenía un rostro ordinario y ordenado.
Pero su voz tenía un atractivo extraño de alguna forma que él no era capaz de entender el porqué.
—¿La sangre?
¿A qué se refiere?
—preguntó curioso.
—Me refiero a matar ya pelear.
Muchos estudiantes piensan que ser guardas es gloria, u otros creen que es respeto y fama, otros simplemente quieren ser fuertes…
Pero al parecer tú quieres pelear, solo pelear y pelear.
¿Por qué?
—preguntó en un tono ensoñador a causa de los fármacos.
—No lo sé.
Simplemente es emocionante portar una espada a mano.
No disfruto matar, pero de alguna forma tal vez eso…
Arrepentidamente no hubo respuesta, y esas palabras parecían un sueño efímero.
Cuando de forma subita escuchó esa voz nuevamente: —Maestra Alana, gracias por venir.
Perdón por si estaba ocupada, pero temía que su estudiante se quedara todo el día en enfermería.
Antes de que Ducanor pudiera abrir los ojos ante el repentino ruido de pasos, una figura femenina pasó un tacto cálido por su mejilla mientras para su sorpresa surgía un rostro hermoso y maduro enfrente de el.
—Al parecer despertaste, dormilón —murmuró con una sonrisa pícara su maestra, Alana Jagger, una de las personas más importantes dentro de la propia secta probablemente.
—Maestra…
—murmuró Ducanor mientras se levantaba rápidamente.
El sentimiento de cansancio y adormecimiento había desaparecido rápidamente de su cuerpo mientras su mirada hacia Alana no vacilaba durante ningún momento.
Ninguna emoción ni perturbación surgió en el rostro de Ducanor a pesar de la mirada intensa de una belleza como era ella.
Era sorprendentemente joven, probablemente no parecía de más de treinta o cuarenta años, lo cual de por sí era bastante hermosa y joven a los ojos de la mayoría de sus estudiantes hasta el punto de que probablemente pocas mujeres en la secta podrían competir con ella en ese aspecto.
Tenía el cabello negro como la tinta atado en un moño simple como si fuera un tomate, ojos violetas y piel pálida como papel; Usaba un uniforme de una sola pieza con una camisa debajo, lo cual contenía su figura madura a los ojos de sus admiradores de ambos géneros.
Pero lo que más llamaba la atención de Ducanor sobre ella eran sus lentes; siempre en la secta cubría sus hermosos ojos con unos grandes lentes de montura negra que la hacían perder su atractivo sensual por uno más intelectual.
El propio Ducanor dudaba sobre cuál de ambos prefería.
—Al parecer sigues bastante cansado a pesar de dormir durante medio día —murmuró con una sonrisa amable Alana, mientras trazaba su rostro con la punta de su uña rastreando la fea cicatriz que tenía la forma de una extraña sonrisa al costado del rostro de Ducanor, rompiendo la belleza del rostro masculino pero todavía con un aspecto bastante atractivo que poseía anteriormente —Es una pena, tenías una bonita piel—.
—El rostro no me dará de comer —gruñó Ducanor mientras se levantaba y agarraba el uniforme de repuesto que le había entregado, anticipando aquello, Alana.
—Pero podrías vivir bien de aquello.
Con un rostro como el tuyo y tu personalidad misteriosa, podrías ser un buen gigoló —se burló Alana.
Con una sonrisa se giro mientras salía de la enfermería sabiendo que él la seguiría.
—Sí, lo que diga maestra —dijo Ducanor sin tomar demasiado en serio las palabras de Alana; Después de todo, estaba bastante acostumbrado en este punto a ese aspecto de la personalidad de su maestra.
El día de hoy era el día decisivo finalmente: tendría el examen para probar realmente si era digno del título de guarda.
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