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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 52

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Capítulo 52: Capitulo 52

30 años antes de la ascensión del Monarca Celestial.

Una figura de aspecto grácil y maduro estaba parada al costado de una habitación con una expresión neutra en el rostro mientras esperaba.

Esta figura era nada menos que Alana. Luego de un leve instante de espera, repentinamente apareció la doctora Ghiran, quien portaba una libreta debajo de su brazo.

—Profesora Alana, no es necesario que espere aquí, no hay nada que pueda hacer llegado a este punto —dijo en un tono amable, en un intento de consolarla.

Después de todo, ella había provocado que su estudiante casi perdiera la vida en el Palacio del Demonio Solar.

—¿Cómo está? —preguntó, todavía extremadamente preocupada.

—Estará bien por ahora. Sus heridas más graves han sido reducidas gracias a injertos y a través del uso de la píldora de jade violeta —agregó en un tono de consuelo mientras abría la puerta—. ¿Quieres verlo? A pesar de que está inconsciente, podría despertar en cualquier momento.

Y entonces lo vio. La apariencia de Ducanor había cambiado durante estos diez días desde que había logrado sacarlo del templo. Su cabello había crecido un poco, además de que también parecía haber adelgazado, con claros signos de palidez y debilidad en su rostro.

—Oh, Dios mío —dijo casi en un tono que intentaba contener el llanto.

—Las heridas son graves, pero no son irrecuperables —intentó consolarla la doctora—. En los tiempos de la hegemón Pecunia, se dice que las heridas se desinfectaban con la orina de los áureos, que tenía dotes curativos. Empezaron incluso a reunir a áureos para recolectar orina con el objeto de curar heridas; se les conocía como pecuniarios.

Alana se rio ante las palabras absurdas de la doctora, pero esto la había aliviado un poco, distrayendo su mente del dolor. Pero aun así, no podía evitar frustrarse al verlo en esa condición, especialmente en su rostro.

La principal herida era su ojo izquierdo, el cual había sido destrozado a razón del enfrentamiento en el Palacio del Demonio Solar, perdiéndolo por completo.

Esta pérdida era considerablemente grave y no podía recuperarse por medios normales, especialmente cuando el causante era un astrólogo negro.

Pero, a pesar de todo, había logrado cierto éxito suprimiendo las heridas de Ducanor y estabilizando su condición, lo cual significaría que se recuperaría, pero no pasaría lo mismo con su ojo.

Y entonces abrió los ojos.

….

En la cúpula de la Secta de la Rama Sombría, una nueva conversación se estaba desarrollando; esta tenía como foco los eventos ocurridos en el Palacio del Demonio Solar.

Pero no solo en ese lugar y tiempo…

—¿El chico sigue vivo? —preguntó una voz severa.

—Sí —respondió Turin con indiferencia.

—Supongo que sabes las consecuencias —dijo otra voz más relajada, pero aun así con una dignidad real.

El homólogo de esas palabras, sorprendentemente, no era humano.

Había tres existencias en la habitación. Tres representantes de tres reinos diferentes. De tres mundos y de tres historias totalmente ajenas la una de la otra.

—Sí —respondió con un tono cansado Turin mientras se reclinaba en su asiento—. El tiempo apremia y el chico es joven, muy joven.

—Su destino está escrito —respondió la primera voz—. El fundador Jibelr ya lo había dictado cuando creó este reino: aquellos cuyo destino esté dividido deberán dividirse y reunirse nuevamente.

—Lo dividido volverá a unirse, aunque no todo lo separado puede ser devuelto de buena forma —dijo la segunda voz.

—¿El ancestro habrá mirado tan a futuro? —murmuró Turin.

—No lo sabemos —respondieron al unísono los dos hombres.

—Nosotros somos el pasado y el futuro, y tú el presente. Debes ser consciente de ello —respondieron.

—Mientras que lo que ocurra o ya ocurrió es indiferente. Cuántos se han levantado y han caído, hombres maravillosos se han erigido y se erigirán, actos de crueldad inmensa serán cometidos y tragedias han sido olvidadas.

—Así es el tiempo, Turin, solo tú puedes ser el intermediario de aquellas profecías y decidir el ahora.

—¿Qué eliges? —repitieron ambos nuevamente.

Turin guardó silencio; su elección ya había sido hecha y respondió:

—Tiene que conocerse a sí mismo antes de matarlo. —Y con esas palabras las voces desaparecieron y el silencio volvió a la torre.

….

Los recuerdos eran algo extraño. Hacía tiempo que ella no pensaba en su familia más allá de un recuerdo parcial, imágenes mezcladas y fundidas del pasado, presente y futuro.

La imagen de su hermana entrenando plácidamente bajo su guía, su sonrisa cálida y cargada de un amor sincero y fraternal.

La imagen cambió al mismo rostro, pero ahora cargado de resentimiento y tristeza, mientras su figura desaparecía de su vista.

La visión nuevamente cambió en este punto, pero esta vez hacia una imagen extraña: veía a su hermana llorando, por una razón que no entendía, y en esa visión parecía mucho mayor que antes.

«¿Qué está pasando? Esto no es un sueño… es…» Pero antes de que pudiese comprender completamente los sucesos, repentinamente la consciencia y claridad volvieron a ella de una extraña manera.

Pero esos recuerdos que parecían olvidados volvieron a surgir y amenazar su mente; repentinamente la imagen del hombre que amaba surgió enfrente.

Su rostro, su sonrisa, su promesa de amor en forma de un anillo.

Así como su muerte.

—Ducanor —gruñó para sí misma. A pesar de que su mente parecía intentar decirle que eso era imposible, sus recuerdos, sus memorias, fueron obliteradas nuevamente.

Lo único que quedó fue el sentimiento.

….

El mundo era un lugar pacífico, o eso pensaba Ducanor, mientras miraba la revista en su mano.

En ella podía ver una buena cantidad de senos y traseros en poses sugerentes, además de, claro, el pelaje al descubierto y las colas expuestas de las modelos.

—Deberían usar menos ropa —murmuró él mientras se rascaba la cabeza y admiraba la escena con una expresión extraña.

—Aburrido —murmuró mientras arrojaba la revista encima de su cama y daba vueltas en la misma con tristeza.

Sí, el mundo era pacífico, lo suficientemente pacífico como para que imágenes eróticas fueran grabadas en papel y vendidas a cachorros calientes.

—Tsk, tengo que admitir que es extraño, pero mejor que el servicio militar obligatorio —murmuró riendo algo Ducanor.

Mientras se levantaba y se estiraba. La vida era buena, o por lo menos dentro de lo posible…

Repentinamente sus pensamientos fueron interrumpidos por un golpe repentino en la puerta de su habitación.

Molesto, gruñó: —¿Quién es? Estoy ocupado.

Pero sin esperar respuesta, la puerta repentinamente se abrió.

—Deja de masturbarte y limpia tu maldita habitación, mocoso —gruñó repentinamente una voz molesta que dejó aturdido a Ducanor, que se levantó apresuradamente intentando ocultar la revista sentándose sobre ella.

—¿Qué carajo crees que haces, Julia? Te dije que no entraras a mi…

Levantando la vista, observó a la persona enfrente suyo. Una belleza en todo el sentido de la palabra tradicional, pero extrañamente un sentimiento incómodo llenó la mente de Ducanor.

Ya que lo encontró extraño, como si despertara de un sueño.

—¿Qué sucede, Ducanor? Estás…

La chica enfrente suyo, con un cuerpo atlético y gran belleza, tenía la cabeza de un lobo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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