Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 53
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Capítulo 53: Capitulo 53
Un grito salió de su boca mientras se levantaba apresuradamente. Al abrir los ojos aturdido, se dio cuenta de que estaba en su habitación.
—Qué mierda.
Aturdido, se levantó, pero erró en la distancia que se había movido entre la pared y la cama, y se cayó de ella dolorosamente.
Confundido y adolorido, se levantó algo mareado mientras se sentaba nuevamente en la cama e intentaba quitarse el mareo y la sensación de falta de profundidad.
Después de todo, había perdido un ojo…
—Mierda —gruñó furioso, sintiéndose cada vez más inútil y frustrado, pero aun así se sintió extraño.
«¿Por qué grité?», pensó repentinamente. Recordó haber soñado algo, pero no podía recordar exactamente de qué se trataba el sueño.
«Habrá sido una pesadilla», pensó para sí mismo, pero mientras más intentaba recordar de qué se trataba, más ilusorios y difusos se volvían esos recuerdos, haciendo que finalmente se rindiera por completo en intentar recordar.
Levantándose cansado y algo aburrido, finalmente se arregló ligeramente, ordenando la habitación y limpiándola un poco, además de, claro, revisar su herida.
Su ojo izquierdo había sido destruido en el enfrentamiento con Zhao Tang; según la doctora, tenía suerte de que no dañara el cerebro, pero la pérdida era total.
Mirándose en el espejo, estaba mirando a un joven de mirada severa y aspecto descuidado, con un ojo fuertemente cerrado por una costura.
Se había cosido los párpados para cerrar la herida. Los puntos deberían salir pronto, pero aun así, mirar esa herida solo provocaba más sentimientos de ira y frustración en Ducanor.
Y mirando su reflejo en el espejo, su día comenzó.
…
Las clases eran aburridas, y Ducanor simplemente continuó el día, ya que la prueba de Guardia la había superado, pero era simplemente una prueba calificatoria.
El examen para convertirse en un Guarda recién comenzaría en seis meses a partir de ahora.
Los candidatos a Guardas se contaban por cientos, y muchos lo estaban intentando por segunda o tercera vez, lo que era su última oportunidad.
Él tenía seis meses para entrenar y fortalecerse, un tiempo considerable que no pensaba desperdiciar.
—Mierda, no puedo concentrarme —maldijo mientras soltaba el libro con frustración ante lo aburrido que era—. Desearía mil veces estar peleando en el Palacio del Demonio Solar que estudiar un segundo más aquí.
—Oye, no digas eso, tonto —gritó Voltia con ojos llorosos y preocupación, mientras daba vueltas a su alrededor.
Ahora estaban solos en una sala de estudio.
—Estoy diciendo la verdad, además ya me notificaron de algo… —murmuró con un tono algo preocupado Ducanor.
—¿Qué cosa? —preguntó ella, sintiéndose mucho más preocupada repentinamente ante las palabras de Ducanor.
La chica flotante había sido una constante en su vida. Ahora, después de la recuperación durante los últimos días, prácticamente seguía dando vueltas a su alrededor de forma bastante constante, como si se tratase de una especie de fantasma en pena.
Su actitud efusiva y ruidosa ya era molesta de por sí, pero ahora tenía que soportar además su repentino cambio de humor a un estado de melancolía perpetua.
—Me llegó una notificación por parte de la junta. Al parecer, el hecho de que haya resultado herido durante la práctica no había invalidado mi pase como candidato oficial, pero sí lo había enturbiado considerablemente.
Para evitar problemas, le habían dado dos opciones: repetir el examen volviendo a hacerlo, pero esta vez con otro profesor, o darlo nuevamente con la profesora Alana.
Según había oído, darlo con la maestra Alana era la prueba más difícil, ya que el Palacio del Demonio Solar era una zona prohibida cuya área segura era bastante reducida, pero otros maestros usaban pruebas mucho más sencillas, como cazar bestias o combates de práctica…
Pocos se atrevían a ir con ella…
—Entonces anda con otro maestro, probablemente sea mucho más sencillo que con Alana y serán indulgentes por tu… —Sus palabras murieron al sentir la mirada aguda de Ducanor, quien gruñó.
—No pienso rendirme. Además, de vuelta a la prueba yo fui el lastre, no pude ayudar en nada y una niña resultó muerta —gruñó Ducanor con frialdad. No había ira ni recriminación en su mirada, solo una voluntad infinita de mejora. Además de arrepentimiento.
Y entonces siguió estudiando, no solo sobre los Espíritus Verdaderos y tácticas de combate para prepararse para volver al Palacio del Demonio Solar, sino también cosas tan útiles como la alquimia, especialmente leyendo sobre varias píldoras y, además, habilidades que son esenciales para un espiritista.
Y mientras se hundía en el autoestudio…
….
El aire fresco lo golpeó mientras fruncía el ceño. Entrenar para un espiritista era muy diferente que para un taoísta o un guerrero fey.
A pesar de que Ducanor tenía experiencia usando su runa dhármica, la había dejado bastante de lado, priorizando en cambio su entrenamiento espiritista; y para fortalecerse como espiritista, tenía que priorizar otras cosas, como el Sello de Destino con su espíritu contratante.
En el patio de entrenamiento de la secta había varias personas y Voltia no era el único Espíritu Verdadero. Varios de ellos rondaban por ahí, muchos con apariencia humanoide y otros con apariencias variadas, desde gigantes de metal hasta figuras espectrales.
Los Espíritus Verdaderos eran una raza misteriosa; prácticamente podía decirse que eran similares en destreza a muchos cultivadores de chakra y eran bastante compatibles con ese sistema de energía.
Pero curiosamente, también aumentaban su destreza de dos formas bastante extrañas. La primera de todas era la longevidad, y la más fácil: los Espíritus Verdaderos no envejecían. Aunque esto no significaba que eran inmortales, tenían virtualmente una longevidad infinita, lo cual les permitía cierto prestigio. Muchos Espíritus Verdaderos prefieren autosellarse o aislarse para aumentar su destreza de forma natural.
Y la segunda era la adoración. La fe o los pactos que se generen entre los Espíritus Verdaderos y mortales aumentaban el ritmo de evolución de la destreza de un Espíritu Verdadero.
El Sello de Destino era una manifestación de este vínculo, un geass, un contrato, y como todo contrato tiene límites, ganancias y pérdidas.
El primer Sello de Destino le confiere a los maestros espirituales, o espiritistas, el dominio de una ley natural. En el caso de Voltia, le confería la capacidad de manipular las ilusiones y parcialmente el hielo; solo Espíritus Verdaderos de rango Radiante podían conferir un Sello de Destino.
El costo del primer Sello de Destino era casi nulo para ambas partes, por lo cual era el más fácil de conferir y el más común, así como el más débil.
El segundo, no tanto.
Por esa razón había estado entrenando constantemente.
Los espiritistas dividían las etapas de maestría dentro de su disciplina en diferentes niveles.
El primero de ellos era la Puerta Espiritual, la cual estaba dividida a su vez en dos pasos: Apertura de Mundo y Espacio Espiritual.
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