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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 54

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Capítulo 54: Capitulo 54

En el Palacio del Demonio Solar, este pequeño “reino de bolsillo” según las propias palabras de la Secta de la Rama Sombría…

Había un pequeño grupo de islas en las cuales se había desarrollado la prueba de Ducanor. Realmente era mucho más grande de lo que decía la secta.

La pequeña región que había explorado Ducanor se llamaba la Tierra Quemada, o el Dominio de Cenizas.

Un lugar abandonado por las diferentes especies inteligentes de este reino y que era prácticamente un sitio en el cual se movían simplemente grupos de saqueadores y la escoria más baja entre la raza Espíritu Verdadero.

Aunque ellos mismos se llamaban de otras formas: se llamaban aksumitas. O, la traducción del nombre de su idioma, “Hijos del Jardín”.

Los aksumitas vivían en el único continente de este reino, un continente sin nombre o distinción específica.

En este lugar, la historia de las razas mortales como en el Reino Mortal no existía; no había mortales en este lugar.

Pero, a diferencia de los Espíritus Verdaderos del Reino Mortal, los aksumitas poseían longevidad.

En este lugar, Tahurasio Matatyr se había convertido en un señor de la guerra, o como prefería que lo llamaran: Rey Corsario.

Era un hombre de aspecto magro de la raza Aure, de piel carmesí y cabello dorado, vestido con una túnica negra y púrpura, cubierto de joyas además de una corona de plata.

Esa era la gloriosa presencia del Rey Corsario…

—¿Quién dices que murió? —preguntó perezoso el rey, mientras abría los ojos desde su trono dorado.

Alrededor suyo había varias siervas y esclavas atendiéndolo con poca ropa o directamente desnudas, mientras servían y agasajaban a su rey.

Frunciendo el ceño, Zhao Ren se sintió insultado, pero aun así no se atrevió a faltarle el respeto a Tahurasio; no había dominado las aguas de las Tierras Quemadas por décadas por su mera arrogancia.

Su poder y ejército de por sí eran aterradores.

—Mi hermano mayor, Zhao Tang, su majestad —dijo inclinándose profundamente Zhao Ren, intentando ocultar el odio y la tristeza en su corazón al enterarse de su muerte.

Su querido hermano mayor había muerto. Muerto. Muerto. Muerto.

Inconscientemente, la aguja que siempre ocultaba en su anillo se enterró profundamente en su carne, despertándolo de aquel estado de cólera y locura.

—Ah, el astrólogo. Una pena, dale mis pésames a la familia —dijo con una sonrisa perversa el corsario.

La expresión de Zhao Ren no cambió mientras la sangre goteaba de la punta de su dedo.

—Tss, qué poco divertido eres, mi querido consejero —respondió Tahurasio mientras se levantaba de su trono, quitándose de encima a las mujeres semidesnudas.

—Lo siento, señor —respondió indiferente—. No apreciaba demasiado a mi hermano, pero era un activo valioso para usted. Después de todo, usted lo mandó a capturar el fragmento.

Las palabras de Zhao Ren parecieron despertar de cierta forma las emociones de Tahurasio, quien frunció el ceño mostrando por primera vez algo de molestia.

—Así que aquello era lo que me molestó. Cierto, cierto, me había olvidado por completo de esa pequeña zorra —murmuró molesto el áureo mientras iba hacia un extremo de la habitación, agarraba una jarra de vino y se la bebía sin cuidado.

—Al parecer, fueron atacados por unos Guardas —agregó insidiosamente Zhao Ren.

—La secta se atreve a meterse en mi territorio —gruñó con ira por primera vez el Rey Corsario, haciendo temblar involuntariamente los cuerpos de las mujeres presentes, que intentaron esconderse en las esquinas de la habitación conscientes del alcance de su ira.

—Sospecho que piensan interferir con sus ambiciones, su majestad —murmuró con un tono educado y complaciente Zhao Ren.

—Mis ambiciones… —murmuró con una sonrisa nueva el corsario, pero esta sonrisa ya no era alegre, sino sedienta de sangre—. Este reino será mío, ya no seré un simple sirviente de la Hegemonía. ¡Seré el nuevo Hegemón de este reino!

Y con los ojos ardientes mientras su rostro cambiaba, su aspecto se deformó repentinamente adquiriendo un aspecto demoníaco: su hocico se alargó mientras que los dientes sobresalían de su boca, su piel se cubrió de un pelaje carmesí al igual que su propia tez, al mismo tiempo que una melena de oro metálico cubría su cabeza.

La criatura que tenía enfrente suyo Zhao Ren ya no era un mortal, sino que era un demonio. Un verdadero demonio.

….

El entrenamiento había durado una semana entera, en la cual no había hecho otra cosa que obsesionarse tanto en ejercitarse físicamente como en meditación, además de, claro, obligar a Voltia a entrenar con él por horas…

Prácticamente no había dormido más de veinte horas en toda la semana, pero a pesar de ello, su cuerpo seguía lleno de energía, como si su voluntad fuera suficiente para obligar a su cuerpo a reunir energías de los rincones más profundos de su ser.

Y ahora en la mañana, mientras el frío de la madrugada impregnaba el aire, Ducanor salió de su habitación por los pasillos de la secta.

—Maldita sea, ¿por qué te levantaste tan temprano de nuevo, Ducanor? —dijo con una expresión llena de cansancio y hastío Voltia, mientras flotaba detrás de él arrastrando los pies.

—Apresúrate —increpó, indiferente a su cansancio—. La maestra Alana nos citó en el patio de entrenamiento; probablemente es para notificarnos nuestra nueva salida al palacio.

Mientras avanzaba por los pasillos de la secta, Voltia siguió quejándose todo el camino de forma permanente, casi chillando.

—Eres un monstruo… obligar a una chica inocente a no dormir durante toda la noche y luego arrastrarla fuera de su cama a la oscuridad… —fueron las palabras escandalosas de Voltia.

Hicieron que la esquina del único ojo del inexpresivo Ducanor temblara de ira, pero aun así no la refutó, a pesar de las miradas extrañas de las pocas personas que estaban caminando por el pasillo de la secta.

Y sin ninguna otra opción para apaciguarla, tuvo que sobornarla.

—Te compraré bocadillos si te callas —replicó Ducanor.

—¿Bocadillos? —Como si esas palabras fueran un hechizo misterioso, ella flotó inmediatamente a su lado, mientras la figura misteriosa de un cuervo surgía de la nada y se sentaba en su cabeza.

—Eh, ¿de dónde saliste, Ellen? ¿No te quedaste dormida? —dijo curiosa Voltia mientras miraba al pájaro extraño.

—Crow, crow —exclamó Ellen con un tono agudo.

—Eh, en serio… tienes razón, se me había olvidado —replicó sorprendida Voltia, dejando estupefacto a Ducanor.

—Eh, ¿qué cosa? —preguntó confundido Ducanor.

—Negociemos, Ducanor —dijo mientras se cruzaba de brazos arrogantemente Voltia.

Con el ceño fruncido y mirando confundido al maldito pajarraco que repentinamente se había pasado a los brazos de Voltia…

—¿Qué quieres? —dijo con un suspiro, mientras sentía sangrar su corazón ante la multitud absurda de peticiones de Voltia hasta que finalmente logró apaciguarla.

…

Llegando finalmente al patio de entrenamiento, luego de comprarle a Voltia ropa nueva, además de un cojín nuevo para Ellen.

Llegaron al punto de encuentro, encontrándose a la vista la figura de Alana, pero esta no estaba sola.

Delante de ella había dos personas aparte de la propia Alana.

Reconoció a uno de ellos, pero al otro…

—Ducanor, finalmente llegaste —dijo con una sonrisa amable Alana, pero él logró detectar en su mirada culpa. Una gran cantidad de culpa.

—Hola, maestra —dijo, intentando ser un poco más amable Ducanor, aunque no sabía por dónde comenzar.

—Así que tú eres el legendario Ducanor, un gusto conocerte. —Repentinamente un joven de cabello anaranjado metálico y ojos color oro se presentó ante él con una sonrisa vivaz, mientras se movía de un lado a otro pareciendo hacer un sparring con su propia sombra—. Supongo que habrás oído hablar de mí.

—… —Ducanor se quedó en silencio.

—Soy el gran Lukan. ¿Acaso no han oído de mí y de mis hazañas? Estoy en la parte superior del octavo percentil más bajo de la secta —dijo con orgullo.

Estupefacto, no pudo evitar gruñir: —Eso prácticamente es ser un maldito aspirante a Guarda promedio.

—Claro que no, soy un genio, simplemente mis debilidades contrarrestan mis fortalezas, por lo cual mis notas son bajas —se excusó rápidamente Lukan mientras suspiraba.

Y como haciendo eco del propio entusiasmo de Lukan, surgió una segunda figura que, tropezando, se inclinó y con una sonrisa vivaz dijo:

—Mucho gusto, mi nombre es Anjou y también soy una candidata a Guarda. Por favor, cuídenme —dijo con una sonrisa alegre la chica desconocida de cabello blanco como la nieve, mezclado con hebras negras como el carbón.

—Mi nombre es Voltia y esta es Ellen. —Haciendo eco del entusiasmo del dúo, Voltia se unió a la diversión, dejando a un silencioso Ducanor con el ceño fruncido, mirando con duda a Alana.

—¿Quiénes son ellos, maestra?

A lo cual ella sonrió. Una sonrisa sincera, la primera vez desde que habían ido ambos al Palacio del Demonio Solar.

—Son tus nuevos compañeros de equipo, Ducanor. Bienvenido al Equipo Beta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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