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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 55

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Capítulo 55: Capitulo 55

392 años antes de la ascensión del Monarca Celestial.

Los jardines del palacio estaban decorados con mármol blanco y negro, haciendo representación de la dualidad; había en las esquinas estatuas de lobos del continente del este conocidos como wargs.

Pinturas y estatuas de hegemones cubrían el escenario, así como de antiguos dioses que antaño se adoraban en templos y ahora se admiraban por su belleza.

Mois, la matrona del gran Delus, alimentándolo en sus labios usando la cornucopia, representada como una mujer con forma de lobo; después de todo, se rumoreaba que ella había sido la madre de los lupercales.

Imágenes de los coribantes, enormes guerreros cubiertos de armaduras negras y doradas con enormes escudos y espadas, haciendo la pose de golpear sus escudos mientras realizaban una danza y gritos rituales para ocultar el llanto de Delus de su padre vengativo.

Por no hablar de una estatua del propio Delus, el último gran líder del panteón lemuriano.

O inclusive la pintura de la caída del antiguo consulado mostrando su degeneración, representada con una escena de una orgía homoerótica, mostrando su rechazo a esa práctica, la llamada declaniationem antiquorum.

Y debajo de ella había un pequeño epitafio en la antigua lengua de la Hegemonía, que rezaba: «Más allá del derramamiento de sangre y la guerra, cruel es el placer de la carne que destroza la unidad e imperio dorado».

«Irónico», se burló ella en su mente mientras pensaba que, mientras los magísteres se quejaban de la decadencia pasada, iban a burdeles donde no distinguían a hombres de mujeres.

Pero eso no era lo que importaba en este preciso momento, sino más bien las personas que estaban en el interior del palacio. Ella vio gente de todo tipo en este lugar, desde áureos vestidos con largas túnicas de colores, hasta argénteos que vestían de bronce y plata mostrando con orgullo sus armas ornamentales.

Vio algunos feysier e incluso feynir entre la multitud. Lo que más le llamó la atención fue un asceta dhármico, quien vestía con una kasaya anaranjada y estaba seguido de varios discípulos que usaban túnicas de colores más claros.

—Al parecer también te ha llegado la invitación. —Se sobresaltó ligeramente ante la voz. Dándose la vuelta se encontró cara a cara con un rostro familiar: Baudila, el hijo mayor del princeps, quien estaba vestido con un jubón de bronce y estaba parado con un porte regio, dándole un aura imponente gracias a su lacio cabello plateado.

—Sí, mi señor, me ha llegado la invitación para asistir al banquete de bienvenida —respondió con una leve inclinación. Estaba vestida con un traje ajustado, su cabello carmesí destacaba dentro de la multitud y su vestido de muselina y seda era tan suave que parecía que estaba tocando el propio rocío de la mañana—. ¿Cómo se encuentra? ¿Se ha recuperado bien?

No por nada sentía la mirada aguda de muchos hombres hacia ella y sus pechos, pero eso no le molestaba demasiado por ahora.

—Podría decirse que sí. Me alegra tu discreción, Korelia, es algo que falta muchas veces entre los argénteos, pero es bueno encontrarla en alguien como tú. —En ese punto tal vez Korelia pudo confirmar que, al parecer, el hecho de que hubiera sido capturada y hecha prisionera no había sido exactamente legal, por lo cual seguramente el princeps esperaba que no corriera la lengua de lo ocurrido.

—Estoy para servirle, su majestad —respondió ella con una sonrisa.

—Me alegra que lo digas, porque la situación ahora va a ser bastante complicada.

Antes de que pudiese revelar más, repentinamente el anuncio del sirviente de la casa los silenció a todos.

—Primus Uncio Betrica, Magister Elektrum de los Cazadores Elektrum, Pequeño Hegemón del Este y heredero de Prima Uncia Betrica hace gala de presencia como distinguido invitado del princeps. —Repentinamente el silencio se hizo presente, como una marea invisible que suprimía la voz de todos los presentes, aturdidos, llenos de miedo y pánico.

Incluso Baudila, que parecía indiferente a todos, parecía preocupado ante ese nombre, ante esa identidad.

Curiosamente Korelia se dio cuenta en este momento de que extrañamente el salón estaba dispuesto en el área de la entrada como si de una exposición se tratase, llena de mujeres.

Y ella estaba entre ellas.

…..

Si había un sentimiento cuando la figura de color bronce entró al lugar, entonces era respeto y miedo al unísono, como si fuera un sentimiento generalizado para todos los presentes en este lugar.

Era un hombre alto, mucho más alto que cualquiera de los presentes, bordeando los dos metros ochenta y compitiendo por alcanzar los tres metros. Su cuerpo de pies a cabeza estaba cubierto de una pesada armadura de bronce ornamentada con runas sánscritas y un casco sin hendiduras aparte de dos puntos carmesí donde estaban los ojos, y una crin de caballo adornando la parte superior del casco, dándole un aura aún más poderosa de la que ya poseía.

Caminando a grandes pasos, pasando por la entrada del salón, su mirada parecía omnipresente mientras evaluaba a cada uno de los presentes con una visión fría más allá de las palabras, que provocó debilidad en las piernas de más de una de las doncellas que servían al palacio, que apenas se mantenían de pie.

Detrás de él surgió un séquito pequeño pero igual de impactante. Esta vez eran hombres de armadura dorada vestidos de tonalidad casi ámbar, con largas capas verdes sobresaliendo de sus hombros y cascos con una visera horizontal donde deberían estar los ojos.

—La guardia Elektrum, deben ser sus subordinados —murmuró Baudila con una expresión solemne mientras observaba con profundo respeto y cautela a los hombres de armadura dorada, pero concentrando su mirada en el hombre de armadura de bronce que se había detenido en medio de la estancia, inmóvil.

—Ese es el magistrado —murmuró ella algo aturdida. La presencia del hombre era bastante brutal; incluso Lunes probablemente no tenía una presencia y aura tan poderosa y sublime, aunque no podía asegurar que esta fuera más débil o fuerte que Primus. Por lo menos en ímpetu y ferocidad le ganaba en un nivel considerable a la mayoría de poderes en el culto.

—Sí, ese es el magistrado. Hay rumores bastante aterradores de su presencia en las altas esferas; se dice que es el hijo de la hegemón usurpadora Prima Uncia, y que es su guerrero y general más poderoso, pero que ha estado oculto detrás de cada una de sus victorias.

—Por eso el título de Pequeño Hegemón, eh —murmuró ella, teniendo esa realización en su mente.

—Sí, pero además de esa fama, también está su infamia, en la cual se dice que no se niega al placer y despoja a mujeres de toda clase, desde princesas de clanes antiguos hasta esclavas. —Inconscientemente, al decir esas palabras, miró con cierta culpa a Korelia.

Quien prácticamente ya había entendido la razón por la cual había tantas cortesanas y doncellas en esta reunión de las altas esferas.

Eran sacrificios, prácticamente.

El princeps, nervioso a pesar de su edad, se adelantó rápidamente al sentir la mirada aguda del Magister Elektrum, o mejor dicho, Primus.

La armadura de Primus y su séquito de guerreros Elektrum brillaban incluso sin la necesidad de luz natural, como si su mera santa presencia fuera suficiente para eliminar cualquier sombra.

«Paladio», pensó para sí misma Korelia mientras observaba con envidia la armadura de los guerreros. Era un metal de la más alta calidad, inclusive muchas veces más denso que el titanio y más flexible que el acero, teniendo la capacidad de modificar su forma a voluntad de su usuario a través de la manipulación de la energía espiritual, y aquí estaba siendo utilizado para unas armaduras gigantes además de armas.

Cada gramo de paladio era más valioso que probablemente cien onzas de oro y plata.

—Es un honor su presencia en este lugar, venerable —dijo con respeto el princeps mientras entrecerraba los ojos, emitiendo una mirada severa a Primus mientras continuaba—, pero vuestra autoridad solamente existe en los límites del continente del este. —Su voz había adquirido un toque de frialdad ante esas últimas palabras.

En estos últimos meses, los rumores de una campaña doble de supresión de la rebelión de los usurpadores, tanto del continente del oeste como del este, liderada por la hegemón Liaure, eran bastante profundos, y por lo cual la presencia de un magistrado Elektrum con el nombre de Primus Uncio Betrica levantaba bastantes sospechas e inclusive alarmas en la mente del princeps.

—No venimos a luchar con tu autoridad, princeps —dijo una voz grave y potente que provocó el impulso de arrodillarse a la mayoría de los presentes, pero la persona que había hablado no era Primus.

La figura dorada más ornamentada del séquito de Primus se adelantó a su magistrado y reveló un pergamino escrito en tinta de platino y que mostraba claramente los caracteres antiguos de sánscrito de una palabra:

—Purga.

El carácter brilló con una luz cegadora que provocó una exclamación de sorpresa por parte del princeps. —Eso es imposible, solo la Hegemón tiene la capacidad de invocar el poder de las antiguas constelaciones… —pero antes de que pudiese continuar hablando, gritos de dolor resonaron en todo el lugar mientras una neblina de sangre cubría la escena.

Repentinamente un grito agudo resonó en todo el salón cuando la sangre empezó a brotar de forma violenta de los cuerpos de varios nobles, que repentinamente vieron sus cuerpos quemados y consumidos en llamas, destacando el de un antiguo noble del linaje áurico que repentinamente empezó a arder con una llama negra feroz mientras rugía con ira.

Pero mientras esto ocurría, una voz siniestra resonó en la estancia: —Al parecer los preparativos de esta noche tendrán que adelantarse. Supongo que habrá que adelantar el banquete.

Repentinamente el aire empezó a distorsionarse cuando, como si fuera un vitral de colores roto, luces caleidoscópicas cubrieron el salón mientras la sangre que fluía en el suelo formaba runas misteriosas, muy diferentes a cualquier lenguaje que hubiera visto antes en este mundo, pero si tuviera que compararlo con algo probablemente sería similar a las runas nórdicas e inclusive sigilos antiguos.

Los guerreros Elektrum rápidamente reaccionaron y empuñaron sus cuchillas, que sorprendentemente se extendieron por sí mismas convirtiéndose en largas alabardas que cercenaron en dos a varios nobles cercanos, que empezaron a emitir humo y fuego de sus ojos y boca mientras recitaban en una lengua siniestra un extraño ritual.

La sangre y vísceras de los cuerpos cercenados volaron en todas las direcciones en respuesta a la brutal fuerza de los guerreros Elektrum.

Pero era demasiado tarde; el ritual se había completado.

Aturdida y en guardia ante cualquier imprevisto, Korelia vio para su sorpresa cómo el mundo se convertía en un mundo de luz caleidoscópica antes de que la sensación de vacío la inundara y se diera cuenta repentinamente de que su cuerpo se había desplazado en el espacio, a una dimensión que parecía estar llena de espejos de colores.

Y entonces simplemente perdió la consciencia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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