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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 56

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Capítulo 56: Capitulo 56

La alquimia era un arte milenario. Incluso en su vida anterior Korelia había tardado años en comprenderla por completo, por lo menos la teoría.

Aunque no se consideraba a sí misma alquimista, después de todo era demasiado racional para usar aquellos conceptos, por lo cual prefería usar las palabras de sinergista o psiconauta.

Normalmente los alquimistas eran vistos como hombres de túnicas negras que buscaban la fórmula para alcanzar la inmortalidad creando la piedra filosofal a través de rituales y sacrificios de vidas humanas, entre otras cosas.

Pero Korelia consideraba inútiles aquellas interpretaciones; no creía en la inmortalidad material, después de todo la materia se corrompe y destruye, es inevitable.

Pero sí creía que la voluntad podía moldear la materia, el concepto en el cual nada era real y todo era simplemente una percepción del observador, energía del caos, como podríamos llamar.

El árbol nunca cae en el bosque si nadie lo observa porque no hay árbol en principio; con la energía espiritual este límite se ampliaba aún más.

Korelia, con la capacidad de otorgarse autoridad, podía transformar la energía espiritual en lo que quisiera, mientras su autoridad lo permitiese.

La autoridad sobre las aguas, sobre la tierra, sobre el aire… etc.

Pero si elegía una autoridad más poderosa, más primordial, qué tal si elegía una autoridad sobre el tiempo…

Confundida y aturdida, Korelia se encontró a sí misma totalmente mareada. Tardó unos segundos en abrir los ojos, o tal vez fueron minutos, realmente no sabía qué pensar cuando repentinamente descubrió que estaba totalmente encadenada…

—Qué carajo, ¿dónde estoy? ¿Acaso me teletransporté a una maldita dimensión paralela? —gruñó Korelia estupefacta.

—Eh —murmuró confundida cuando se dio cuenta de que no podía liberarse de sus ataduras, y justo cuando estaba mirando los alrededores sombríos…

—Podría decirse que sí, niña, dimensión paralela es un buen nombre para este lugar, aunque supongo que esos fanáticos tendrán otro término para aquello —le respondió una voz fría y dura.

Aturdida se giró para ver repentinamente detrás a una figura alta vestida de un amarillo ámbar, que la miraba tras el visor de su armadura con unos ojos fríos cargados de una crueldad más allá de lo que cualquier persona normal pudiera ser capaz de mostrar.

Y en ese momento Korelia se dio cuenta de que estaba en presencia de un maldito guerrero Elektrum.

….

La mirada del guerrero Elektrum era bastante fría, como una cuchilla helada mientras se clavaba en la cabeza de Korelia.

—Se… señor, por favor no me haga daño, yo no he hecho nada malo —gruñó con una expresión aterrorizada Korelia, mientras que en su mente pensaba en materializar un taladro de acero para clavarlo en el ojo del guerrero si mostraba el más mínimo signo de atacarla.

Pero no pasó nada. Un silencio incómodo se mantuvo durante unos largos quince segundos antes de que el guerrero hablase.

—No pienso hacerte daño, mi intención es destruir a los fanáticos y proteger a los miembros de la Hegemonía. Ese es mi juramento y mi deber.

A diferencia de la mayoría de guerreros Elektrum, él no usaba una alabarda, sino una larga espada similar a las espadas bastardas que había visto en su anterior mundo.

—Sí, mi señor, muchas gracias. Soy Korelia, hija menor de Garou Aime —dijo apresuradamente mientras intentaba hacer una reverencia nerviosa al alto guerrero.

—Yo no tengo nombre, un guerrero Elektrum no necesita nombres, puedes llamarme Decimus —dijo con indiferencia el guerrero Elektrum. Su ánimo era totalmente indiferente y, confundida, Korelia rápidamente preguntó:

—Señor, ¿por qué me ató? Yo…

—No confío en ti, niña. Si no fuera por lo caótico de la situación te hubiera…

Pero antes de que pudiera terminar de hablar, sus pasos se detuvieron cuando la oscuridad profunda de estos pasadizos sombríos terminó, revelando un mundo tan brillante como onírico.

Edificios gigantes con forma de cúpula, casas de cristal y farolas de cien colores cubrían toda la ciudad, mientras pantallas llenas de ruido y sonidos confusos llenaban toda el área.

Y en grande y ruidosamente se escuchaba por todas partes y se veía en todas las direcciones:

—Bienvenidos a Tesara, la ciudad de la luz, la ciudad de las oportunidades. Bienvenidos a la tierra santa de la riqueza y la prosperidad, bienvenidos a la ciudad de dios.

Aturdida, Korelia vio para su sorpresa una imagen donde se podía ver perfectamente a través de proyecciones paisajes hermosos, vistas de opulencia, comodidades, vinos, entre otros objetos dedicados al placer.

Además de, claro, mujeres. Decenas de imágenes de hombres y mujeres con poca ropa estaban presentes en todas partes para distracción y estupefacción de Korelia.

—¿Qué es esto? —murmuró aturdida Korelia.

Decimus guardó silencio durante un instante mientras parecía evaluar los alrededores, y sin responder simplemente avanzó hacia una dirección aparentemente al azar.

Mientras ella gritaba en su mente: «¿Acaso la caballerosidad ha muerto?», pero decía en voz alta otra cosa:

—Mi señor Decimus, ¿qué está sucediendo? ¿Qué ha pasado? —dijo ella, temerosa pero curiosa en su interior, aunque esperaba que Decimus no hablara realmente.

—No lo sé —respondió francamente el cazador Elektrum—, pero probablemente sea algo causado por los seguidores del Templo Único —comentó con indiferencia.

—El culto… —dijo fingiendo confusión Korelia, mientras se sentía sorprendida internamente por la indiferencia de Decimus al compartirle esa información.

«Aunque tal vez sea su objetivo ver si actúo sospechosa», pensó.

—Son los seguidores fanáticos de los remanentes corrompidos de los Sulfuro y los Azogue —dijo con indiferencia el guerrero mientras seguía avanzando.

Fingiendo terror y sorpresa gritó: —¿Acaso no eran leyendas? ¿Son reales?

—Sí, lamentablemente sí —dándole una mirada de reojo a Korelia—. El culto del sol negro está muerto, pero la raza ha seguido reavivándose cada cierto tiempo; después de todo, mientras los áureos y argénteos sigan cayendo en el fanatismo y la corrupción, estas criaturas seguirán existiendo.

La mente de Korelia en este punto corría a mil por hora mientras reflexionaba en varias cuestiones, pero una de ellas era necesaria que la supiera: —¿Y esa voz? ¿Ese era un azogue?

—No —dijo en un tono siniestro el guerrero dorado mientras se daba la vuelta. Su mirada se clavó con frialdad en la figura de Korelia mientras la espada en su mano se deformaba sobre sí misma, formando pequeñas hojas de sierra como dientes para hacer más eficiente el cortar y desgarrar—. Ese era un vampiro.

Repentinamente el espacio explotó en una niebla de sangre roja que empujó hacia atrás a Korelia, mientras veía para su sorpresa a una figura traslúcida y enfermiza de lo que parecía ser una especie de cadáver momificado.

—Tú, maldito, te atreves a dañar a mi gran ser —rugió la criatura a la que Decimus había llamado vampiro, mientras, para su sorpresa, Korelia observó que una herida aterradora estaba en el cuerpo marchito de ese cadáver. La mitad de su cuerpo había sido abierta, pero a pesar de aquello seguía quejándose en voz alta y hablando con altanería en contra de Decimus.

—Tsk, tsk, tsk, la raza de sangre sí que realmente ha caído bajo si tú eres su máximo exponente —dijo con desdén el guerrero dorado mientras explotaba en poder, estampando directamente el cuerpo del vampiro contra el suelo.

O eso parecía, cuando repentinamente el arriba y el abajo se invirtió, desapareciendo la figura del vampiro para aparecer nuevamente encima de Decimus, esta vez con una cuchilla formada de su propia sangre roja para apuñalarlo.

—Espada de sangre oscura —gruñó el vampiro con arrogancia—. Este lugar no es uno en el cual puedas actuar arrogante, maldito mortal.

Pero antes de que pudiese cantar victoria, repentinamente la armadura de paladio de Decimus se deformó mientras decenas de espinas doradas se erigían en su espalda, bloqueando el ataque del vampiro y empalándolo en el aire.

—Tú ni siquiera eres un verdadero miembro de la raza vampiro, por esa razón andas jodiendo en este lugar abandonado del mundo, convirtiendo a tontos y arrogantes en azogues y sulfuros.

—¡Ahhhh, tú, maldito! —gritó con furia el vampiro mientras rompía su propia carne para liberarse, pero sus gritos de dolor siguieron resonando, mientras más espinas de paladio se clavaban en su carne hasta que el vampiro lanzó un último grito cargado de dolor antes de convertirse en polvo.

Dándose vuelta, Decimus miró con frialdad a la criatura en el suelo, mientras sacaba de su cinturón, curiosamente, una pequeña botella con la cual esparció un líquido desconocido encima de lo que había sido el vampiro.

Aunque todo el enfrentamiento anterior parecía haber durado una eternidad, realmente había durado poco más de un minuto. Incluso Korelia no pudo evitar alabar la destreza del guerrero Elektrum con una mirada brillante.

«Si pudiera robar esa armadura y sus cosas…», mientras salivaba ante ese pensamiento, repentinamente la atención de Decimus cayó sobre ella nuevamente.

—¿Estás bien, señorita Korelia? —dijo respetuosamente el guerrero dorado mientras se inclinaba hacia ella en tono de disculpa.

Y en ese punto, si Korelia no podía entender qué estaba pasando, entonces no sería digna del título de maestra.

—No se preocupe, venerable, no me ha ofendido, simplemente me ha sorprendido esta serie de eventos —dijo con un tono amargo ella.

—Gracias por su bondad, señorita. La escoltaré al exterior de este lugar, a la proximidad; este tipo no debe ser el único de su especie cerca, probablemente haya más… —dijo en un tono más relajado—. Además, no me llames venerable, que una mujer tan joven y hermosa me hable así me hace sentir viejo.

En este punto la actitud de Decimus había dado un giro de ciento ochenta grados, hasta el punto que Korelia no pudo evitar pensar que los rumores sobre Primus tal vez no eran solo sobre él sino sobre todo su séquito, lo cual la hizo sudar frío al pensar en todo un ejército de élite de donjuanes y mujeriegos.

—No se preocupe, vene… eh, Decimus. Aunque no esperaba conocer un vampiro —dijo ella repentinamente mientras miraba con cierta nostalgia y decepción al lugar donde había caído el polvo de lo que había sido ese vampiro, mientras sentía que sus expectativas hacia esta especie como figuras atractivas en la fantasía de todas las mujeres desaparecía con el viento.

—¿Has oído hablar de ellos? Bueno, aunque son raros de ver, la raza de sangre tiene su tiempo de existencia, aunque como rumores y leyendas, así que no es raro que hayas oído de ella hasta cierto punto, aunque muchas de sus historias están distorsionadas, especialmente por la identidad de su fundador, el Monarca de Sangre —comentó Decimus—. Pero este bastardo no era un vampiro en todas las reglas, sino más bien un engendro inferior de vampiro.

—Un vampiro energético. Si los vampiros ordinarios son la clase baja entre la raza de sangre, los vampiros energéticos son los esclavos de la raza vampiro; son conocidos como escorias entre su propia raza y a pesar de todo son bastante raros, tan lejos por lo menos del continente del norte, aunque al parecer no estaba solo.

En este punto Korelia se vio sorprendida al darse cuenta de que, al parecer, Decimus era un hombre bastante hablador y con bastante carisma. A pesar de haber pasado por bastantes círculos sociales en toda su vida, era la primera vez que conocía a alguien del sexo opuesto que hablara de temas interesantes aparte de, claro, intentar meterse en sus pantalones.

—Sí, los vampiros energéticos, a diferencia de su versión superior, son prácticamente más cadáveres que seres vivos. Prefieren la carne descompuesta y son carroñeros, pero su principal característica y por la cual reciben su nombre, es que se pueden alimentar de emociones y sentimientos negativos; aunque por lo mismo, su aspecto es bastante famélico y desagradable a la vista, además de tener la capacidad de manipular las emociones de las personas de forma sutil —comentó Decimus con un tono liviano mientras avanzaban por el lugar, sorprendentemente sin encontrarse con ningún peligro por ahora—. Aunque realmente ni siquiera sé para qué existen estas alimañas; si para devorar las energías y emociones de las personas ya existe algo y se llaman mujeres, jajaja. —Riéndose de su propia mala broma, Decimus siguió avanzando.

Mientras, una estupefacta Korelia no pudo evitar pensar que tal vez hubiera sido mejor si él hubiera mantenido su actitud seria y severa, aunque lamentablemente no tenía más opción que seguirlo.

Korelia no pudo evitar pensar que la situación era bastante extraña en varias formas. En primer lugar, la existencia de lo que podría llamarse como verdaderos vampiros era extremadamente extraña.

Después de todo, por lo que sabía, la raza soberana en el continente del norte era una dinastía larga y antigua conocida como los virtas.

Aunque la información que recibía respecto al continente del norte, e incluso del culto, era bastante escasa; curiosamente no había demasiada lectura o literatura general de fuera del continente, ni siquiera literatura de entretenimiento.

A pesar de que muchas de las tecnologías de su mundo anterior podrían ser reemplazadas y sustituidas por las habilidades casi mágicas de este mundo, no había entretenimiento aparte, claro está, de formas de arte ordinarias. En el caso del continente del sur, las carreras, el teatro y los deportes en general eran el entretenimiento más popular.

Mientras que en el continente del este, el mayor entretenimiento era la música, con figuras disruptivas de grandes poetas y filósofos como Laveriel o Fulger, figuras que curiosamente le recordaban a movimientos musicales modernos con sus letras satíricas y bastante filosóficas.

Por lo cual, la existencia de esta raza de sangre era bastante interesante, aunque en este punto no era importante.

—Entonces, ¿hacia dónde vamos, Decimus? No creo que este lugar sea seguro después de lo que pasamos —preguntó de forma dudosa ella hacia Decimus, quien había estado bastante callado durante esta última hora mientras seguían huyendo, aunque nadie los perseguía a pesar de lo vibrante de la ciudad y el brillo de la misma.

No había ninguna alma afuera, como si la luz fuera anatema para los habitantes de esta Tesara paralela.

—Espera, siento pasos —dijo repentinamente Decimus.

Y entonces vieron una figura surgir de entre las sombras. Esa figura era alta como una torre, vestida completamente de blanco con un traje elegante y fino, y pantalones ajustados. Con el cabello negro metálico atado en una cola de caballo, la figura se presentó ante ellos con una sonrisa amable.

—Al fin los encontré, realmente son escurridizos. —Sus palabras, dichas con una sonrisa, provocaron un escalofrío en la mente de Korelia, mientras inconscientemente retrocedía.

—Capitán —dijo sorprendido Decimus, alertando también a Korelia.

Pero antes de que ella pudiera decir nada, el capitán habló:

—Ahora finalmente puedo matarlos.

—Cuidado, él no es… —Las palabras de Korelia murieron cuando repentinamente decenas de figuras surgieron de la oscuridad. Estas figuras eran iguales al anterior vampiro energético, pero parecían mucho más robustas y portaban armas y espadas.

Korelia reconoció que, a diferencia del anterior vampiro energético, estos vampiros no usaban tácticas a distancia o dilatorias, sino que directamente atacaron cuerpo a cuerpo a Decimus.

—Vampiros de primera generación —gruñó sorprendido Decimus, mientras su lanza se transformaba en un arco—. Primer chakra, Dao de Trueno.

El trueno se materializó en su mano y se disparó hacia sus oponentes, destrozando en un instante su carne y piel, quemándola por completo.

—Capitán, ¿qué estás haciendo? ¿Por qué estás con…? —pero antes de que pudiera continuar hablando, el hombre al que había llamado capitán simplemente frunció el ceño con molestia mientras murmuraba.

—Al parecer estos mortales son más fuertes de lo imaginado. Encárguense ustedes de ellos, no pienso ensuciarme las manos en un día como hoy —gruñó él.

Repentinamente, la cantidad de vampiros que surgieron de todas direcciones aumentó por decenas. Se congregaron alrededor de Decimus, quien empuñando su arco frunció el ceño mientras las flechas en su mano se disparaban a montones.

—Esto va de mal en peor —murmuró Korelia mientras observaba el combate. A pesar de que las flechas de Decimus eran capaces de destrozar el cuerpo de los vampiros, estos se regeneraban a una velocidad absurda mientras se unían nuevamente a la batalla, montando el cuerpo gigantesco de Decimus en un intento de destrozar sus armaduras con sus armas y garras, convirtiendo sus alrededores en un pequeño túmulo de cadáveres.

Mientras tanto, la propia Korelia se ocultaba en una esquina, observando el combate a una distancia segura.

—Mi señora, ¿puede escucharme? —La expresión de Korelia no cambió a pesar de haber escuchado de repente la voz de Lunes.

Pero no bajó la guardia, mientras decía mentalmente:

—Cogito.

La voz se quedó en silencio durante unos instantes, mientras respondía en un tono más tosco:

—Ergo sum.

—Bien, me alegro de escucharte, Lunes. ¿Cómo pudiste transmitir tu voz a este lugar? —preguntó con curiosidad. Las palabras que eran enviadas hacia ella no eran una voz directamente, sino que al parecer eran más que nada recuerdos en común que estaban siendo repetidos en su cabeza, como si usaran las palabras de una conversación previa para conversar.

—Maestra, no estoy transmitiendo mi voz, sino que estoy enlazando nuestra mente a través de un enlace empático, a través de recuerdos en común con los cuales puedo simular una conversación en tiempo real —dijo en un tono bastante seco y humilde—, ya que no puedo enlazar mi mente a la suya por la distancia.

Dejando de lado lo increíble y complicado que era lo que había hecho Lunes para lograr comunicarse con ella, en primer lugar decidió cambiar a un tema más importante:

—Estoy en problemas, ¿y dónde estás? ¿Cómo estás? —preguntó algo preocupada. Después de todo, Lunes probablemente no tendría un escolta ultrafuerte como Decimus a su lado.

—Estoy oculta, maestra. Me infiltré en la mente de uno de los miembros de los cazadores Elektrum; reemplazando su vista con la mía logré enlazarme con él, compartiendo visión. Aunque no he podido conseguir mayor información, ya que al parecer sus mentes tienen un tipo de protección de alto grado que me impide leer sus recuerdos.

—No es necesario, por ahora vigila la situación. Probablemente va a ser un problema si intentas meterte en su mente, y no vale la pena el riesgo —agregó con un tono de advertencia. Después de todo, ya pudo deducir que lo había intentado y, si no le advertía ahora, podría intentarlo hasta el punto en que los cazadores Elektrum la detectaran.

—Está bien, maestra —dijo en acuerdo Lunes—. Mandé a Sábado.

Y como si repentinamente el aire fuera cristal, la tierra tembló cuando, de repente, tanto los sorprendidos vampiros como el combativo Decimus se retiraron al ver caer del cielo a una figura que impactó directamente contra el suelo como si fuera un meteorito.

Medía dos metros noventa de altura y tenía el cabello negro como la tintura, un rostro lánguido y ordinario con una nariz un poco grande, y el cuerpo lleno de cicatrices, siendo la que más destacaba una cicatriz que casi se hundía en la piel, cortando horizontalmente su frente.

—Sierra de picohuesos. —Repentinamente la piel de sus nudillos se abrió, revelando dos pares de picas de hueso negro curvo, como si fueran cuchillas. Surgieron como una extensión de sus nudillos mientras apuntaba hacia su oponente.

Y entonces atravesó el mentón de uno de los vampiros, destrozando su cerebro, mientras al mismo tiempo, espinas de hueso surgían de sus dedos atravesando los ojos y boca de varios vampiros, incapacitándolos.

—¿Quién eres? —gruñó el capitán al que había llamado en un principio Decimus.

—Yo soy tu muerte —gruñó con indiferencia Sábado, mientras Decimus, aturdido, se posicionaba detrás de ella en guardia, pero también despachando vampiros.

—Yo soy —respondió con una sonrisa perversa el hombre— Ducanor.

Y Ducanor ya no respondió con palabras, sino con acciones. Su cuerpo se desplazó a una velocidad imposible para un ser humano; su cuerpo feysier se hinchó en fuerza mientras expulsaba tal calor de los poros de su piel que se volvió bermellón, cortando directamente y apuntando a la cabeza y cintura de Sábado.

Una explosión de vapor y calor, tanto frío como caliente, inundó el lugar mientras ambas figuras chocaban.

Ducanor usando una lanza y Sábado, que había materializado dos cuchillas de hueso de sus manos.

Sus cuerpos estaban chocando el uno contra el otro; él usó la lanza para bloquear ambas cuchillas de hueso.

—¿Eso es todo lo que tienes, basura de sangre fría? —gruñó Sábado, pero entonces el cuerpo rojo por el calor de Ducanor explotó nuevamente.

Solo que esta vez Sábado se vio forzada a retirarse hacia atrás cuando Ducanor desapareció, convirtiéndose en una sombra que buscaba escabullirse del combate.

—¡No lo harás! —gritó furiosa Sábado mientras una armadura de hueso negro cubría su cuerpo. Su piel y ropa se rompían revelando una armadura ósea, reemplazando sus dos cuchillas por una espada de hueso de un solo filo de color ónice.

Y al mismo tiempo que huía Ducanor, la figura de Decimus parpadeó en el aire como un relámpago, sorprendiendo a su escurridizo oponente para obligarlo a esquivar nuevamente.

—No te irás de aquí hasta que me digas… —declaró Decimus con un tono imponente mientras preguntaba—: ¿De dónde sacaste el nombre de Ducanor?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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