Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 57
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Capítulo 57: Capitulo 57
Korelia no pudo evitar pensar que la situación era bastante extraña en varias formas. En primer lugar, la existencia de lo que podría llamarse como verdaderos vampiros era extremadamente extraña.
Después de todo, por lo que sabía, la raza soberana en el continente del norte era una dinastía larga y antigua conocida como los virtas.
Aunque la información que recibía respecto al continente del norte, e incluso del culto, era bastante escasa; curiosamente no había demasiada lectura o literatura general de fuera del continente, ni siquiera literatura de entretenimiento.
A pesar de que muchas de las tecnologías de su mundo anterior podrían ser reemplazadas y sustituidas por las habilidades casi mágicas de este mundo, no había entretenimiento aparte, claro está, de formas de arte ordinarias. En el caso del continente del sur, las carreras, el teatro y los deportes en general eran el entretenimiento más popular.
Mientras que en el continente del este, el mayor entretenimiento era la música, con figuras disruptivas de grandes poetas y filósofos como Laveriel o Fulger, figuras que curiosamente le recordaban a movimientos musicales modernos con sus letras satíricas y bastante filosóficas.
Por lo cual, la existencia de esta raza de sangre era bastante interesante, aunque en este punto no era importante.
—Entonces, ¿hacia dónde vamos, Decimus? No creo que este lugar sea seguro después de lo que pasamos —preguntó de forma dudosa ella hacia Decimus, quien había estado bastante callado durante esta última hora mientras seguían huyendo, aunque nadie los perseguía a pesar de lo vibrante de la ciudad y el brillo de la misma.
No había ninguna alma afuera, como si la luz fuera anatema para los habitantes de esta Tesara paralela.
—Espera, siento pasos —dijo repentinamente Decimus.
Y entonces vieron una figura surgir de entre las sombras. Esa figura era alta como una torre, vestida completamente de blanco con un traje elegante y fino, y pantalones ajustados. Con el cabello negro metálico atado en una cola de caballo, la figura se presentó ante ellos con una sonrisa amable.
—Al fin los encontré, realmente son escurridizos. —Sus palabras, dichas con una sonrisa, provocaron un escalofrío en la mente de Korelia, mientras inconscientemente retrocedía.
—Capitán —dijo sorprendido Decimus, alertando también a Korelia.
Pero antes de que ella pudiera decir nada, el capitán habló:
—Ahora finalmente puedo matarlos.
—Cuidado, él no es… —Las palabras de Korelia murieron cuando repentinamente decenas de figuras surgieron de la oscuridad. Estas figuras eran iguales al anterior vampiro energético, pero parecían mucho más robustas y portaban armas y espadas.
Korelia reconoció que, a diferencia del anterior vampiro energético, estos vampiros no usaban tácticas a distancia o dilatorias, sino que directamente atacaron cuerpo a cuerpo a Decimus.
—Vampiros de primera generación —gruñó sorprendido Decimus, mientras su lanza se transformaba en un arco—. Primer chakra, Dao de Trueno.
El trueno se materializó en su mano y se disparó hacia sus oponentes, destrozando en un instante su carne y piel, quemándola por completo.
—Capitán, ¿qué estás haciendo? ¿Por qué estás con…? —pero antes de que pudiera continuar hablando, el hombre al que había llamado capitán simplemente frunció el ceño con molestia mientras murmuraba.
—Al parecer estos mortales son más fuertes de lo imaginado. Encárguense ustedes de ellos, no pienso ensuciarme las manos en un día como hoy —gruñó él.
Repentinamente, la cantidad de vampiros que surgieron de todas direcciones aumentó por decenas. Se congregaron alrededor de Decimus, quien empuñando su arco frunció el ceño mientras las flechas en su mano se disparaban a montones.
—Esto va de mal en peor —murmuró Korelia mientras observaba el combate. A pesar de que las flechas de Decimus eran capaces de destrozar el cuerpo de los vampiros, estos se regeneraban a una velocidad absurda mientras se unían nuevamente a la batalla, montando el cuerpo gigantesco de Decimus en un intento de destrozar sus armaduras con sus armas y garras, convirtiendo sus alrededores en un pequeño túmulo de cadáveres.
Mientras tanto, la propia Korelia se ocultaba en una esquina, observando el combate a una distancia segura.
—Mi señora, ¿puede escucharme? —La expresión de Korelia no cambió a pesar de haber escuchado de repente la voz de Lunes.
Pero no bajó la guardia, mientras decía mentalmente:
—Cogito.
La voz se quedó en silencio durante unos instantes, mientras respondía en un tono más tosco:
—Ergo sum.
—Bien, me alegro de escucharte, Lunes. ¿Cómo pudiste transmitir tu voz a este lugar? —preguntó con curiosidad. Las palabras que eran enviadas hacia ella no eran una voz directamente, sino que al parecer eran más que nada recuerdos en común que estaban siendo repetidos en su cabeza, como si usaran las palabras de una conversación previa para conversar.
—Maestra, no estoy transmitiendo mi voz, sino que estoy enlazando nuestra mente a través de un enlace empático, a través de recuerdos en común con los cuales puedo simular una conversación en tiempo real —dijo en un tono bastante seco y humilde—, ya que no puedo enlazar mi mente a la suya por la distancia.
Dejando de lado lo increíble y complicado que era lo que había hecho Lunes para lograr comunicarse con ella, en primer lugar decidió cambiar a un tema más importante:
—Estoy en problemas, ¿y dónde estás? ¿Cómo estás? —preguntó algo preocupada. Después de todo, Lunes probablemente no tendría un escolta ultrafuerte como Decimus a su lado.
—Estoy oculta, maestra. Me infiltré en la mente de uno de los miembros de los cazadores Elektrum; reemplazando su vista con la mía logré enlazarme con él, compartiendo visión. Aunque no he podido conseguir mayor información, ya que al parecer sus mentes tienen un tipo de protección de alto grado que me impide leer sus recuerdos.
—No es necesario, por ahora vigila la situación. Probablemente va a ser un problema si intentas meterte en su mente, y no vale la pena el riesgo —agregó con un tono de advertencia. Después de todo, ya pudo deducir que lo había intentado y, si no le advertía ahora, podría intentarlo hasta el punto en que los cazadores Elektrum la detectaran.
—Está bien, maestra —dijo en acuerdo Lunes—. Mandé a Sábado.
Y como si repentinamente el aire fuera cristal, la tierra tembló cuando, de repente, tanto los sorprendidos vampiros como el combativo Decimus se retiraron al ver caer del cielo a una figura que impactó directamente contra el suelo como si fuera un meteorito.
Medía dos metros noventa de altura y tenía el cabello negro como la tintura, un rostro lánguido y ordinario con una nariz un poco grande, y el cuerpo lleno de cicatrices, siendo la que más destacaba una cicatriz que casi se hundía en la piel, cortando horizontalmente su frente.
—Sierra de picohuesos. —Repentinamente la piel de sus nudillos se abrió, revelando dos pares de picas de hueso negro curvo, como si fueran cuchillas. Surgieron como una extensión de sus nudillos mientras apuntaba hacia su oponente.
Y entonces atravesó el mentón de uno de los vampiros, destrozando su cerebro, mientras al mismo tiempo, espinas de hueso surgían de sus dedos atravesando los ojos y boca de varios vampiros, incapacitándolos.
—¿Quién eres? —gruñó el capitán al que había llamado en un principio Decimus.
—Yo soy tu muerte —gruñó con indiferencia Sábado, mientras Decimus, aturdido, se posicionaba detrás de ella en guardia, pero también despachando vampiros.
—Yo soy —respondió con una sonrisa perversa el hombre— Ducanor.
Y Ducanor ya no respondió con palabras, sino con acciones. Su cuerpo se desplazó a una velocidad imposible para un ser humano; su cuerpo feysier se hinchó en fuerza mientras expulsaba tal calor de los poros de su piel que se volvió bermellón, cortando directamente y apuntando a la cabeza y cintura de Sábado.
Una explosión de vapor y calor, tanto frío como caliente, inundó el lugar mientras ambas figuras chocaban.
Ducanor usando una lanza y Sábado, que había materializado dos cuchillas de hueso de sus manos.
Sus cuerpos estaban chocando el uno contra el otro; él usó la lanza para bloquear ambas cuchillas de hueso.
—¿Eso es todo lo que tienes, basura de sangre fría? —gruñó Sábado, pero entonces el cuerpo rojo por el calor de Ducanor explotó nuevamente.
Solo que esta vez Sábado se vio forzada a retirarse hacia atrás cuando Ducanor desapareció, convirtiéndose en una sombra que buscaba escabullirse del combate.
—¡No lo harás! —gritó furiosa Sábado mientras una armadura de hueso negro cubría su cuerpo. Su piel y ropa se rompían revelando una armadura ósea, reemplazando sus dos cuchillas por una espada de hueso de un solo filo de color ónice.
Y al mismo tiempo que huía Ducanor, la figura de Decimus parpadeó en el aire como un relámpago, sorprendiendo a su escurridizo oponente para obligarlo a esquivar nuevamente.
—No te irás de aquí hasta que me digas… —declaró Decimus con un tono imponente mientras preguntaba—: ¿De dónde sacaste el nombre de Ducanor?
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