Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 58
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Capítulo 58: Capitulo 58
Año 397 antes de la ascensión del Monarca Celestial.
—Pa, pa, pa, pa, pa, pa… —mientras tarareaba ligeramente una tonada sin ritmo en voz medianamente alta, Ducanor no pudo evitar sentir bastante aburrimiento ante la situación actual en la que se encontraba.
Lo que esperaba que fuera un entrenamiento constante para maximizar su destreza y convertirse en un guerrero de élite, se había transformado en borracheras constantes y citas con Ernzu. Había pasado otro medio mes pacífico, pero extrañamente se sentía descontento.
Por esa misma razón, a la primera oportunidad que escuchó a Tolrik hablar de ir al Castillo de Viddar, se alistó de inmediato.
El castillo se encontraba en el Gran Condado de Svend, que se encuentra en el centro de todo Ulheim, limitando en el norte con Amhedapacha. El viaje tardaría un mes o dos según lo que se tenía previsto, a menos, claro, que fueran a través de una de las matrices de teletransportación.
El medio de transporte por excelencia en el Reino Mortal eran los animales de carga o vehículos espirituales, pero para viajar rápidamente de un lado a otro en pequeños grupos de forma instantánea, existían las matrices de teletransporte. Desde la antigüedad, la Hegemonía había instaurado matrices de teletransporte a lo largo de todo el Reino Mortal, siendo el transporte por excelencia a grandes distancias en la Hegemonía.
Aunque obviamente tenía sus limitaciones. Las matrices de teletransporte normalmente solo podían transportar un máximo de una decena hasta cincuenta personas. Solo las matrices de teletransporte antiguas podrían mover a cientos de personas o incluso más. Y para llegar pronto a Viddar, Tolrik tenía pensado usar una, ya que en la ciudad de Cnut se hallaba una matriz que permitiría pasar a veinte personas con su cargamento con facilidad.
La partida tal vez fuera difícil, pero también era satisfactoria; Ducanor no buscaba instalarse en este momento. Y Ernzu lo sabía, por eso lo apoyó en todo momento y este era precisamente un buen momento para partir. Esta vez para conocer al mismísimo señor de Ulheim, uno de los hombres más poderosos del continente del este y la existencia más alta en Ulheim, y él lo conocería.
Aunque tal vez ya sea demasiado tarde.
…
Para cuando Viddar había caído, la oscuridad había sido su condena. La noche era una perfecta ocasión para moverse, y las criaturas que usaban la oscuridad como su velo y cubierta aprovecharon para infiltrarse sobre las altas murallas de Viddar.
Sombras perversas y gigantescas se arrastraban encima de la muralla, enterrando sus garras en la roca, mientras olfateaban la vida de aquellos protectores cuya sangre derramarían.
El primero no lo vio. Un guardia, un guerrero notable con sus propias habilidades comparables a un noble; decenas si no cientos de guerreros llenaban el castillo. Pero varios miles lo habían abandonado junto al heredero del trono de roca de Ulheim, yendo hacia el norte a enfrentarse al ejército invasor. Y entonces las llamas que cubrían cada una de las atalayas se apagaron.
Los más de cien kilómetros de murallas interconectadas entre sí eran imposibles de proteger por un grupo de apenas unos pocos cientos de guerreros, y fue suficiente que la oscuridad tiñera la totalidad del castillo para que el terror comenzase realmente.
—¿Qué está pasando? —murmuró aturdido Inglat. Sus viejos miembros se enderezaron mientras inyectaba energía espiritual en ellos para fortalecerlos momentáneamente. Tenía más de mil años el anciano Inglat y había sido soberano de Ulheim durante más de la mitad de su vida.
Pero, ¿cuánto había pasado desde que se había levantado en medio de la noche buscando su arma en mano? Años, décadas… No lo recordaba, ni siquiera tenía la vitalidad suficiente como para manifestar su runa dhármica, y prefirió agarrar un cañón de fuego espiritual.
Era un pequeño artefacto de diseño cilíndrico con una boca hueca en la punta y un mango de madera, solo necesitaba una gema espiritual de fuego para cargarlo y podría matar hasta a un noble si…
—Qué tristeza ver a un hombre que ha vivido tanto tan temeroso de morir —murmuró una voz detrás suyo.
—¿Quién está ahí? Revélate. —Apuntando su cañón hacia atrás rápidamente, intentó controlar el miedo y nerviosismo, evitando temblar, pero ni siquiera podía controlar su vejiga, ¿cómo podría evitar el temblor en su mano?
Y entonces lo vio. Era una figura pequeña, como la de un niño o un adolescente, medía poco más de un metro y medio, y tenía un rostro y una apariencia ordinaria. Durante un instante el viejo señor de Ulheim pensó que se había vuelto loco finalmente. La edad lo había alcanzado de la peor manera.
Lamentablemente, no podía estar más equivocado.
—Lo siento por asustarte, Inglat. Realmente no esperaba que finalmente la edad te provocara un retraso tan grande como dejar desguarnecido medio castillo. Los antiguos reyes de Ulheim se retorcerían en sus tumbas si lo supieran —dijo con una sonrisa pícara el niño.
—Tú, maldito mocoso, cállate. —El miedo y la vergüenza inundaron la mente del anciano; ser asustado por un niño, un mocoso. Sentía la humedad en su ropa interior, y el fétido olor de la orina provocó que su rostro se enrojeciera más.
En ese punto había bajado su cañón, pensaba golpear al niño con su propia mano, como muchas veces había golpeado a sus hijos y nietos. Pero la mano nunca logró impactarlo.
El dolor inundó su mente mientras su cuerpo colapsaba en el suelo y sus piernas convulsionaban. Su trasero golpeó el suelo mientras se arrastraba con su mano izquierda: —Ahhhh, ayuda, tú…
Mientras su otra mano yacía destrozada. Los huesos habían sido rotos y la piel arrugada y ennegrecida, con manchas de edad y venas prominentes, ahora estaba totalmente rota.
Su atacante, una figura sombría, una figura tan aterradora que le hizo olvidar en cierto punto el dolor y el miedo, para convertirse en desesperación.
—Un tumulario… imposible, ¿por qué? —su boca fue sellada por el cadáver viviente.
El cadáver era diferente al de la mayoría de feys, incluso a aquellos como los feymor o feyolg. Sus huesos eran extrañamente lisos a diferencia de la porosidad de la mayoría de huesos fey y de incluso otras razas, como si estuvieran hechos de un jade blanco. La carne momificada y seca que cubría parte del esqueleto y conectaba los huesos era totalmente azul y parecían crecerle cuernos o pinchos de hueso en algunas secciones del cuerpo que no estaban cubiertas por una oxidada y desmenuzada armadura extraña.
—Shh —dijo el niño con una sonrisa que parecía más aterradora que la expresión del mismísimo cadáver que ahora sellaba su boca con su mano cadavérica—. No queremos despertar a los que están durmiendo, ¿no es cierto, señor? Tranquilo, será recordado, tal vez no como un buen señor, pero… ¿quién es perfecto?
Lo último que pensó Inglat, el señor más anciano de Ulheim en sus más de veinte mil años de historia, fue: «Mis niños, mis niños».
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