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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 60

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Capítulo 60: Capitulo 60

La ciudad de Cnut, a diferencia de Edna que parecía más bien un asentamiento desordenado alrededor de una atalaya, era bastante más impresionante. Y a los ojos de Ducanor era enorme. Edificios tan grandes como montañas y caminos y calles en las cuales podían pasar cinco carretas de lado a lado. Era de por sí una vista impresionante para un campesino como Ducanor.

—Anonadado, paleto —se burló Benia, quien en un momento desconocido había llegado a su lado.

—Un poco —admitió Ducanor mientras miraba con fascinación las calles de la ciudad a la distancia, aunque…

—Se siente un poco vacío —murmuró confundido Ducanor.

No había poca gente exactamente, pero había un flujo bajo. Los pequeños puntos a la distancia se movían de forma ordenada y no era una masa informe como la mayoría de veces había visto en Edna.

Ulrika, quien había aparecido a su lado, también agregó: —No lo molestes, Benia. ¿Quién quedó con la boca tan abierta que podría poner un huevo cuando fuimos a Tara por primera vez?

Sonrojándose furiosamente, Benia gruñó: —Oye, tú también lanzaste un grito de sorpresa cuando fuimos a Tara.

—Pero yo no molesto a las personas por sorprenderse de… —y mientras el dúo discutía cálidamente, Ducanor detectó a la distancia a la figura familiar de Ek Thor.

O como él lo llamaba para sus adentros: el enano gruñón. A pesar de su tamaño tenía una buena cantidad de ira acumulada y siempre respondía mordazmente a cualquier palabra que le dijeran, pero a pesar de ello era bastante inteligente en su trabajo y, lo más sorprendente, era un alquimista.

—¿Qué sucede? —preguntó Ducanor mientras se adelantaba, ignorando a Benia y a Ulrika.

—Hay problemas, eso es lo que sucede —respondió secamente Ek Thor mientras tomaba un aliento. Su rostro parecía pálido y nervioso, haciendo levantar la guardia a Ducanor.

Y al mismo tiempo, Benia y Ulrika ya habían dejado de discutir y estaban mirando con cautela a Ek Thor, tomando nota de lo que estaba a punto de decir.

—¿Qué sucede, Ek Thor? ¿Acaso la ciudad ha sido tomada? —preguntó Ulrika.

—No exactamente —respondió Ek Thor con un tono sombrío—. Es más complicado que eso.

—Explícate rápido —le instó sin tapujos Benia.

A sus palabras Ek Thor parecía molesto, pero aun así contestó con una pregunta. —¿Han oído hablar de la raza de sangre?

La expresión de Ducanor se congeló ligeramente, mientras recordaba vagamente su tiempo como lobo de sangre. Había oído de Ernzu que la corrupción de los lupercos por la raza de sangre los había transformado en licanos. La raza de los lupercos era una raza de mortales con apariencia de lobo, de gran renombre por su honor y fuerza, pero la corrupción de sangre había transformado a los lupercos en monstruos.

Los licanos, criaturas sedientas de sangre y carne mortal que podían extender su maldición a otros mortales a través de la mordida o la sangre. Ducanor no había purgado la maldición por completo, simplemente estaba en un estado de hibernación. Después de todo, nunca había abierto su segundo dantian con el poder de linaje de un licano, lo cual había hecho retroceder la maldición gracias a su runa dhármica.

Aunque siempre tenía la preocupación de que el lobo de sangre volviese. Después de todo, también era él.

—Sí —respondió ante su silencio Ulrika.

—Bueno, al parecer, está ocurriendo una reunión entre los diferentes templos de sangre.

Esas palabras provocaron un escalofrío en Ducanor a pesar de no saber qué significaba exactamente.

Viendo su duda, Ulrika rápidamente explicó: —Los templos de sangre son el método que usa la raza de sangre para llamar a sus diferentes ramas fuera del continente del norte. Prácticamente cada templo de sangre está controlado por un miembro de alto rango de la raza de sangre. Según he oído de la maestra, solo hay seis templos en todo el continente del este.

—Sí —respondió Ek Thor—, y tres de ellos ahora están reunidos en la ciudad de Cnut.

—¿Por qué? —preguntó confundida Benia.

—No lo sé, pero me parece mala idea ingresar a la ciudad ahora mismo. Sin importar lo que estén planeando, la presencia de un templo de sangre de por sí es bastante mala.

Ducanor frunció el ceño: —¿Acaso el culto que destruyeron de licanos no era parte del templo? ¿Por qué esto sería diferente?

—Es muy diferente, Ducanor —comentó Ulrika con una sonrisa afable—. Lo que destruimos era simplemente un culto independiente creado por un miembro de la raza de sangre. Los templos funcionan prácticamente como embajadores de las dinastías de sangre y su presencia es considerable en todo el continente.

—La secta ha intentado eliminarlos por siglos pero ha sido imposible y simplemente se ha tolerado su existencia, pero siempre que rompen un límite son perseguidos sin piedad, por lo cual normalmente toman un perfil bajo y simplemente convierten miembros de forma voluntaria a través de selecciones secretas.

Escuchando la explicación de Ulrika, rápidamente entendió por qué el caso de Intermezzo era diferente; después de todo, había secuestrado y esclavizado a todo un pequeño grupo de aldeas en Otranto.

—Entonces, ¿qué hacemos? ¿Vamos a espiarlos? —preguntó Benia con una sonrisa confiada.

Haciendo que Ulrika y Ek Thor se tocaran el entrecejo mientras miraban con obvia molestia a Benia. Mientras que el propio Ducanor asentía ligeramente.

—Debemos investigar, no podemos dejar que esto se desarrolle. Tal vez esté relacionado con la invasión gigante —comentó Ducanor.

Haciendo que la mirada de Ulrika brillase con algo de curiosidad mientras reflexionaba, mientras que el propio Ek Thor fruncía el ceño.

—No recomiendo esto, es demasiado peligroso. No estamos hablando de infiltrar un culto, estamos hablando de un templo. Tal vez haya miles de miembros en la ciudad; no sería extraño que un señor mortal o existencias más aterradoras estén reunidas.

Todo el grupo lo pensó y no pudieron evitar estar de acuerdo parcialmente con Ek Thor. Pero aun así.

—Somos Guardas. La muerte es inevitable, pero la seguridad del continente es la prioridad —dijo Ulrika con decisión.

A lo cual Ducanor, a pesar de no ser Guarda, asintió y murmuró: —Tranquilo, esto será rápido, solo será ir y volver.

—Sí, qué tan difícil puede ser —comentó con una sonrisa Benia.

Ek Thor, mirando al trío, no pudo evitar tener el presentimiento de que todo podría salir mal.

…..

La ciudad estaba tranquila, tan tranquila que inclusive un grupo como el de Tolrik sería demasiado vistoso, por lo cual, luego de enviar a Ek Thor a notificar a Tolrik, los tres: Ducanor, Benia y Ulrika, ingresaron a la ciudad.

Los guardias de la entrada los revisaron exhaustivamente, pero no hicieron muchas preguntas y pudieron ingresar luego de una espera más o menos larga.

—¿Dónde investigamos? —preguntó Ducanor, curioso.

—Ek Thor dijo que probablemente se estén reuniendo en las alcantarillas de la ciudad —respondió ella.

Benia parecía estar en sus propios pensamientos, mientras que Ducanor parecía alerta. Estaban caminando ya que montar a caballo llamaría demasiado la atención, por lo cual simplemente avanzaron y se internaron en la ciudad. Y lo primero que siguieron para investigar este lugar, en medio del atardecer, fue una pequeña multitud.

Una pequeña multitud que se internaba entre los pasadizos de la ciudad, en fila uno detrás del otro, mientras avanzaban sin ver el camino.

—¿A dónde irán? —preguntó Ducanor en voz baja, al mirar con duda la extraña conducta de esas personas.

—Sigámosles, tal vez haya un motín, o se estén ocultando del templo de sangre —comentó Benia.

Y mientras los seguían, buscaban comprender la trama dentro de la ciudad. Sin saber que en ella algo siniestro se estaba gestando, más allá de lo que pudiesen comprender.

….

Los mortales eran criaturas fáciles de corromper; simplemente satisface una necesidad, o crea una necesidad. Podía ser la búsqueda de la felicidad, la libertad, liberarse de la soledad, o inclusive el amor. Pero la que más le gustaba y su favorita era, nada menos, que la comida.

¿Qué persona puede vivir sin alimentos? ¿Quién puede soportar no comer y disfrutar de una buena comida? No era simplemente una necesidad, era un placer. Una buena comida podía llenar el estómago y el corazón al mismo tiempo.

Entre todos los placeres de la carne, probablemente la comida era el que más amaba y el que más odiaba al mismo tiempo. El placer de comer era incomparable, pero el dolor del hambre y el sufrimiento de un alimento mediocre era una tortura.

Pero él alimentaba muy bien a sus animales.

….

Las alcantarillas eran un logro transmitido por parte de la Hegemonía a los feys. Ducanor recordaba bastante claramente cómo Uisuk alababa el logro arquitectónico y tecnológico que eran las cloacas instauradas por la Hegemonía. Y probablemente era lo que más añoraba de su vida como noble.

—Esto huele a mierda —gruñó con molestia Ducanor mientras caminaba por los pasillos laterales de las alcantarillas, donde en el medio un enorme canal transportaba las aguas negras de los desechos de la ciudad.

—¿Qué esperabas? Estamos en las alcantarillas, ¿que oliera a flores? —le respondió con enojo Benia, quien no parecía muy contenta tampoco con el hecho de estar en este lugar.

—Oye, no me grites, ¿quieres que nos escuchen? —le reclamó Ducanor.

—Que me calle… tú cállate, tu voz suena como un pitido molesto, se puede escuchar desde…

—Cállense los dos —gritó furiosa Ulrika, haciendo temblar ligeramente al dúo, quienes sorprendidos se miraron con duda y molestia antes de desviar la mirada, desviando su ira.

—¿Qué creen que es esto, un paseo? Estamos en un territorio desconocido, además perdimos el rastro de las personas que seguíamos —reclamó molesta Ulrika.

—No los hemos perdido —agregó Ducanor mientras avanzaba en dirección a una canaleta; frunció el ceño, tocó las paredes de piedra y frunció el ceño.

—Los siento arriba —murmuró Ducanor mientras caminaba pegado a la pared, como si olfateando algo.

—¿Qué estás haciendo? ¿Acaso eres un sabueso ahora? —preguntó molesta Benia—. Deberíamos irnos, no vamos a encontrar nada por ahora, pero si tenemos la ayuda de…

—Lo encontré. —Repentinamente, como si de un extraño mecanismo se tratase, Ducanor había presionado una especie de escalón en la pared, lo cual había formado una pequeña escalera hacia arriba donde parecía existir una especie de trampilla.

—Eso es…

—Te dije que era bueno —dijo con una expresión arrogante Ducanor mientras, sin dejar que Benia se quejara, subió la escalera de manos, escalando rápidamente hasta la trampilla y cruzando más allá de su umbral.

—Bastardo arrogante —gruñó Benia mientras lo seguía.

—Pero tiene razón —respondió con una sonrisa pícara Ulrika detrás de ella.

Y entonces se encontraron en un territorio desconocido. No estaban en las alcantarillas, sino en una especie de catacumbas.

Cráneos y huesos apilados los unos con los otros y unidos con roca y piedra, formaban una cámara siniestra donde la única fuente de luz eran las débiles llamas de las antorchas repartidas. Que solo permitían ver las débiles sombras de figuras ocultas en la oscuridad.

—Esas son personas —murmuró aturdida Benia.

Y entonces Ulrika comprendió a dónde habían ido las personas de la ciudad al desaparecer.

Cientos, si no miles de huesos apilados y cadáveres harapientos de hombres y mujeres estaban repartidos en toda la enorme cámara. Donde en el centro de la misma, donde la única fuente de luz era claramente visible, había un altar con velas.

Figuras ennegrecidas se arrodillaban a su alrededor, mientras devoraban en el altar carne sanguinolenta y una masa negra desagradable, además de beber una especie de brea negra de un cáliz.

Guardaron silencio intentando pasar desapercibidos. Pero entonces, extrañamente, se sintió algo incómodo.

«No hay salidas», pensó con el corazón pendiendo de un hilo. «Ni malditas entradas.»

Las entradas habían desaparecido en un momento desconocido. Extrañamente, ninguno de los presentes parecía preocupado, mientras se hundían en el placer extrañamente.

Sintió cómo el ambiente de la cámara cambiaba a uno sofocante y destructivo. El baño de sangre había comenzado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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