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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 61

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Capítulo 61: Capitulo 61

No sabía quién había sido primero, si él o el otro tipo. Lo único que supo fue que había agarrado su garganta, aplastando su tráquea hasta que su rostro se volvió azul.

La sangre llamó a más sangre. Más víctimas cayeron y la escena se transformó en un festival de sangre.

Algunos empezaron a matar a cualquier persona en su línea de visión, o lo intentaban hasta que se encontraban con él y este le rompía el cuello, o les atravesaba la córnea con una cuchara.

La escena se volvió un caos. La sangre empezó a fluir como un río, mientras una pequeña película del líquido vital inundaba el suelo. Mientras los más hundidos en su propia locura bebían la sangre y devoraban a sus víctimas, otros simplemente los sodomizaban o intentaban hacer pinturas o esculturas con sus cuerpos.

Era una locura, una verdadera locura. Pero… Él estaba aquí también disfrutando del frenesí. La batalla lo llamaba: sangre para derramarse, carne para abrirse.

—Me drogaron —gruñó, mientras escupía ante el intento de la mujer frente a él de clavarle un tenedor en el corazón, lo cual había fallado, clavándolo en su pulmón.

—Maldita perra —gruñó mientras intentaba estampar su cabeza contra el suelo y aplastarle el cráneo.

Pero entonces sintió que algo le golpeaba la cabeza y tardó un tiempo en reaccionar. Para cuando se giró, todo se había vuelto…

Rojo.

….

En un palco encima de la orgía de sangre que se estaba gestando en el suelo, había un grupo de figuras que observaba la escena con diferentes emociones; algunas de esas eran de curiosidad, indiferencia o incluso algo de disfrute y crueldad.

Pero la persona que estaba liderando toda esta escena era Intermezzo Omeya, solo que esta vez no iba desaliñado, sino que portaba una máscara de lobo negro la cual cubría la parte superior de su rostro.

—La esencia de sangre está teniendo efectos bastante buenos en estos especímenes —murmuró él con una sonrisa a sus pares. La mayoría tenía apariencias igual de extrañas que él, pero todos usaban diferentes máscaras para cubrir sus rostros.

—Jajaja, pero al parecer la camada sigue siendo bastante mediocre; por ahora ninguno ha despertado la marca de sangre a pesar de que llevan un tiempo —dijo uno de los hombres enmascarados con una máscara de un rostro azul.

—Tranquilos, es como criar insectos; solo cuando hayan probado sangre los vencedores lograrán tener el veneno más poderoso. Por ahora son simplemente larvas, ahora hay que dejar que rompan sus límites —murmuró una voz algo neutra que no denotaba su género, usando una máscara de unos ojos con una lágrima roja en la mejilla.

Pero entonces un brillo negro surgió del escenario que habían creado, haciendo que sus pupilas detrás de sus máscaras se dilataran ante la inesperada situación.

Repentinamente, una de las figuras se cubrió de llamas negras mientras incineraba al instante a uno de los supervivientes que mostraba más talento, ya que su aspecto se había deformado al de una especie de oso demoníaco con el hocico cubierto de pústulas del cual fluía veneno y miasmas negros.

Pero, a pesar de todo, ese prometedor candidato murió convirtiéndose en polvo.

—Llamas del infierno —comentó con emoción uno de los vasallos de sangre que componía la reunión con una expresión emocionada, el cual era el que portaba una máscara con una llama púrpura en reemplazo de sus ojos.

—Sí, al parecer no es una llama del infierno ordinaria, su cuerpo todavía no colapsa en la transformación. ¿Qué tan talentoso será? —preguntó con curiosidad el mismo vasallo con la lágrima en la máscara.

La persona que expulsaba llamas negras estaba usando una espada de un solo filo que parecía extremadamente grande en comparación a su tamaño. Parecía ser una mujer oculta detrás de una capucha y las llamas negras cubrían su cuerpo como si fuera inmune a ellas, mientras observaba amenazantemente a sus oponentes.

—Al parecer la fiesta se ha puesto interesante —murmuró Intermezzo, mientras sus ojos brillaban siniestramente al ver el rostro de la chica.

E inconscientemente se tocó el costado del rostro, donde una cicatriz estaba oculta tras su máscara. Y el dolor volvió a él, así como la ira.

….

Sobre la ciudad de Cnut, había una pequeña atalaya que bordeaba el río de la ciudad. Rodeado de agua, el único paso terrestre hacia él era un puente construido en la dirección que conectaba con la ciudad. Y en el interior de este lugar, una reunión se estaba llevando a cabo en los pasillos de piedra negra de la atalaya, donde dos existencias se enfrentaban entre sí emitiendo una intención asesina sin fin.

Había tres personas en el pasillo.

La primera era una mujer de aspecto seductor vestida con un traje de una sola pieza que se pegaba a su piel y una especie de armadura ajustada. Tenía una espada atada a su espalda y su cabello, negro como el ónice, caía como una cascada por su espalda.

Detrás de ella había un hombre alto de aspecto intimidante, con una armadura pesada cubriendo su cuerpo y una capa negra con blanco cruzada en su pecho y sobre el hombro. Pero lo que más destacaba de él era lo que tenía apoyado en su hombro. Era un hacha, pero no con un diseño ordinario; eran dos varas curvas atadas entre sí con una seda roja y púrpura, la cual tenía en la esquina superior de la misma incrustado el filo de la cabeza del hacha de color dorado.

Era un fasces.

Mientras que el título del que lo poseía era el de lictor. Los lictores eran la fuerza personal de una autoridad mayor de una magistratura. Tenían el poder de la vida y la muerte sobre los ciudadanos de la Hegemonía mientras el magistrado lo ordenara.

En la Hegemonía, pocos magistrados tenían lictores a su servicio. Un Hegemón tenía bajo su servicio veinticuatro lictores, mientras que un Princeps tendría dos bajo su servicio. Y ahora, con la situación del continente del este, la autoridad de la actual Hegemón rebelde solo era capaz de desplegar doce lictores, por lo cual los magistrados tenían la mitad de los lictores normales. Ella tenía solo uno, pero era suficiente como para presionar bajo su autoridad a una ciudad entera.

—Caballero de sangre, espero que comprenda que mi presencia aquí no es solo una visita diplomática —gruñó la mujer.

Enfrente de ella había un hombre regio e imponente. Tenía el cabello rojo escarlata corto y estaba vestido de negro, pero su rostro estaba cubierto con una máscara blanca con una corona dorada y un trono rojo pintado en ella.

—¿Acaso parezco alguien irrazonable, señorita Jagger? —dijo con una sonrisa el caballero de sangre.

—Princeps Jagger para ti, David. Recuerda tu lugar. Tal vez pienses que mi madre te teme, pero solamente no tiene tiempo para tratar con basura como tú, así que controla a los de tu clase, a menos que quieras que toda la fuerza del Ala Petriana saque de sus tumbas sanguinolentas a tus amigos.

No podía verse si la expresión de David había cambiado de alguna manera ante sus palabras, pero el silencio se cernió entre ambos durante un instante que pareció eterno.

—¿En serio piensas que le tengo miedo a tu madre, Alana? —preguntó con curiosidad David.

—No —respondió Alana, mientras la intención asesina se extendía a partir de ella hacia David. Mientras tanto, el propio lictor detrás de ella inclinó su fasces en una pose defensiva—. Deberías temerme a mí.

La sangre brotó, manchando el suelo de la habitación y haciendo temblar ligeramente las paredes por la intensidad del enfrentamiento. Pero el herido no había sido David, ni Alana. Sino el lictor.

—¡Tú, maldito traidor! ¿Cómo te atreves? —gruñó con furia Alana, mientras su espada se movía a una gran velocidad destrozando completamente la mitad del rostro del lictor.

—Jajajaja… —pero el lictor solo rio. Su rostro, relativamente atractivo, estaba destrozado con un agujero en la parte del cráneo, al mismo tiempo que su hombro estaba parcialmente destrozado a causa del ataque.

Mientras tanto, el propio David parecía indiferente mientras retrocedía. —Te dije que no temo, Alana, aunque tu talento de por sí es bastante aterrador —mientras se inclinaba ligeramente hacia ella con un gesto de cortesía, agregó—: Si te unes a mí, tal vez considere tratarte suavemente.

Pero Alana lo ignoró, con su mirada fija en el lictor. Este estaba riendo. Repentinamente, su rostro se transformó en una mueca grotesca y, para sorpresa de Alana, su rostro se deformó en una máscara; una máscara que estaba rota pero cuyo rostro sonriente seguía provocándole un escalofrío.

—Jajajajajaj, joven maestra Alana, lo siento mucho por matar a su escolta, pero realmente es difícil infiltrarse en la guardia, solamente pude tomar posesión de su cuerpo para poder emboscarla —sus palabras estaban dichas con un tono juguetón a pesar del miserable estado de su cuerpo.

Repentinamente, la carne del hombro destrozado, junto a parte de su rostro, explotó revelando decenas de tentáculos que atacaron violentamente a Alana, que instantáneamente retrocedió. Y soltó su espada.

—Espada ejecutora de demonios. La espada silbó en el aire y se dividió en dos y luego en cuatro, cortando y destrozando los tentáculos y los apéndices carnosos del lictor poseído que ahora solo tenían como objetivo atacar y destrozar a Alana.

Pero, en ese momento en el que ella pensó que su oponente había sido derrotado finalmente, el fasces que estaba apoyado en el suelo con el único brazo del lictor tembló. Y entonces, una presión sin límites bloqueó el cuerpo de Alana, impidiéndole la capacidad de moverse. Sin importar su destreza o poder, durante los siguientes cinco minutos su cuerpo no sería capaz de moverse, a menos que fuera un señor espiritual. Solo podía esperar la muerte.

Y entonces la risa perversa del lictor poseído llenó el pasillo, mientras Alana veía cómo se acercaba a ella. —Lo siento, niña. Al parecer perdiste la apuesta —escuchó la voz de David detrás suya. Y con ella, el fin de la batalla.

La batalla en el interior de las catacumbas había llegado a un punto álgido donde la sangre derramada había creado una capa de sangre en el suelo. Y en la misma, tanto Ducanor como Benia se habían enfrentado a los ex habitantes de la ciudad, ahora convertidos en monstruos.

—¿Por qué dudas? No son como tú, Ducanor, han caído completamente en la corrupción, te matarán no solo a ti sino que a nosotros —rugió Benia al ver que los ataques de Ducanor intentaban no ser fatales.

Mientras que Ulrika ya había empezado una masacre. Ducanor nunca había visto el poder de un señor mortal antes, y ahora lo había visto: decenas de monstruosidades habían muerto de un solo ataque.

—Segundo chakra, Fuego del Vacío —había dicho Ulrika, antes de ser cubierta de una capa de fuego negro que destrozó a cualquier oponente contra el que luchase.

Y su espada se cubrió de fuego negro, mientras ahora se enfrentaba a otro desafortunado que había sufrido la metamorfosis transformándose en una especie de insecto similar a un ciempiés. Su cabeza explotó en una masa de carne negra mientras su mandíbula y columna vertebral se extendían a través del lugar donde estaba su cabeza para moverse de forma caótica, mientras cada una de las vértebras se transformaban en cuchillas óseas que se movían a gran velocidad en dirección a todos los presentes en las catacumbas.

—Un entomorfo —gruñó Ulrika y, mientras miraba hacia alrededor, agregó—: No es el único. A la distancia, varias personas se habían transformado en monstruosidades similares a insectos o lobos, como los licanos a los que bien conocía. Pero los entomorfos eran más perturbadores a la vista que los propios licanos.

En respuesta, las llamas negras chocaron con las cuchillas de hueso del ciempiés humanoide, dispersándose brevemente antes de que Ulrika se moviese a gran velocidad y presionase el cuerpo todavía vulnerable del entomorfo atravesándole el pecho usando uno de sus propios huesos, antes de cubrirse de un manto de llamas que devoró a la criatura mientras lanzaba un último chillido de terror.

Mientras tanto, Ducanor y Benia se enfrentaban a los hombres mosca que, a diferencia de los ciempiés humanoides, escupían ácido de sus extremidades, forzando a ambos a atacar a distancia.

—Bala de hielo —murmuró Ducanor, mientras decenas de pequeños cilindros de hielo se manifestaban delante, disparándose a gran velocidad mientras atravesaban el cuerpo quitinoso de su oponente antes de explotar, disolviendo sus órganos internos.

—Evocatio, tonitrus —las manos de Benia temblaron mientras orbes se materializaban en sus manos, surcando a gran velocidad el aire antes de impactar a sus objetivos, que fueron mandados a volar o totalmente carbonizados.

Pero antes de que pudiese terminar, un enorme rugido resonó en la estancia mientras una figura colosal destrozaba a un grupo de los ya pocos candidatos supervivientes.

—Eso es… —gruñó sorprendida Benia, mientras observaba a su oponente actual con una mezcla de terror y sorpresa. Mientras que Ulrika y Ducanor solamente pudieron retroceder levemente ante su presencia. Porque un verdadero monstruo estaba enfrente de ellos.

…..

Ducanor vomitó sangre mientras sentía que su cuerpo empezaba a cambiar constantemente por una razón ajena a su voluntad. «Esto es un veneno. No, ¿qué tipo de veneno haría esto?», pensó para sí mismo mientras esquivaba a uno de los pocos supervivientes en este lugar que ya había perdido todo signo de anterior sofisticación y hedonismo.

Sentía cómo su fuerza aumentaba a un ritmo constante, sus músculos y huesos empezaban a emanar una fuerza sobrenatural más allá de sus límites ordinarios e, inconscientemente, su cuerpo estaba atravesando los primeros pasos de la primera etapa de chakra.

—No, no, no, no volveré a ser un monstruo —intentó contener el cambio que estaba siendo influenciado por algo desconocido; no sabía qué era, pero no podía soportarlo.

«Epíteto Dao», pensó aturdido para sí mismo con sorpresa, mientras sentía que su energía espiritual seguía aumentando a un límite extraño, más allá del límite de un ordinario cultivador en la etapa Puerta Dao. Él había estado semanas intentando llegar a ese nivel, pero todavía no lo había logrado a pesar de estar prácticamente decenas de horas cada día entrenando su respiración, pero ahora lo había logrado.

El primer paso de la Puerta Dao era la “Apertura de Puerta”, que era prácticamente conectar su dantian con sus ocho meridianos. Los meridianos, al igual que el dantian, eran órganos inexistentes, etéreos y sin forma física, y permitían el paso de energía espiritual pasiva en el cuerpo. Pero al conectarlo con el dantian, las reservas de energía espiritual de un mortal aumentaban considerablemente.

Y en este momento Ducanor estaba conectando ocho meridianos en su dantian inferior y el éxito de aquello tenía nombre: Epíteto Dao. Porque significaba que el Dao gestándose en la mente y espíritu de Ducanor había nacido finalmente.

Pero entonces una sombra de un par de garras de más de dos metros de altura se movió hacia él, y apenas tuvo tiempo para reaccionar para cuando él ya estaba frente a él. Pero fue suficiente; aunque debilitado, seguía siendo alguien bastante consciente de su entorno y sus reflejos no habían hecho más que aumentar en este punto.

Un movimiento rápido de sus manos hizo que pudiera materializar de una forma extremadamente rápida una neblina de hielo usando su segunda runa dhármica.

—Solidifícate —gruñó Ducanor, y a sus pensamientos la neblina tomó la forma de cuchillas que cortaron el aire rápidamente encontrando resistencia mientras se retiraba a una esquina.

Pero entonces, el brazo carnoso de hueso no le apuntó a él, sino al techo de la habitación, y en instantes gritos de sorpresa inundaron el aire cuando repentinamente no solamente el techo o la pared fue destrozada, sino que la figura gigantesca atrapó entre sus garras una figura extremadamente familiar para Ducanor.

—No, imposible, ¿cómo puedes…? —gritó Intermezzo, mientras su cuerpo empezaba a crecer dentro de la garra de la criatura reptiliana gigante.

—No lo harás —gruñó con fiereza y con una voz aguda la bestia, presionando con ambas garras a Intermezzo enfrente de su hocico y escupió sobre él.

Siendo lo último que quedó de Intermezzo Omeya, su segundo maldito padre, fueron huesos y carne quemada.

….

Aturdida, Benia sintió que la figura que estaba destrozando al licano era familiar, pero cuando el polvo se disipó repentinamente, la bestia redujo su tamaño revelando una figura alta y delgada.

—Sigrid —dijo sorprendida Benia mientras se levantaba aturdida entre los restos de los cadáveres, y entonces la figura se reveló por completo.

Era una chica de cabello escarlata brillante, largo hasta el punto que llegaba a su cintura y con un par de cuernos en su frente, además de que claro, estaba desnuda, cubriéndose simplemente con un par de alas de color carne que la abrazaban.

—Benia, maldita sea, ¿qué hacen aquí? Si no fuera porque estábamos aquí en una misión propia, hubieran muerto —dijo furiosa mientras se precipitaba hacia ella y la miraba fijamente.

—No molestes a la niña —dijo repentinamente una voz detrás de ella.

Alerta se giró, solo para ser abrazada por el cuerpo suave y cálido de una mujer de aspecto afable y amable; claro, si no fuera porque estaba cubierta de sangre.

—Asara, tú también estás aquí —preguntó Ulrika, quien también había aparecido.

—Y no solo yo, mi hermana y Redsu también están, además de varios guardas más. Ya me comuniqué con tu hermano, ya entraron a la ciudad y están realizando una purga con sus hombres, pero…

La expresión de Asara en ese momento se nubló ligeramente. Tenía el cabello de un dorado brillante y la piel bronceada, además de ser bastante alta y fornida, como una verdadera feysir. Aun así, esa viveza no ocultaba la preocupación en su rostro.

—No hemos tenido noticias de mi hermana en las últimas horas, temo lo peor —gruñó con preocupación.

—Tranquila Asara, todo se solucionará —proclamó Ulrika con una sonrisa amable.

Y mientras hablaban, la sangre inocente derramada se secaba debajo de ellas. Sin darse cuenta de la desaparición de alguien entre ellos.

….

En la ciudad de Cnut, las fuerzas del magister Iaspis habían entrado con fuerza y decisión. La ciudad no estaba fortificada en su mayor parte y los pocos defensores fueron destrozados por las fuerzas del Ala Petriana, uno de los mayores regimientos de fuerza del magister Iaspis en el continente del este.

Todos montados a caballos dragón y velocípedos, por lo cual era una fuerza montada de gran tamaño, todos equipados con armaduras rojas brillantes. Bajo las órdenes expresas de la Hegemón, liderando estas fuerzas estaba el magister Filiad de rango princeps. Era un joven de aspecto sano y cabellera verde frondosa. No era un feysir, sino un feynir, el cual portaba una especie de cetro y una túnica holgada de tres colores, mostrando su posición como un filiad rojo. Como todo filiad, no podía portar nada metálico, por lo cual ningún adorno de metal forjado adornaba su cuerpo.

—Filiad Derin, las fuerzas de la ciudad han caído, se han retirado del castillo y han huido. Prácticamente está desocupado —dijo el prefecto del ejército, a pesar de que Derin era el que tenía mayor autoridad.

El líder de facto del Ala Petriana era el prefecto, el cual lideraba todo el regimiento de cinco mil hombres, siendo que la mitad estaban aquí.

—¿Y dónde está la magister Jagger? ¿No estaba en el lugar? —preguntó estupefacto Derin.

A lo cual el prefecto respondió con una expresión igual de desconcertada: —No hemos hallado rastros de ella ni de fuerzas hostiles de los templos. Estaba totalmente vacío el castillo.

Y como si esas palabras fueran un interruptor. Repentinamente una presión invisible presionó tanto a Derin como al prefecto, que sorprendidos vieron que se acercaba una mujer alta y robusta, vestida con una armadura pesada que solamente dejaba al descubierto una cola de caballo azul.

—Señorita Redsu, ¿qué hace…? —pero antes de que Derin pudiera intentar calmar a la aterradora mujer enfrente de él, ella simplemente desenfundó su enorme martillo golpeando el suelo con él, haciendo encabritar a los caballos alrededor.

—¿Dónde está Alana?

Y sintiendo como si algo muy malo iba a pasar si se quedaba callado, simplemente confesó lo que había pasado. Y como si esas palabras hubieran provocado que un golpe explotase, la figura de Redsu simplemente desapareció a la distancia dejando tras de sí un cráter en el suelo.

—Los guardas son demasiado aterradores —murmuró el prefecto tembloroso.

Dejando sin palabras a Derin quien, a pesar de ser un filiad, también podría considerarse un guarda. —Espero que no pase nada malo —finalmente dijo antes de volver a sus labores, tomando con éxito la ciudad de Cnut.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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