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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 62

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Capítulo 62: Capitulo 62

La batalla en el interior de las catacumbas había llegado a un punto álgido donde la sangre derramada había creado una capa de sangre en el suelo. Y en la misma, tanto Ducanor como Benia se habían enfrentado a los ex habitantes de la ciudad, ahora convertidos en monstruos.

—¿Por qué dudas? No son como tú, Ducanor, han caído completamente en la corrupción, te matarán no solo a ti sino que a nosotros —rugió Benia al ver que los ataques de Ducanor intentaban no ser fatales.

Mientras que Ulrika ya había empezado una masacre. Ducanor nunca había visto el poder de un señor mortal antes, y ahora lo había visto: decenas de monstruosidades habían muerto de un solo ataque.

—Segundo chakra, Fuego del Vacío —había dicho Ulrika, antes de ser cubierta de una capa de fuego negro que destrozó a cualquier oponente contra el que luchase.

Y su espada se cubrió de fuego negro, mientras ahora se enfrentaba a otro desafortunado que había sufrido la metamorfosis transformándose en una especie de insecto similar a un ciempiés. Su cabeza explotó en una masa de carne negra mientras su mandíbula y columna vertebral se extendían a través del lugar donde estaba su cabeza para moverse de forma caótica, mientras cada una de las vértebras se transformaban en cuchillas óseas que se movían a gran velocidad en dirección a todos los presentes en las catacumbas.

—Un entomorfo —gruñó Ulrika y, mientras miraba hacia alrededor, agregó—: No es el único. A la distancia, varias personas se habían transformado en monstruosidades similares a insectos o lobos, como los licanos a los que bien conocía. Pero los entomorfos eran más perturbadores a la vista que los propios licanos.

En respuesta, las llamas negras chocaron con las cuchillas de hueso del ciempiés humanoide, dispersándose brevemente antes de que Ulrika se moviese a gran velocidad y presionase el cuerpo todavía vulnerable del entomorfo atravesándole el pecho usando uno de sus propios huesos, antes de cubrirse de un manto de llamas que devoró a la criatura mientras lanzaba un último chillido de terror.

Mientras tanto, Ducanor y Benia se enfrentaban a los hombres mosca que, a diferencia de los ciempiés humanoides, escupían ácido de sus extremidades, forzando a ambos a atacar a distancia.

—Bala de hielo —murmuró Ducanor, mientras decenas de pequeños cilindros de hielo se manifestaban delante, disparándose a gran velocidad mientras atravesaban el cuerpo quitinoso de su oponente antes de explotar, disolviendo sus órganos internos.

—Evocatio, tonitrus —las manos de Benia temblaron mientras orbes se materializaban en sus manos, surcando a gran velocidad el aire antes de impactar a sus objetivos, que fueron mandados a volar o totalmente carbonizados.

Pero antes de que pudiese terminar, un enorme rugido resonó en la estancia mientras una figura colosal destrozaba a un grupo de los ya pocos candidatos supervivientes.

—Eso es… —gruñó sorprendida Benia, mientras observaba a su oponente actual con una mezcla de terror y sorpresa. Mientras que Ulrika y Ducanor solamente pudieron retroceder levemente ante su presencia. Porque un verdadero monstruo estaba enfrente de ellos.

…..

Ducanor vomitó sangre mientras sentía que su cuerpo empezaba a cambiar constantemente por una razón ajena a su voluntad. «Esto es un veneno. No, ¿qué tipo de veneno haría esto?», pensó para sí mismo mientras esquivaba a uno de los pocos supervivientes en este lugar que ya había perdido todo signo de anterior sofisticación y hedonismo.

Sentía cómo su fuerza aumentaba a un ritmo constante, sus músculos y huesos empezaban a emanar una fuerza sobrenatural más allá de sus límites ordinarios e, inconscientemente, su cuerpo estaba atravesando los primeros pasos de la primera etapa de chakra.

—No, no, no, no volveré a ser un monstruo —intentó contener el cambio que estaba siendo influenciado por algo desconocido; no sabía qué era, pero no podía soportarlo.

«Epíteto Dao», pensó aturdido para sí mismo con sorpresa, mientras sentía que su energía espiritual seguía aumentando a un límite extraño, más allá del límite de un ordinario cultivador en la etapa Puerta Dao. Él había estado semanas intentando llegar a ese nivel, pero todavía no lo había logrado a pesar de estar prácticamente decenas de horas cada día entrenando su respiración, pero ahora lo había logrado.

El primer paso de la Puerta Dao era la “Apertura de Puerta”, que era prácticamente conectar su dantian con sus ocho meridianos. Los meridianos, al igual que el dantian, eran órganos inexistentes, etéreos y sin forma física, y permitían el paso de energía espiritual pasiva en el cuerpo. Pero al conectarlo con el dantian, las reservas de energía espiritual de un mortal aumentaban considerablemente.

Y en este momento Ducanor estaba conectando ocho meridianos en su dantian inferior y el éxito de aquello tenía nombre: Epíteto Dao. Porque significaba que el Dao gestándose en la mente y espíritu de Ducanor había nacido finalmente.

Pero entonces una sombra de un par de garras de más de dos metros de altura se movió hacia él, y apenas tuvo tiempo para reaccionar para cuando él ya estaba frente a él. Pero fue suficiente; aunque debilitado, seguía siendo alguien bastante consciente de su entorno y sus reflejos no habían hecho más que aumentar en este punto.

Un movimiento rápido de sus manos hizo que pudiera materializar de una forma extremadamente rápida una neblina de hielo usando su segunda runa dhármica.

—Solidifícate —gruñó Ducanor, y a sus pensamientos la neblina tomó la forma de cuchillas que cortaron el aire rápidamente encontrando resistencia mientras se retiraba a una esquina.

Pero entonces, el brazo carnoso de hueso no le apuntó a él, sino al techo de la habitación, y en instantes gritos de sorpresa inundaron el aire cuando repentinamente no solamente el techo o la pared fue destrozada, sino que la figura gigantesca atrapó entre sus garras una figura extremadamente familiar para Ducanor.

—No, imposible, ¿cómo puedes…? —gritó Intermezzo, mientras su cuerpo empezaba a crecer dentro de la garra de la criatura reptiliana gigante.

—No lo harás —gruñó con fiereza y con una voz aguda la bestia, presionando con ambas garras a Intermezzo enfrente de su hocico y escupió sobre él.

Siendo lo último que quedó de Intermezzo Omeya, su segundo maldito padre, fueron huesos y carne quemada.

….

Aturdida, Benia sintió que la figura que estaba destrozando al licano era familiar, pero cuando el polvo se disipó repentinamente, la bestia redujo su tamaño revelando una figura alta y delgada.

—Sigrid —dijo sorprendida Benia mientras se levantaba aturdida entre los restos de los cadáveres, y entonces la figura se reveló por completo.

Era una chica de cabello escarlata brillante, largo hasta el punto que llegaba a su cintura y con un par de cuernos en su frente, además de que claro, estaba desnuda, cubriéndose simplemente con un par de alas de color carne que la abrazaban.

—Benia, maldita sea, ¿qué hacen aquí? Si no fuera porque estábamos aquí en una misión propia, hubieran muerto —dijo furiosa mientras se precipitaba hacia ella y la miraba fijamente.

—No molestes a la niña —dijo repentinamente una voz detrás de ella.

Alerta se giró, solo para ser abrazada por el cuerpo suave y cálido de una mujer de aspecto afable y amable; claro, si no fuera porque estaba cubierta de sangre.

—Asara, tú también estás aquí —preguntó Ulrika, quien también había aparecido.

—Y no solo yo, mi hermana y Redsu también están, además de varios guardas más. Ya me comuniqué con tu hermano, ya entraron a la ciudad y están realizando una purga con sus hombres, pero…

La expresión de Asara en ese momento se nubló ligeramente. Tenía el cabello de un dorado brillante y la piel bronceada, además de ser bastante alta y fornida, como una verdadera feysir. Aun así, esa viveza no ocultaba la preocupación en su rostro.

—No hemos tenido noticias de mi hermana en las últimas horas, temo lo peor —gruñó con preocupación.

—Tranquila Asara, todo se solucionará —proclamó Ulrika con una sonrisa amable.

Y mientras hablaban, la sangre inocente derramada se secaba debajo de ellas. Sin darse cuenta de la desaparición de alguien entre ellos.

….

En la ciudad de Cnut, las fuerzas del magister Iaspis habían entrado con fuerza y decisión. La ciudad no estaba fortificada en su mayor parte y los pocos defensores fueron destrozados por las fuerzas del Ala Petriana, uno de los mayores regimientos de fuerza del magister Iaspis en el continente del este.

Todos montados a caballos dragón y velocípedos, por lo cual era una fuerza montada de gran tamaño, todos equipados con armaduras rojas brillantes. Bajo las órdenes expresas de la Hegemón, liderando estas fuerzas estaba el magister Filiad de rango princeps. Era un joven de aspecto sano y cabellera verde frondosa. No era un feysir, sino un feynir, el cual portaba una especie de cetro y una túnica holgada de tres colores, mostrando su posición como un filiad rojo. Como todo filiad, no podía portar nada metálico, por lo cual ningún adorno de metal forjado adornaba su cuerpo.

—Filiad Derin, las fuerzas de la ciudad han caído, se han retirado del castillo y han huido. Prácticamente está desocupado —dijo el prefecto del ejército, a pesar de que Derin era el que tenía mayor autoridad.

El líder de facto del Ala Petriana era el prefecto, el cual lideraba todo el regimiento de cinco mil hombres, siendo que la mitad estaban aquí.

—¿Y dónde está la magister Jagger? ¿No estaba en el lugar? —preguntó estupefacto Derin.

A lo cual el prefecto respondió con una expresión igual de desconcertada: —No hemos hallado rastros de ella ni de fuerzas hostiles de los templos. Estaba totalmente vacío el castillo.

Y como si esas palabras fueran un interruptor. Repentinamente una presión invisible presionó tanto a Derin como al prefecto, que sorprendidos vieron que se acercaba una mujer alta y robusta, vestida con una armadura pesada que solamente dejaba al descubierto una cola de caballo azul.

—Señorita Redsu, ¿qué hace…? —pero antes de que Derin pudiera intentar calmar a la aterradora mujer enfrente de él, ella simplemente desenfundó su enorme martillo golpeando el suelo con él, haciendo encabritar a los caballos alrededor.

—¿Dónde está Alana?

Y sintiendo como si algo muy malo iba a pasar si se quedaba callado, simplemente confesó lo que había pasado. Y como si esas palabras hubieran provocado que un golpe explotase, la figura de Redsu simplemente desapareció a la distancia dejando tras de sí un cráter en el suelo.

—Los guardas son demasiado aterradores —murmuró el prefecto tembloroso.

Dejando sin palabras a Derin quien, a pesar de ser un filiad, también podría considerarse un guarda. —Espero que no pase nada malo —finalmente dijo antes de volver a sus labores, tomando con éxito la ciudad de Cnut.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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