Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 67
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Capítulo 67: Capitulo 67
El espacio era una fuerza caótica en la naturaleza; probablemente era uno de los conceptos más largamente estudiados desde la antigüedad y uno de los más útiles. Las naves de vacío o las grandes matrices de teletransportación funcionaban a partir de piedras de vacío: piedras espirituales modificadas para que pudieran desplazarse a través del espacio entre dimensiones sin ser desmaterializadas.
Las piedras de vacío tenían una habilidad como barrera de resistencia vectorial, es decir, que cualquier fuerza externa a la barrera sería rechazada con su propio impulso, resistiendo el embate de las corrientes destructivas.
El Vacío…
Si tuviera que describirse en unas palabras, seguramente sería una tormenta de oscuridad eterna que se agita de forma constante. El reino mortal era tan grande que era imposible, incluso para existencias como Alana que se movían a velocidades que bordeaban la teletransportación, moverse de forma rápida de un punto a otro.
Por lo menos, la Isla del Alba —que era una isla bastante insignificante al norte del continente del este— medía más de cien mil kilómetros, por lo cual, una superficie de un tercio de ese tamaño moviéndose en el vacío era bastante extraordinario y requería una habilidad que solo podía llamarse divina.
Y en el vacío, las reglas de la naturaleza no siempre eran obedecidas, por lo cual era un lugar que generalmente era incompatible con la vida.
En este mismo lugar, Ducanor y el grupo actualmente se estaban moviendo a través del vacío para llegar, en principio, al Reino Demonio Solar.
—Wow, el viaje por el vacío sí que es algo —dijo aturdido.
—No somos los únicos, varios grupos más han llegado —dijo Alana desde el exterior de la puerta de transferencia mientras se preparaban para que se activara. Esta puerta, a diferencia de una matriz de formación, parecía una especie de portal extraño entre dos paredes, en el cual una visión caleidoscópica se desarrollaba a través de su umbral.
Mirando a su alrededor, vio a varios grupos esperando su turno para atravesar. Entre ellos estaba una mujer de cabello rubio y de tez bronceada.
—¡Alana! —gritó la mujer con una sonrisa amplia mientras corría en su dirección, seguida detrás por un grupo de dos chicos y una chica. Uno de los cuales reconoció como Talos Vesperia.
—Hermana, así que tú también elegiste este lugar como prueba. Al parecer, todos lo hicieron —dijo con una sonrisa Asara.
—Más que elegir, es la mejor opción. Justamente es una buena oportunidad para entrenar equipos de guardas —comentó Alana con una sonrisa.
Mientras se acercaban más personas a unirse a la discusión, una mujer de cabello negro y piel oliva apareció, seguida también de otra maestra de cabello carmesí con un saludo alegre.
—Benia, Sigrid. Al parecer ustedes también vinieron. Quién lo diría, la vieja pandilla reunida en este lugar —dijo Asara.
—Quién diría que nadie estaría de misión. Al parecer la situación en el continente es pacífica a más no dar —dijo con una sonrisa alegre Benia.
—Sí, la paz se ha extendido considerablemente —murmuró Alana, cuando se giró y añadió—: Al parecer es nuestro turno.
—Bueno, nos vemos del otro lado, hermana —dijo Asara.
A lo cual ella respondió con una sonrisa igual de alegre:
—Igual, nos vemos del otro lado.
…..
—Bienvenida.
Las palabras parecían absurdamente confusas en este espacio mientras ella fruncía el ceño.
—¿Quién es? —gruñó.
Frunciendo el ceño, ella se dio cuenta de que no podía moverse, o por lo menos no con normalidad.
—Chica, llegaste muy pronto, o tal vez muy tarde. Es curioso, realmente curioso —murmuró una voz anciana.
Repentinamente pudo moverse y entonces logró ver el mundo a su alrededor: un mundo brillante y azul.
Era un lago en medio de un mar de nubes. Solo podía describirse de esa manera ilusoria; el cielo azul y las nubes blancas cubrían su visión, y en medio de todo, había un lago.
Y en medio del lago, un pescador.
El pescador estaba de espaldas, en la orilla, con su larga caña observando los cambios del agua como si los secretos de los cielos estuvieran bajo su superficie, mientras el gancho de la caña temblaba de vez en cuando.
—¿Qué es este lugar? —dijo inconscientemente Alana, mientras miraba aturdida su atuendo.
No llevaba el típico uniforme de profesora de la secta, sino una armadura de combate negra y una espada atada en su cintura. Un atuendo que había olvidado desde hacía mucho tiempo, y una espada que había rechazado en esa época.
—Este lugar es el cielo, o podría decirse que es el espejo de los cielos. Todo lugar tiene nombre, pero a su vez los nombres cambian. Hegemonía, consulado, panteón… —Su mirada parecía llegar hacia ella, incluso si no podía ver el rostro del anciano—. Pero podríamos decir que son recuerdos. Un espejo de un tiempo que fue y, a su vez, no fue; una ilusión, así como un recordatorio. Era una era pasada, una era extinguida, pero que su propia fuerza logró hacer que se desligara de su propia destrucción.
Alana, sin tapujos, empuñó su espada y con ira habló:
—No me interesan tus acertijos. ¿Dónde están mis estudiantes? O tu cabeza rodará, sin importar quién seas.
La espada vibró en su mano pero, curiosamente, cayó al suelo, como si rechazara su toque. Aturdida, Alana se sorprendió al darse cuenta de que su espada, antes inseparable, ahora sentía resentimiento hacia ella.
—Al parecer tu espada rechaza tu ser actual. ¿O acaso es tu Dao el que falta? ¿Has abandonado tu Dao, o tu Dao te abandonó a ti? —dijo con un tono tranquilo el anciano mientras seguía pescando. Su mano movía lentamente la caña, como si estuviera a punto de picar algo.
—Tú… —Ignorando su propia espada, intentó moverse en dirección al pescador y gritó—: ¡Evotio!
Pero nadie respondió. En su dantian inferior, medio y superior, ningún espíritu verdadero ni geass estaba unido ahora.
Estaba indefensa como cualquier mortal.
Pero aun así siguió corriendo con la intención de enfrentarse al desconocido, incluso si muriera.
—Imposible… —Sus pasos no lo alcanzaron. La distancia entre ambos simplemente era infinita a pesar de que podía verlo a menos de veinte pasos. Parecía un límite que no podía cruzar de ninguna forma.
—Responderé nuevamente tu segunda pregunta, pero para que puedas comprenderla: has sido elegida no para un logro glorioso, sino para guiar a la siguiente generación del reino mortal y para pagar el karma que yo mismo he sembrado antes de mi inminente final. Este lugar es un sitio de pruebas, una herencia en la cual conseguirás mi mayor orgullo, aunque tal vez por lo cual soy menos famoso.
—¿Por qué? —gruñó aturdida Alana, como si no pudiera comprender la razón de todo esto—. ¿Por qué yo? Y aun así, me niego. Mis alumnos, ellos…
—Te necesitan —preguntó esta vez el anciano, como si supiera algo que ella no—. Ellos tienen su propio destino. Los ayudé a todos; tendrán la prueba de fuego que requieren, otros verán templadas sus preocupaciones, y por último… él podrá ser uno nuevamente.
Alana tembló ligeramente, temerosa de algo que había pensado hacía mucho tiempo imposible y que ahora parecía estar a punto de cumplirse.
—Tu destino, en cambio, es tener esto.
Un libro flotó frente a ella.
Dejando de lado sus emociones y pensamientos, lo recibió, mientras el mundo a su alrededor se teñía nuevamente de negro, desapareciendo el mar de nubes y dejando tras de sí solo ese libro que tenía tallado en su portada, en grandes caracteres, las palabras: Seis enseñanzas secretas.
….
En medio del Reino del Palacio Solar, o como era llamado por sus propios habitantes, el Reino del Zodíaco.
El vacío se había abierto en diferentes zonas alrededor de todo el reino, alertando ligeramente a las fuerzas locales. Después de todo, el límite de acción de los guardas era en la Tierra de Cenizas; si se internaban en el continente central de Aksum… solo el exterminio sería su destino.
Lamentablemente, en la ciudad de Giyorgis, en los límites del continente con las Tierras de Ceniza, la ayuda esperada no llegaría como ellos mismos pensaban.
El cuerpo de Ducanor estaba en medio del Vacío.
Las condiciones dentro del Vacío no eran algo que un cuerpo mortal fuera capaz de soportar, por lo cual, estar alejado de la protección de las fuerzas repelentes de una matriz de teletransportación o una nave de vacío solo significaba una cosa: la muerte.
De repente, su cuerpo empezó a agrietarse mientras el vapor salía de él por el calor antinatural del exterior. La sangre empezó a manar de las grietas mientras, lentamente, la piel de Ducanor comenzó a quemarse, dejando solo músculos y carne a la vista.
Pero a pesar de ello, sobrevivió. Sobrevivió al viento del vacío que sublimaba su sangre y prácticamente amenazaba con implosionar sus órganos internos. Su cuerpo, tal vez gracias a una fuerza misteriosa, empezó a transmutar en algo diferente.
No tardó mucho en ser cubierto solo de sangre, luego de lo cual esta se secó, cubriendo el cuerpo de Ducanor en una gran costra negra.
Pasó el tiempo como si fuera un caparazón flotando en el vacío.
La mente de Ducanor entró en un estado extraño, en el cual el tiempo prácticamente no existía. Un instante, una eternidad, era indistinguible en este punto.
Probablemente, si le hubieran preguntado a Ducanor qué era el tiempo, hubiera dicho: la acción de las cosas. Porque, después de todo, si alguien se queda parado en la oscuridad sin ningún cambio, ¿el tiempo realmente ha pasado? ¿Realmente importa el tiempo? Este es simplemente la consecuencia a través de una causa; sin causa no hay consecuencia, y sin consecuencia no hay causa, y sin observador no hay consecuencia.
Lamentablemente, la mente de Ducanor estaba prácticamente sedada a causa del dolor y de una fuerza misteriosa que le mantenía en un estado de hibernación.
El tiempo siguió pasando, aunque él mismo no sabía cuánto. Y eso fue cuando el Vacío repentantemente tembló.
Y como si fuera una señal de algo extraño ocurriendo en medio de este caos, el vacío se abrió. Con una repentina sacudida, la roca flotando en la nada que era Ducanor atravesó esa grieta en la realidad y desapareció.
…..
¿Qué es la realidad? ¿Qué es un sueño?
¿Acaso podrías diferenciarlos realmente? La percepción es, después de todo, subjetiva. Si despiertas un día recordando un ayer diferente, ¿cuál de los dos sería real? ¿Puedes confiar en tus recuerdos, en tu pasado, en tu memoria? ¿Acaso no habrás soñado todas esas experiencias? ¿Acaso no te las habrás imaginado?
Este reino al principio era un sueño, un sueño hermoso que se rompió.
Y en ese preciso instante, Ducanor despertó.
—Qué mierda… —gruñó aturdido, solo para darse cuenta de que estaba en una cama extraña.
Confundido intentó levantarse, pero sus manos desgarraron la manta, convirtiéndola en un lío de tiras de tela que se enredaron en sus…
Garras.
—Pelo… ¿por qué? —Mirando sus manos se dio cuenta de que estaban cubiertas de un pelaje negro y grueso, como el que tendría un perro o un lobo. Sus dedos y manos ahora tenían forma acolchada en las palmas y terminaban en afiladas garras que se enredaron entre la tela.
La mente de Ducanor zumbó ante este repentino cambio mientras caía de la cama al suelo, golpeándose directamente en la cabeza.
—No… no es posible —gruñó mientras se arrastraba. Para su sorpresa, en los alrededores de la habitación todo parecía normal; había ropa, muebles, todos los elementos comunes y corrientes de un estudiante…
Un dolor inundó su cabeza haciendo que su visión se nublara. Rápidamente se apoyó en uno de los muebles intentando pararse.
Para darse cuenta de que en este mismo mueble había un espejo.
Y en el reflejo del mismo, un lobo de ojos grandes y expresivos, con el hocico abierto de par en par y una expresión de sorpresa más allá de toda palabra, estaba frente a él.
Y entonces, la puerta a su espalda se abrió.
…
Año 392 antes de la ascensión del Monarca Celestial.
La figura del hombre al que el cazador Elektryum llamaba Ducanor se detuvo momentáneamente, mientras decía con indiferencia:
—Interesante.
Repentinamente, en el aire surgieron dos figuras más: una figura carmesí en una armadura escarlata y con una alabarda en mano, seguida de una mujer de cabello negro, la cual portaba una cuchilla larga entre las mangas de su túnica.
—Heraclio y Alamut… —pensó sorprendida para sí misma Korelia mientras se retiraba. La presencia de ambos significaba que su maestra también estaba involucrada, pero…
—¿Tú quién eres? ¿Qué hiciste con la maestra? —gruñó con ira Heraclio, mientras apuntaba su alabarda a Ducanor.
Pero este no reaccionó con indiferencia. Sus manos se movieron, materializando llamas negras que explotaron en todas las direcciones, como si se tratase de un vórtice de oscuridad ardiente.
—¡Cuidado! —gritó Korelia hacia Sábado, quien también estaba cerca del área de efecto del ataque.
—¡Alamut! —gritó aturdido Heraclio mientras era devorado por las llamas, pero su armadura lo protegió de ellas.
Lamentablemente, ese no era el caso de Alamut, quien se vio devorada por el fuego como una polilla.
—No… —Su voz desapareció entre las llamas.
Surgiendo de ellas, la figura de Ducanor, quien vestía totalmente de blanco y con llamas negras como la brea bañando su cuerpo, sonrió.
—Esperaba subvertirlos a ambos, pero una será más que suficiente. Nos vemos después, cazadores… o debería llamarlos oráculos. Jajajaja.
Y con esas palabras, un rugido feroz surgió delante de él. Donde antes había estado Alamut, ahora había una bestia cubierta de miasma y fuego.
Una máscara de hueso rojo y una armadura de fuego solidificado parecían cubrir su brazo y parte de su pecho, mientras las llamas parecían corromper su existencia.
—Encárgate de matarlos —dijo Ducanor con indiferencia, y con esas palabras se retiró.
—¡No tan rápido! —rugió Decimus, mientras rayos cubrían su cuerpo, moviéndose instantáneamente a la posición de Ducanor.
Pero dos figuras surgieron repentinamente para bloquearlo. En un instante, dos Alamut exactamente iguales, solo que más pequeñas que la anterior, lo atacaron violentamente, apuñalando sus garras de hueso hacia su pecho.
—¡Mataste a mis hijos, mataste a mi esposo! ¡Te mataré, te mataré! —rugieron ambas Alamut mientras rechazaban a Decimus, que, sorprendido, fue reprimido y agarrado por una de ellas, mientras la otra parecía estar a punto de aplastar su cabeza con su enorme garra.
—¡Alamut, no! —rugió Heraclio mientras intentaba detenerla. No estaba usando su alabarda, sino su propio cuerpo. Y ese fue su error.
La cuchilla de hueso de Alamut atravesó el casco de Heraclio, destrozándolo por completo y revelando su rostro cubierto de sangre, que pulsaba de una herida abierta en su sien, la cual revelaba el hueso.
—Alamut, por nuestra amistad espero que despiertes, o si no… —retrocediendo ligeramente, Heraclio gruñó—, tendré que matarte.
Korelia quedó estupefacta ante la seguidilla de cambios que se estaban desarrollando enfrente de ella. En un instante, el combate había cambiado de existencias que bordeaban el rango de Señor Mortal a existencias que superaban con creces aquel nivel.
—Heraclio es un Señor Imperial, mientras que Alamut es un Gran Señor. Menos mal que nadie, al parecer, es un Señor Espiritual —murmuró Korelia con algo de alivio. La única Señor Espiritual que conocía era su maestra Jalida.
Y ella misma no era una Señor Espiritual con una destreza muy grande, y aun así era la existencia más aterradora que había conocido.
El enfrentamiento entre Heraclio y Alamut se desarrolló en un instante. Los clones de Alamut dividían su destreza de combate por cada réplica que realizaba, pero, a pesar de ello, las ahora cinco réplicas abrumaban en todas las direcciones a Heraclio.
Él parecía algo suprimido por las llamas que cubrían el cuerpo de Alamut.
—Mierda —gruñó Decimus mientras se retiraba aturdido a su lado. El combate no tenía signos de detenerse, y la figura de Ducanor ya hacía tiempo que se había desvanecido junto con la sorpresa.
Sábado apareció a su lado también con una expresión oscura, mientras murmuraba:
—Ese bastardo se fue sin dejar rastro —gruñó ella.
Y entonces, Decimus, quien parecía sospechoso, repentinamente preguntó:
—Y tú, ¿quién demonios…?
Sus palabras murieron en su boca cuando, de repente, un trueno resonó en el campo de batalla, mandando a volar hacia atrás tanto a Alamut como a Heraclio, que estaban en un encarnizado combate.
Mientras tanto, dos figuras en armadura se revelaban en medio del campo de batalla. Las dos eran más altas que el propio Decimus, quien estaba cubierto por su armadura color ámbar, y su presencia de por sí era aterradora.
—Secunda, hazlo —gruñó la voz de Primus detrás de su casco, mientras la segunda figura materializaba un martillo de relámpagos en su propia mano, como si fuera un dios del trueno.
—¡Aura de tormenta! —El martillo impactó directamente contra una de las réplicas de Alamut, desintegrando completamente parte del miasma y brea que cubría su cuerpo como una armadura.
—¿Eh? ¿Qué pasó? —dijo estupefacta Alamut, o mejor dicho, una de las réplicas que estaba atónita al verse rodeada en medio de una batalla por copias demoníacas de sí misma.
—Al parecer las llamas de la corrupción te tomaron, jovencita —dijo con una voz seca la persona llamada Secunda, quien, todavía cubierta de relámpagos, materializó una especie de avatar gigante de un tigre a su alrededor, el cual impactó directamente contra otras de las réplicas—. Pero agradece que la condenación del mal son los rayos y relámpagos, o si no tendríamos que haber roto tu cabeza para sacarte de tu estado anterior.
El resto de réplicas, temerosas de Masha, intentaron retirarse. Pero entonces, tanto Sábado como Heraclio las rodearon y, sin ninguna opción ahora que una de ellas había sido liberada de la corrupción, se convirtieron en el objetivo de los ataques de todos.
—Capitán —dijo estupefacto Decimus, dirigiéndose hacia él—. Eres tú. Entonces, ese tipo de antes… ¿quién carajo…?
—Decimus, concéntrate y usa tu maldito Dao para destrozar la corrupción de esas llamas. —La mirada cayó repentinamente sobre ella, y sintió como si lo hubiera visto antes—. Necesitamos todos los aliados posibles para este problema.
…..
La ciudad de Tesara, o lo que había sido la ciudad de Tesara, era diferente. Cuando caminaron por ella, prácticamente todos los habitantes que vieron tenían miradas vacías, mientras avanzaban con temor por las calles.
Era de día, pero las calles parecían muertas…
Y cuando llegaron a la supuesta base de Primus, quedaron sorprendidos al darse cuenta de que era una…
—¿Esto acaso no es una cantina, capitán? —preguntó igual de atónito que ella Decimus.
—Esto no es un bar —respondió con claro orgullo Secunda, quien en este punto se había quitado el casco, revelando una larga cabellera dorada que caía por su espalda y un rostro redondo con una gran sonrisa y ojos pequeños—. ¡Bienvenidos a la Cantina del Gigante Borracho!
Abriendo los brazos con gran orgullo, presentó el letrero de la taberna como si aquellas palabras cambiaran algo.
—Sigue siendo un bar —comentó Decimus, mientras que a su vez también se quitaba el casco, revelando un rostro juvenil y con un aspecto grácil, dejando ver su identidad como un feynir.
—Cantina —replicó Masha mientras entraba.
Mirando al dúo discutir, Primus sacudió la cabeza mientras decía:
—Este lugar es seguro por ahora. Nos hemos ocultado por un par de meses aquí, nadie conoce nuestros rostros. Hasta ahora. —Mirando al exterior, frunció el ceño y murmuró—: Tendremos que movernos mañana a primera hora, pero por ahora debería ser seguro.
—Mientras me den algo de beber, estoy satisfecho —dijo Heraclio sin complicaciones.
—Igual —replicó Alamut, mientras entraba algo agotada a la cantina.
Seguida de Primus, quien miró brevemente a Sábado antes de entrar al bar sin decir ni una palabra adicional.
Entonces, la voz de Lunes resonó en su mente nuevamente.
—Maestra, primero debo informarle que las cosas han cambiado… bastante en Tesara.
—Define “bastante” —replicó Korelia en su mente.
Y entonces, cuando una gran cantidad de información entró en su mente, ella comprendió a qué se refería Lunes.
…..
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com