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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 68

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Capítulo 68: Capitulo 68

Año 392 antes de la ascensión del Monarca Celestial.

La figura del hombre al que el cazador Elektryum llamaba Ducanor se detuvo momentáneamente, mientras decía con indiferencia:

—Interesante.

Repentinamente, en el aire surgieron dos figuras más: una figura carmesí en una armadura escarlata y con una alabarda en mano, seguida de una mujer de cabello negro, la cual portaba una cuchilla larga entre las mangas de su túnica.

—Heraclio y Alamut… —pensó sorprendida para sí misma Korelia mientras se retiraba. La presencia de ambos significaba que su maestra también estaba involucrada, pero…

—¿Tú quién eres? ¿Qué hiciste con la maestra? —gruñó con ira Heraclio, mientras apuntaba su alabarda a Ducanor.

Pero este no reaccionó con indiferencia. Sus manos se movieron, materializando llamas negras que explotaron en todas las direcciones, como si se tratase de un vórtice de oscuridad ardiente.

—¡Cuidado! —gritó Korelia hacia Sábado, quien también estaba cerca del área de efecto del ataque.

—¡Alamut! —gritó aturdido Heraclio mientras era devorado por las llamas, pero su armadura lo protegió de ellas.

Lamentablemente, ese no era el caso de Alamut, quien se vio devorada por el fuego como una polilla.

—No… —Su voz desapareció entre las llamas.

Surgiendo de ellas, la figura de Ducanor, quien vestía totalmente de blanco y con llamas negras como la brea bañando su cuerpo, sonrió.

—Esperaba subvertirlos a ambos, pero una será más que suficiente. Nos vemos después, cazadores… o debería llamarlos oráculos. Jajajaja.

Y con esas palabras, un rugido feroz surgió delante de él. Donde antes había estado Alamut, ahora había una bestia cubierta de miasma y fuego.

Una máscara de hueso rojo y una armadura de fuego solidificado parecían cubrir su brazo y parte de su pecho, mientras las llamas parecían corromper su existencia.

—Encárgate de matarlos —dijo Ducanor con indiferencia, y con esas palabras se retiró.

—¡No tan rápido! —rugió Decimus, mientras rayos cubrían su cuerpo, moviéndose instantáneamente a la posición de Ducanor.

Pero dos figuras surgieron repentinamente para bloquearlo. En un instante, dos Alamut exactamente iguales, solo que más pequeñas que la anterior, lo atacaron violentamente, apuñalando sus garras de hueso hacia su pecho.

—¡Mataste a mis hijos, mataste a mi esposo! ¡Te mataré, te mataré! —rugieron ambas Alamut mientras rechazaban a Decimus, que, sorprendido, fue reprimido y agarrado por una de ellas, mientras la otra parecía estar a punto de aplastar su cabeza con su enorme garra.

—¡Alamut, no! —rugió Heraclio mientras intentaba detenerla. No estaba usando su alabarda, sino su propio cuerpo. Y ese fue su error.

La cuchilla de hueso de Alamut atravesó el casco de Heraclio, destrozándolo por completo y revelando su rostro cubierto de sangre, que pulsaba de una herida abierta en su sien, la cual revelaba el hueso.

—Alamut, por nuestra amistad espero que despiertes, o si no… —retrocediendo ligeramente, Heraclio gruñó—, tendré que matarte.

Korelia quedó estupefacta ante la seguidilla de cambios que se estaban desarrollando enfrente de ella. En un instante, el combate había cambiado de existencias que bordeaban el rango de Señor Mortal a existencias que superaban con creces aquel nivel.

—Heraclio es un Señor Imperial, mientras que Alamut es un Gran Señor. Menos mal que nadie, al parecer, es un Señor Espiritual —murmuró Korelia con algo de alivio. La única Señor Espiritual que conocía era su maestra Jalida.

Y ella misma no era una Señor Espiritual con una destreza muy grande, y aun así era la existencia más aterradora que había conocido.

El enfrentamiento entre Heraclio y Alamut se desarrolló en un instante. Los clones de Alamut dividían su destreza de combate por cada réplica que realizaba, pero, a pesar de ello, las ahora cinco réplicas abrumaban en todas las direcciones a Heraclio.

Él parecía algo suprimido por las llamas que cubrían el cuerpo de Alamut.

—Mierda —gruñó Decimus mientras se retiraba aturdido a su lado. El combate no tenía signos de detenerse, y la figura de Ducanor ya hacía tiempo que se había desvanecido junto con la sorpresa.

Sábado apareció a su lado también con una expresión oscura, mientras murmuraba:

—Ese bastardo se fue sin dejar rastro —gruñó ella.

Y entonces, Decimus, quien parecía sospechoso, repentinamente preguntó:

—Y tú, ¿quién demonios…?

Sus palabras murieron en su boca cuando, de repente, un trueno resonó en el campo de batalla, mandando a volar hacia atrás tanto a Alamut como a Heraclio, que estaban en un encarnizado combate.

Mientras tanto, dos figuras en armadura se revelaban en medio del campo de batalla. Las dos eran más altas que el propio Decimus, quien estaba cubierto por su armadura color ámbar, y su presencia de por sí era aterradora.

—Secunda, hazlo —gruñó la voz de Primus detrás de su casco, mientras la segunda figura materializaba un martillo de relámpagos en su propia mano, como si fuera un dios del trueno.

—¡Aura de tormenta! —El martillo impactó directamente contra una de las réplicas de Alamut, desintegrando completamente parte del miasma y brea que cubría su cuerpo como una armadura.

—¿Eh? ¿Qué pasó? —dijo estupefacta Alamut, o mejor dicho, una de las réplicas que estaba atónita al verse rodeada en medio de una batalla por copias demoníacas de sí misma.

—Al parecer las llamas de la corrupción te tomaron, jovencita —dijo con una voz seca la persona llamada Secunda, quien, todavía cubierta de relámpagos, materializó una especie de avatar gigante de un tigre a su alrededor, el cual impactó directamente contra otras de las réplicas—. Pero agradece que la condenación del mal son los rayos y relámpagos, o si no tendríamos que haber roto tu cabeza para sacarte de tu estado anterior.

El resto de réplicas, temerosas de Masha, intentaron retirarse. Pero entonces, tanto Sábado como Heraclio las rodearon y, sin ninguna opción ahora que una de ellas había sido liberada de la corrupción, se convirtieron en el objetivo de los ataques de todos.

—Capitán —dijo estupefacto Decimus, dirigiéndose hacia él—. Eres tú. Entonces, ese tipo de antes… ¿quién carajo…?

—Decimus, concéntrate y usa tu maldito Dao para destrozar la corrupción de esas llamas. —La mirada cayó repentinamente sobre ella, y sintió como si lo hubiera visto antes—. Necesitamos todos los aliados posibles para este problema.

…..

La ciudad de Tesara, o lo que había sido la ciudad de Tesara, era diferente. Cuando caminaron por ella, prácticamente todos los habitantes que vieron tenían miradas vacías, mientras avanzaban con temor por las calles.

Era de día, pero las calles parecían muertas…

Y cuando llegaron a la supuesta base de Primus, quedaron sorprendidos al darse cuenta de que era una…

—¿Esto acaso no es una cantina, capitán? —preguntó igual de atónito que ella Decimus.

—Esto no es un bar —respondió con claro orgullo Secunda, quien en este punto se había quitado el casco, revelando una larga cabellera dorada que caía por su espalda y un rostro redondo con una gran sonrisa y ojos pequeños—. ¡Bienvenidos a la Cantina del Gigante Borracho!

Abriendo los brazos con gran orgullo, presentó el letrero de la taberna como si aquellas palabras cambiaran algo.

—Sigue siendo un bar —comentó Decimus, mientras que a su vez también se quitaba el casco, revelando un rostro juvenil y con un aspecto grácil, dejando ver su identidad como un feynir.

—Cantina —replicó Masha mientras entraba.

Mirando al dúo discutir, Primus sacudió la cabeza mientras decía:

—Este lugar es seguro por ahora. Nos hemos ocultado por un par de meses aquí, nadie conoce nuestros rostros. Hasta ahora. —Mirando al exterior, frunció el ceño y murmuró—: Tendremos que movernos mañana a primera hora, pero por ahora debería ser seguro.

—Mientras me den algo de beber, estoy satisfecho —dijo Heraclio sin complicaciones.

—Igual —replicó Alamut, mientras entraba algo agotada a la cantina.

Seguida de Primus, quien miró brevemente a Sábado antes de entrar al bar sin decir ni una palabra adicional.

Entonces, la voz de Lunes resonó en su mente nuevamente.

—Maestra, primero debo informarle que las cosas han cambiado… bastante en Tesara.

—Define “bastante” —replicó Korelia en su mente.

Y entonces, cuando una gran cantidad de información entró en su mente, ella comprendió a qué se refería Lunes.

…..

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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