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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 7

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7: Capitulo 7 7: Capitulo 7 El paso del tiempo era algo ilusorio; el crecimiento vino después.

Se había convertido en un hombre.

El rito de paso de los gigantes era diferente al de los Fey.

No era solamente un estatus legal de independencia, era un signo de poder, de destreza, de supervivencia.

Pero… no recordaba aquello.

El rostro de su madre y el de sus hermanas eran difusos.

Su mente albergaba recuerdos que no eran suyos; él no había tenido esa vida antes.

«¿O tal vez sí?», pensó para sí mismo.

Las palabras no salían de su boca, eran simplemente ecos de recuerdos vagos, imágenes estáticas que emanaban emociones más que hechos.

Muy diferente a todo lo que conocía, muy diferente a… —La secta… de la… Sombría… Miró, o mejor dicho, su mente materializó lo que parecía ser la imagen de un rostro cálido.

No lograba distinguirlo, no lograba conservar esa imagen en su memoria, como si fuera algo que jamás hubiese existido.

—Nunca tuve madre —murmuró.

Pero una voz lo desafió desde la oscuridad: —Todos tienen madre, Ducanor.

Incluso los niños abandonados.

Él se negó a escuchar.

Él debía… tenía que despertar.

Esto no era real.

Lo sabía.

No era una simple ilusión; era un espejismo, como aquellos en los que se pierden los hombres en las montañas heladas.

Su mente se oscureció.

Su visión cambió nuevamente hacia un espacio oscuro y laberíntico.

No había dirección ni guía.

La ilusión de lo que había sido su hogar se desmoronó; las inconsistencias habían aparecido demasiado rápido.

La falta de recuerdos reales hacía difícil sostener un hogar ficticio, por mucho que su ser interior lo anhelara.

Ahora todo había cambiado.

Sentía la mente embotada y mareada, como si una aguja de hielo le hubiera atravesado el ojo para tocar su cerebro.

Sabía que algo estaba mal, pero no podía escapar.

¿Cómo despertar de un sueño cuando ya sabes que estás dormido?

—Debe haber una forma de salir de aquí —murmuró Ducanor, frunciendo el ceño.

Su propio cuerpo se sentía etéreo, una manifestación vaga de la realidad, pero lo suficientemente coherente como para sentir dolor.

—Maldita sea —gruñó, intentando encontrar lógica en aquel vacío.

En ese momento, tropezó con algo invisible.

—¡Oye, ten cuidado!

—chilló una voz bajo él.

Para su sorpresa, era una niña.

O algo parecido.

En la escala Fey, su altura era diminuta; incluso la mayoría de los Feynir superaban los dos metros, pero ella era minúscula.

—¿Estás bien?

—preguntó Ducanor con una mueca, sintiendo la confusión nublarle el juicio.

«¿Qué estoy haciendo?», pensó, mientras su mirada se clavaba inconscientemente en los ojos brillantes de la criatura.

Ella estaba en el suelo, pero se puso de pie de un brinco elástico.

—¡Yuju!

Ducanor la miró con extrañeza.

Intentó sonreír, o quizás burlarse, pero no pudo.

—Eres tonta.

—¡Oye!

¡Estás pensando cosas groseras sobre Voltia!

—replicó la chica con un gruñido casi tierno.

La situación se sentía estúpida, forzada.

Ducanor no respondió con palabras; lanzó su puño directo a la garganta de la chica.

Pero para su sorpresa, ella se deshizo en niebla antes del impacto.

—Eres listo.

Descubriste rápido las inconsistencias, a pesar de mi intervención —dijo una voz que parecía taladrarle el oído desde dentro.

—¿Quién eres?

—gruñó él, buscando a la presencia en el vacío.

—¿Todavía no lo descubres?

Soy Voltia, el Espíritu Verdadero de los Sueños Etéreos —murmuró la voz en un tono soñoliento.

La expresión de Ducanor volvió a la normalidad.

La certeza lo calmó: era una prueba.

Recordó los pasos para realizar un Geiss, el contrato con un Espíritu Verdadero.

Sabía que su cuerpo Feysir, con piel dura como el acero y sangre densa como mercurio, podría soportar la carga.

Los espíritus comerciaban con poder a cambio de energía, y el precio era el pacto.

—¿Esta es tu prueba?

—preguntó Ducanor, sintiendo que su consciencia se desvanecía, cayendo en una oscuridad más profunda pero real.

—Sí, y la pasaste con creces.

Serás un buen guarda, Ducanor Kal Arreus —susurró ella antes de que todo se apagara—.

Que nunca olvides tus sueños.

….

—Lo lograste.

Pensé que tardarías un poco más —dijo con una sonrisa Alana mientras observaba a un mareado Ducanor.

Al lado de ella estaba la figura pequeña del espíritu verdadero que lo había estado jodiendo, y detrás de esta misma había una pequeña figura inhumana que no logró distinguir completamente; era extraña ya de por sí la criatura.

Era una criatura similar a un pájaro, o por lo menos de forma vaga era una parodia moteada de plumas al azar de un cuervo de color rojo cobrizo con lo que parecía ser la cabeza de un buitre.

—Yo soy Voltia y a partir de ahora seré tu espíritu guardián —dijo con una sonrisa algo arrogante Voltia—, y esta es mi buena amiga y compañera Ellen.

—¡Craw!

—respondió emitiendo un chirrido extraño el pájaro, el cual de por sí ya tenía una presencia bastante extraña.

«¿Será también un espíritu verdadero?», pensó para sí mismo Ducanor, aunque decidió no preguntar para evitar más dolores de cabeza.

—¿Eso significa que ya terminó la prueba?

—preguntó algo esperanzado Ducanor mientras miraba a Alana.

—¿Pasar?

—preguntó dudosa Alana—.

¿Acaso no prestaste atención a clase?

El formar un contrato con un espíritu verdadero no te hace inmediatamente un guarda, simplemente te convierte en un espiritista.

Para ser un verdadero guarda debes pasar el examen.

Ducanor intentó disimular su falta de conciencia de aquello mientras asentía con la cabeza como si ya lo supiera.

—Para ser mi espiritista eres bastante tonto; espero que seas lo suficiente fuerte como para derrotar a las monstruosidades que están en el Valle de Fuego —se burló de forma poco sutil Voltia, que simplemente flotó en el aire antes de desvanecerse en un espejismo junto al extraño pájaro que estaba a su costado.

—Uff.

—Lanzando un suspiro, Alana lo miró con cansancio mientras decía—: Sígueme.

Ducanor se recompuso rápidamente mientras seguía de inmediato a Alana e intentaba recordar todo lo que significaba el examen en el Valle de Fuego.

—….

—  «No recuerdo nada», pensó para sí mismo Ducanor mientras maldecía su déficit de atención durante las clases.

Aunque por lo menos a partir de ahora podía usar la habilidad de vincular de los espiritistas.

Los espíritus verdaderos, al realizar un geiss con un Fey en general, no se convierten en algo así como un familiar de las leyendas, sino que más bien era un intercambio equivalente.

A través de lo que se conoce como un geiss, el espíritu verdadero le presta parte de su poder al espiritista mientras que a su vez el espiritista le da a cambio al espíritu verdadero energía espiritual, ya que a diferencia de los Feys, los espíritus verdaderos no eran seres vivos y no podían asimilar la energía espiritual del mundo como criaturas normales.

Repentinamente una sensación extraña se formó en una parte de la mente de Ducanor mientras tenía un extraño impulso de hacer circular la energía espiritual dentro de su cuerpo para materializar algo.

—Al parecer ya te has acostumbrado al geiss —dijo Alana al detectar que él se había quedado ensimismado en sus propios pensamientos.

—Podría decirse que sí —murmuró él con cierta preocupación; él sabía que los geiss tenían ciertos límites y condiciones, por así decirlo juramentos que si se violaban provocarían un contragolpe en su infractor.

«Esa niña ni siquiera mencionó la condición de esto», maldijo él.

—¿Seguro?

—preguntó con una sonrisa algo burlona Alana—.

Bueno, Voltia no es demasiado estricta en sus geiss así que no pienses demasiado, aunque deberías usar tu Sello para poder acostumbrarte.

Los dones que se compartían a través del geiss con el espíritu verdadero recibían el nombre de Sellos del Destino, los cuales manifestaban una parte de la voluntad y el poder del espíritu verdadero con el que se habían enlazado.

Una luz cálida se manifestó de la punta del dedo de Ducanor mientras se disparaba hacia arriba: —Aether.

Una esfera de luz se manifestó enfrente de él como si fuera un pequeño sol plateado y cálido.

Pero en un instante tan rápido como un pestañeo, esta se había apagado.

—Interesante, la más básica ley de luz, equivalente a “Ilumina”.

Aparte, iluminar rompe ilusiones y espejismos; te será útil más allá de tu gran espada…

—dijo Alana.

A lo cual Ducanor simplemente respondió con una pequeña risa mientras continuaban caminando.

Hasta que llegaron a la entrada de lo que parecía ser un puesto de control dentro de la propia secta.

El guardia del puesto dejó pasar rápidamente al dúo sin demasiadas preguntas mientras subían al elevador neumático hacia los niveles inferiores donde llegarían a su destino: el Valle del Fuego.

—Antes de entrar supongo que tendré que hacerte un pequeño curso intensivo de fortalecimiento espiritual —dijo con una sonrisa algo extraña Alana mientras se acercaba peligrosamente a él mientras se reía.

….

Año 400 antes de la Ascensión del Monarca Celestial El poder era embriagador.

Superaba al propio placer carnal, e incluso a cualquier don o atributo natural.

Pero el poder común era simbólico y subjetivo; podía ser el puño de un hombre o las palabras susurradas de una mujer.

Ese no era el poder que ella buscaba.

No.

Lo que ella anhelaba con todas sus fuerzas trascendía la fuerza bruta o la seducción.

Era supremacía.

Supresión absoluta.

Ser incomparable, invencible; ser deificada y adorada.

Y había luchado por ello.

Algunos hombres buscaban el poder a través de la riqueza; otros, mediante la influencia y los contactos.

Algunas mujeres preferían la manipulación emocional o el dominio de las artes, desde lo físico hasta lo estético.

Pero ella buscaba trascender los límites humanos de la percepción.

Ella buscaba alcanzar la divinidad a través de las artes de lo oculto.

Había recorrido el camino de la mano izquierda y el de la derecha, pero abandonó ambos para forjar su propio sendero.

Durante años había sufrido, había llorado y había sacrificado todo para ascender.

Hasta que llegó ese fatídico día.

El día en que las cabezas de los reyes rodaron como manzanas podridas.

Y ella, como otra manzana más, también cayó del árbol.

O eso había pensado ella en un principio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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